Jueves, 28 de octubre de 2010

ZENIT? nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunci?el mi?rcoles 13 de Octurbre de 2020?durante la audiencia general, en la Plaza de San Pedro, ante miles de peregrinos procedentes de todo el mundo.

Queridos hermanos y hermanas,

hoy quisiera hablaros de la beata Angela de Foligno, una gran m?stica medieval que vivi? en el siglo XIII. Normalmente, uno se fascina por los momentos ?lgidos de experiencia de uni?n con Dios que ella alcanz?, pero se tienen quiz?s demasiado poco en cuenta sus primeros pasos, su conversi?n, y el largo camino que la condujo desde el punto de partida, el ?gran temor del infierno?, hasta su meta, la uni?n total con la Trinidad. La primera parte de la vida de Angela no es ciertamente la de una ferviente disc?pula del Se?or. Nacida hacia 1248 en una familia pudiente, qued? hu?rfana de padre y fue educada por su madre de forma m?s bien superficial. Fue introducida muy pronto en los ambientes mundanos de la ciudad de Foligno, donde conoci? a un hombre, con el que se cas? a los veinte a?os y del que tuvo hijos. Su vida era despreocupada, hasta el punto de que se permit?a burlarse de los llamados ?penitentes? ? muy difundidos en aquella ?poca ? es decir, de aquellos que para seguir a Cristo vend?an sus bienes y viv?an en la oraci?n, en el ayuno, en el servicio a la Iglesia y en la caridad.

Algunos acontecimientos, como el violento terremoto de 1279, un hurac?n, la larga guerra contra Perusa y sus duras consecuencias incidieron en la vida de Angela, la cual progresivamente fue tomando conciencia de sus pecados, hasta un paso decisivo: invoca a san Francisco, que se le aparece en una visi?n, para pedirle consejo de cara a hacer una buena Confesi?n general: estamos en 1285, Angela se confiesa con un fraile en San Feliciano. Tres a?os despu?s, el camino de la conversi?n conoce otro giro: la disoluci?n de los v?nculos afectivos, pues en pocos meses, a la muerte de su madre siguieron la de su marido y la de todos sus hijos. Entonces vendi? sus bienes y en 1291 entr? en la orden terciaria de san Francisco. Muri? en Foligno el 4 de enero de 1309.

El Libro della beata Angela da Foligno, en el que est? recogida la documentaci?n sobre nuestra Beata, narra esta conversi?n; indica los medios que le fueron necesarios: la penitencia, la humildad y las tribulaciones; y narra sus pasos, la sucesi?n de las experiencias de Angela, comenzadas en 1285. Record?ndolas, tras haberlas vivido, ella intent? contarlas a trav?s de su fraile confesor, el cual las transcribi? fielmente, intentando despu?s organizarlas en etapas, que llam? ?pasos o mutaciones?, pero sin conseguir ordenarlas plenamente (cfr?Il Libro della beata Angela da Foligno, Cinisello Balsamo 1990, p. 51). Esto debido a que la experiencia de uni?n para la beata Angela supone una implicaci?n total de los sentidos espirituales y corporales, y de lo que ella ?comprende? durante sus ?xtasis queda, por as? decirlo, solo una ?sombra? en su mente. ?Escuch? verdaderamente estas palabras ? confiesa ella despu?s de un rapto m?stico ? pero lo que vi y comprend?, y que ?l [o sea, Dios] me mostr?, de ninguna forma d? o puedo decirlo, aunque revelar?a de buen grado lo que comprend? con las palabras que o?, pero hubo un abismo absolutamente inefable?. Angela de Foligno presenta su "vivencia" m?stica, sin elaborarla con la mente, porque son iluminaciones divinas que se comunican a su alma de forma imprevista e inesperada. Al mismo fraile confesor le cuesta recoger estos eventos, ?tambi?n a causa de su gran y admirable reserva respecto a sus dones divinos? (Ibid., p. 194). A la dificultad para expresar su experiencia m?stica se a?ade tambi?n la dificultad para sus oyentes de comprenderla. Una situaci?n que indica con claridad c?mo el ?nico y verdadero Maestro, Jes?s, vive en el coraz?n de todo creyente y desea tomar totalmente posesi?n de ?l. As? en Angela, que escrib?a a un hijo espiritual suyo: "Hijo m?o, si vieras mi coraz?n, estar?as absolutamente obligado a hacer todo lo que Dios quiere, porque mi coraz?n es el de Dios y el coraz?n de Dios es el m?o?. Resuenan aqu? las palabras de san Pablo: ?Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo que vive en mi" (Gal?2,20).

