S?bado, 06 de noviembre de 2010

ZENIT?? publica el Mensaje al Pueblo de Dios que se ha emitido el s?bado 23 de octubre de 2010 como conclusi?n de la Asamblea Especial para Oriente Medio del S?nodo de los Obispos.

"La multitud de los creyentes ten?a un solo coraz?n y una sola alma" (Hch 4, 32)

A nuestros hermanos los sacerdotes, los di?conos, los religiosos, las religiosas, a todas las personas consagradas y a todos nuestros amados fieles laicos y a todas las personas de buena voluntad.

Introducci?n

1. Que la gracia de Jes?s Nuestro Se?or, el amor de Dios Padre y la comuni?n del Esp?ritu Santo est? con todos vosotros.

El S?nodo de los Obispos para Oriente Medio ha sido para nosotros un nuevo Pentecost?s. "El Pentecost?s es el acontecimiento originario pero tambi?n es un dinamismo permanente, y el S?nodo de los Obispos es un momento privilegiado en el que se puede renovar en el camino de la Iglesia la gracia del Pentecost?s" (Benedicto XVI, Homil?a de la Misa de apertura del S?nodo, 10.10.2010).

Hemos venido a Roma, nosotros patriarcas y obispos de las Iglesias cat?licas en Oriente con todos nuestros patrimonios espirituales, lit?rgicos, culturales y can?nicos, trayendo en nuestros corazones las preocupaciones de nuestros pueblos y sus esperanzas.

Por primera vez, nos hemos reunido en un S?nodo alrededor de Su Santidad el Papa Benedicto XVI, con los cardenales y los obispos responsables de los Dicasterios romanos, los presidentes de las Conferencias episcopales del mundo al que le conciernen los asuntos de Oriente Medio, y con representantes de las Iglesias Ortodoxas y las comunidades evang?licas y con los invitados jud?os y musulmanes.

Expresamos nuestro agradecimiento a Su Santidad Benedicto XVI por su solicitud y sus ense?anzas que iluminan la marcha de la Iglesia en general y la de nuestras Iglesia orientales en particular, sobre todo en lo que se refiere a la justicia y la paz. Damos las gracias a las Conferencias episcopales por su solidaridad y su presencia entre nosotros en su peregrinaci?n a los santos Lugares y su visita a nuestras comunidades. Les damos las gracias por acompa?ar a nuestras Iglesias en los diferentes ?mbitos de nuestra vida. Damos las gracias a las Organizaciones eclesiales que nos sostienen por su ayuda eficaz.

Hemos reflexionado juntos, a la luz de las Sagradas Escrituras y de la Tradici?n viva, sobre la presencia y el futuro de los cristianos y de los pueblos de Oriente Medio. Hemos meditado sobre los problemas de esta regi?n del mundo que Dios ha querido, en el misterio de su amor, que fuera la cuna de su plan universal de salvaci?n. De ah?, en efecto, parti? la vocaci?n de Abraham. Ah? el Verbo de Dios, Jesucristo, se encarn? en la Virgen Mar?a por obra del Esp?ritu Santo. Ah? Jes?s proclama el Evangelio de la vida y del reino. Ah? muri? para redimir al g?nero humano y librarlo del pecado. Luego resucit? de entre los muertos para dar la vida nueva a todos los hombres. Ah? naci? la Iglesia y desde ah? sali? para proclamar el Evangelio hasta los confines de la tierra.

El objetivo primero del S?nodo es de orden pastoral, por eso tambi?n hemos tra?do en nuestros corazones la vida, los sufrimientos y las experiencias de nuestros pueblos y los desaf?os que tienen que afrontar cada d?a con la "gracia del Esp?ritu Santo y su amor derramado en nuestros corazones" (Rm 5,5). Por este motivo os dirigimos este mensaje, amados hermanos y hermanas, y queremos que sea una llamada a la firmeza en la fe, fundada en la Palabra de Dios, a la colaboraci?n en la unidad y en la comuni?n en el testimonio del amor en todos los ?mbitos de la vida.

