Jueves, 28 de octubre de 2010

ZENIT? nos ofrece el mensaje que el Papa Benedicto XVI ha hecho llegar a la Semana Social Italiana, a trav?s del cardenal Angelo Bagnasco, presidente de la Conferencia Episcopal de este pa?s, y que ha sido hecho p?blico el jueves 14 de Octubre de 2010.

MENSAJE DE SU SANTIDAD

BENEDICTO XVI

?

?Al Venerado Hermano
Card. Angelo Bagnasco,
Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana

El primer pensamiento, al dirigirme a Usted y a los Congresistas reunidos en Reggio Calabria con ocasi?n de la celebraci?n de la 46? Semana Social de los Cat?licos Italianos, es de profunda gratitud por la contribuci?n de reflexiones y de participaci?n que, en nombre de la Iglesia en Italia, quer?is ofrecer al pa?s.

Dicha aportaci?n es a?n m?s preciosa gracias al amplio recorrido preparatorio, que en los ?ltimos dos a?os ha implicado a di?cesis, agregaciones eclesiales y centros acad?micos: las iniciativas realizadas de cara a esta cita ponen de manifiesto la difundida disponibilidad dentro de las comunidades cristianas a reconocerse ?cat?licas en la Italia de hoy?, cultivando el objetivo de ?una agenda de esperanza para el futuro del pa?s?, como recita el tema de la presente Semana Social.

Todo esto asume una relevancia m?s significativa en la coyuntura socio-econ?mica que estamos atravesando. A nivel nacional, la consecuencia m?s evidente de la reciente crisis financiera global esta en la propagaci?n del paro y de la precariedad, que a menudo impide a los j?venes ? especialmente en las ?reas del Mezzogiorno ? arraigarse en su propio territorio, como protagonistas del desarrollo. Para todos, en cualquier caso, estas dificultades constituyen un obst?culo en el camino de la realizaci?n de los propios ideales de vida, favoreciendo la tentaci?n del replegamiento y de la desorientaci?n. F?cilmente la desconfianza se transforma en resignaci?n, sospecha, desafecto y falta de compromiso, a costa de la inversi?n leg?tima en el futuro.

Bien mirado, el problema no es solamente econ?mico, sino sobre todo cultural y se manifiesta en particular en la crisis demogr?fica, en la dificultad de valorar plenamente el rol de las mujeres, en la dificultad de tantos adultos de concebirse y ponerse como educadores. Con mayor raz?n, es necesario reconocer y sostener con fuerza y con los hechos la insustituible funci?n social de la familia, coraz?n de la vida afectiva y relacional, adem?s de lugar en el que mejor que ning?n otro se asegura la ayuda, cuidado, solidaridad, capacidad de transmisi?n del patrimonio de valores a las nuevas generaciones. Es por ello necesario que todos los sujetos institucionales y sociales se comprometan a asegurar a la familia medidas eficaces de apoyo, dot?ndola de recursos adecuados y permitiendo una justa conciliaci?n con los tiempos del trabajo.

No falta ciertamente a los cat?licos la conciencia del hecho de que tales expectativas deben ponerse hoy dentro de las complejas y delicadas transformaciones que interesan a toda la humanidad. Como escrib? en la Enc?clica Caritas in veritate, ?El riesgo de nuestro tiempo es que la interdependencia de hecho entre los hombres y los pueblos no se corresponda con la interacci?n ?tica de la conciencia y el intelecto? (n. 9). Esto exige ?una clara visi?n de todos los aspectos econ?micos, sociales, culturales y espirituales? (ibidem, n. 31) del desarrollo.

Afrontar los problemas actuales, tutelando al mismo tiempo la vida humana desde su concepci?n hasta su fin natural, defendiendo la dignidad de la persona, salvaguardando el medio ambiente y promoviendo la paz, no es tarea f?cil, pero tampoco imposible, si permanece firme la confianza en las capacidades del hombre, se engrandece el concepto de raz?n y de su uso, y cada uno se asume sus propias responsabilidades. Ser?a, de hecho, ilusorio delegar la b?squeda de soluciones s?lo a las autoridades p?blicas: los sujetos pol?ticos, el mundo de la empresa, las organizaciones sindicales, los operadores sociales y todos los ciudadanos en cuanto individuos y de forma asociada, est?n llamados a madurar una fuerte capacidad de an?lisis, de amplitud de miras y de participaci?n.

Moverse seg?n una perspectiva de responsabilidad comporta la disponibilidad de salir de la b?squeda del propio inter?s exclusivo, para perseguir juntos el bien del pa?s y de toda la familia humana. La Iglesia, cuando recuerda el horizonte del bien com?n ? categor?a fundamental de su doctrina social ? pretende referirse al ?bien de ese nosotros todos?, que ?no se busca por s? mismo, sino para las personas que forman parte de la comunidad social y que solo en ella pueden real y m?s eficazmente conseguir su bien? (ibidem, n. 7). En otras palabras, el bien com?n es lo que construye y califica a la ciudad de los hombres, el criterio fundamental de la vida social y pol?tica, el fin del actuar humano y del progreso; es ?exigencia de justicia y de caridad? (ibidem), promoci?n del respeto de los derechos de los individuos y de los pueblos, adem?s de relaciones caracterizadas por la l?gica del don. Este encuentra en los valores del cristianismo el ?elemento no solo ?til, sino indispensable para la construcci?n de una buena sociedad y de un verdadero desarrollo humano integral? (ibidem, n. 4).

