Domingo, 31 de octubre de 2010

Desde la oficina de Prensa del Obispado de Tenerife nos remiten el ar?ticulo de Olegario Gonz?lez de Cardedal publicado en ABC 31/10.

?QU? IGLESIA ENCONTRAR? EL PAPA?

OLEGARIO GONZ?LEZ DE CARDEDAL

ABC. 31/10

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?C?MO es la Iglesia espa?ola? No podemos comprenderla si no tenemos presentes los ?ltimos cincuenta a?os, en los que han tenido lugar acontecimientos que han significado un vuelco para Espa?a entera y de manera especial para ella: el Concilio Vaticano II, la transici?n pol?tica, la unidad europea, la posmodernidad y la globalizaci?n. Esto hay que verlo adem?s sobre el trasfondo de las trasformaciones aceleradas, dir?amos revolucionarias, que el mundo ha vivido en esos decenios: tr?nsito de una sociedad, agraria, a una sociedad industrial y finalmente a una sociedad posindustrial o sociedad del conocimiento, de la informaci?n y de la ciencia.

En la Iglesia perduran personas, instituciones y acciones correspondientes a esas tres fases, cada una de las cuales llev? consigo una forma de predicar el Evangelio, de crear signos religiosos y de erigir instituciones. Los medios de presentaci?n del Evangelio son bien distintos en cada una de ellas. ?En qu? se parecen las grandes urbes y las nuevas ciudades dormitorio a la vieja aldea con la plaza, el ayuntamiento y la iglesia centrados en torno a la misa dominical, como expresi?n de la fiesta, del encuentro y de la convivencia interhumana? Tendr?amos que analizar ese conjunto de trasformaciones que han llevado consigo un desplazamiento y una quiebra en la Iglesia, exigi?ndole nuevas formas de presencia, de palabra y de acci?n. ?C?mo ha respondido a ellas?

La Ilustraci?n, los movimientos sociales y la modernidad han obligado a la Iglesia a repensar las instituciones, acciones y formas de su relaci?n anterior con la sociedad: todo eso ha tenido que integrarlo y articularlo en solo a?os. Y no se rehace en cinco decenios lo que es fruto de catorce siglos. Todo esto sumado a las crisis generales de conciencia, a la secularizaci?n, al despertar de los nuevos imperios con sus milenarias religiones, como Jap?n, India y China, a la presencia beligerante del islam, a los diversos fundamentalismos, a la desaparici?n de Dios en el espacio p?blico pol?tico de Europa, al ecumenismo de las culturas, a la afirmaci?n de las minor?as sin voluntad de integraci?n dentro de la cultura y el universo occidental al que emigran. A?adamos el nuevo clima pol?tico espa?ol, nada sensible a la realidad religiosa como tal.

La Iglesia espa?ola es hoy de una casi inabarcable complejidad y riqueza. En su dimensi?n estructural yo distinguir?a cinco niveles de esa ?nica Iglesia, una cuando tiene unidad de Credo, de Evangelio, de sacramentos y de autoridad. Primero tenemos la que podr?amos llamar Iglesia ministerial (obispos, sacerdotes, colaboradores en el universo parroquial); luego, Iglesia corresponsabilizada en publicidad (?rdenes religiosas, institutos seculares, con su inmenso complejo de organizaciones, presencia en la marginaci?n, instituciones educativas); Iglesia de comunidades (aquellos movimientos y formas de articular la fe y la entrega al Evangelio mediante la formaci?n de minor?as, que ayudan a profundizar y celebrar esa fe, superando la inmersi?n en la increencia y ate?smo circundantes); la Iglesia laical (la mayor?a de los fieles, que viven su vida cristiana en los marcos generales de la Iglesia, muchos de los cuales se integran en asociaciones, fraternidades, cofrad?as); la Iglesia remanente o en los m?rgenes, sin romper ni adherirse al centro (son los que nacieron y crecieron con la fe, pero que por falta de cultivo, desidia, duda o simple distancia la han olvidando, mas no quieren romper el cord?n umbilical con ella, ya que es el universo simb?lico desde el que piensan, aun cuando no confiesen la fe eclesial y no sean coherentes con su moral en la vida diaria). Esas expresiones de eclesialidad forman la ?nica Iglesia con un pluralismo que contrasta con la uniformidad que determin? la primera mitad del siglo anterior. Todas ellas forman la real, cordial, familia de la Iglesia: conocerse y reconocerse, aceptarse amorosa y cr?ticamente entre s? es hoy imperativo sagrado.

