Jueves, 21 de octubre de 2010

ZENIT??nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunci?el mi?rcoles 6 de Octubre de 2010?durante la Audiencia General, en la Plaza de San Pedro, y que dedic? a santa Gertrudis la Grande, m?stica alemana del sigo XIII.

Queridos hermanos y hermanas,

Santa Gertrudis la Grande, de la que quisiera hablaros hoy, nos lleva tambi?n esta semana al monasterio de Helfta, donde nacieron algunas de las obras maestras de la literatura religiosa femenina latino-germ?nica. A este mundo pertenece Gertrudis, una de las m?sticas m?s famosas, ?nica mujer de Alemania que lleva el apelativo ?la Grande?, por su estatura cultural y evang?lica: con su vida y su pensamiento incidi? de modo singular en la espiritualidad cristiana. Es una mujer excepcional, dotada de talentos naturales particulares y de extraordinarios dones de la gracia, de profund?sima humildad y ardiente celo por la salvaci?n del pr?jimo, de ?ntima comuni?n con Dios en la contemplaci?n y disponibilidad para socorrer a los necesitados.

En Helfta se compara, por as? decirlo, sistem?ticamente con su maestra Matilde de Hackeborn, de la que habl? en la Audiencia del pasado mi?rcoles; entra en relaci?n con Matilde de Magdeburgo, otra m?stica medieval; crece bajo el cuidado maternal, dulce y exigente de la abadesa Gertrudis. De estas tres hermanas suyas adquiere tesoros de experiencia y sabidur?a; los elabora en una s?ntesis propia, recorriendo su itinerario religioso con confianza ilimitada en el Se?or. Expresa la riqueza de la espiritualidad no s?lo en su mundo mon?stico, sino tambi?n y sobre todo en el mundo b?blico, lit?rgico,patr?stico y benedictino, con un sello personal?simo y con gran eficacia comunicativa.

Naci? el 6 de enero de 1256, fiesta de la Epifan?a, pero no se sabe nada de sus padres ni de su lugar de nacimiento. Gertrudis escribe que el Se?or mismo le revela el sentido de este primer desarraigo suyo, dice que el Se?or habr?a dicho: ?La eleg? por morada m?a porque me complazco de que todo lo que hay de amable en ella sea obra m?a [?]. Precisamente por esta raz?n la alej? de todos sus parientes para que nadie la amase por raz?n de consanguinidad y yo fuese el ?nico motivo del afecto que la mueve? (Las Revelaciones, I, 16, Siena 1994, p. 76-77).

A la edad de cinco a?os, en 1261, entra en el monasterio, como se acostumbraba a menudo en aquella ?poca, para la formaci?n y el estudio. Aqu? transcurre toda su existencia, de la que ella misma se?ala las etapas m?s significativas. En sus memorias recuerda que el Se?or la preserv? con paciencia generosa e infinita misericordia, olvidando los a?os de su infancia, adolescencia y juventud, transcurridos ? escribe: ?en una tal ceguera de mente que habr?a sido capaz [?] de pensar, decir o hacer sin ning?n remordimiento todo lo que me habr?a gustado y donde hubiese querido, si tu no me hubieses preservado, sea con un horror inherente por el mal y una natural inclinaci?n al bien, sea con la vigilancia externa de los dem?s. Me habr?a comportado como una pagana [?] y ello a?n habiendo querido tu que desde la infancia, desde mi quinto a?o de edad, habitara en el santuario bendito de la religi?n para ser educada entre tus amigos m?s devotos? (Ibid., II, 23 140s).

Gertrudis fue una estudiante extraordinaria, aprendi? todo lo que se pod?a aprender de las ciencias del Trivio y del Cuadrivio; estaba fascinada por el saber y se dedic? al estudio profano con ardor y tenacidad, consiguiendo ?xitos escolares m?s all? de toda expectativa. Si no sabemos nada de sus or?genes, ella cuenta mucho sobre sus pasiones juveniles: la literatura, la m?sica y el canto, el arte de la miniatura la cautivan; tiene un car?cter fuerte, decidido, inmediato, impulsivo; a menudo dice que es negligente; reconoce sus defectos, pide humildemente perd?n por ellos. Con humildad pide consejos y oraciones por su conversi?n. Hay rasgos de su temperamento y defectos que la acompa?ar?n hasta el final, hasta el punto de hacer asombrar a algunas personas, que se preguntan c?mo es posible que el Se?or la prefiera tanto.

