Martes, 26 de octubre de 2010

Homil?a de monse?or Ra?l Martorell, obispo de Puerto Iguaz?, para el 28? domingo durante el a?o (10 de octubre de 2010). (AICA)

AY?DANOS, OH SE?OR, A PERMANECER FIELES

Las lecturas de este domingo nos sit?an frente al tema de la fe como don de Dios y el reconocimiento a Dios por medio de las obras de la fe. La vida de fe y su compromiso son los argumentos que se entrelazan en la liturgia de hoy.

La primera lectura (2 Re. 5, 14-17) nos narra el suceso de Naam?n, el sirio curado de la lepra por el Profeta Eliseo. Dios a trav?s de este milagro llama al pagano Naam?n a la vida de fe en ?l y este hombre -d?cil a la gracia- responde convirti?ndose interiormente y proclamando que el Dios de Israel es el ?nico Dios: ?ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra m?s que el de Israel? (Ib. 15). Como reconocimiento y agradecimiento por la salud recuperada Naam?n quiere ofrecer un regalo al profeta por haber sido instrumento de su curaci?n. El sirio quiere ofrecerle algo, pero el profeta lo reh?sa. Eliseo es un hombre de Dios que tiene la misi?n de predicar y de llevar a los hombres a Dios y los signos milagrosos son una presencia muy particular de Dios en quien tiene la misi?n de predicar. Por eso Eliseo no quiere aprovecharse del reconocimiento de Naam?n para enriquecerse o hacerse de fama personal. Ser? para el profeta una obra m?s de Dios que interviene en la historia de los hombres.

Todos los hombres est?n llamados a la salvaci?n y esto es lo que Jes?s en la Sinagoga quiere ense?arnos. La salvaci?n no est? reservada solamente a los hijos de Israel, sino que es un don ofrecido a todos los hombres. Durante su ?ltimo viaje a Jerusal?n, un suceso semejante al de la primera lectura tiene lugar cuando Jes?s cura a 10 leprosos, pero s?lo uno, un extranjero, vuelve a dar las gracias. ?stos -como el sirio Naam?n- recibir?n el don de la salud f?sica, pero tambi?n el don de la salvaci?n (Lc.17,11-19). Jes?s env?a a los leprosos a presentarse a los sacerdotes como lo mandaba la ley mosaica, pues eran ellos los que examinaban y comprobaban las curaciones, y cuando iban de camino quedaron completamente sanados de su lepra. La curaci?n es la misma en todos, pero no todos reaccionan de la misma manera: ?uno de ellos volvi? alabando a Dios a grandes gritos y se ech? por tierra a los pies de Jes?s d?ndole gracias, ?ste era un samaritano? (ib. 15-16). Es decir que no era un miembro del Pueblo de Dios, sino un extranjero. Los otros nueve curados no vuelven a agradecer a Dios, quiz? porque como miembros del Pueblo de Dios, se sent?an casi? con el derecho de ser curados por Jes?s. El extranjero, que considera que no tienen ning?n derecho, se siente indigno del favor del Dios de Israel en nombre de quien Jes?s hizo el milagro y vuelve para agradecer. Esta actitud de agradecimiento lo dispone a recibir un don a?n mayor: la fe y la salvaci?n. Por eso es que Jes?s le dice: ?lev?ntate y vete en paz, tu fe te ha salvado?(Ib. 19).

San Pablo nos dice que la palabra de Dios no est? encadenada y que nadie en particular puede impedir que la palabra arraigue en cualquier coraz?n y suscite la fe en Dios. La vida de fe debe ser vivida por aquellos que han recibido la palabra e imitar a Cristo, en una vida de sufrimiento si fuera necesario, viviendo en la fe la cruz y los sufrimientos humanos que de ella se derivan, el rechazo, la indiferencia, las burlas y la soledad. La fe vivida y testimoniada ser? para San Pablo un anticipo de la gloria a la que estamos llamados y un medio seguro para la salvaci?n: ?si morimos con ?l, viviremos con ?l; si perseveramos reinaremos con ?l? (2 Tim. 11-12).

Durante toda nuestra vida recibimos dones y regalos de Dios. El agradecimiento y la fidelidad ?son la respuesta adecuada y el testimonio de fe que estamos llamados a dar los cristianos de hoy en medio de un mundo indiferente, que no reconoce ni agradece a Dios por tantos bienes que sin merecerlo tambi?n recibe. Que el testimonio de fe de tantos hombres y mujeres abnegados, como el de Juan Pablo II o de la Madre Teresa de Calcuta en tiempos recientes, nos impulsen a vivir y a esparcir el amor de Dios entre todos los hombres.

Que Mar?a del Iguaz? nos conceda la gracia de reconocer y agradecer los dones de Dios en nosotros y ser llegar a ser testimonios de su amor por el mundo.?

Mons. Marcelo Ra?l Martorell, obispo de Puerto Iguaz??


Publicado por verdenaranja @ 22:36  | Homil?as
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