Jueves, 04 de noviembre de 2010

ZENIT? publica la carta que envi? el 19 de octubre de 2010 a los Legionarios de Cristo y miembros consagrados del Regnum Christi el arzobispo y futuro cardenal Velasio De Paolis, delegado pontificio para esa congregaci?n religiosa. La misiva lleva per titolo "Reflexiones sobre el camino".

Roma, 19 de octubre de 2010

A los legionarios de Cristo
y a los miembros consagrados del?Regnum Christi.

Querid?simos hermanos y hermanas en el Se?or:

Desde la primera carta que os envi? el 10 de julio pasado, al comenzar la tarea que el Santo Padre me quiso confiar para con los Legionarios de Cristo y el movimiento?Regnum Christi, unido a ellos, han transcurrido tres meses. Ha sido un tiempo de vacaciones de verano, durante el cual el trabajo es m?s ligero.

Sin embargo, ha sido un tiempo precioso para el camino emprendido. Muchos han hecho sentir su voz, enviando sus escritos o hablando personalmente conmigo. Han sido muchos. Desgraciadamente no he podido escuchar a todos los que lo deseaban. Pero el camino, que se prev? todav?a largo, lo permitir? m?s adelante. Tampoco he podido responder a tantos que han hecho sentir su voz por escrito. No pocos han querido enviarme sus felicitaciones y saludos. Evidentemente no puedo responder a cada uno personalmente.

Aprovecho con gusto la ocasi?n para agradecer a todos los que se han hecho presentes: los que simplemente han querido saludarme y felicitarme, los que han querido contar tambi?n la historia de su vocaci?n y expresar su voluntad de permanecer fieles a la propia vocaci?n religiosa y sacerdotal en la Legi?n, como fidelidad a Dios y a la Iglesia; los que han ofrecido tambi?n sus sugerencias para el camino de renovaci?n que estamos llamados a recorrer, sea para advertir de los peligros que se corren cuando se act?a arrebatados por el deseo de cambio, sea para animar a cambiar y a renovar la congregaci?n. Estoy seguro de que todos se mueven con el deseo de actuar buscando el bien; y ciertamente todos subrayan aspectos que se han de tener presentes en el camino.

Quisiera invitar a la reflexi?n. Cada uno de nosotros -incluso con la mejor buena voluntad- normalmente es parcial en su visi?n y valoraci?n de los hechos y de las exigencias de renovaci?n; por tanto, en vez de crear contraposiciones para hacer triunfar la propia visi?n, es necesario que cada uno mire tambi?n a los dem?s y est? abierto y disponible a la valoraci?n de otros. De la valoraci?n y de las contribuciones de todos, estamos llamados a un discernimiento que nos lleve al camino del cambio en la continuidad de la misma vida de la Congregaci?n. De hecho, no se puede negar que no pocas cosas se han de cambiar o mejorar tras una seria ponderaci?n; otras, y son las fundamentales, acerca de la vida religiosa y sacerdotal, se han de conservar y promover.

Lo importante es sobre todo que cada cual se mueva por el deseo de bien y de la voluntad de convertirse siempre m?s al Se?or, bajo la gu?a de la Iglesia, para estar disponibles a su voluntad y progresar en el camino de la fidelidad y de la santidad, seg?n la vocaci?n propia. Si se procede unidos y respet?ndose unos a otros, el camino ser? expedito y seguro; si nos dejamos llevar por la voluntad de prevalecer, y de imponer las propias ideas contra los dem?s, el naufragio es cierto.

Por tanto, la responsabilidad es grande y cada uno la debe sentir ante la propia conciencia, ante Dios, ante la Iglesia y la Congregaci?n. Con este esp?ritu y con este ?nimo, os env?o esta carta con la cual comunico alguna noticia y alguna reflexi?n sobre el camino recorrido y sobre la perspectiva futura.

I. Conclusi?n del marco para el acompa?amiento

1. En la presentaci?n de la?carta pontificia de nombramientoprecis? que determinaciones ulteriores se dar?an luego con la publicaci?n del?decreto del Secretario de Estado, que tiene fecha de 9 de julio de 2010. Se trata de un decreto que ya se os comunic? y que conoc?is. En este Decreto se precis? un punto fundamental que se ha de tener presente: con el nombramiento del Delegado Pontificio la Legi?n no es puesta bajo un ?comisario?, sino que es acompa?ada en su camino a trav?s del Delegado Pontificio. De hecho, el Decreto Pontificio reconoce y confirma a los superiores actuales. Esto significa, por una parte, que los superiores permanecen en sus cargos seg?n las constituciones; y por otra parte, que la primera instancia para tratar los problemas de la Legi?n misma son los superiores, a los cuales los religiosos est?n invitados a dirigirse en primer lugar.