I. La Iglesia en Oriente Medio: comuni?n y testimonio a trav?s de la historia.

El camino de la fe en Oriente

2. En Oriente naci? la primera comunidad cristiana. De Oriente salieron los Ap?stoles despu?s de Pentecost?s para evangelizar al mundo entero. Ah? vivi? la primera comunidad cristiana en medio de tensiones y persecuciones, "constante en la ense?anza de los ap?stoles, en la comuni?n, en la fracci?n del pan y en las oraciones" (Hch 2, 42), y nadie tuvo necesidades. Ah? los primeros m?rtires ba?aron con su sangre los cimientos de la Iglesia naciente. Despu?s, los anacoretas llenaron los desiertos del perfume de su santidad y su fe. Ah? vivieron los Padres de la Iglesia Oriental que siguen nutriendo con sus ense?anzas a la Iglesia de Oriente y de Occidente. De nuestras Iglesias salieron, en los primeros siglos y en los siguientes, los misioneros hacia Extremo Oriente y hacia Occidente llevando la luz de Cristo. Nosotros somos sus herederos y debemos seguir transmitiendo su mensaje a las generaciones futuras.

Nuestras Iglesias no han dejado de dar santos, sacerdotes, consagrados, y de servir de manera eficaz en numerosas instituciones contribuyendo a la construcci?n de nuestras sociedades y de nuestros pa?ses, sacrific?ndose por todos los hombres, creados a imagen de Dios y portadores de su imagen. Algunas de nuestras Iglesias hoy en d?a no dejan de enviar misioneros que hacen llegar la palabra de Cristo a los diferentes rincones del mundo. La labor pastoral, apost?lica y misionera, nos pide hoy que pensemos en una pastoral para promover las vocaciones sacerdotales y religiosas y asegurar la Iglesia del ma?ana.

Nos encontramos hoy ante un cambio hist?rico: Dios que nos ha dado la fe en nuestro Oriente, desde hace 2.000 a?os, nos invita a perseverar con valor, constancia y firmeza y a llevar el mensaje de Cristo y el testimonio de su Evangelio que es un Evangelio de amor y de paz.

Desaf?os y esperanzas

3.1. Nosotros nos enfrentamos hoy a numerosos desaf?os. El primero viene de nosotros mismos y de nuestras Iglesias. Lo que Cristo nos pide es que aceptemos nuestra fe y que la vivamos en todos los aspectos de la vida. Lo que ?l pide a nuestras Iglesias es que refuercen la comuni?n en cada Iglesia sui iuris y entre las Iglesias cat?licas de distintas tradiciones, y que hagamos todo lo posible en la oraci?n y la caridad para conseguir la unidad de todos los cristianos, de forma que realicemos la oraci?n de Cristo: "para que todos sean uno. Como t?, Padre, en m? y yo en ti, que ellos tambi?n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tu me has enviado" (Jn 17,21).

3.2. El segundo desaf?o viene de fuera, de las condiciones pol?ticas y de seguridad en nuestros pa?ses y del pluralismo religioso.

Hemos analizado lo referente a la situaci?n social y la seguridad en todos nuestros pa?ses de Oriente Medio. Hemos sido conscientes del impacto del conflicto palestino-israel? sobre toda la regi?n, especialmente sobre el pueblo palestino, que sufre las consecuencias de la ocupaci?n israel?: la falta de libertad de movimiento, el muro de separaci?n y las barreras militares, los prisioneros pol?ticos, la demolici?n de las casas, la perturbaci?n de la vida econ?mica y social y los millares de refugiados. Tambi?n hemos reflexionado sobre el sufrimiento y la inseguridad en los que viven los israel?es. Hemos meditado sobre la situaci?n de la ciudad santa de Jerusal?n. Estamos preocupados por las iniciativas unilaterales que podr?an cambiar su demograf?a y su estatuto. Frente a todo esto, vemos que una paz justa y definitiva es el ?nico medio de salvaci?n para todos, para el bien de la regi?n y sus pueblos.

3.3. Hemos recordado en nuestras reuniones y nuestras oraciones los sufrimientos sangrientos del pueblo iraqu?. Tambi?n hemos recordado a los cristianos asesinados en Iraq, los sufrimientos permanentes de la iglesia de Iraq y de sus hijos desplazados y dispersos por el mundo llevando con ellos las preocupaciones de su tierra y de su patria. Los Padres sinodales han expresado su solidaridad con el pueblo y las Iglesias en Iraq y han manifestado el deseo de que los emigrantes, obligados a abandonar su pa?s, puedan encontrar all?, donde lleguen, los auxilios necesarios, para que puedan regresar a sus pa?ses y vivir seguros en ellos.

