Martes, 26 de octubre de 2010

ZENIT? nos ofrece el texto de la meditaci?n que el Papa Benedicto XVI realiz? hel lunes 11 de Octubre de 2010?por la ma?ana en el aula del S?nodo, durante la primera Congregaci?n General de la Asamblea Especial para Oriente Medio del S?nodo de los Obispos.

Queridos hermanos y hermanas,

el 11 de octubre de 1962, hace treinta y ocho a?os, el papa Juan XXIII inauguraba el Concilio Vaticano II. Se celebraba entonces el 11 de octubre la fiesta de la Maternidad divina de Mar?a y, con este gesto, con esta fecha, el papa Juan quer?a confiar todo el Concilio a las manos maternales, al coraz?n maternal de Nuestra Se?ora. Tambi?n nosotros comenzamos el 11 de octubre, tambi?n nosotros queremos confiar este S?nodo, con todos sus problemas, con todos sus desaf?os, con todas sus esperanzas, al coraz?n maternal de Nuestra Se?ora, de la Madre de Dios.

P?o XI, en 1930, hab?a introducido esta fiesta, mil seiscientos a?os despu?s del Concilio de ?feso, el cual hab?a legitimado, para Mar?a, el t?tulo de Theot?kos, Dei Genitrix. Es esta gran palabra Dei Genitrix, Theot?kos, el Concilio de ?feso hab?a resumido toda la doctrina de Cristo, de Mar?a, toda la doctrina de la redenci?n. Y as? vale la pena reflexionar un poco, un momento, sobre lo que habla el Concilio de ?feso, de lo que habla este d?a.

En realidad, Theot?kos es un t?tulo audaz. Una mujer es Madre de Dios. Se podr?a decir: ?c?mo es posible? Dios es eterno, es el Creador. Nosotros somos criaturas, estamos en el tiempo: ?c?mo podr?an una persona humana ser Madre de Dios, del Eterno, dado que nosotros estamos todos en el tiempo, somos todos criaturas? Por ello se entiende que hab?a una fuerte oposici?n, en parte, contra esta palabra. Los nestorianos dec?an: se puede hablar de Christot?kos, s?, pero de Theot?kos no: The?s, Dios, est? por encima de todos los acontecimientos de la historia. Pero el Concilio decidi? esto, y precisamente as? puso a la luz la aventura de Dios, la grandeza de cuanto hizo por nosotros. Dios no permaneci? en s? mismo: sali? d s? mismo, se uni? de tal forma, tan radicalmente con este hombre, Jes?s, que este hombre Jes?s es Dios, y su hablamos de ?l, podemos siempre tambi?n hablar de Dios. No naci? solamente un hombre que ten?a que ver con Dios, sino que en ?l naci? Dios sobre la tierra. Dios sali? de s? mismo. Pero podemos tambi?n decir lo contrario: Dios nos atrajo en s? mismo, de modo que ya no estamos fuera de Dios, sino que estamos en su intimidad, en la intimidad del mismo Dios.

La filosof?a aristot?lica, lo sabemos bien, nos dice que entre Dios y el hombre existe solo una relaci?n no rec?proca. El hombre se remite a Dios, pero Dios, el Eterno, es en s?, no cambia: no puede tener hoy esta y ma?ana otra relaci?n. Est? en s?, no tiene relaci?n ad extra. Es una palabra muy l?gica, pero es una palabra que nos hace desesperar: por tanto, Dios mismo no tiene relaci?n conmigo. Con la encarnaci?n, con la llegada de la Theot?kos, esto ha cambiado radicalmente, porque Dios nos ha atra?do en s? mismo y Dios en s? mismo es relaci?n y nos hace participar de su relaci?n interior. As? estamos en su ser Padre, Hijo y Esp?ritu Santo, estamos dentro de su ser en relaci?n. Estamos en relaci?n con ?l y ?l realmente ha creado relaci?n con nosotros. En ese momento, Dios quer?a nacer de una mujer y ser siempre s? mismo: ?ste es el gran acontecimiento. Y as? podemos entender la profundidad del acto del papa Juan, que confi? la cumbre conciliar, sinodal, al misterio central, a la Madre de Dios que fue atra?da por el Se?or en S? mismo, y as? todos nosotros con Ella.

