Lunes, 25 de octubre de 2010

ZENIT no ofrece la homil?a pronunciada hoy por el Papa Benedicto XVI durante la solemne Misa de apertura de la Asamblea Especial del S?nodo de los Obispos para Oriente Medio, en la Bas?lica de San Pedro.

?Venerados Hermanos, ilustres Se?ores y Se?oras, queridos hermanos y hermanas!

La Celebraci?n eucar?stica, acci?n de gracias a Dios por excelencia, est? marcada hoy para nosotros, reunidos en el Sepulcro de San Pedro, por un motivo extraordinario: la gracia de ver reunidos por primera vez en una Asamblea Sinodal, alrededor del Obispo de Roma y Pastor Universal, a los Obispos de la regi?n medio oriental. Este singular evento demuestra el inter?s de toda la Iglesia por la valiosa y amada porci?n del Pueblo de Dios que vive en Tierra Santa y en todo Oriente Medio.

Ante todo elevamos nuestro agradecimiento al Se?or de la historia porque ha permitido que, no obstante acontecimientos con frecuencia dif?ciles y dolorosos, Oriente Medio viese siempre, desde los tiempos de Jes?s hasta hoy, la continuidad de la presencia de los cristianos. En esas tierras la ?nica Iglesia de Cristo se expresa en la variedad de las Tradiciones lit?rgicas, espirituales, culturales y disciplinarias de las seis venerables Iglesias Orientales Cat?licas sui iuris, como tambi?n en la Tradici?n latina. El fraterno saludo, que dirijo con gran afecto a los Patriarcas de cada una de ellas, quiere extenderse en este momento a todos los fieles confiados a sus cuidados pastorales en los respectivos Pa?ses y tambi?n en la di?spora. En este Domingo 28? del Tiempo per annum, la Palabra de Dios ofrece un tema de meditaci?n que se aproxima de manera significativa al evento sinodal que hoy inauguramos. La lectura continua del Evangelio de Lucas nos conduce al episodio de la curaci?n de los diez leprosos, de los cuales uno solo, un samaritano, retrocede para darle gracias a Jes?s. En conexi?n con este texto la primera lectura, extra?da del Segundo Libro de los Reyes, relata la curaci?n de Naam?n, jefe del ej?rcito arameo, tambi?n ?l leproso, que fue curado sumergi?ndose siete veces en las aguas del r?o Jord?n, como le orden? el profeta Eliseo. Naam?n tambi?n retorna adonde el profeta y, reconociendo en ?l al mediador de Dios, profesa la fe en el ?nico Se?or. Dos enfermos de lepra, por lo tanto, dos no hebreos, que se curan porque creen en la palabra del enviado de Dios. Se curan en el cuerpo, pero se abren a la fe y ?sta los cura en el alma, es decir, los salva.

El Salmo responsorial canta esta realidad: "El Se?or ha dado a conocer su salvaci?n, ha revelado su justicia a las naciones; se ha acordado de su amor y su lealtad para con la casa de Israel" (Sal 98,2-3). Aqu? est? entonces el tema: la salvaci?n es universal pero pasa a trav?s de una mediaci?n determinada, hist?rica: la mediaci?n del pueblo de Israel, que se convierte luego en la de Jesucristo y de la Iglesia. La puerta de la vida est? abierta para todos pero, justamente, es una "puerta", es decir un pasaje definido y necesario. Lo afirma sint?ticamente la f?rmula paulina que hemos escuchado en la Segunda Lectura a Timoteo: "la salvaci?n que est? en Cristo Jes?s" (2 Tm 2,10). Es el misterio de la universalidad de la salvaci?n y al mismo tiempo de su necesario v?nculo con la mediaci?n hist?rica de Jesucristo, precedida por la del pueblo de Israel y prolongada por la de la Iglesia. Dios es amor y quiere que todos los hombre participen de su vida; para realizar este dise?o ?l, que es Uno y Trino, crea en el mundo un misterio de comuni?n humano y divino, hist?rico y trascendente: lo crea con el "m?todo" -por decirlo as?- de la alianza, lig?ndose con amor fiel e interminable a los hombres, formando un pueblo santo que se convierta en una bendici?n para todas las familias de la tierra (cfr. Gn 12,3). Se revela as? como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (cfr. Ex 3,6), que quiere conducir a su pueblo a la "tierra" de la libertad y de la paz. Esta "tierra" no es de este mundo; todo el dise?o divino excede a la historia, pero el Se?or lo quiere construir con los hombres, por los hombres y en los hombres, a partir de las coordenadas de espacio y tiempo en las que ellos viven y que ?l mismo ha dado.