3.4. Hemos reflexionado sobre las relaciones entre conciudadanos, cristianos y musulmanes. Querr?amos afirmar aqu?, con nuestra visi?n cristiana de las cosas, un principio primordial que deber?a gobernar estas relaciones: Dios quiere que seamos cristianos en y para nuestras sociedades medio-orientales. Es el plan de Dios para nosotros, y es nuestra misi?n y nuestra vocaci?n que vivamos cristianos y musulmanes juntos. Nosotros nos moveremos en este terreno guiados por el mandamiento del amor y por la fuerza del Esp?ritu en nosotros.

El segundo principio que gobierna estas relaciones es el hecho de que nosotros somos parte integrante de nuestras sociedades. Nuestra misi?n, basada en nuestra fe y nuestro deber hacia nuestras patrias, nos obliga a contribuir a la construcci?n de nuestros pa?ses con todos los ciudadanos, musulmanes, jud?os y cristianos.

II. Comuni?n y testimonio en el seno de las Iglesias cat?licas de Oriente Medio.

A los fieles de nuestras Iglesias

4.1. Jes?s nos dijo: "Vosotros sois la sal de la tierra, la luz del mundo" (Mt 5, 13.14). Vuestra misi?n, amados fieles, es la de ser en vuestras sociedades, por la fe, la experiencia y el amor, como la "sal" que da sabor y sentido a la vida, como la "luz" que ilumina las tinieblas con la verdad, y como la "levadura" que transforma los corazones y las inteligencias. Los primeros cristianos en Jerusal?n eran poco numerosos. A pesar de ello, pudieron llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra, con la gracia del "Se?or que colaboraba con ellos y con ellos confirmaba su Palabra con los signos" (Mc 16, 20).
4.2. Nosotros os saludamos, cristianos de Oriente Medio, y os damos las gracias por todo lo que hab?is llevado a cabo en vuestras familias y vuestras sociedades, en vuestras Iglesias y vuestras naciones. Saludamos vuestra perseverancia en las dificultades, las penas y las angustias.

4.3. Queridos sacerdotes, nuestros colaboradores en la misi?n catequ?tica, lit?rgica y pastoral: os renovamos nuestra amistad y nuestra confianza. Seguid transmitiendo a vuestros fieles, con celo y perseverancia, el Evangelio de la vida y la Tradici?n de la Iglesia, por medio de la predicaci?n, de la catequesis, de la direcci?n espiritual y del buen ejemplo. Consolidad la fe del pueblo de Dios para que se transforme en una civilizaci?n del amor, prodigadle los sacramentos de la Iglesia, para que aspire a la renovaci?n de su vida. Reunidlo en la unidad y la caridad por el don del Esp?ritu Santo.

Queridos religiosos, religiosas y consagrados en el mundo, os expresamos nuestra gratitud, y con vosotros damos gracias a Dios por el don de los consejos evang?licos -de la castidad consagrada, la pobreza y la obediencia- con los que os hab?is donado vosotros mismos, siguiendo a Cristo, al que vosotros dese?is testimoniar vuestro amor predilecto. Gracias a vuestras iniciativas apost?licas diversificadas, vosotros sois el verdadero tesoro y la riqueza de nuestras Iglesias y un oasis espiritual en nuestras parroquias, nuestras di?cesis y nuestras misiones.

Nos unimos en esp?ritu a los eremitas, a los monjes y las monjas que han consagrado su vida a la oraci?n en los monasterios contemplativos, santificando las horas del d?a y de la noche, llevando en sus oraciones las preocupaciones y las necesidades de la Iglesia. Vosotros ofrec?is al mundo, con el testimonio de vuestra vida, un signo de esperanza.

4.4. Nosotros os expresamos, fieles laicos, nuestra estima y nuestra amistad. Apreciamos todo lo que hac?is por vuestras familias y vuestras sociedades, vuestras Iglesias y vuestras patrias. Manteneos firmes en medio de las pruebas y las dificultades. Estamos llenos de gratitud hacia el Se?or por los carismas y los talentos de los que os ha colmado, y con los que particip?is, por la fuerza de vuestro bautismo y vuestra confirmaci?n, en la labor apost?lica y en la misi?n de la Iglesia, impregnando el ?mbito de las cosas temporales con el esp?ritu y los valores del Evangelio. Os invitamos al testimonio de una vida cristiana aut?ntica, a una pr?ctica religiosa consciente y a las buenas costumbres. Tened el valor de decir la verdad con objetividad.

