Jueves, 04 de noviembre de 2010

ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el viernes 22 de Octubre de 2010?al nuevo embajador de Portugal ante la Santa Sede, Manuel Tom?s Fernandes Pereira, al presentarle ?ste sus Cartas Credenciales.

Se?or Embajador,

Aprovecho de buen grado este momento de presentaci?n de las Cartas Credenciales, con que hoy es designado oficialmente Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Portugal ante la Santa Sede, para darle la bienvenida y, congratul?ndome por su nombramiento, formular felices votos para su nueva misi?n que se propone como nueva contribuci?n en el edificio de las relaciones de amistad existentes entre su pa?s y esta Sede Apost?lica. Como recordaba en sus palabras de saludo, la fe y la historia se unen para forjar un v?nculo especial entre el pueblo portugu?s y el Sucesor de Pedro, un v?nculo que est? confiado a la responsabilidad de cada una de las sucesivas generaciones, por lo cual jam?s debemos dejar de dar gracias a Cristo, Buen Pastor de su Iglesia y Se?or de la historia, de los individuos y de las naciones.

La noble expresi?n de los sentimientos que le animan en este d?a, ciertamente muy significativo, merece toda mi atenci?n. Quiero antes de nada manifestarle mi reconocimiento por las palabras que me ha dirigido, y despu?s, responder a los sentimientos de estima que el Se?or Presidente de la Rep?blica, An?bal Cavaco Silva, me hace llegar a trav?s de Vuestra Excelencia, pidi?ndole a mi vez la amabilidad de expresar al Se?or Presidente mi gratitud por los mismos, juntamente con votos alentadores en su alta misi?n, y la certeza de mi oraci?n al Alt?simo por la prosperidad y el bien espiritual de todos los portugueses.

Cuando me preparaba para este encuentro con el Se?or Embajador, acud?an a mi mente las edificantes y felices im?genes, que guardo en la memoria y en el coraz?n, de mi visita a Portugal en el pasado mes de mayo, deseando aqu? agradecer una vez m?s a todos la contribuci?n dada para una serena y fruct?fera realizaci?n de la misma; efecto este ampliamente conseguido como atestiguan los innumerables mensajes que me llegaron alusivos a aquellos d?as memorables. Jam?s olvidar? la calurosa acogida que se me reserv?, as? como la manera amable y respetuosa con que se acogieron mis palabras. Considero que todo esto tiene tambi?n una importancia social: donde la sociedad y las personas se fortalecen en el bien gracias al mensaje de la fe, sale beneficiada tambi?n la convivencia social y los ciudadanos se sienten m?s disponibles para servir al bien com?n.

Con su presencia en el foro internacional, la Santa Sede pone todo su empe?o en servir a la causa de la promoci?n integral del hombre y de los pueblos. Deber?a ser convicci?n de todos que los obst?culos a esta promoci?n no son solo de orden econ?mico, sino que dependen de actitudes y valores m?s profundos: los valores morales y espirituales que determinan el comportamiento de cada ser humano para consigo mismo, los dem?s y la creaci?n entera. La presencia del Se?or Embajador en este lugar testimonia la voluntad que Portugal tiene de dar un lugar importante a estos valores, sin los cuales una sociedad no se puede establecer de modo duradero.

Cuando la Iglesia, en su pa?s, promueve la conciencia de que estos mismos valores deben inspirar la vida p?blica y particular, habla no por ambiciones pol?ticas, sino para ser fiel a la misi?n que su divino Fundador le ha confiado. ?Dado que la Iglesia ? son palabras del Concilio Vaticano II ? no est? ligada, por fuerza de su misi?n y naturaleza, a ninguna forma particular de cultura o sistema pol?tico, econ?mico o social, puede gracias a esta universalidad suya, constituir un lazo muy estrecho entre las diversas comunidades y naciones, siempre que conf?en en ella y le reconozcan la verdadera libertad para cumplir esta misi?n suya (Const.?Gaudium et spes, 42). Ella no representa modelos parciales y pasajeros de sociedad, sino que tiende a la transformaci?n de los corazones y de las mentes, para que el hombre pueda descubrirse y reconocerse a s? mismo en la verdad plena de su humanidad. Y dado que su misi?n es de car?cter moral y religioso, la Iglesia respeta el ?rea espec?fica de responsabilidad del Estado. Al mismo tiempo anima a los cristianos a asumir plenamente sus responsabilidades como ciudadanos para, juntamente con los dem?s, contribuir eficazmente al bien com?n y a las grandes causas del hombre.

De una colaboraci?n respetuosa y de un leal entendimiento entre la Iglesia y el poder civil, se podr?an derivar beneficios para la sociedad portuguesa. Animada por esta esperanza, hace seis a?os nac?a el nuevo Concordato entre la Santa Sede y Portugal, al que alud?a el Se?or Embajador. En esa ocasi?n, el Papa Juan Pablo II vio en ese instrumento jur?dico la confirmaci?n de los ?sentimientos de mutua estima que animan las relaciones mutuas?, he hizo votos de que ?el nuevo Concordato pudiese favorecer un entendimiento cada vez mayor entre las Autoridades del Estado y los Pastores de la Iglesia para el bien com?n de la Naci?n? (L?Osservatore Romano, ed. portuguesa de 22/V/2004, 253). Con alegr?a, o? referir al Se?or Embajador, y deseo desde aqu? animar, los esfuerzos que se est?n haciendo para una aplicaci?n del mismo completa y fiel en los diversos campos de la Iglesia cat?lica y de la sociedad portuguesa.

Antes de terminar este encuentro, quiero asegurarle, Se?or Embajador, la plena colaboraci?n y apoyo de la Santa Sede en el desempe?o de la alta misi?n que le ha sido confiada. Por la intercesi?n de Nuestra Se?ora de F?tima, pido al buen Dios del Cielo que asista, con la abundancia de sus dones, a Su Excelencia y a su distinguida familia, a cuantos sirven al bien com?n de la Naci?n portuguesa y a todo su pueblo, sobre el cual extiendo mi Bendici?n.

[Traducci?n del original portugu?s por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:15  | Habla el Papa
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