2. Al mismo tiempo precis? que mi funci?n se habr?a de activar plenamente s?lo cuando se me hubieran dado los consejeros, que me servir?an de ayuda en mi tarea como Delegado Pontificio. En estos d?as ha sido comunicada la noticia de estos consejeros. Ellos son:

* S.E. Mons. Brian Farrell, L.C., secretario del Pontificio Consejo para la promoci?n de la unidad de los cristianos.?
* P. Gianfranco Ghirlanda, S.I., ex rector de la Pontificia Universidad Gregoriana.
* Mons. Mario Marchesi, vicario general de la di?cesis de Cremona.
* P. Agostino Montan, C.S.I., director del Ufficio per la vita consacrata de la di?cesis de Roma y vicedecano de la facultad de teolog?a de la Pontificia Universidad Lateranense.

3. Hay tambi?n una precisi?n en relaci?n con el movimiento Regnum Christi, particularmente para las personas consagradas. S.E. Mons. Ricardo Bl?zquez, arzobispo de Valladolid, fue constituido visitador de los consagrados en el movimiento Regnum Christi. Tal visita ser? actuada bajo la responsabilidad del Delegado Pontificio y en coordinaci?n con su responsabilidad sobre toda la Legi?n de Cristo y el movimiento?Regnum Christi. El movimiento?Regnum Christi?es un bien precioso indivisiblemente asociado a la Legi?n. Esta debe sentir la responsabilidad sobre ?l y continuar ofreci?ndole su solicitud; pero tambi?n esta relaci?n debe ser objeto de una reflexi?n serena, y forma parte del camino de renovaci?n que corresponde a la Legi?n misma y a sus constituciones, tambi?n en referencia a los miembros del?Regnum Christi.

4. Inicio de una nueva fase

Todav?a aclaro que mi encargo de Delegado Pontificio no es tampoco el de un visitador apost?lico, que tiene la misi?n fundamental de encontrarse con personas, recoger informaciones para tener un cuadro de la situaci?n real y ofrecer a la Autoridad competente sugerencias y propuestas a modo de soluciones para resolver las situaciones no conformes con el ideal evang?lico de la vida religiosa.

La tarea del visitador ha sido realizada por cinco obispos encargados por el Santo Padre para visitar toda la Congregaci?n.

Tal misi?n se ha prolongado durante casi un a?o. El resultado ha sido presentado al Santo Padre, que ha indicado, con el nombramiento de su Delegado, el camino ulterior, que ya no consiste en el de un visitador o comisario, sino en el de acompa?ar el camino de renovaci?n, particularmente en vistas de un Cap?tulo Extraordinario que tendr? que elaborar un texto constitucional que se ha de someter a la Sede Apost?lica. Se trata de un camino que tendr? que partir de las indicaciones surgidas de la visita apost?lica y hechas propias por la Santa Sede, para que a partir de esa base nos encaminemos hacia la necesaria renovaci?n.

Es una tarea que corresponde a todos y por tanto, todos deben estar comprometidos y responsabilizados. Pero es evidente que tal misi?n compete sobre todo a los superiores que est?n llamados a organizar, estimular, suscitar y comprometer a todos, activa y ordenadamente, en esta renovaci?n. Llegados a este punto del camino de la Congregaci?n es extremadamente importante que los Superiores desarrollen bien su tarea.

Este es tambi?n el auxilio principal que el Delegado Pontificio est? llamado a ofrecer. El Santo Padre, al iniciar esta nueva fase del camino, ha renovado su confianza en la Congregaci?n; tal confianza podr? tener un resultado positivo s?lo si a ella sigue la confianza de los Legionarios, que est?n calurosamente invitados a abandonar sospechas y desconfianzas y a obrar concreta y positivamente para el bien de la Legi?n, sin quedarse todav?a en el pasado y sin alimentar divisiones. Tras la fase de la visita apost?lica, sigue la nueva de la reconstrucci?n y de la renovaci?n. Es esa fase a la que estamos llamados a insertarnos.

II. Noticias y valoraciones

1. En los tres meses que han pasado tras la publicaci?n de mi nombramiento y la de mis consejeros, he mantenido diversos encuentros -aun cuando estuvi?ramos en per?odo de verano y, por tanto, de vacaciones- con los superiores del instituto, sea para tratar algunos problemas urgentes que iban surgiendo de vez en cuando, sea tambi?n para dar respuestas a expectativas que estaban en el aire y a veces para ofrecer precisiones sobre cuestiones que la praxis iba requiriendo.

