Jueves, 28 de octubre de 2010

Homil?a de monse?or Jos? Vicente Conejero Gallego, obispo de Formosa, y Presidente de la Comisi?n Episcopal de Misiones, en la misa de la Jornada Mundial de las Misiones (San Miguel, Buenos Aires, domingo 10 de octubre de 2010). (AICA)

TU GLORIA, SE?OR, HASTA LOS CONFINES DEL ORBE

Queridos hermanos:??

?Disc?pulos Misioneros de Jesucristo aqu? y m?s all? de las fronteras!?

Demos gracias a Dios que nos permite celebrar y participar del III? Encuentro Nacional de Grupos Misioneros en Argentina. Es, verdaderamente, un don de Dios estar reunidos en el nombre de Jes?s, Misionero del Padre, bajo la moci?n del Esp?ritu Santo que nos impulsa a responder a los nuevos desaf?os de la Misi?n.

Sabemos que el principio de la Misi?n es el inmenso amor de Dios, pues ?l quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1Tm 2,4).Este querer es de las Tres Personas Divinas, que son un s?lo Dios: Unidad en Comuni?n; Comuni?n de Personas en la Unidad.

Tambi?n sabemos y reconocemos que el modelo de todo misionero es Jes?s, el enviado del Padre, consagrado y ungido por el Esp?ritu Santo para llevar la Buena Noticia de la salvaci?n a todos los hombres, especialmente a los pobres. Contemplando a Jes?s, es f?cil descubrir los sentimientos y actitudes del aut?ntico misionero: pobre, obediente, fiel, sencillo, alegre, servicial? capaz de llegar hasta el extremo del amor: la entrega total y definitiva de la propia vida por los dem?s.

La meta de la Misi?n es hacer participar a los hombres de la vida Eterna; vida Eterna que consiste en el conocimiento del Padre y de su Enviado Jesucristo (cfr. Jn 17, 3; la misi?n evangelizadora de la Iglesia tiene como objetivo final llegar a ser part?cipes de la naturaleza divina ( cfr. 2Pe 1,4), miembros de la Familia de Dios, para vivir en Comuni?n ?con ?l, y en unidad y concordia con toda la humanidad, instaurando ?la fraternidad universal. Por ello, Benedicto XVI, en el Mensaje de la Jornada Mundial de las Misiones de este a?o 2010, nos recuerda e invita a construir la comuni?n eclesial, clave de la misi?n, raz?n por la cual debemos aprender a ofrecer signos de esperanza y a ser hermanos universales, cultivando los grandes ideales que transforman la historia y, sin falsas ilusiones o miedos in?tiles, comprometi?ndonos a hacer del planeta la casa de todos los pueblos.

?Qu? profunda, luminosa y motivadora es, a la vez, la Palabra de Dios, ?que acabamos de proclamar y escuchar!

El Profeta Isa?as reconoc?a c?mo las tinieblas cubren la tierra, c?mo una? densa oscuridad pesa sobre las naciones. Pareciera decirnos: ?Es de noche?. Esta es una realidad que, tambi?n hoy, podemos reconocer sobre nuestra sociedad actual. Pero, si el profeta present?a y anunciaba la luz y el esplendor de la aurora sobre las naciones de la tierra; con mayor raz?n, podemos nosotros anunciar hoy un mensaje de esperanza a toda la humanidad; pues, con la fe de la Iglesia Misionera, proclamamos con fuerza y firme convicci?n: JESUCRISTO ES LA LUZ DEL MUNDO Y EL QUE LO SIGUE NO CAMINA EN TINIEBLAS, SINO QUE TIENE LA LUZ DE LA VIDA (cfr. 8, 12)

Los misioneros, como el profeta sabemos: ?que cu?n hermosos son los pasos de los que anuncian buenas noticias! , como el mismo Ap?stol Pablo nos lo recordaba (Rm 10, 15).

La Iglesia, Esposa y Cuerpo de Jesucristo, se ver? enriquecida con todos los valores y culturas de los pueblos, semillas del mismo Verbo de Dios esparcidas por la tierra, y sentir? c?mo palpita y se ensancha su coraz?n, cuando arriben a su seno. ?La Iglesia, enviada por Cristo para manifestar y comunicar la caridad de Dios a todos los hombres y pueblos, sabe que tiene que llevar a cabo todav?a una labor misionera ingente? debe insertarse en todos estos grupos con el mismo afecto con que Cristo se uni? por su encarnaci?n a las determinadas condiciones sociales y culturales de los hombres con quienes convivi? (AG 10).