De dichas coordenadas forma parte, con su especificidad, lo que nosotros llamamos "Oriente Medio". Esta regi?n del mundo tambi?n la ve Dios desde una perspectiva distinta, podr?amos decir "desde lo alto": es la tierra de Abraham, Isaac y Jacob; la tierra del ?xodo y del regreso del exilio; la tierra del templo y de los profetas; la tierra en la que el Hijo Unig?nito naci? de Mar?a, donde vivi?, muri? y resucit?; la cuna de la Iglesia, constituida para llevar el Evangelio de Cristo hasta los confines del mundo. Y tambi?n nosotros, como creyentes, miramos Oriente Medio con esta mirada, desde la perspectiva de la historia de la salvaci?n. Es la ?ptica interior que me ha guiado en los viajes apost?licos a Turqu?a, Tierra Santa -Jordania, Israel, Palestina- y Chipre, donde he podido conocer desde cerca las alegr?as y las preocupaciones de las comunidades cristianas. Por eso tambi?n he acogido encantado la propuesta de los patriarcas y obispos de convocar una Asamblea sinodal para reflexionar juntos, a la luz de las Sagradas Escrituras, sobre el presente y el futuro de los fieles y las poblaciones de Oriente Medio.

Mirar esa parte del mundo desde la perspectiva de Dios significa reconocer en ella la "cuna" de un dise?o universal de salvaci?n en el amor, un misterio de comuni?n que se cumple en la libertad y por eso pide a los hombres una respuesta. Abraham, los profetas, la Virgen Mar?a son los protagonistas de esta respuesta, que tiene su ?ltimo cumplimiento en Jesucristo, hijo de esa misma tierra, pero que baj? del Cielo. De ?l, de su Coraz?n y de su Esp?ritu, ha nacido la Iglesia, que es peregrina en este mundo, pero que le pertenece. La Iglesia est? constituida para ser, en medio de los hombres, signo e instrumento del ?nico y universal proyecto salv?fico de Dios; cumple esta misi?n sencillamente siendo ella misma, es decir, "comuni?n y testimonio", como reza el tema de la Asamblea sinodal que hoy se abre, y que hace referencia a la c?lebre definici?n lucana de la primera comunidad cristiana: "La multitud de los creyentes no ten?a sino un solo coraz?n y una sola alma" (Hch 4,32). Sin comuni?n no puede haber testimonio: el gran testimonio es precisamente la vida de comuni?n. Lo dijo claramente Jes?s: "En esto conocer?n todos que sois disc?pulos m?os: si os ten?is amor los unos a los otros"(Jn 13,35). Esta comuni?n es la vida misma de Dios que se comunica en el Esp?ritu Santo, mediante Jesucristo. Es, por tanto, un don, no algo que ante todo tenemos que construir con nuestras fuerzas. Y es precisamente por esto por lo que interpela nuestra libertad y espera nuestra respuesta: la comuni?n nos pide siempre la conversi?n, como don que debe ser acogido y cumplido cada vez mejor. Los primeros cristianos, en Jerusal?n, eran pocos. Nadie habr?a podido imaginarse lo que ocurri? despu?s. Y la Iglesia vive siempre de esa misma fuerza que la hizo ponerse en marcha y crecer. El Pentecost?s es el acontecimiento originario pero tambi?n es un dinamismo permanente, y el S?nodo de los Obispos es un momento privilegiado en el que se puede renovar en el camino de la Iglesia la gracia del Pentecost?s, con el fin de que la Buena Nueva sea anunciada con franqueza y pueda ser recibida por todas las gentes.