?C?mo es esa Iglesia vista por dentro? El por dentro, es decir la fe, esperanza y caridad de cada hombre, solo Dios lo conoce. Vista desde lo que aparece, hay riqueza de vida frente a las asechanzas exteriores, empe?adas en decir que a la Iglesia le quedan tres telediarios. Hay que descubrir la posibilidad, gloria y gozo de poder creer en libertad a la altura de la Ilustraci?n, de la modernidad y de la globalizaci?n; hay que alegrarse con todo realismo de pertenecer a una Iglesia presente en las fronteras de la pobreza, de la marginaci?n y de los lugares de peligro, como pueden ser enfermos de sida, la soledad de las personas marginadas, el mundo rural, pobres y emigrantes. La sociedad espa?ola se quedar?a hoy sin respiro moral si la Iglesia dejase esos lugares donde los hombres sufren, enferman, esperan, est?n y mueren solos. Iglesia de la oraci?n (comunidades contemplativas); Iglesia de la misi?n (miles de misioneros religiosos, religiosas y seglares dispersos por todo el mundo); Iglesia de la acci?n (?qu? hay comparable en Espa?a a esas dos admirables instituciones que son C?ritas y Manos Unidas?); Iglesia de la educaci?n (miles de centros en todos los niveles formativos). Sobre la Iglesia repercute hoy gravemente la falta de horizonte y proyecto pol?tico, la degradaci?n moral de parte de la sociedad, la perversi?n de ciertas decisiones de Gobierno, la desesperanza generalizada, la p?rdida de confianza en los l?deres sociales, eclesiales e intelectuales.

La primac?a para la Iglesia hoy es ante todo la transmisi?n de la fe por cauces nuevos. Se han alterado los viejos: la madre, la familia, la escuela y la parroquia. Hoy estos han cambiado: educan la calle, la m?sica y la informaci?n por sus diversos y complej?simos cauces, la sociedad an?nima. ?C?mo se va a resituar la Iglesia y qu? nuevos cauces instaurar?? Hay que pasar a una transmisi?n personal y comunitaria, acompa?ar a las inmensas parroquias con peque?as capillas dispersas, constituir a cada madre, a cada familia, a cada creyente, a cada grupo, en protagonistas de esa fe ofrecida y explicitada, acreditada y contagiada. Hay que pasar de la costumbre, del anonimato y de la mera instituci?n a la personalizaci?n clara, gozosa y p?blica, a la Iglesia fraternal que sea de todos, no de los curas, sino en la que tambi?n hay curas.

Otra primac?a es la comuni?n eclesial. M?s all? de los grupos ideol?gicos, de las actuaciones de la Iglesia en cada regi?n, de la afinidad o diversidad pol?tica, nos unen las realidades santas del Cristo viviente y de su Santo Esp?ritu. Hay que redescubrir la fe como don y posibilidad admirables en el servicio a Dios y a los hombres. La tercera primac?a es la cultura, la teolog?a, el pensar y proponer la fe con una formaci?n e informaci?n a la altura del tiempo hist?rico. Hay que mostrar con palabras, pensares y hechos que Dios es pensable, cre?ble y amable; que vivir ante ?l y desde ?l es la suprema posibilidad del hombre, clave de sentido y ra?z de esperanza.

Esa Iglesia recibe como gracia de Dios a Benedicto XVI: urgi?ndonos a la reforma moral y al coraje intelectual, conjugando raz?n y Evangelio, Ilustraci?n e Iglesia. No en vano sus dos primeros libros traducidos al espa?ol se titulan ?El Dios de la fe y el Dios de los fil?sofos? y ?La Fraternidad cristiana?. O?rle ser? un gozo y una gracia de Dios, un aguij?n y un desaf?o.


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