Lunes, 01 de noviembre de 2010

ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el lunes 18 de Octubre e 2010?al nuevo embajador de El Salvador ante la Santa Sede, Manuel Roberto L?pez Barrera, a quien recibi? hoy en audiencia en el Palacio Apost?lico para recibir sus Cartas Credenciales.

Se?or Embajador:

1. Con sumo agrado le doy la bienvenida a este solemne acto de la presentaci?n de las Cartas que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la Rep?blica de El Salvador ante la Santa Sede, y le agradezco los sentimientos de cordialidad que me ha expresado de parte del Gobierno y del amad?simo pueblo salvadore?o. Correspondo complacido a esta delicada atenci?n y le ruego que tenga la bondad de hacer llegar mi deferente saludo al Se?or Presidente de la Rep?blica, Licenciado Mauricio Funes Cartagena, asegur?ndole que la Sede Apost?lica contribuir? a afrontar el camino de di?logo y convivencia pac?fica emprendido por las Autoridades de vuestro Pa?s, de forma que todo salvadore?o considere el suelo patrio como un aut?ntico hogar que lo acoge y le ofrece la posibilidad de vivir en ?l con serenidad. De este modo, el fortalecimiento de la concordia interna incrementar? el bien de la Naci?n y contribuir? a que ?sta siga teniendo un puesto de relieve en toda Centroam?rica, donde es importante que existan voces que inviten al entendimiento mutuo y a la cooperaci?n generosa, en aras del justo progreso y la estabilidad de la comunidad internacional.

2. Con la dedicaci?n permanente de Vuestra Excelencia a la misi?n que hoy inicia, las Autoridades de vuestra Patria han querido enaltecer la Representaci?n Diplom?tica de El Salvador ante la Santa Sede, en consonancia con el mayoritario sentir de vuestros conciudadanos, que profesan profunda veneraci?n y filial devoci?n al Sucesor de San Pedro. Las dotes personales que adornan a Vuestra Excelencia, vuestra fe, as? como vuestra vasta experiencia en variados campos de la docencia, la administraci?n p?blica y la vida social, son la mejor garant?a en vuestra labor de reforzar las fructuosas y fluidas relaciones que vuestro Pa?s mantiene con la Santa Sede desde hace tiempo.

3. Estos estrechos lazos que unen al pueblo fiel salvadore?o con la C?tedra del Pr?ncipe de los Ap?stoles manifiestan una tradici?n nobil?sima y es imposible separarlos de la historia y las costumbres de esa bendita tierra, desde los d?as en que a ella llegaron los hijos de Santo Domingo y San Francisco. La fe cat?lica cay? en ella en f?rtil surco e inspir?, desde el mismo nombre de esa Naci?n centroamericana hasta un sinf?n de afamados monumentos art?sticos, plasm?ndose tambi?n en fecundas iniciativas sanitarias, educativas y asistenciales, as? como en las incontables virtudes personales, familiares y sociales que la condici?n cristiana lleva consigo. Ese patrimonio de valores fermentado con la levadura evang?lica es una herencia que los salvadore?os han recibido como timbre de gloria, un caudal de sabidur?a que han de nutrir para consolidar recta y ordenadamente el presente, y del que se pueden extraer suficientes energ?as morales con vistas a proyectar un futuro luminoso.

