Viernes, 29 de octubre de 2010

Carta pastoral monse?or Jos? Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario con ocasi?n del mes del Rosario y de las Fiestas Patronales de la Arquidi?cesis (12 de octubre de 2010). (AICA)

EL ROSARIO ES LA ORACI?N MARIANA DEL DISC?PULO QUE NOS INVITA A ANUNCIAR A JESUCRISTO

A los sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos:

El Santo Padre nos exhort? recientemente al comenzar el mes de octubre a rezar el Rosario. Esta invitaci?n nos llega especialmente a nosotros, fieles de la Arquidi?cesis que lleva el nombre de la Virgen bajo la advocaci?n del Santo Rosario; y que nos recuerda permanentemente esta forma de oraci?n tan querida por la Madre de Dios.

El Rosario es una oraci?n de contemplaci?n de la vida de Jes?s, a lo largo del itinerario de la salvaci?n, recordando y meditando los misterios de alegr?a, de luz, de dolor y de gloria.?

El Rosario, una fuente de verdadera paz

La reciente exhortaci?n del Papa Benedicto XVI al comenzar el mes de octubre, a rezar el Rosario junto con los fieles, como lo hac?a tambi?n con fervor su predecesor Juan Pablo II, es un est?mulo para todos nosotros; ante todo para el Obispo, que tiene el compromiso de ofrecerlo diariamente por su di?cesis y por sus fieles; para los sacerdotes, al rezarlo, por ejemplo, con la comunidad parroquial los d?as s?bados por la tarde; para los religiosos y religiosas a rezarlo en sus comunidades y tambi?n en forma personal. Lo es seguramente tambi?n para todos los fieles laicos, que pueden encontrar en el Rosario una pausa en su vida ajetreada y una fuente de verdadera paz para cada uno y para la familia.

Asimismo, al ir al encuentro de nuestras necesidades, la Sant?sima Virgen intercede por nosotros. Por consiguiente, se da una mediaci?n: Mar?a se pone entre su Hijo y los hombres en la realidad de sus privaciones y sufrimientos. Se pone "en medio", o sea se hace mediadora no como una persona extra?a, sino en su papel de verdadera madre, consciente de que como tal puede -mas bien "tiene el derecho de"- hacer presente al Hijo las necesidades de los hombres" (Juan Pablo II, Madre del Redentor, n? 21).

Podemos decir que esta valiosa oraci?n tiene un mensaje siempre nuevo, porque proviene del Evangelio; contando con la ayuda de Mar?a, que lo vivi? y lo conoci? antes que nosotros.?

El Rosario se nutre de la Palabra de Dios

El Rosario a trav?s de sus misterios, se nutre de la Palabra de Dios, y no puede prescindir de ella, invit?ndonos como disc?pulos suyos a seguir a Jes?s; y por esto, nos motiva tambi?n a quienes lo rezamos, a darle una respuesta fiel.

Todo el Rosario est? relacionado con la Sagrada Escritura. Ante todo, la enunciaci?n de cada misterio, hecha preferentemente, como se hace actualmente, con palabras tomadas de la Biblia. Despu?s sigue el padrenuestro: que rezamos al comenzar la oraci?n que nos ense?? Jes?s. Luego sigue el avemar?a: la primera parte, tomada tambi?n del Evangelio, nos hace volver a escuchar las palabras con que Dios se dirigi? a la Virgen en la anunciaci?n, y al final, con las palabras de bendici?n de su prima Isabel. La segunda parte del avemar?a resuena como la respuesta de los hijos que, que se dirigen a su Madre (cfr. Benedicto XVI, Pompeya 19.X.2008). Y cada misterio culmina con el gloria.?

Los misterios del Rosario son un punto de referencia permanente de nuestra vida en Cristo.

Dado que el Rosario nos muestra que Jes?s es el centro de la salvaci?n, podemos verlo como una ayuda permanente de nuestro ser cristianos, y un llamado a imitarlo.

En este sentido, al rezarlo se transforma en un punto de referencia de nuestra vida, ya que vi?ndola a la luz de sus misterios, nos invita a examinar nuestra conciencia, con el compromiso responsable de traducir sus l?neas fundamentales en una permanente conversi?n.

As? por ejemplo, me pregunto: ?qui?n al contemplar la Anunciaci?n del ?ngel, en los misterios gozosos, puede dejar de pensar en la encarnaci?n del Verbo hecho carne en el seno virginal de Mar?a; y por ello mismo meditar en el misterio de la Vida misma, y en la salvaci?n que recibimos de Cristo? ?Qui?n no piensa tambi?n en la vida en el seno materno de tantos ni?os que van a nacer, y en el don de la ni?ez, que el Se?or protege profundamente y nos encomienda hacerlo a nosotros?

?C?mo no meditar en la amenaza de tantas otras vidas de ni?os que no nacer?n, menospreciados como si no fueran seres humanos; o en la de aquellos ya nacidos y abandonados en la calle?