De estudiante pas? a consagrarse totalmente a Dios en la vida mon?stica y durante veinte a?os no sucedi? nada excepcional: el estudio y la oraci?n fueron su actividad principal. Por sus dotes sobresale entre sus hermanas; es tenaz en consolidar su cultura en campos diversos. Pero, durante el Adviento de 1280, empieza a sentir disgusto de todo ello, advierte su vanidad y el 27 de enero de 1281, pocos d?as antes de la fiesta de la Purificaci?n de la Virgen, hacia la hora de Completas, el Se?or ilumina sus densas tinieblas. Con suavidad y dulzura calma la turbaci?n que la angustia, turbaci?n que Gertrudis ve como un mismo don de Dios ?para abatir esa torre de vanidad y de curiosidad que, ay de m?, a?n llevando el nombre y el h?bito de religiosa, hab?a ido elevando con mi soberbia, y al menos as? encontrar el camino para mostrarme tu salvaci?n? (Ibid., II,1, p. 87). Tiene la visi?n de un jovencito que la gu?a a superar la mara?a de espinas que oprime su alma, tom?ndola de la mano. En esa mano, Gertrudis reconoce ?la preciosa huella de esas llagas que abrogaron todas las actas de acusaci?n de nuestros enemigos? (Ibid., II,1, p. 89), reconoce a Aquel que sobre la Cruz nos salv? con su sangre, Jes?s.

Desde aquel momento, su vida de comuni?n con el Se?or se intensifica, sobre todo en los tiempos lit?rgicos m?s significativos ? Adviento-Navidad, Cuaresma-Pascua, fiestas de la Virgen ? a?n cuando, enferma, no pod?a dirigirse al coro. Es el mismo humus lit?rgico de Matilde, su maestra, que Gertrudis, sin embargo, describe con im?genes, s?mbolos y t?rminos m?s simples y lineales, m?s realistas, con referencias m?s directas a la Biblia, a los Padres, al mundo benedictino.

Su bi?grafa indica dos direcciones de la que podr?amos definir una particular ?conversi?n? suya: en los estudios, con el paso radical de los estudios humanistas profanos a los teol?gicos, y en la observancia mon?stica, con el paso de la vida que ella define como negligente a la vida de oraci?n intensa, m?stica, con un excepcional ardor misionero. El Se?or, que la hab?a elegido desde el seno materno y que desde peque?a la hab?a hecho participar en el banquete de la vida mon?stica, la vuelve a llamar con su gracia ?desde las cosas externas a la vida interior, y desde las ocupaciones terrenas al amor por las cosas espirituales?. Gertrudis comprende que ha estado lejos de ?l, en la regi?n de la disimilitud, como dice san Agust?n: de haberse dedicado con demasiada avidez a los estudios liberales, a la sabidur?a humana, descuidando la ciencia espiritual, priv?ndose del gusto de la verdadera sabidur?a; ahora es conducida al monte de la contemplaci?n, donde deja al hombre viejo para revestirse del nuevo. ?De gram?tica se convierte en te?loga, con la lectura incansable y cuidadosa de todos los libros sagrados que pod?a tener u obtener, llenaba su coraz?n de las m?s ?tiles y dulces sentencias de la Sagrada Escritura. Ten?a por ello siempre dispuesta alguna palabra inspirada y de edificaci?n con la que satisfacer a quien ven?a a consultarla, y al mismo tiempo los textos escritur?sticos m?s adecuados para confutar cualquier opini?n err?nea y cerrar la boca a sus oponentes? (Ibid., I,1, p. 25).

Gertrudis transforma todo esto en apostolado: se dedica a escribir y divulgar las verdades de la fe con claridad y sencillez, gracia y persuasi?n, sirviendo con amor y fidelidad a la Iglesia, hasta el punto de que fue ?til y bienvenida para los te?logos y las personas piadosas. De esta intensa actividad suya nos queda poco, tambi?n a causa de las circunstancias que llevaron a la destrucci?n del monasterio de Helfta. Adem?s del ?Heraldo del divino amor? o ?Las revelaciones?, nos quedan los ?Ejercicios Espirituales?, una rara joya de la literatura m?stica espiritual.