4. La Iglesia en El Salvador, desde su competencia espec?fica, con independencia y libertad, trata de servir a la promoci?n del bien com?n en todas sus dimensiones y al fomento de aquellas condiciones que consientan en los hombres y mujeres el desarrollo integral de sus personas, impregnando para ello el contexto social con la luz que promana de su vocaci?n renovadora en medio del mundo. Evangelizando y dando testimonio de amor a Dios y a todo hombre sin excepci?n alguna, se convierte en elemento eficaz para la erradicaci?n de la pobreza y en acicate vigoroso para luchar contra la violencia, la impunidad y el narcotr?fico, que tantos estragos est?n causando, sobre todo entre los j?venes. Al contribuir en la medida de sus posibilidades al cuidado de los enfermos y ancianos, o a la reconstrucci?n de las regiones devastadas por las cat?strofes naturales, quiere seguir el ejemplo de su Divino Fundador, que no le permite permanecer ajena a las aspiraciones y dinamismos del ser humano, ni mirar con indiferencia cuando se debilitan exigencias tan primordiales como la equitativa distribuci?n de la riqueza, la honradez en el desempe?o de las funciones p?blicas o la independencia de los tribunales de justicia. Tampoco deja de sentirse interpelada la comunidad eclesial cuando a muchos falta una vivienda digna o no tienen un empleo que les procure su realizaci?n personal y el mantenimiento de sus familias, vi?ndose obligados a emigrar fuera de la Patria. De igual manera, ser?a extra?o que los disc?pulos de Cristo fueran neutrales ante la presencia agresiva de las sectas, que aparecen como una f?cil y c?moda respuesta religiosa, pero que, en realidad, socavan la cultura y h?bitos que, desde hace siglos, han conformado la identidad salvadore?a, oscureciendo tambi?n la belleza del mensaje evang?lico y resquebrajando la unidad de los fieles en torno a sus Pastores. En cambio, la labor materna de la Iglesia en su af?n constante de defender la inviolable dignidad de la vida humana desde su concepci?n a su ocaso natural ?tal como lo proclama tambi?n la Constituci?n del Pa?s-, el valor de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, y el derecho de los padres a educar a su prole seg?n sus propias convicciones morales y espirituales, crea un clima en donde el verdadero esp?ritu religioso se funde con el denuedo por alcanzar metas cada vez m?s altas de bienestar y progreso, abriendo a la Naci?n a un dilatado horizonte de esperanzas.

5. Es consolador ver el esfuerzo de vuestro Pa?s en la edificaci?n de una sociedad cada vez m?s arm?nica y solidaria, avanzando por la senda despejada de aquellos Acuerdos que se firmaron en 1992, y que dieron por concluida la larga lucha intestina que vivi? El Salvador, tierra de ingentes riquezas naturales que hablan con elocuencia de Dios y que hay que conservar y proteger encarecidamente para legarlas en toda su lozan?a a las nuevas generaciones. Gran alegr?a hallar? el pueblo salvadore?o, de esp?ritu sacrificado y laborioso, si el proceso de paz se ve cotidianamente confirmado y se potencian las decisiones tendentes a favorecer la seguridad ciudadana. A este respecto, pido al Omnipotente con ferviente confianza que a vuestros compatriotas se les brinde la ayuda que sea menester para renunciar definitivamente a cuanto provoca enfrentamientos, reemplazando las enemistades por la mutua comprensi?n y por la salvaguarda de la incolumidad de las personas y sus haberes. Para lograr estos bienes, es preciso que se convenzan de que la violencia nada consigue y todo empeora, pues es una v?a sin salida, un mal detestable e inadmisible, una fascinaci?n que embauca a la persona y la llena de indignidad. La paz, por el contrario, es el anhelo que tiene todo hombre que se precie de este nombre. Como don del Divino Salvador, es tambi?n una tarea a la que todos han de cooperar sin vacilaci?n, encontrando para ello en el Estado un firme valedor a trav?s de disposiciones jur?dicas, econ?micas y sociales pertinentes, as? como de unas adecuadas Fuerzas y Cuerpos de Polic?a y Seguridad, que velen en el marco de la legalidad por el bienestar de la poblaci?n. En este camino de superaci?n, hallar?n siempre la mano tendida de los hijos de la Iglesia, a los que exhorto vivamente, para que, con su testimonio de disc?pulos y misioneros de Cristo, se identifiquen cada d?a m?s con ?l y le supliquen que haga de todo salvadore?o un art?fice de reconciliaci?n.

6. A Nuestra Se?ora de la Paz, celestial Patrona de El Salvador, encomiendo las preocupaciones y desaf?os de orden personal, familiar y p?blico de vuestros connacionales. Que Ella tambi?n os asista y custodie, Se?or Embajador, en la alta responsabilidad que ahora comenz?is y en la que siempre contar?is con la diligente solicitud de mis colaboradores. A la vez que invoco su materno amparo sobre Vuestra Excelencia, su egregia familia y el personal de esa Misi?n Diplom?tica, imploro copiosas bendiciones del Todopoderoso para la Rep?blica de El Salvador.

[?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:09  | Habla el Papa
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