Por eso, es l?gico anhelar y sentir con el Salmista que todos los pueblos y naciones de la tierra, conozcan los caminos del Se?or, alaben y glorifiquen su Nombre (Salmo 66).

Y si, como afirma el Ap?stol: ?la fe nace de la predicaci?n y la predicaci?n se realiza en virtud de la Palabra de Cristo? C?mo debemos estar siempre disponibles, a tiempo y a destiempo, para proclamar el mensaje Cristo, con cu?nto empe?o y fuerza debemos anunciar a Jesucristo a todos.

La Misi?n exige, necesariamente, voluntarios libres que acepten ser enviados. Isa?as mismo narr? su vocaci?n:

?Entonces escuch? la voz del Se?or, que dec?a:

-?A qui?n mandar??, ?qui?n ir? de nuestra parte?

Contest?:

-Aqu? estoy, m?ndame. (Is 6, 8).?

Es la misma actitud de Mar?a: ?Yo soy la servidora del Se?or, que se cumpla en m? lo que has dicho?? Y entonces, Mar?a parti? y fue sin demora? (Lc 1, 38-39).

Es, por sobre todo, la absoluta disponibilidad y respuesta de Jes?s: ?Aqu? estoy, yo vengo para hacer, Dios, tu voluntad? (Heb 10, 7. 9).

?Hemos sentido y o?do, nosotros, el llamado del Se?or para ser enviados? ?Hemos o?do el clamor de tantos hermanos que aguardan impacientemente el anuncio de la verdad del Evangelio para encontrar el sentido verdadero de la vida? ?C?mo es nuestra disponibilidad y prontitud?

Si estamos convencidos de que la Palabra de Dios es fuente de sabidur?a y de la prudencia para las relaciones entre los hombres, y si somos conscientes de la necesidad y urgencia que la Buena Noticia sea conocida y vivida hasta los confines de la tierra, ?qu? hago, qu? hacemos para proclamarla, difundirla y ponerla en pr?ctica?

La Misi?n es m?s compleja de lo que a primera vista parece, porque abarca muchos aspectos y dimensiones: Fe y adhesi?n firme e inquebrantable a Jesucristo y a su Iglesia, ?anuncio, profundizaci?n del mensaje, comuni?n y experiencia de familia y comunidad, disc?pulos-misioneros, testigos del Resucitado, destinatarios o interlocutores como hoy se dice, frutos de libertad, justicia, alegr?a y paz.

El relato de Lucas, que narra la lectura e interpretaci?n de Jes?s del pasaje de Isa?as en la sinagoga de Nazaret, que acabamos de escuchar, nos ayuda sobremanera a comprender el ser y quehacer de los misioneros de Jes?s y la tarea de la Misi?n.

En primer lugar, el misionero, la misionera, es consciente de que no parte de su propia iniciativa, sabe y se siente movido, ungido y enviado por el Esp?ritu del Se?or para llevar la Buena Noticia. La suya es una vocaci?n, un llamado, que requiere s?, la libre aceptaci?n. As? lo sinti? y expres? Jes?s: ?Porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envi? (Jn 6, 38); o aquella otra afirmaci?n suya: ?Yo no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo seg?n lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado? ( Jn 5, 30); as? lo sinti? Pablo y debemos sentirlo todos los misioneros: ?Predicar el Evangelio no es para m? ning?n motivo de gloria; es m?s bien un deber que me incumbe.?Ay de m? si no predico el Evangelio! Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente tendr?a derecho a una recompensa. Mas si lo hago forzado, es una misi?n que se me ha confiado? (1Cor 9, 16-17).

La Misi?n tiene como fin llevar la alegr?a y la esperanza a los pobres, no olvidemos que el Evangelio es ?Buena Noticia?, no amarga profec?a, es anuncio de la ? verdad que hace libres?, es ?luz que ilumina? a quienes caminan en la oscuridad de la duda y la desconfianza, es ?gracia, gozo y paz? del Esp?ritu Se?or.

C?mo quisi?ramos decir con Jes?s, en el ejercicio de nuestro servicio misionero, con sinceridad humilde: ?Hoy se cumple este pasaje de la Escritura que acaban de o?r?.