Por consiguiente, la finalidad de esta Asamblea sinodal es sobre todo pastoral. Aunque no podemos ignorar la delicada y, a veces, dram?tica situaci?n social y pol?tica de algunos pa?ses, los pastores de las Iglesias en Oriente Medio desean concentrarse en los aspectos ligados a su misi?n. A este respecto el Instumentum laboris, elaborado por un Consejo Presinodal a cuyos miembros agradezco vivamente el trabajo desarrollado, subraya esta finalidad eclesial de la Asamblea, evidenciando su intenci?n de reavivar la comuni?n de la Iglesia Cat?lica en Oriente Medio bajo la gu?a del Esp?ritu Santo. Ante todo en el interior de cada Iglesia, entre sus miembros: Patriarcas, Obispos, sacerdotes, religiosos, personas de vida consagrada y laicos. Y, despu?s, en las relaciones con las otras Iglesias. La vida eclesial, fortalecida de este modo, ver? producir unos frutos muy positivos en el camino ecum?nico con las otras Iglesias y Comunidades eclesiales presentes en Oriente Medio. Es una ocasi?n propicia, adem?s, para proseguir de forma constructiva el di?logo tanto con los jud?os, con los cuales nos une de forma indisoluble la larga historia de la Alianza, como con los musulmanes.

Los trabajos de la Asamblea sinodal est?n destinados tambi?n al testimonio de los cristianos a nivel personal, familiar y social. Esto exige que se refuerce su identidad cristiana mediante la Palabra de Dios y los Sacramentos. Todos deseamos que los fieles sientan la alegr?a de vivir en Tierra Santa, tierra bendecida por la presencia y por el glorioso misterio pascual del Se?or Jesucristo. A lo largo de los siglos esos Lugares han atra?do multitud de peregrinos y, tambi?n, comunidades religiosas masculinas y femeninas que han considerado un gran privilegio poder vivir y dar testimonio en la Tierra de Jes?s. A pesar de las dificultades, los cristianos de Tierra Santa est?n llamados a reavivar la conciencia de ser piedras vivas de la Iglesia en Oriente Medio, en los Lugares santos de nuestra salvaci?n. Pero vivir de forma digna en la propia patria es, antes que nada, un derecho humano fundamental: por ello, es necesario favorecer las condiciones de paz y justicia, indispensables para un desarrollo armonioso de todos los habitantes de la regi?n. Todos, por lo tanto, est?n llamados a dar su contribuci?n: la comunidad internacional, favoreciendo un camino fiable, leal y constructivo hacia la paz; las religiones presentes de forma mayoritaria en la regi?n, promoviendo los valores espirituales y culturales que unen a los hombres y excluyen toda expresi?n de violencia. Los cristianos seguir?n dando su contribuci?n no s?lo con las obras de promoci?n social, como los institutos de educaci?n y sanitarios sino, y sobre todo, con el esp?ritu de las Bienaventuranzas evang?licas, que anima a la pr?ctica del perd?n y la reconciliaci?n. Con este compromiso tendr?n siempre el apoyo de toda la Iglesia, como testifica de forma solemne la presencia aqu? de los Delegados de los Episcopados de otros continentes.

Queridos amigos, confiemos los trabajos de la Asamblea sinodal para Oriente Medio a los numerosos Santos y Santas de esta tierra bendecida; invoquemos la constante protecci?n de la Beata Virgen Mar?a sobre ella, para que las pr?ximas jornadas de oraci?n, reflexi?n y comuni?n fraterna sean portadoras de buenos frutos para el presente y el futuro de las queridas poblaciones de Oriente Medio. A ellas les dirigimos de todo coraz?n el saludo de buen augurio: "Salud para ti, salud para tu casa y salud para todo lo tuyo." (1Sam 25,6).

[Traducci?n distribu?da por la Secretar?a General del S?nodo
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:26  | Habla el Papa
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