Entre los misterios de luz sobresale, la instituci?n de la Eucarist?a, en la cual Jesucristo se hace para nosotros el pan vivo bajado del cielo, y nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, am?ndonos ? hasta el extremo ? (Jn13, 1), y ofreci?ndose en sacrificio por nosotros. ?Acaso este misterio no nos hizo meditar m?s de una vez que que es necesario adorar m?s al Se?or presente en la Eucarist?a? ?O tambi?n en la necesidad que tenemos de este Sacramento y las dificultades que surgen en tantos lugares por la escasez de sacerdotes, hacen m?s grande la urgencia de fomentar las vocaciones sacerdotales?( cfr. Jornada misionera mundial,2004,3; Ecclesia in America, n? 35)

Al contemplar los misterios dolorosos, comprendemos que nos llevan a revivir la muerte de Jes?s poni?ndonos junto a Mar?a al pie de la cruz, para contemplar con Ella el amor de Dios por el hombre y sentir la fuerza de la redenci?n.

??Qui?n no piensa entonces en las pruebas que sufre hoy la Iglesia, sus sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos para ser fieles a Cristo? En la Iglesia que quiere ser acallada, a fin de que no predique con libertad el Evangelio de Jesucristo? Basta meditar la flagelaci?n, la coronaci?n de espinas, la subida al Calvario y la muerte en cruz, para comprender un poco m?s nuestro camino.

Por esto nosotros, los creyentes, como Mar?a, no debemos sucumbir en la fe; porque Ella est? siempre presente maternalmente en la ?dura batalla contra el poder de las tinieblas? que se desarrolla a lo largo de la historia humana (cfr. Madre del Redentor, n ? 47).

Los misterios gloriosos nos permiten hacer viva la esperanza cristiana, contemplando despu?s de la Pasi?n, la gloria de Cristo en su Resurrecci?n y en su Ascensi?n. Tambi?n la Sant?sima Virgen, elevada al cielo en la Asunci?n, anticipa el destino de los elegidos, y con su gloriosa coronaci?n aparece como la Reina de los ?ngeles y de los Santos, que nos aguarda en el cielo.

De esta manera el Rosario, como nos ense?a Juan Pablo II, ?marca el ritmo de la vida humana?, para armonizarla con el ritmo de la vida divina. Desde la Encarnaci?n hasta la Cruz y en la gloria de la Resurrecci?n, contemplamos la participaci?n ?ntima de Mar?a en los misterios de Cristo y as? tambi?n en nuestra vida, entretejida de momentos de alegr?a y tristeza, de sombras y luces, de contrariedades y esperanzas. Por ello la gracia colma nuestros corazones, suscitando al rezarlo el deseo de un cambio de vida (cfr. Benedicto XVI, F?tima 12.V.2010).?

El Rosario nos impulsa a descubrir la vocaci?n misionera

Si rezar el Rosario nos ayuda a vivir como cristianos y disc?pulos de Jes?s, tambi?n nos impulsa a descubrir por Mar?a la vocaci?n misionera. Justamente, al profundizar en la vida de Jes?s, surge una y otra vez el llamado a vivir lo que rezamos; y por ello a anunciar su Reino y las obras de Dios.

La Iglesia, el d?a de Pentecost?s toma conciencia de estas grandes obras, y desde entonces inicia tambi?n el camino de fe, su peregrinaci?n a trav?s de la historia, anunciando la salvaci?n. Desde el comienzo de este camino est? presente Mar?a (cfr. Madre del Redentor, n? 26).

De hecho, Mar?a estaba en el Cen?culo, donde los ap?stoles se preparaban a asumir esta misi?n con la venida del Esp?ritu de la Verdad; en medio de ellos, Mar?a ?perseveraba en la oraci?n? como ?Madre de Jes?s? (Hch 1, 13-14), o sea de Cristo crucificado y resucitado (cfr. ib?dem).

Debemos recordar que todos en virtud del bautismo estamos llamados a ser disc?pulos y misioneros de Jesucristo. Esto conlleva seguirlo, vivir en intimidad con ?l, imitar su ejemplo y dar testimonio (Benedicto XVI, 13.V.2007, n? 3); sabiendo que todo bautizado recibe de Cristo el mandato de la misi?n ?Id por todo el mundo, y proclamad la buena nueva a toda la creaci?n. El que crea y sea bautizado, se salvar? (Mc 16, 15; cfr. ib?dem)

Tambi?n cuando salimos a misionar, contamos con la asistencia maternal de Mar?a; y por esta raz?n mirando a Jes?s a trav?s de Mar?a y teniendo la experiencia personal de la oraci?n del Rosario, deseamos ser verdaderos misioneros de su Reino.

Por todo lo meditado, una vez m?s los invito a que durante el mes de octubre y a lo largo del a?o recemos el Rosario; se lo pido a todos, particularmente a los ni?os y a los j?venes. Pidamos con confianza a la Sant?sima Virgen, a la que el pasado 7 de octubre una multitud de fieles, junto con los sacerdotes veneramos en su tradicional procesi?n, y en la Misa en la Plaza de la Coronaci?n, celebrando su d?a como Patrona de la Arquidi?cesis y de esta Ciudad que lleva su nombre, que sea tambi?n nuestra esperanza y nuestra Madre del cielo.

Los saludo cordialmente y bendigo en Cristo.?

Mons. Jos? Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario?


Publicado por verdenaranja @ 22:42  | Hablan los obispos
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