A vosotros que sufr?s en vuestro cuerpo, vuestra alma y vuestro esp?ritu, oprimidos, expatriados, perseguidos, prisioneros y detenidos, os llevamos en nuestras oraciones. Unid vuestros sufrimientos a los de Cristo Redentor, y buscad en su cruz la paciencia y la fuerza. Mediante vuestros sufrimientos obten?is para el mundo el amor misericordioso de Dios.

Saludamos a cada una de nuestras familias cristianas, y miramos con estima su vocaci?n y su misi?n, como c?lula viva de la sociedad, escuela natural de las virtudes y de los valores ?ticos y humanos, e iglesia dom?stica que educa a la oraci?n y a la fe de generaci?n en generaci?n. Damos las gracias a los padres y a los abuelos por la educaci?n de sus hijos y sus nietos en el ejemplo del Ni?o Jes?s que "crec?a en sabidur?a, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres" (Lc 2, 52). Nos comprometemos a proteger a la familia con una pastoral familiar, mediante cursos de preparaci?n al matrimonio, centros de acogida y consultorios, abiertos a todos y en particular a las parejas en crisis, y con nuestras reivindicaciones de los derechos fundamentales de la familia.
Nos dirigimos ahora de manera especial a las mujeres. Expresamos nuestra estima por lo que sois en las distintas edades de vuestra vida: como hijas, madres, educadoras, consagradas y trabajadoras en la vida p?blica. Os rendimos homenaje, pues proteg?is la vida humana desde su comienzo, ofreci?ndole cuidados y cari?o. Dios os ha dado una sensibilidad particular para todo lo relacionado con la educaci?n, el trabajo humanitario y la vida apost?lica. Damos gracias a Dios por vuestras actividades y esperamos que ejerz?is una mayor responsabilidad en la vida p?blica.

Os miramos con amistad, j?venes, hombres y mujeres, como hizo Cristo con el joven del Evangelio (cfr. Mc 10, 21). Sois el futuro de nuestras iglesias, de nuestras comunidades, de nuestros pa?ses, su potencial y su fuerza regeneradora. Llev?is a cabo el proyecto de vuestra vida bajo la mirada amorosa de Cristo. Sed ciudadanos responsables y creyentes sinceros. La Iglesia se une a vosotros en vuestra preocupaci?n por encontrar un trabajo, en funci?n de vuestras competencias, lo que contribuir? a estimular vuestra creatividad y a asegurar el futuro y la formaci?n de una familia creyente. Superad la tentaci?n del materialismo y del consumismo. Permaneced firmes en vuestros valores cristianos.

Saludamos a los jefes de los centros de educaci?n cat?lica. En la ense?anza y la educaci?n buscad la excelencia del esp?ritu cristiano. Tened como objetivo consolidar la cultura de la convivialidad, la preocupaci?n de los pobres y de los que sufren minusval?as. A pesar de los desaf?os y las dificultades que sufren vuestras instituciones, os invitamos a que las manteng?is para asegurar la misi?n educadora de la Iglesia, y promover el desarrollo y el bien de nuestras sociedades.

Nos dirigimos con gran estima a quienes trabajan en el sector social. En vuestras instituciones est?is al servicio de la caridad. Os animamos y apoyamos en esta misi?n de desarrollo, guiada por la rica ense?anza social de la Iglesia. Con vuestro trabajo reforz?is los lazos de fraternidad entre los hombres, sirviendo a los pobres, los marginados, los enfermos, los refugiados y los prisioneros, sin discriminaci?n. Vosotros est?is guiados por la palabra de Nuestro Se?or Jes?s: "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos m?os, a m? me lo hicisteis" (Mt 25, 40).

Vemos con esperanza los grupos de oraci?n y los movimientos apost?licos. Ellos son escuelas de profundizaci?n de la fe, para vivirla en la familia y en la sociedad. Valoramos sus actividades en las parroquias y las di?cesis y su apoyo a los pastores, en conformidad con las directivas de la Iglesia. Damos gracias a Dios por estos grupos y movimientos, c?lulas activas en las parroquias y semillero de vocaciones sacerdotales y religiosas.