Consideremos entonces s?lo alg?n "paso" del rico camino espiritual de nuestra Beata. El primero, en realidad, es una premisa: "Fue el conocimiento del pecado, ? como ella precisa ? a continuaci?n del cual el alma tuvo un gran temor de condenarse; en este pasaje llor? amargamente" (Il Libro della beata Angela da Foligno, p. 39). Este ?temor? del infierno responde al tipo de fe que Angela ten?a en el momento de su "conversi?n"; una fe a?n pobre de caridad, es decir, del amor de Dios. Arrepentimiento, miedo del infierno y penitencia abren a Angela la perspectiva de la dolorosa "v?a de la cruz" que, desde el octavo al decimoquinto paso, la llevar? despu?s a la ?v?a del amor?. Cuenta el fraile confesor: ?La fiel entonces me dijo: He tenido esta revelaci?n divina: 'Tras las cosas que hab?is escrito, haz escribir que quien quiera conservar la gracia no debe quitar los ojos del alma de la Cruz, tanto en la alegr?a como en la tristeza que le concedo o permito'" (Ibid., p. 143). Pero en esta fase Angela a?n "no siente amor"; ella afirma: "El alma siente verg?enza y amargura y no experimenta a?n el amor, sino el dolor? (Ibid., p. 39), y est? insatisfecha.

Angela siente el deber de tener que darle algo a Dios para reparar sus pecados, pero lentamente comprende que no tiene nada que darle, al contrario, de ?ser nada? ante ?l; comprende que no ser? su voluntad la que le d? el amor de Dios, porque ?sta s?lo puede darle su ?nada?, el ?no amor?. Como ella dir?: solo "el amor verdadero y puro, que viene de Dios, est? en el alma y hace que ?sta reconozca sus propios defectos y la bondad divina [?] Este amor lleva el alma a Cristo y ella comprende con seguridad que no se puede verificar ni haber enga?o alguno. Junto a este amor no se puede mezclar algo de lo del mundo" (Ibid., p. 124-125). Abrirse sola y totalmente al amor de Dios, que tiene la m?xima expresi?n en Cristo: "Oh Dios m?o ? reza ? hazme digna de conocer el alt?simo misterio, que tu ardent?simo e inefable amor realiz?, junto al amor de la Trinidad, es decir, el alt?simo misterio de tu sant?sima encarnaci?n por nosotros. [?]. ?Oh amor incomprensible! M?s all? de este amor, que hizo que mi Dios se hiciese hombre para hacerme Dios, no hay amor m?s grande" (Ibid., p. 295). Con todo, el coraz?n de Angela lleva siempre las heridas del pecado; incluso despu?s de una confesi?n bien hecha, ella se encontraba perdonada y a?n con el coraz?n roto por el pecado, libre y condicionada por el pasado, absuelta pero necesitada de penitencia. Y tambi?n la acompa?a el pensamiento del infierno, porque cuanto m?s progresa el alma en la v?a de la perfecci?n cristiana, tanto m?s se convencer? no s?lo de ser ?indigna?, sino de merecer el infierno.

Y he aqu? que, en su camino m?stico, Angela comprende de modo profundo la realidad central: lo que la salvar? de su ?indignidad? y de ?merecer el infierno? no ser? su ?uni?n con Dios? y su poseer la ?verdad?, sino Jes?s crucificado, ?su crucifixi?n por m?, su amor. En el octavo paso, ella dice: "Sin embargo, a?n no comprend?a si era m?s grande mi liberaci?n de los pecados y del infierno y la conversi?n y la penitencia, o m?s bien su crucifixi?n por m?" (Ibid., p. 41). Es el inestable equilibrio entre amor y dolor, advertido en todo su dif?cil camino hacia la perfecci?n. Precisamente contempla con preferencia a Cristo crucificado, porque en esta visi?n ve realizado el equilibrio perfecto: en la cruz est? el hombre-Dios, en un supremo acto de sufrimiento que es un acto supremo de amor. En la tercera Instrucci?n, la Beata insiste en esta contemplaci?n y afirma: "Cuanto m?s perfecta y puramente vemos, tanto m?s perfecta y puramente amamos. [?] Por ello, cuanto m?s vemos al Dios y hombre Jesucristo, tanto m?s somos transformados en ?l a trav?s del amor. [?] Lo que he dicho del amor [?] lo digo tambi?n del dolor: el alma cuanto m?s contempla el inefable dolor del Dios y hombre Jesucristo, tanto m?s se duele y es transformada en dolor? (Ibid., p. 190-191). Ensimismarse, transformarse en el amor y en los sufrimientos del Cristo crucificado, identificarse con ?l. La conversi?n de Angela, iniciada con esa confesi?n de 1285, llegar? a la madurez s?lo cuando el perd?n de Dios aparezca a su alma como el don gratuito de amor del Padre, fuente de amor: "No hay nadie que puede dar excusas ? afirma ella ? porque cualquiera puede amar a Dios, y el no pide otra cosa al alma sino que le ame, porque ?l la ama y de su amor" (Ibid., p. 76).