El Concilio comenz? con el icono de la Theot?kos. Al final el papa Pablo VI reconoci? a la propia Virgen el t?tulo Mater Ecclesiae. Y estos dos iconos, que inician y concluyen el Concilio, est?n intr?nsecamente unidos, son, al final, un solo icono, Porque Cristo no naci? como un individuo entre los dem?s. Naci? para crearse un cuerpo: naci? ? como dice Juan en el cap?tulo 12 de su Evangelio ? para atraer a todos hacia s? y en s?. Naci? ? como dicen las cartas a los Colosenses y a los Efesios ? para recapitular todo el mundo, naci? como primog?nito de muchos hermanos, naci? para reunir el cosmos en s?, de forma que ?l es la cabeza de un gran Cuerpo. Donde nace Cristo, comienza el movimiento de la recapitulaci?n, comienza el momento de la llamada, de la construcci?n de su Cuerpo, de la santa Iglesia. La Madre de The?s, la Madre de Dios, es Madre de la Iglesia, porque es Madre de Aquel que vino para reunirnos a todos en su Cuerpo resucitado.

San Lucas nos da a entender esto en el paralelismo entre el primer cap?tulo de su Evangelio y en el primer cap?tulo de los Hechos de los Ap?stoles, que repiten a dos niveles el mismo misterio. En el primer cap?tulo del Evangelio el Esp?ritu Santo viene sobre Mar?a y as? da a luz y nos da al Hijo de Dios. En el primer cap?tulo de los Hechos de los Ap?stoles Mar?a est? en el centro de los disc?pulos de Jes?s que rezan todos juntos, implorando la nube del Esp?ritu Santo. Y as? de la Iglesia creyente, con Mar?a en el centro, nace la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. Este doble nacimiento es el ?nico nacimiento del Christus totus, del Cristo que abraza al mundo y a todos nosotros.

Nacimiento en Bel?n, nacimiento en el Cen?culo. Nacimiento de Jes?s ni?o, nacimiento del Cuerpo de Cristo, de la Iglesia. Son dos acontecimientos o un ?nico acontecimiento. Pero entre los dos est?n realmente la Cruz y la Resurrecci?n. Y s?lo a trav?s de la Cruz pasa el camino hacia la totalidad del Cristo, hacia su Cuerpo resucitado, hacia la universalizaci?n de su ser en la unidad de la Iglesia. Y as?, teniendo presente que s?lo del grano ca?do en la tierra nace despu?s la gran cosecha, del Se?or atravesado en la Cruz viene la universalidad de sus disc?pulos reunidos en este Cuerpo suyo, muerto y resucitado.

Teniendo en cuenta este nexo entre Theot?kos y Mater Ecclesiae, nuestra mirada va hacia el ?ltimo libro de la Sagrada Escritura, el Apocalipsis, donde, en el cap?tulo 12, aparece precisamente esta s?ntesis. La mujer vestida de sol, con doce estrellas sobre la cabeza y la luna bajo sus pies, da a luz. Y da a luz con un grito de dolor, da a luz con gran dolor. Aqu? el misterio mariano es el misterio de Bel?n extendido al misterio c?smico. Cristo nace siempre de nuevo en todas las generaciones y as? asume, recoge a la humanidad en s? mismo. Y este nacimiento c?smico se realiza en el grito de la Cruz, en el dolor de la Pasi?n. Y a este grito de la Cruz pertenece la sangre de los m?rtires.

As?, en este momento, podemos mirar el segundo Salmo de esta Hora Media, el Salmo 81, donde se ve una parte de este proceso. Dios est? entre los dioses ? a?n se consideraban en Israel como dioses. En este Salmo, en una gran concentraci?n, en una visi?n prof?tica, se ve la p?rdida de poder de esos dioses. Los que parec?an dioses no son dioses y pierden el car?cter divino, caen a tierra. Dii estis et moriemini sicut nomine (cfr Sal 81, 6-7): la p?rdida de poder, la ca?da de las divinidades.

Este proceso que se realiza en el largo camino de la fe de Israel, y que se resume aqu? en una visi?n ?nica, es un verdadero proceso de la historia de las religiones: la ca?da de los dioses. Y as? la transformaci?n del mundo, el conocimiento del verdadero Dios, la p?rdida de poder de las fuerzas que dominan la tierra, es un proceso de dolor. En la historia de Israel vemos como esta liberaci?n del polite?smo, este reconocimiento - ?s?lo el es Dios? - se realiza con muchos dolores, comenzando por el camino de Abraham, el exilio, los Macabeos, hasta Cristo. Y en la historia continua este proceso de p?rdida de poder, del que habla el cap?tulo 12; habla de la ca?da de los ?ngeles, que no son ?ngeles, no son divinidades sobre la tierra. Y se realiza realmente, precisamente en el tiempo de la Iglesia naciente, donde vemos c?mo con la sangre de los m?rtires pierden el poder las divinidades, comenzando por el emperador divino, de todas estas divinidades. Es la sangre de los m?rtires, el dolor, el grito de la Madre Iglesia que las hace caer y transforma as? el mundo.