Apreciamos el papel de los medios de comunicaci?n escrita y audiovisual. Os damos las gracias a vosotros periodistas, por colaborar con la Iglesia en la difusi?n de sus ense?anzas y de sus actividades y, en estos d?as, por haber cubierto las noticias de la Asamblea Especial para Oriente Medio en los diferentes rincones del mundo.

Nos congratulamos por la contribuci?n de los medios de comunicaci?n internacionales y cat?licos. De Oriente Medio, merece una menci?n especial el canal T?l? Lumi?re - Noursat y esperamos que pueda continuar su servicio de informaci?n y de formaci?n a la fe, su trabajo por la unidad cristiana, la consolidaci?n de la presencia cristiana en Oriente, el fortalecimiento del di?logo interreligioso y la comuni?n entre los orientales presentes en todos los continentes.

A nuestros fieles en la di?spora

5. La emigraci?n se ha convertido en un problema general. El cristiano, el musulm?n y el jud?o emigran por las mismas causas provenientes de la inestabilidad pol?tica y econ?mica. Adem?s, el cristiano, comienza a sentirse inseguro, aunque a niveles diferentes, en los pa?ses de Oriente Medio. Que los cristianos tengan confianza en el futuro y contin?en viviendo en sus queridos pa?ses.

Os saludamos, amados fieles en los diferentes pa?ses de la di?spora. Le pedimos a Dios que os bendiga. Os pedimos que guard?is el recuerdo de vuestras patrias y de vuestras Iglesias vivo en vuestros corazones y preocupaciones. Vosotros pod?is contribuir a su evoluci?n y crecimiento con vuestras oraciones, vuestras reflexiones, vuestras visitas y otros medios, aunque est?is lejos.?

Guardad los bienes y las tierras que teng?is en la patria. No os apresur?is a abandonarlos o venderlos. Guardadlos como patrimonio para vosotros y como un trozo de la patria a la que estar?is siempre ligados, una patria que am?is y apoy?is. La tierra forma parte de la identidad de la persona y de su misi?n, es un espacio vital para los que all? permanecen y para los que un d?a regresar?n. La tierra es un bien p?blico, un bien de la comunidad, un patrimonio com?n. Ella no se reducir?a ante los intereses individuales de aquel que la posee y que decide, seg?n su conveniencia, si guardarla o abandonarla.

Os acompa?amos con nuestras oraciones, a vosotros hijos de nuestras Iglesias y de nuestros pa?ses, forzados a emigrar. Llevad con vosotros vuestra fe, cultura y patrimonio, para que enriquezc?is vuestras nuevas patrias, aquellas que os proporcionan la paz, la libertad y el trabajo. Mirad al futuro con confianza y alegr?a. Permaneced siempre unidos a vuestros valores espirituales, a vuestras tradiciones culturales, a vuestro patrimonio nacional, con el fin de ofrecer a los pa?ses que os han acogido lo mejor de vosotros mismos y lo mejor que ten?is. Agradecemos a las Iglesias de los pa?ses de la di?spora que han acogido a nuestros fieles y que no cesan de colaborar con nosotros para asegurarles el necesario servicio pastoral.

A los inmigrantes en nuestros pa?ses y en nuestras Iglesias

6. Saludamos a todos los inmigrantes, de diferentes nacionalidades que han venido a nuestros pa?ses por motivos de trabajo.

Queridos fieles, os acogemos y vemos en vuestra fe un enriquecimiento y un soporte a la fe de nuestros fieles. Es con gran alegr?a que os proporcionaremos toda la ayuda espiritual que necesit?is.

Solicitamos a nuestras Iglesias que presten una atenci?n especial a aquellos hermanos y hermanas en sus dificultades, cualquiera sea su religi?n, sobre todo cuando sus derechos y su dignidad se ven lesionados; ya que vienen hacia nosotros no solamente para encontrar medios para vivir, sino tambi?n para procurar servicios que necesitan nuestros pa?ses. Ellos tienen su dignidad en Dios y, como todo ser humano, tienen derechos que deben ser respetados y contra los cuales nadie puede atentar. Raz?n por la cual, invitamos a los gobiernos de los pa?ses de acogida, a que respeten y defiendan los derechos de estas personas.