Por esta raz?n renuevo el llamamiento para que surja una nueva generaci?n de cat?licos, personas interiormente renovadas que se comprometan en la actividad pol?tica sin complejos de inferioridad. Esta presencia, ciertamente, no se improvisa; es, m?s bien, el objetivo al que debe tender un camino de formaci?n intelectual y moral que, partiendo de las grandes verdades en torno a Dios, al hombre y al mundo, ofrezca criterios de juicio y principios ?ticos para interpretar el bien de todos y de cada uno. Para la Iglesia en Italia, que oportunamente ha asumido el desaf?o educativo como prioritario en la presente d?cada, se trata de empe?arse en la formaci?n de conciencias cristianas maduras, es decir, ajenas al ego?smo, a la codicia de los bienes y al ansia de carrera y, en cambio, coherentes con la fe profesada, conocedoras de las din?micas culturales y sociales de este tiempo y capaces de asumir responsabilidades p?blicas con competencia profesional y esp?ritu de servicio. El compromiso socio pol?tico, con los recursos espirituales y las actitudes que requiere, es una vocaci?n alta, a la que la Iglesia invita a responder con humildad y determinaci?n.

La Semana Social que est?is celebrando pretende proponer ?una agenda de esperanza para el futuro del pa?s?. Se trata, indudablemente, de un m?todo de trabajo innovador, que asume como punto de partida las experiencias actuales, para reconocer y valorar las potencialidades culturales, espirituales y morales inscritas en nuestro tiempo, tan complejo. Uno de vuestros ?mbitos de profundizaci?n se refiere al fen?meno migratorio y, en particular, a la b?squeda de estrategias y de reglas que favorezcan la inclusi?n de las nuevas presencias. Es significativo que, hace exactamente cincuenta a?os y en la misma ciudad, se dedicara una Semana Social enteramente al tema de las migraciones, especialmente a las que entonces ten?an lugar dentro del pa?s. En nuestros d?as el fen?meno ha asumido proporciones imponentes: superada la fase de la emergencia, en la que la Iglesia se ha empe?ado con generosidad para la primera acogida, es necesario pasar a una segunda fase, que muestre, en el pleno respeto de la legalidad, los t?rminos de la integraci?n.

A los creyentes, como tambi?n a todos los hombres de buena voluntad, se les pide hacer todo lo posible para denunciar esas situaciones de injusticia, de miseria y de conflicto que obligan a tantos hombres a emprender el camino del ?xodo, promoviendo al mismo tiempo las condiciones de una inserci?n en nuestras tierras de cuantos quieren, con su trabajo y el patrimonio de su tradici?n, contribuir a la construcci?n de una sociedad mejor que la que dejaron. Al reconocer el protagonismo de los inmigrantes, nos sentimos llamados a presentarles el Evangelio, anuncio de salvaci?n y de vida plena para cada hombre y cada mujer.

Por lo dem?s, la esperanza con la que quer?is construir el futuro del pa?s no se resuelve en la aun leg?tima aspiraci?n a un futuro mejor. Nace, m?s bien, de la convicci?n de que la historia est? guiada por la Providencia divina y tiende a un alba que trasciende los horizontes del obrar humano, Esta ?esperanza digna de confianza? tiene el rostro de Cristo: en el Verbo de Dios hecho hombre cada uno de nosotros encuentra el valor del testimonio y la abnegaci?n en el servicio. No falta, ciertamente, en la maravillosa estela de luz que distingue la experiencia de fe del pueblo italiano, la huella gloriosa de tantos santos y santas ? sacerdotes, consagrados y laicos ? que se consumieron por el bien de los hermanos y que se comprometieron en el campo social para promover condiciones m?s justas y equitativas para todos, en primer lugar para los pobres.

En esta perspectiva, mientras auguro provechosos d?as de trabajo y de encuentro, os animo a sentiros a la altura del desaf?o que se os ha puesto delante: la Iglesia cat?lica tiene una herencia de valores que no son cosa del pasado, sino que constituyen una realidad muy viva y actual, capaz de ofrecer una orientaci?n creativa para el futuro de una Naci?n.

En la vigilia del 150? aniversario de la Unidad nacional, que desde Reggio Calabria pueda surgir un sentir com?n, fruto de una interpretaci?n creyente de la situaci?n del pa?s; una sabidur?a propositiva, que sea el resultado de un discernimiento cultural y ?tico, condici?n constitutiva, de las elecciones pol?ticas y econ?micas. De ello depende el relanzamiento del dinamismo civil, para el futuro que sea ? para todos ? en l?nea con el bien com?n.

A los participantes en la 46? Semana Social de los Cat?licos Italianos deseo asegurar mi recuerdo en la oraci?n, que acompa?o con una especial Bendici?n Apost?lica.

En el Vaticano, 12 octubre 2010?

Benedicto XVI

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:11  | Habla el Papa
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