Dec?amos antes que la misi?n, la acci?n evangelizadora de la Iglesia, es una realidad compleja que contiene varios elementos, no contrapuestos ni exclusivos, sino complementarios y mutuamente enriquecedores, como hac?a notar el Papa Pablo VI (cfr. EN 24). Ser misioneros es aceptar el designio amoroso y salvador de Dios sobre la humanidad y convertirlo en obra: del mismo modo que Jesucristo, el Hijo de Dios se encarn? y nos redimi? con su muerte en la cruz y resurrecci?n. ?

Queridos j?venes disc?pulos-misioneros, quisiera, por ?ltimo, hacer dos referencias m?s. Una, tomada de Aparecida, ese acontecimiento eclesial reciente que nos exhorta a la Conversi?n personal y pastoral y a la Renovaci?n misionera de nuestras comunidades en torno a Jesucristo, Maestro y Pastor, propiciando actitudes de apertura, di?logo y disponibilidad, testimonio de comuni?n eclesial y santidad, inspir?ndonos siempre en el mandamiento nuevo del amor (cfr. DA 368); siendo fieles e imitando al Maestro, ?siempre cercano, accesible, disponible para todos, deseoso de comunicar vida en cada rinc?n de la tierra? (DA 372). Me estoy refiriendo a la Misi?n ad gentes, es decir, a la misi?n universal en todos los Continentes: Para no caer en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos, debemos formarnos como disc?pulos misioneros sin fronteras, dispuestos a ir ?a la otra orilla?, aquella en la que Cristo no es a?n reconocido como Dios y Se?or, y la Iglesia no est? todav?a presente (DA 376).

Somos nosotros, los miembros de los Grupos Misioneros quienes debemos sensibilizar, estimular y hacer presente en nuestras comunidades el coraz?n universal de la Iglesia y a estar disponibles para ser enviados, como Jes?s envi? a sus Ap?stoles, m?s all? de las fronteras, es decir, hasta los confines de la tierra. De esta manera entraremos en nuestro continente, como dice el Documento, ?en una nueva primavera de la misi?n ad gentes? (DA 379).

La otra referencia, mirando a un futuro no muy lejano, la Jornada Mundial de la Juventud del pr?ximo a?o 2011, en el mes de agosto, en Madrid. Como bien saben, el Papa Benedicto XVI ha escrito un hermoso y profundo Mensaje para prepararnos a vivir, aqu? o all?, a este acontecimiento eclesial. En el lema elegido, inspir?ndose en un texto de la Carta a los Colosenses, se encierra lo que quiere el Sucesor de Pedro para todos los j?venes de hoy: ?Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe? (Col 2, 7). Me ha impactado profundamente este mensaje del Papa. Invito a que lo lean y comenten en sus Grupos Misioneros, les enriquecer? much?simo. Ahora espigo e interpreto algunas ideas de su contenido en el que acent?a y reitera, de diversas maneras, el anuncio del Kerigma, tan propio de la vida de los misioneros: El misterio y poder de Cristo muerto y resucitado es el fundamento de nuestra vida, el centro de la fe cristiana?Creemos firmemente que Jesucristo se entreg? en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasi?n, soport? nuestros sufrimientos, carg? con nuestros pecados, nos consigui? el perd?n y nos reconcili? con Dios Padre, abri?ndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que m?s atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con os hermanos m?s pobres y en dificultad? del coraz?n de Jes?s abierto en la cruz ha brotado la vida divina? Acojamos la cruz de Jes?s, signo del amor de Dios, fuente de vida nueva. Sin Cristo muerto y resucitado, no hay salvaci?n. S?lo ?l puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos.

Tambi?n el Papa nos invita a agradecer el don de la Iglesia, pues la fe profesada por la Iglesia es la que asegura nuestra fe personal.

En la historia de la Iglesia, los santos y los m?rtires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para ser fieles a Dios hasta la entrega de s? mismos; en la fe han encontrado la fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. Y de la fe brota la caridad, que debemos testimoniar con palabras y obras. Cristo es el bien m?s precioso que tenemos para compartir con los dem?s. Es necesario que anunciemos y testimoniemos a Cristo para que otros j?venes, en el encuentro con ?l, puedan encontrar el sentido y la alegr?a de la vida.

La Sant?sima Virgen Mar?a, Madre y modelo de todos los misioneros, junto con san Francisco Javier y Santa Teresa del Ni?o Jes?s intercedan por nosotros para que seamos disc?pulos-misioneros, aqu? y m?s all? de las fronteras.?

Jos? Vicente Conejero Gallego, obispo de Formosa
Jornada Mundial de las Misiones - III Encuentro Nacional de Grupos Misioneros?


Publicado por verdenaranja @ 22:06  | Homil?as
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