Lunes, 01 de noviembre de 2010

ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el lunes 18 de Octubre de 2010?al nuevo embajador de Colombia ante la Santa Sede, C?sar Mauricio Vel?squez Ossa, a quien recibi? en audiencia con motivon de la presentaci?n de sus Cartas Credenciales.

Se?or Embajador:

1. Al presentar las Cartas Credenciales que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Colombia ante la Santa Sede, con profunda complacencia le doy mi cordial bienvenida y, reiterando el vivo afecto que profeso a los amados hijos de Vuestra Patria, le deseo un fecundo servicio en el desempe?o de la misi?n que su Gobierno le ha encomendado. Agradezco tambi?n las palabras que me ha dirigido, as? como los sentimientos que me ha expresado de parte del Se?or Presidente de la Rep?blica, Doctor Juan Manuel Santos Calder?n, que ha asumido recientemente la alta responsabilidad de conducir esa amada Naci?n por las sendas del progreso en la justicia, al amparo del respeto absoluto a los derechos b?sicos de la persona y en marcha constante hacia metas cada vez m?s nobles y altas, tanto humanas como espirituales. Le ruego que tenga a bien hacerle llegar mis mejores votos de paz y bienestar, as? como la seguridad de mi oraci?n para el fructuoso ejercicio de tan importante labor.

2. La presencia de Vuestra Excelencia y sus gentiles palabras me traen de nuevo el afecto y la devoci?n de un pueblo reconocido por sus acendradas virtudes humanas y cristianas, sus hondas ra?ces cat?licas y que, aun en medio de arduas situaciones de diverso orden, ha sabido mantener su fe en Dios y su firme voluntad de cultivar y practicar los valores del Evangelio, fuente inagotable de energ?a e inspiraci?n para comprometerse con las m?s nobles causas.

3. Se?or Embajador, comienza su delicado cometido ante la Santa Sede en un momento de particular trascendencia para Colombia. En efecto, en este a?o tiene lugar la conmemoraci?n del Bicentenario del inicio del proceso que llev? a la Independencia y a la constituci?n de la Rep?blica. Estoy seguro de que este significativo aniversario ser? una ocasi?n singular para acoger las lecciones que la historia proporciona, intensificar las iniciativas y medidas que consoliden la seguridad, la paz, la concordia y el desarrollo integral de todos sus ciudadanos y mirar con serenidad e ilusi?n el futuro que se avecina. En este camino, es de fundamental importancia el concurso de todos, de modo que los m?s profundos anhelos y proyectos del pueblo colombiano se vayan haciendo cada vez m?s una feliz y esperanzadora realidad.

4. No s?lo durante estos dos siglos, sino tambi?n desde los albores de la llegada de los espa?oles a Am?rica, la Iglesia cat?lica ha estado presente en cada una de las etapas del devenir hist?rico de vuestro Pa?s, desempe?ando siempre un papel primordial y decisivo. En efecto, el abnegado trabajo de tantos obispos, presb?teros, religiosos y laicos ha dejado huellas imborrables en los m?s variados ?mbitos del acontecer de vuestra Patria, tales como la cultura, el arte, la salud, la convivencia social y la construcci?n de la paz. Se trata de un patrimonio espiritual que ha germinado a lo largo de los a?os y en todos los rincones de Colombia en innumerables y fruct?feras realizaciones humanas, espirituales y materiales. Estos esfuerzos, no exentos de sacrificios y adversidades, no pueden ser ignorados. Vale la pena salvaguardarlos como valiosa herencia y potenciarlos como una propuesta ben?fica para toda la Naci?n. A este respecto, y fiel al encargo recibido del Se?or, la Iglesia, en este contexto del Bicentenario, seguir? ofreciendo lo mejor de s? misma al pueblo colombiano, siendo solidaria con sus aspiraciones de superaci?n y ayudando a todos desde la misi?n que le es propia. En este sentido, en el Mensaje que dirig?, el 30 de junio de 2008, a la Conferencia Episcopal de Colombia, con motivo del Centenario de su fundaci?n, tuve la oportunidad de apremiar a los Obispos para que, con clarividencia y recogiendo el testimonio elocuente del celo apost?lico de los Pastores que los precedieron, continuaran ?respondiendo con sol?cita entrega, fe firme y renovado ardor a los retos que se presentan a la Iglesia en su patria?, sirviendo ?con entusiasmo a todos, especialmente a los m?s desfavorecidos, llev?ndoles un mensaje de paz, de justicia y de reconciliaci?n?

.En esta apasionante tarea, la Iglesia en Colombia no exige privilegio alguno. S?lo anhela poder servir a los fieles y a todos aquellos que le abran las puertas de su coraz?n, con la mano tendida y siempre dispuesta a fortalecer todo lo que promueva la educaci?n de las nuevas generaciones, el cuidado de los enfermos y ancianos, el respeto a los pueblos ind?genas y sus leg?timas tradiciones, la erradicaci?n de la pobreza, el narcotr?fico y la corrupci?n, la atenci?n a los presos, desplazados, emigrantes y trabajadores, as? como la asistencia a las familias necesitadas. Se trata, en definitiva, de continuar prestando una leal colaboraci?n para el crecimiento integral de las comunidades en las que los pastores, religiosos y fieles ejercen su servicio, movidos ?nicamente por las exigencias que brotan de su ordenaci?n sacerdotal, de su consagraci?n religiosa o de su vocaci?n cristiana.

5. En este marco de mutua cooperaci?n y cordiales relaciones entre la Santa Sede y la Rep?blica de Colombia, que en este a?o cumplen su 165 aniversario, deseo manifestar nuevamente el inter?s que la Iglesia tiene por tutelar y fomentar la inviolable dignidad de la persona humana, para lo cual es esencial que el ordenamiento jur?dico respete la ley natural en ?reas tan esenciales como la salvaguarda de la vida humana, desde su concepci?n hasta su t?rmino natural; el derecho a nacer y a vivir en una familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer o el derecho de los padres a que sus hijos reciban una educaci?n acorde con sus propios criterios morales o creencias. Todos ellos son pilares insustituibles en la edificaci?n de una sociedad verdaderamente digna del hombre y de los valores que le son consustanciales.

6. En este solemne encuentro con Vuestra Excelencia, quiero manifestar igualmente mi cercan?a espiritual y asegurar mis oraciones por quienes en Colombia han sido injusta y cruelmente privados de libertad. Rezo tambi?n por sus familiares y, en general, por las v?ctimas de la violencia en todas sus formas, suplicando a Dios que se ponga de una vez fin a tanto sufrimiento, y que todos los colombianos puedan vivir reconciliados y en paz en esa bendita tierra, tan colmada de recursos naturales, de hermosos valles y encumbradas monta?as, con caudalosos r?os y pintorescos paisajes, que es preciso preservar como magn?fico don del Creador.

7. Se?or Embajador, al concluir mis palabras, le reitero mis mejores auspicios en la misi?n que hoy emprende, en la cual hallar? continuamente la acogida y el apoyo de mis colaboradores. A la vez que invoco la materna intercesi?n de Nuestra Se?ora de Chiquinquir? sobre Vuestra Excelencia y los miembros de esa Misi?n Diplom?tica, sobre el Gobierno y el amado pueblo colombiano, pido al Todopoderoso que Vuestra Patria ocupe un lugar de vanguardia en el servicio al bien com?n y la fraternidad entre todos los hombres, y que aliente a los colombianos a transitar sin vacilaci?n por los caminos del entendimiento rec?proco y la solidaridad.

[?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:12  | Habla el Papa
 | Enviar