En la observancia religiosa, nuestra santa es ?una columna firme ?], firm?sima propugnadora de la justicia y de la verdad?, dice su bi?grafa (Ibid., I, 1, p. 26). Con las palabras y el ejemplo suscita en los dem?s gran fervor. A las oraciones y a las penitencias de la regla mon?stica a?ade otras con tal devoci?n y abandono confiado en Dios, que suscita en quien la encuentra la conciencia de estar en la presencia del Se?or. Y de hecho Dios mismo le da a entender que la ha llamado a ser instrumento de su gracia. De este inmenso tesoro divino Gertrudis se siente indigna, confiesa no haberlo custodiado y valorado. Exclama: ??Ay de m?! ?Si Tu me hubieses dado para recuerdo tuyo, indigna como soy, incluso un solo hilo de estopa, habr?a sin embargo debido guardarlo con mayor respeto y reverencia de cuanta he tenido por estos dones tuyos!? (Ibid., II,5, p. 100). Pero, reconociendo su pobreza y su indignidad, ella se adhiere a la voluntad de Dios, ?porque ? afirma ? he aprovechado tan poco tus gracias que no puedo decidirme a creer que me hayan sido concedidas para m? sola, no pudiendo tu eterna sabidur?a ser frustrada por alguien. Haz, por tanto, o Dador de todo bien, que me has concedido gratuitamente dones tan inmerecidos, que, leyendo este escrito, el coraz?n de al menos uno de tus amigos se conmueva por el pensamiento de que el celo por las almas te ha inducido a dejar durante tanto tiempo una gema de valor tan inestimable en medio del fango abominable de mi coraz?n? (Ibid., II,5, p. 100s).

En particular, dos favores le fueron m?s queridos que ning?n otro, como escribe la propia Gertrudis: ?Los estigmas de tus saludables llagas que me imprimiste, como preciosas joyas, en el coraz?n, y la profunda y saludable herida de amor con que lo marcaste. Tu me inundaste con estos dones tuyos de tanta alegr?a que, aunque tuviese que vivir mil a?os sin ning?n consuelo ni interior ni exterior, su recuerdo bastar?a para reconfortarme, iluminarme, colmarme de gratitud. Quisiste tambi?n introducirme en la inestimable intimidad de tu amistad, abri?ndome de muchas firmas ese sagrario nobil?simo de tu Divinidad que es tu Coraz?n divino [?]. A este c?mulo de beneficios a?adiste el de darme por Abogada a la sant?sima Virgen Mar?a Madre Tuya, y de haberme recomendado a menudo a su afecto como el m?s fiel de los esposos podr?a recomendar a su propia madre su esposa querida? (Ibid., II, 23, p. 145).

Dirigida hacia la comuni?n sin fin, concluy? su vida terrena el 17 de noviembre de 1301 o 1302, a la edad de casi 46 a?os. En el s?ptimo Ejercicio, el de la preparaci?n a la muerte, santa Gertrudis escribe: ?Oh, Jes?s, tu que me eres inmensamente querido, estate siempre conmigo, para que mi coraz?n permanezca contigo y tu amor persevere conmigo sin posibilidad de divisi?n, y mi tr?nsito sea bendecido por t?, de modo que mi esp?ritu, libre de los lazos de la carne, pueda inmediatamente encontrar reposo en ti. Amen? (Esercizi, Mil?n 2006, p. 148).

Me parece obvio que estas no son s?lo cosas del pasado, hist?ricas, sino que la existencia de santa Gertrudis sigue siendo una escuela de vida cristiana, de recta v?a, que nos muestra que el centro de una vida feliz, de una vida verdadera, es la amistad con Jes?s el Se?or. Y esta amistad se aprende en el amor por la Sagrada Escritura, en el amor por la liturgia, en la fe profunda, en el amor por Mar?a, de forma que se conozca cada vez m?s realmente a Dios mismo y as? la verdadera felicidad, la meta de nuestra vida. Gracias.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:31  | Habla el Papa
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