2. Tuve as? varios encuentros con la direcci?n general, y hace poco con la direcci?n general y los superiores provinciales que se encontraban en Roma. No se trat? tanto de tomar decisiones, postergadas para cuando fueran nombrados los cuatro consejeros del Delegado Pontificio; m?s bien se reflexion? sobre aspectos de orden general y se comenzaron a individuar algunas cuestiones que quedan por afrontar, sobre los procedimientos a adoptar, sobre los problemas que aclarar, etc. Se han presentado tambi?n -aun cuando de manera muy sint?tica- algunos elementos surgidos de la reflexi?n de los visitadores de la misma congregaci?n. Se habl? de la relaci?n entre la situaci?n personal del fundador y la realidad carism?tica y espiritual de la misma Legi?n; se intent? tambi?n una primera reflexi?n sobre el problema del ejercicio de la autoridad dentro de la Legi?n; sobre el tema de la libertad de conciencia, de los confesores y de los directores espirituales; se reflexion? sobre el camino a recorrer para la revisi?n de las constituciones, con una referencia particular a la estructura de estas, en la relaci?n entre normas constitucionales y otras; se busc? tambi?n aclarar bien la relaci?n entre los superiores: de la Legi?n y el Delegado Pontificio; y otros argumentos del gobierno de la Congregaci?n.

3. Se individuaron algunos problemas para los que se prev? que ser? necesaria la constituci?n de una comisi?n: sobre todo y principalmente la comisi?n para la revisi?n de las constituciones; pero se prospecta tambi?n la necesidad de una comisi?n de acercamiento de quienes de diversas maneras elevan pretensiones en relaci?n con la Legi?n, y de una comisi?n para los problemas de orden econ?mico.

4. No falt? tampoco una menci?n a los tiempos que se prev?n, para concluir el camino. De parte de los legionarios se descubre un deseo de agilizar los tiempos. Pero se insisti? en la necesidad de tomar el tiempo necesario, que se calcula de al menos dos o tres a?os o incluso m?s.

5. Al leer las numerosas cartas que me han llegado, en l?nea general se trata de reacciones positivas. Se agradece al Santo Padre por su intervenci?n y por el nombramiento del Delegado Pontificio; se expresa la propia disponibilidad para colaborar con el mismo Delegado y se asegura la oraci?n; se agradece al Se?or por la vocaci?n recibida y se expresa confianza en la congregaci?n de los Legionarios, en la que se quiere perseverar. Los seminaristas en general se han limitado a expresar su voluntad de perseverar en la vocaci?n. Algunos sacerdotes han expresado tambi?n sugerencias, perplejidades, dudas y dificultades, sobre todo en relaci?n con la reglamentaci?n y la praxis sobre el foro interno, sobre el ejercicio de la autoridad y sobre el nombramiento de los superiores o los cambios; sobre la formaci?n; alguno ha pedido un tiempo de reflexi?n como?extra domum, o ha expresado su voluntad de abandonar la misma congregaci?n.

III. Algunos puntos espec?ficos de mayor importancia

1. Hechos del fundador y reacci?n de los Legionarios

La mayor parte de los legionarios, ante la situaci?n del fundador, ha reaccionado positivamente reafirmando la gratitud a Dios por su vocaci?n y descubriendo todo el bien que la Legi?n hab?a realizado y est? realizando todav?a. Por lo dem?s, la Legi?n ha sido aprobada por la Iglesia y no puede no ser considerada como una obra de Dios, al servicio de su Reino y de la Iglesia. Las responsabilidades del fundador no pueden ser transferidas simplemente a la misma Legi?n de Cristo.

2. Superiores actuales y su responsabilidad

Una dificultad resulta recurrente y es sentida por algunos, seg?n la cual los actuales superiores no pod?an no conocer las culpas del fundador. Al callarlas habr?an mentido. Pero se sabe que el problema no es tan simple. Las distintas denuncias publicadas en los peri?dicos desde los a?os 90 eran bien conocidas, tambi?n para los superiores de la congregaci?n. Pero otra cosa es tener las pruebas de lo fundado de tales denuncias y m?s todav?a la certeza de ellas. Esta lleg? s?lo mucho m?s tarde y gradualmente. En casos semejantes la comunicaci?n no es f?cil. Se impone la exigencia de reencontrar la confianza, para la necesaria colaboraci?n.

3. El carisma de la Legi?n

Otra cuesti?n muy delicada es la del carisma de la misma Legi?n. La falta de distinci?n entre normas constitucionales y normas de derecho quiz?s ha da?ado la individuaci?n del carisma mismo. Pero parece innegable que resulta suficientemente claro y preciso; y es adem?s actual como nunca. Se requiere reflexi?n y profundizaci?n.

Quisiera mencionar un s?lo aspecto. La cultura actual est? secularizada, infectada de inmanentismo y relativismo. Tal mentalidad caracteriza la cultura de nuestro tiempo y las personas que hoy crean opini?n o se consideran detentadoras de la cultura. Es cuesti?n de cultura y cuesti?n por tanto de liderazgo: o sea de personas en cuyas manos reside la conducci?n de la sociedad. Estamos ante una sociedad que ya no muestra a personajes de espesor cultural cristiano y marcadamente cat?lico. Al mismo tiempo sabemos que la fe no puede ser reconducida s?lo al nivel privado.

