Lunes, 01 de noviembre de 2010

ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunci? la tarde del? s?bado 16 de octubre de 2010, tras un Concierto en su honor, al que asistieron los Padres del S?nodo para Oriente Medio, en el Aula Pablo VI.

Se?ores cardenales,
Venerados hermanos,
ilustres se?ores y se?oras

Al t?rmino de una audici?n tan intensa, el ?nimo querr?a permanecer en recogimiento, pero al mismo tiempo, siente la necesidad de manifestar su reconocimiento.

[En alem?n]

Deseo dirigir mi cordial agradecimiento al maestro Enoch zu Guttenberg, por las sentidas palabras que me ha dirigido y por haber querido ofrecerme este concierto, junto con la espl?endida Orquesta Die KlangVerwaltung, con la Chorgemeinschaft Neubeuern y con la Familie der Freiherren von und zu Guttenberg. A ?l, que ha dirigido la ejecuci?n, a los solistas, a cada uno de los miembros de la orquesta y del coro va mi grato aprecio. ?Gracias de coraz?n!

[En italiano]

Estoy contento de saludar a los se?ores cardenales, a los prelados, especialmente a los Padres sinodales, las distinguidas Autoridades, y a todos vosotros ? entre los cuales, los pobres asistidos por la C?rtiras diocesana de Roma ? que hab?is podido gozar de esta excelente ejecuci?n de la Misa de Requiem de Giuseppe Verdi. ?l la compuso en 1873, por la muerte de Alessandro Manzoni, a quien admiraba y casi veneraba. En una carta se pregunta: ??Qu? podr?a deciros de Manzoni? ?C?mo explicaros la sensaci?n dulc?sima, indefinible, nueva, producida en mi por la presencia de ese Santo, como vos lo llam?is?". En la mente del gran Compositor, esta obra deb?a ser el culmen y el momento final de su producci?n musical; no era solo el homenaje al gran escritor, sino tambi?n la respuesta a una exigencia art?stica, interior y espiritual, que la confrontaci?n con la estatura humana y cristiana de Manzoni hab?a suscitado en ?l.

Giuseppe Verdi consumi? su existencia en escrutar el coraz?n del hombre; en sus obras sac? a la uz el drama de la condici?n humana: con la m?sica, las historias representadas, los diversos personajes. Su teatro est? lleno de infelices, de perseguidos, de v?ctimas. En muchas p?ginas de la Misa de Requiem resuena esta visi?n tr?gica de los destinos humanos: aqu? tocamos la realidad ineluctable de la muerte y la cuesti?n fundamental del mundo trascendente, y Verdi, libre de los elementos de la escena, representa, s?lo con las palabras de la Liturgia cat?lica y con la musica, la gama de los sentimientos humanos ante el final de la vida: la angustia del hombre frente a su fr?gil naturaleza, el sentido de rebeli?n ante la muerte, el temor en el umbral de la eternidad. Esta m?sica invita a reflexionar sobre las realidades ?ltimas, con todos los estados de ?nimo del coraz?n humano, en una serie de contrastes de formas, tonos, coloridos, en los que se alternan momentos dram?ticos con momentos mel?dicos, marcados por la esperanza.

Giuseppe Verdi, que en una famosa carta al editor Ricordi, se defin?a ?un poco ateo?, escribe esta Misa, que parece como una gran llamada al Padre Eterno, en el intento de superar el grito de desesperaci?n ante la muerte, para volver a encontrar el anhelo de vida que se convierte en oraci?n triste y silenciosa: "Libera me, Domine". El Requiem verdiano se abre, de hecho, con una frase en La menor, que parece casi descender hacia el silencio ? pocos compases de los violonchelos, suav?simo, con sordina ? y se concluye con la sumisa invocaci?n al Se?or "Libera me". Esta catedral musical se revela como descripci?n del drama espiritual del hombre ante Dios Omnipotente, del hombre que no puede eludir el eterno interrogante sobre su propia existencia.

Tras la Misa de Requiem, Verdi vivir? una especie de segunda ?etapa compositiva", que concluir? nuevamente con musica religiosa, los Pezzi Sacri: un signo de la su inquietud espiritual, un signo que el anhelo hacia Dios est? inscrito en el coraz?n del ser humano, para que nuestra esperanza descansa en el Se?or. Qui Mariam absolvisti, et latronem exaudisti, mihi quoque spem dedisti, hemos escuchado: ?Tu que perdonaste a Mar?a (Magdalena) y escuchaste al buen ladr?n, tambi?n a mi me diste esperanza". El gran fresco musical de esta noche renueva en nosotros la certeza de las palabras de san Agust?n: Inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te - Il nostro cuore ? inquieto, finch? non riposa in te (Confesiones, I, 1).

[En alem?n]

Queridos amigos, una vez m?s debemos agradecer al Se?or que nos ha dado un momento de verdadera belleza, capaz de elevar nuestro esp?ritu. ?Y al mismo tiempo debemos dar las gracias a quienes se han hecho instrumento de la divina Providencia! Gracias una vez m?s, por tanto, al profesor Enoch zu Guttenberg, a los solistas, a la orquesta y al coro, y a cuantos de diversas formas han colaborado a la realizaci?n de esta hermosa velada. Que el Se?or d? a todos su recompensa].

?Gracias y buena velada!

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:07  | Habla el Papa
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