Esta ca?da no es s?lo el conocimiento de que ?stas no son Dios; es el proceso de transformaci?n del mundo, que cuesta la sangre, cuesta el sufrimiento de los testigos de Cristo. Y, si miramos bien, vemos que este proceso nunca ha terminado. Se realiza en los diversos periodos de la historia de formas siempre nuevas; tambi?n hoy, en este momento, en el que Cristo, el ?nico Hijo de Dios, debe nacer para el mundo con la ca?da de los dioses, con el dolor, el martirio de los testigos. Pensemos en las grandes potencias de la historia de hoy, pensemos en los capitales an?nimos que esclavizan al hombre, que ya no son cosa del hombre, sino un poder an?nimo al que sirven los hombres, por el que los hombres son atormentados e incluso asesinados. Son un poder destructivo, que amenaza al mundo. Y despu?s el poder de las ideolog?as terroristas. Aparentemente en nombre de Dios se hace violencia, pero no es Dios: son divinidades falsas que deben ser desenmascaradas, que no son Dios. Y despu?s la droga, este poder que como una bestia voraz extiende las manos sobre todos los lugares de la tierra y destruye: es una divinidad, pero una divinidad falsa, que debe caer. O tambi?n la forma de vivir propagada por la opini?n p?blica: hoy se hace as?, el matrimonio ya no cuenta, la castidad ya no es una virtud, etc.

Estas ideolog?as que dominan que se imponen con fuerza, son divinidades. Y en el dolor de los santos, en el dolor de los creyentes, de la Madre Iglesia de la cual somos parte, deben caer estas divinidades, debe realizarse cuanto dicen las Cartas a los Colosenses y a los Efesios: las dominaciones, los poderes, caen y se convierten en s?bditos del ?nico Se?or Jesucristo. De esta lucha en la que estamos, de esta p?rdida de poder de los dioses, de esta ca?da de los falsos dioses, que caen porque no son divinidades, sino poderes que destruyen el mundo, habla el Apocalipsis en el cap?tulo 12, tambi?n con una imagen misteriosa, para la cual, me parece, hay con todo distintas interpretaciones bellas. Se dice que el drag?n pone un gran r?o de agua contra la mujer que huy para arrastrarla. Y parece inevitable que la mujer sea ahogada en este r?o. Pero la buena tierra absorbe este r?o y ?ste no puede hacer da?o. Yo creo que el r?o es f?cilmente interpretable: son estas corrientes que dominan a todos y que quieren hacer desaparecer la fe de la Iglesia, la cual ya no parece tener sitio ante la fuerza de estas corrientes que se imponen como la ?nica racionalidad, como la ?nica forma de vivir. Y la tierra que absorbe estas corrientes es la fe de los sencillos, que no se deja arrastrar por estos r?os y salva a la Madre y al Hijo. Por ello el Salmo dice ? el primer salmo de la Hora Media ? que la fe de los sencillos es la verdadera sabidur?a (cfr Sal 118,130). Esta sabidur?a verdadera de la fe sencilla, que no se deja devorar por las aguas, es la fuerza de la Iglesia. Y volvemos otra vez al misterio mariano.

Y hay tambi?n una ?ltima palabra en el Salmo 81, "movebuntur omnia fundamenta terrae" (Sal 81,5), vacilan los fundamentos de la tierra. Lo vemos hoy, con los problemas clim?ticos, c?mo son amenazados los fundamentos de la tierra, pero son amenazados por nuestro comportamiento. Vacilan los fundamentos externos porque vacilan los fundamentos interiores, los fundamentos morales y religiosos, la fe de la que sigue el modo recto de vivir. Y sabemos que la fe es el fundamento, y, en definitiva, los fundamentos de la tierra no pueden vacilar si permanece firme la fe, la verdadera sabidur?a.

Y tambi?n el Salmo dice: "Lev?ntate, Se?or, y juzga la tierra" (Sal 81,8). As? decimos tambi?n nosotros al Se?or: ?Lev?ntate en este momento, toma la tierra entre tus manos, protege a tu Iglesia, protege a la humanidad, protege a la tierra?. Y confi?ndonos de nuevo a la Madre de Dios, a Mar?a, y oremos: "Tu, la gran creyente, tu que has abierto la tierra al cielo, ay?danos, abre hoy tambi?n las puertas, para que sea vencedora la verdad, la voluntad de Dios, que es el verdadero bien, la verdadera salvaci?n del mundo?. Amen

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:31  | Habla el Papa
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