III. Comuni?n y testimonio con las Iglesias Ortodoxas y con las comunidades Evang?licas de Oriente Medio

7. Saludamos a las Iglesias Ortodoxas y a las Comunidades Evang?licas en nuestros pa?ses. Juntos, trabajamos por el bien de los cristianos, para que permanezcan, crezcan y prosperen. Nos encontramos en el mismo camino. Nuestros desaf?os son los mismos y nuestro futuro es el mismo. Queremos llevar juntos el testimonio como disc?pulos de Cristo. Gracias a nuestra unidad podemos cumplir la misi?n que Dios nos ha confiado a todos, a pesar de la diversidad de nuestras Iglesias. La oraci?n de Cristo es nuestro sost?n, es el mandamiento del amor el que nos une, aunque en el camino hacia la comuni?n total nos quede mucho trecho por recorrer.

Hemos caminado juntos en el Consejo de las Iglesias de Oriente Medio, y deseamos continuar nuestro marcha, con la gracia de Dios, y promover su acci?n, teniendo como objetivo ?ltimo el testimonio com?n de nuestra fe, el servicio a nuestros fieles y a nuestros pa?ses. Saludamos y animamos a todas las instancias de di?logo ecum?nico en cada uno de nuestros pa?ses.

Expresamos nuestro agradecimiento al Consejo Ecum?nico de las Iglesias y a las diferentes organizaciones ecum?nicas que trabajan por la unidad de las Iglesias y para darles apoyo.

IV. Cooperaci?n y di?logo con nuestros conciudadanos jud?os?

8. Las mismas Sagradas Escrituras nos unen, el Antiguo Testamento, que es la Palabra de Dios tanto para vosotros como para nosotros. Nosotros creemos en todo lo que Dios ha revelado desde que llam? a Abraham, nuestro Padre com?n en la fe, padre de los jud?os, de los cristianos y de los musulmanes; creemos en las promesas de Dios y en la alianza que dio a ?l y a vosotros. Creemos que la Palabra de Dios es eterna.

El Concilio Vaticano II public? el documento Nostra aetate sobre el di?logo con las religiones, con el juda?smo, el islam y dem?s religiones. Otros documentos han indicado y desarrollado, posteriormente, las relaciones con el juda?smo. Por otro lado, hay un di?logo continuo entre la Iglesia y los representantes del juda?smo. Esperamos que este di?logo nos lleve a actuar junto a los responsables, para poner fin al conflicto pol?tico que no deja de separar y perturbar la vida de nuestros pa?ses.

Es tiempo de comprometernos juntos por una paz sincera, justa y definitiva. Todos somos interpelados por la Palabra de Dios, que nos invita a escuchar la voz de Dios "Escuchar? lo que habla Dios. El Se?or promete la paz, la paz para su pueblo y sus amigos (Sal 85,9). No est? permitido recurrir a posiciones b?blicas y teol?gicas para valerse de un instrumento que justifique las injusticias. Al contrario, recurrir a la religi?n debe permitirle a cada persona ver el rostro de Dios en el otro, y tratarlo seg?n los atributos de Dios y seg?n sus mandamientos, es decir, seg?n la bondad de Dios, su justicia, su misericordia y amor por nosotros.

V. Cooperaci?n y di?logo con nuestros conciudadanos musulmanes

9. Nos une la fe en un ?nico Dios y el mandamiento que dice: haz el bien y evita el mal. Las palabras del Concilio Vaticano II sobre las relaciones con las religiones sientan las bases de las relaciones entre la Iglesia Cat?lica y los musulmanes: "La Iglesia mira tambi?n con aprecio a los musulmanes que adoran al ?nico Dios viviente (...) misericordioso y todo poderoso que habl? a los hombres". (Nostra aetate 3)

Le decimos a nuestros conciudadanos musulmanes: somos hermanos y Dios nos quiere juntos, unidos en la fe en Dios y por el doble mandamiento del amor a Dios y al pr?jimo. Juntos, construiremos nuestras sociedades civiles sobre la ciudadan?a, la libertad religiosa y la libertad de conciencia. Juntos, trabajaremos para promover la justicia, la paz, los derechos del hombre y los valores de la vida y de la familia. Nuestra responsabilidad es com?n en la construcci?n de nuestras patrias. Queremos ofrecer a Oriente y a Occidente un modelo de convivencia entre las diferentes religiones y de colaboraci?n positiva entre las diferentes civilizaciones, por el bien de nuestras patrias y el de toda la humanidad.