En el itinerario espiritual de Angela el paso de la conversi?n a la experiencia m?stica, de lo que se puede expresar a lo inexpresable, tiene lugar a trav?s del Crucificado. Es el "Dios-hombre de la pasi?n", que se convierte en su "maestro de perfecci?n". Toda su experiencia m?stica es, por tanto, tender a una perfecta ?semejanza? con ?l, mediante purificaciones y transformaciones cada vez m?s profundas y radicales. En esta estupenda empresa Angela se implica totalmente, alma y cuerpo, sin ahorrarse penitencias y tribulaciones desde el principio al final, deseando morir con todos los dolores sufridos por el Dios-hombre crucificado para ser transformada totalmente en ?l: "Oh hijos de Dios ? recomendaba ella ?, transformaos totalmente en el Dios-hombre de la pasi?n, que tanto os am? hasta dignarse morir por vosotros de muerte ignominios?sima y del todo inefablemente dolorosa y de un modo penos?simo y amargu?simo. ?Esto solo por amor tuyo, oh hombre!" (Ibid., p. 247). Esta identificaci?n significa tambi?n vivir lo que Jes?s vivi?: pobreza, desprecio, dolor, porque ? como ella afirma ? "a trav?s de la pobreza temporal el alma encontrar? riquezas eternas; a trav?s del desprecio y la verg?enza obtendr? honor y grand?sima gloria; a trav?s de una poca penitencia, hecha con pena y dolor, poseer? con infinita dulzura y consolaci?n el Bien Sumo, Dios eterno" (Ibid., p. 293).

De la conversi?n a la uni?n m?stica con el Cristo crucificado, a lo inexpresable. Un camino alt?simo, cuyo secreto es la oraci?n constante: "Cuanto m?s reces ? afirma ella ? tanto m?s ser?s iluminado; cuanto m?s seas iluminado, tanto m?s profunda e intensamente ver?s al Sumo Bien, al Ser sumamente bueno; cuanto m?s profunda e intensamente lo veas, tanto m?s lo amar?s; cuanto m?s lo ames, tanto m?s te deleitar?; y cuanto m?s te deleite, tanto m?s lo comprender?s y ser?s capaz de comprenderlo. Sucesivamente llegar?s a la plenitud de la luz, porque comprender?s que no puedes comprender" (Ibid., p. 184).

Queridos hermanos y hermanas, la vida de la Beata Angela comienza con una existencia mundana, bastante alejada de Dios. Pero despu?s se encontr? con la figura de san Francisco y, finalmente, el encuentro con el Cristo Crucificado despierta el alma a la presencia de Dios, por el hecho de que s?lo con Dios la vida llega a ser verdadera vida, porque llega a ser, en el dolor por el pecado, amor y alegr?a. Y as? nos habla a nosotros hoy la Beata Angela. Hoy estamos todos en peligro de vivir como si Dios no existiera: parece muy alejado de la vida actual. Pero Dios tiene mil maneras, para cada uno la suya, de hacerse presente en el alma, de mostrar que existe y que me conoce y ama. Y la Beata Angela quiere hacernos atentos a estos signos con los cuales el Se?or nos toca el alma, atentos a la presencia de Dios, para aprender as? el camino con Dios y hacia Dios, en la comuni?n con Cristo Crucificado. Oremos al Se?or para que nos haga atentos a los signos de su presencia, que nos ense?e a vivir realmente. Gracias.

[En espa?ol dijo]

Saludo a los peregrinos de lengua espa?ola, en particular a las Hermanas de la Compa??a de la Cruz; a los miembros de la Hermandad de Nuestra Se?ora de la Estrella, de Sevilla; a los representantes de la Cofrad?a de Investigadores de Toledo, acompa?ados por el Se?or Cardenal Antonio Ca?izares Llovera; a los fieles de la Arquidi?cesis de Santiago de los Caballeros, con su Arzobispo, Monse?or Ram?n Benito de la Rosa Carpio, as? como a los dem?s grupos procedentes de Espa?a, M?xico, Honduras, Argentina y otros pa?ses latinoamericanos. Que la Beata ?ngela de Foligno nos ayude a comprender que la verdadera felicidad consiste en la amistad con Cristo, crucificado por amor nuestro. A su divina bondad sigo encomendando con esperanza a los mineros de la regi?n de Atacama, en Chile.

[Traducci?n del italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:00  | Habla el Papa
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