Jueves, 21 de octubre de 2010

Homil?a de monse?or Jos? Mar?a Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, durante la Misa de ordenaciones sacerdotales (30 de septiembre de 2010). (AICA)

ORDENACIONES SACERDOTALES

Queridos hermanos:

Con cu?nta alegr?a y gratitud a Dios nos hemos reunido para asistir a la ordenaci?n de estos seis nuevos sacerdotes para nuestra Arquidi?cesis. La gratitud a Dios se hace, adem?s, un reconocimiento a las familias y a las comunidades de donde provienen, como al Seminario, que han sido ?mbitos sucesivos y providenciales en esta historia de Dios. En ellos veo tiempos de siembra y descubrimiento de Dios, de fortalecimiento apost?lico y despertar vocacional, como de un ahondar, enriquecer y definir el llamado. Tambi?n de reconocimiento a ustedes, queridos di?conos, Juan Carlos, Jos?, Andr?s, Pablo, Mat?as y Carlos, de quienes he recibido informes sobre su idoneidad para acceder a la gracia del sacramento del Orden Sagrado. ?

Este camino que hoy alcanza su momento de plenitud se ha ido tejiendo en tiempos de oraci?n, de lenta maduraci?n y de decisiones, como de renuncias, de cruz y silencios. Se trata de una historia que la Iglesia ha acompa?ado y discernido. S?lo una mirada de fe y gratitud frente a la iniciativa de Dios les permitir? comprender lo que van a recibir y ser?, al mismo tiempo, garant?a de poder vivirlo con alegr?a, esp?ritu de entrega y fidelidad. Pensar desde nosotros y con nuestras categor?as esta realidad ?nica a la que han sido llamados, ser?a desconocer el misterio de la elecci?n, de la gracia y el sacerdocio.

El marco de la vocaci?n sacerdotal es la Iglesia. Somos elegidos como parte de ese grande y primer sacramento que es la Iglesia. En ella nuestro sacerdocio es expresi?n del designio salv?fico de Dios. Nuestra vocaci?n es un llamado a participar de un modo personal en su proyecto, somos presencia sacramental de ese Misterio de Dios. Ser hombres de Iglesia es la forma ideal de vivir nuestro sacerdocio. Cuando definimos a la Iglesia como Misterio de Comuni?n y Misi?n, estas notas tienen para nosotros un profundo significado teol?gico, espiritual y pastoral, porque hemos sido llamados para actuar en la Iglesia ?in Persona Christi?.

En su relaci?n con el Padre y en obediencia a su voluntad Jes?s ?nos revela este Misterio. Para ?l este Misterio es la vida del Padre como fuente de su amor salv?fico: ?Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre, y llevar a acabo su obra? (Jn, 4, 34). La Iglesia tiene su origen, precisamente, en esta realidad que: ?Cristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre?.., nos revel? su misterio? (LG. 3). Ser hombre de Iglesia es reconocer nuestro origen en esta intimidad del proyecto de Dios. En este sentido, hombre del Misterio es un hombre invadido por el Esp?ritu de Dios que vive con gozo y generosidad su llamado. Jes?s nos expresa de un modo simple el camino para vivir esta verdad, al decirnos: ?debo estar en las cosas de mi Padre? (Lc. 2, 49). Este es el lugar ?de nuestra identidad sacerdotal. Ser sacerdotes es poner en el centro de nuestra vida esa intimidad de Jes?s en su obediencia al Padre.

El descubrirnos desde el proyecto de Dios, queridos di?conos, debe orientar nuestra vida y ministerio hacia la comuni?n. Esta dimensi?n forma parte del contenido central del designio de Dios, que el Se?or lo hizo oraci?n: ?Padre que sean uno, como nosotros somos uno? (Jn. 17, 21). Ser?n ordenados Presb?teros para ser ministros, servidores, de la Iglesia-Comuni?n. Presidir la Eucarist?a ser? la primera escuela de comuni?n. Promover un clima de comuni?n en las diversas instancias que ejerzan su ministerio eclesial, es un acto de fe y de madurez pastoral: ?Ubi charitas et amor, Deus ibi est?. No nos hagamos ilusiones, si esta verdad del proyecto de Dios no se hace camino espiritual que comprometa nuestras vidas, de poco sirven los instrumentos de comuni?n que organicemos. Ellos ser?n estructuras sin alma, m?scaras de comuni?n y no expresi?n del Misterio salv?fico de Dios.

La vida de este misterio de comuni?n es el fundamento de la Misi?n en la Iglesia.? ?La comuni?n y la misi?n est?n profundamente unidas entre s?, se compenetran y se implican mutuamente? (Ch. L. 32). Ambas tienen su origen en? Dios. ?El esp?ritu misionero es fruto de esa intimidad con Dios y de nuestra comuni?n en la Iglesia, que es esta Iglesia concreta en Santa Fe, con sus l?mites y riquezas. No siempre esto es comprendido y vivido. No caigamos en la tentaci?n de ser espectadores o jueces, seamos hacedores de su comuni?n y protagonistas de su misi?n. Desde esta actitud teol?gica y espiritual la misma cruz que nos puede visitar se hace paternidad fecunda y gozosa en la Iglesia, sin ella, en cambio, esa cruz se hace est?ril, nos encierra y crea distancias porque no nos introduce en la dimensi?n pascual de la cruz de Jesucristo.?

?Cu?l es el contenido de la Misi?n? El Reino de Dios, la Vida Plena, que Jesucristo nos ha tra?do: ?para esto he venido, nos dir?, para que el mundo tenga vida? (Jn. 10, 10). Es importante no perder de vista que la finalidad de esta misi?n abarca la totalidad de la vida del hombre, e incluye aspectos humanos como espirituales. Nada es ajeno al proyecto de Dios. Esta mirada nos libra de toda lectura parcial del Evangelio. Todo debe ser visto desde la ?nica misi?n de Jesucristo que tiene como horizonte la vocaci?n del hombre a participar en la Vida del Reino. Adquiere un lugar de relieve en esta misi?n el ?mbito de la formaci?n y la cultura, desde donde el Evangelio debe iluminar el sentido de la vida. Hoy, la crisis de sentido empobrece y esclaviza al hombre. La cultura como alimento en la vida del hombre, es parte de la misi?n de Jesucristo. Con todo, es importante recordar que esta misi?n tuvo en Jesucristo una opci?n, no excluyente, por los m?s pobres, ellos fueron sus preferidos. Por ello, nuestra cercan?a con esa franja del dolor, con el que sufre, es un acto de fidelidad a su misi?n. Una Iglesia que no muestre su presencia? junto al pobre, no es fiel a la misi?n de Jesucristo. ?No se trata de estrategias pastorales, sino de una correcta lectura de la cristolog?a.?

Queridos di?conos, van a ser ordenados presb?teros al servicio de esta Iglesia que hoy vive la alegr?a y la esperanza de sus nuevos pastores. Sean para ella profundamente sacerdotes, es decir: hombres del Misterio, de la Comuni?n y la Misi?n, con todo lo que ello significa de compromiso humano, espiritual y pastoral. Pidan a nuestra Madre de Guadalupe en esta primera Misa, que hoy concelebrar?n con su Obispo, que Ella los acompa?e para vivir el sacerdocio con un sentido de plenitud, de alegr?a y de fidelidad al servicio de sus hermanos. Am?n.?

Mons. Jos? Mar?a Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz?


Publicado por verdenaranja @ 21:27  | Homil?as
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