La sociedad de hoy para ser cristianizada tiene necesidad de personas que puedan asumir la responsabilidad de la sociedad del ma?ana, que se formen en las escuelas y en las universidades, de sacerdotes, personas consagradas y laicos comprometidos, bien formados, de ap?stoles de la nueva evangelizaci?n.

El pasado debe guiarnos a insertarnos en el presente. La Iglesia ha plasmado el pasado, ha contribuido a una visi?n cristiana de la vida, a trav?s de los monasterios, las universidades, los estudios y la cultura. La Iglesia reafirma esto cuando habla de nueva evangelizaci?n y proyecta un nuevo dicasterio para la nueva evangelizaci?n. Pienso que la congregaci?n de los Legionarios de Cristo encuentra precisamente en este campo su espacio de servicio a la Iglesia. Y esto hace esperar lo mejor para el futuro.

IV. Reflexi?n conclusiva

A m? me parece que se puede y se debe esperar en un positivo camino de renovaci?n. Hay en el horizonte tantos signos que hacen pensar en una meta positiva al t?rmino del camino. El shock?provocado por las acciones del fundador fue de un impacto terrible, capaz de destruir la misma congregaci?n, como, por lo dem?s, tantos vaticinaban. En cambio ella no s?lo sobrevive, sino que est? casi intacta en su vitalidad. La gran mayor?a de los legionarios ha sabido leer la historia de la propia vocaci?n, no tanto en relaci?n con el fundador, sino en relaci?n con el misterio de Cristo y de la Iglesia, y renovar su propia fidelidad a Cristo en la Iglesia, en la Legi?n.

La capacidad de leer en una dimensi?n sobrenatural su situaci?n, les permiti? no extraviarse ni perderse. La estrella polar de la fidelidad a la Iglesia y de la obediencia al Papa les ha preservado de desalientos f?ciles y abandonos. No pocos han contado su reacci?n a los acontecimientos. La gran parte afirma que no ha tenido ninguna duda al reconfirmar su propia fidelidad y el propio empe?o ante Dios y la Iglesia. M?s de uno ha comunicado que tuvo una primera reacci?n de enojo y casi de rabia, con la sensaci?n de haber sido traicionado; pero luego se ha recuperado. Alguno ha considerado incluso el dejar la Legi?n, para entrar en una di?cesis. Pero se ha tratado, en definitiva, de pocos, que han elegido tal camino.

Alguna disminuci?n se ha tenido en la promoci?n vocacional. En estos casos la dificultad viene particularmente de los parientes, que no han sabido discernir suficientemente -en medio del gran clamor de los medios de comunicaci?n- la verdad de la falsificaci?n. Desgraciadamente en esta vor?gine de opini?n p?blica se ha dejado llevar alg?n legionario que ha desistido del compromiso de promoci?n vocacional.

En el camino que queda por recorrer, se anida quiz?s un peligro que se ha de mencionar y es t?pico de las situaciones de este tipo. En el caso de los Legionarios de Cristo se est? viviendo una especie de paradoja. Para los institutos religiosos en general se lamenta que en nombre de la renovaci?n postconciliar requerido por el Concilio se perdi? la disciplina y el sentido de la autoridad, con un cierto relajamiento tambi?n en la pr?ctica de los consejos evang?licos y con una crisis vocacional impresionante, no obstante la riqueza de la teolog?a sobre la vida religiosa que se desarroll? en este per?odo; para los legionarios, en cambio, se trata de abrirse m?s a esta renovaci?n postconciliar de la disciplina y del ejercicio de la autoridad. El peligro de ir m?s all? y de activar un mecanismo de falta de compromiso en la disciplina y en la vida espiritual es real; y serpentea particularmente entre alg?n sacerdote y religioso. Este peligro es temido incluso por el Superior General, quien, expresando al Papa su compromiso de obediencia y de fidelidad, ped?a sin embargo, que el instituto en este camino de renovaci?n sea preservado de este peligro, o sea del peligro de que el empe?o por la renovaci?n se transforme en falta de disciplina y relajaci?n.

Renuevo mi invitaci?n a todos ustedes para que intensifiquen en este per?odo su oraci?n. El ?ngel del Se?or dijo al profeta El?as: ?Lev?ntate y come, porque el camino es demasiado largo para ti? (1R 19, 7). As? tambi?n nosotros nos acercamos con confianza a la fuente inacabable de la Eucarist?a, donde Cristo mismo es nuestro Sost?n y Compa?ero de viaje. Que Dios os bendiga a todos.

Afect?simo,
+ Velasio De Paolis, C.S.


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