Viernes, 22 de octubre de 2010

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunci?el mi?rcoles 6 de Octubre de 2010?a los participantes en el Congreso sobre Prensa Cat?lica, que se ha celebrado estos d?as en Roma, promovido por el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales.

Se?ores cardenales,
venerados hermanos,
ilustres se?ores y se?oras

Os acojo con alegr?a al t?rmino de las cuatro jornadas de intenso trabajo promovidas por el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales y dedicadas a la prensa cat?lica. Os saludo cordialmente a todos vosotros ? procedentes de 85 pa?ses ? que trabaj?is en los diarios, semanarios o en otros peri?dicos y sitios de Internet. Saludo al presidente del dicasterio, el arzobispo Claudio Maria Celli, a quien doy las gracias por haberse hecho int?rprete de los sentimientos de todos, como tambi?n a los secretarios, al subsecretario, a todos los oficiales y al personal. Estoy contento de poder dirigiros una palabra de ?nimo a continuar, con renovadas motivaciones, vuestro importante y cualificado compromiso.

El mundo de los media est? atravesado por una profunda transformaci?n tambi?n en su interior. El desarrollo de las nuevas tecnolog?as y, en particular, la difundida multimedialidad, parece poner en discusi?n el papel de los medios m?s tradicionales y consolidados. Oportunamente, vuestro Congreso se detiene a considerar el papel peculiar de la prensa cat?lica. Una atenta reflexi?n sobre este campo, de hecho, hace surgir dos aspectos particulares: por un lado la especificidad del medio, la prensa, es decir, la palabra escrita y su actualidad y eficacia, en una sociedad que ha visto multiplicarse antenas, parab?licas y sat?lites, que se han convertido casi en el emblema de una nueva forma de comunicar en la era de la globalizaci?n. Por otro lado, la connotaci?n ?cat?lica?, con la responsabilidad que deriva de ella de ser fieles de modo expl?cito y sustancial, a trav?s del compromiso diario de recorrer el camino maestro de la verdad.

La b?squeda de la verdad debe ser perseguida por los periodistas cat?licos con mente y coraz?n apasionados, pero tambi?n con la profesionalidad de operadores competentes y dotados de medios adecuados y eficaces. Esto resulta a?n m?s importante en el actual momento hist?rico, que pide a la figura misma del periodista, como mediador de los flujos de la informaci?n, llevar a cabo un cambio profundo. Hoy, por ejemplo, en la comunicaci?n tiene un peso cada vez mayor el mundo de la imagen con el desarrollo de tecnolog?as siempre nuevas; pero si por una parte todo ello comporta indudables aspectos positivos, por otra la imagen puede tambi?n convertirse en independiente de la realidad, puede dar vida a un mundo virtual, con varias consecuencias, la primera de las cuales es el riesgo de la indiferencia hacia la verdad. De hecho, las nuevas tecnolog?as, junto a los progresos que conllevan, pueden hacer intercambiable lo verdadero y lo falso, pueden inducir a confundir lo real con lo virtual. Adem?s, la grabaci?n de un acontecimiento, alegre o triste, puede ser consumida como espect?culo y no como ocasi?n de reflexi?n. La b?squeda de los caminos para una aut?ntica promoci?n del hombre pasa entonces a segundo plano, porque el acontecimiento es presentado principalmente para suscitar emociones. Estos aspectos suenan como campana de alarma: invitan a considerar el peligro de que lo virtual aleje de la realidad y no estimule a la b?squeda de lo verdadero, de la verdad.

En este contexto, la prensa cat?lica est? llamada, de modo nuevo, a expresar hasta el fondo sus potencialidades y a dar raz?n d?a a d?a de su misi?n irrenunciable. La Iglesia dispone de un elemento facilitador, desde el momento en que la fe cristiana tiene en com?n con la comunicaci?n una estructura fundamental: el hecho de que el medio y el mensaje coinciden; de hecho, el Hijo de Dios, el Verbo encarnado, es al mismo tiempo mensaje de salvaci?n y medio a trav?s del cual se realiza la salvaci?n. Y esto no es un simple concepto, sino una realidad accesible a todos, tambi?n a cuantos, a?n viviendo como protagonistas en la complejidad del mundo, son capaces de conservar la honradez intelectual propia de los ?peque?os? del Evangelio. Adem?s la Iglesia, Cuerpo m?stico de Cristo, presente al mismo tiempo en todas partes, alimenta la capacidad de relaciones m?s fraternales y m?s humanas, poni?ndose como lugar de comuni?n entre los creyentes y, al mismo tiempo, como signo e instrumento de la vocaci?n de todos a la comuni?n. Su fuerza es Cristo, y en su nombre ?sta ?persigue? al hombre por los caminos del mundo para salvarlo del "mysterium iniquitatis", insidiosamente operante en ?l. La prensa cat?lica evoca de forma m?s directa, respecto a cualquier otro medio de comunicaci?n, el valor de la palabra escrita. La Palabra de Dios ha llegado a los hombres y nos ha sido entregada tambi?n a trav?s de un libro, la Biblia. La palabra sigue siendo el instrumento fundamental y, en un cierto sentido, constitutivo de la comunicaci?n: ?sta se utiliza hoy bajo varias formas, y tambi?n en la llamada ?civilizaci?n de la imagen? conserva todo entero su valor.

A partir de estas breves consideraciones, parece evidente que el desaf?o comunicativo es, para la Iglesia y para cuantos comparten su misi?n, muy comprometido. Los cristianos no pueden ignorar la crisis de fe que ha llegado a la sociedad. O simplemente, confiar en que el patrimonio de los valores transmitido a lo largo de siglos pasados pueda seguir inspirando y plasmando el futuro de la familia humana. La idea de vivir ?como si Dios no existiese? se ha demostrado delet?rea: el mundo necesita m?s bien vivir ?como si Dios existiese?, aunque no tenga la fuerza de creer, o de lo contrario ?ste produce s?lo un ?humanismo inhumano?.

Querid?simos hermanos y hermanas, quien trabaja en los medios de comunicaci?n, si no quiere ser solo ?una campana que resuena o un platillo que reti?e? (1Cor 13,1) ? como dir?a san Pablo ? debe tener fuerte en s? mismo la opci?n de fondo que le capacita para tratar las cosas del mundo poniendo siempre a Dios en la cima de la escala de valores. Los tiempos que estamos viviendo, a?n teniendo una notable carga positiva, porque los hilos de la historia est?n en las manos de Dios y su dise?o eterno se revela cada vez m?s, est?n marcados tambi?n por muchas sombras. Vuestra tarea, queridos miembros de la prensa cat?lica, es la de ayudar al hombre contempor?neo a orientarse a Cristo, ?nico Salvador, y la de mantener encendida en el mundo la llama de la esperanza, para vivir dignamente el hoy y construir adecuadamente el futuro. Por esto os exhorto a renovar constantemente vuestra elecci?n personal por Cristo, bebiendo de esos recursos espirituales que la mentalidad mundana minusvalora, a pesar de que son preciosos, m?s a?n, indispensables. Queridos amigos, os animo a proseguir en vuestro no f?cil empe?o y os acompa?o con la oraci?n, para que el Esp?ritu Santo lo haga siempre provechoso. Mi bendici?n, llena de afecto y gratitud, que imparto de buen grado, quiere abrazaros a todos vosotros aqu? presentes y a cuantos trabajan en la prensa cat?lica en todo el mundo.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:13  | Habla el Papa
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