Desde el surgimiento del islam en el siglo VII hasta el d?a de hoy, hemos vivido juntos, hemos colaborado en la creaci?n de nuestra civilizaci?n com?n. Al igual que suced?a en el pasado, a?n hoy, hay inestabilidad en nuestras relaciones. Mediante el di?logo debemos deshechar todo desequilibrio o malentendido. El Papa Benedicto XVI nos dice que nuestro di?logo no puede ser una realidad pasajera. Es m?s bien una necesidad vital de la cual depende nuestro futuro. (cfr. Discurso ante los representantes de las comunidades musulmanas en Colonia 20.08.2005). Es, pues, nuestro deber educar a los creyentes al di?logo interreligioso, a aceptar el pluralismo y el respeto y la estima rec?procos.

VI. Nuestra participaci?n en la vida p?blica: llamado a los gobernantes y a los responsables pol?ticos de nuestros pa?ses

10. Apreciamos los esfuerzos que hac?is por el bien com?n y por el servicio a nuestras sociedades. Os acompa?amos con nuestras oraciones y pedimos a Dios que gu?e vuestros pasos. Nos dirigimos a ustedes para abordar el tema crucial de la igualdad entre ciudadanos. Los cristianos son ciudadanos originarios y aut?nticos, leales a sus patrias y, por ende, cumplen con sus deberes nacionales. Es normal que ellos puedan gozar de todos los derechos como ciudadanos, de la libertad de conciencia y de culto, de la libertad en el ?mbito de la educaci?n, y de la ense?anza en el uso de los medios de comunicaci?n.

Os pedimos que redobl?is vuestros esfuerzos para establecer una paz justa y durable en la regi?n, y para detener la carrera armamentista, que traer?a consigo la seguridad y la prosperidad econ?mica, detendr?a el flujo migratorio que priva a nuestros pa?ses de sus fuerzas vivas. La paz es un don precioso que Dios ha confiado a los hombres, "bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos ser?n llamados hijos de Dios" (Mt 5, 9).

VII. Llamado a la comunidad internacional

11. Los ciudadanos de los pa?ses de Oriente Medio interpelan a la comunidad internacional y en particular a la O.N.U. para que trabajen, sinceramente, por una soluci?n que traiga la paz justa y definitiva a la regi?n, y ello mediante la aplicaci?n de las resoluciones del Consejo de Seguridad y tomando medidas jur?dicas necesarias para poner fin a la ocupaci?n de los diferentes territorios ?rabes.

El pueblo palestino podr?, de este modo, tener una patria independiente y soberana y vivir all? con plena dignidad y estabilidad. El Estado de Israel podr? gozar de la paz y de la seguridad dentro de fronteras internacionalmente reconocidas. La Ciudad Santa de Jerusal?n podr? obtener el estatuto justo que respete su car?cter particular, su santidad y su patrimonio religioso para cada una de las tres religiones jud?a, cristiana y musulmana. Esperamos que la soluci?n de los dos estados se haga realidad y no sea un simple sue?o.

Iraq podr? poner fin a las consecuencias funestas de la guerra y establecer una seguridad que proteja a todos los ciudadanos y a sus componentes sociales, religiosas y nacionales.
L?bano podr? gozar de su soberan?a sobre todo el territorio, fortificar su unidad nacional y continuar su vocaci?n de ser modelo de buena convivencia entre cristianos y musulmanes, gracias al di?logo de culturas y religiones y a la promoci?n de las libertades p?blicas.

Condenamos la violencia y el terrorismo, independientemente de donde provengan, y todo extremismo religioso. Condenamos toda forma de racismo, antisemitismo, anticristianismo e islamofobia y hacemos un llamado a las religiones para que asuman sus responsabilidades en la promoci?n y di?logo de las culturas y de las civilizaciones en nuestra regi?n y en el mundo entero.

Conclusi?n: Seguir dando testimonio de la vida divina que se nos presenta en la persona de Jes?s

12. En conclusi?n, hermanos y hermanas, os decimos con el ap?stol San Juan en su primera ep?stola: "Lo que exist?a desde el principio, lo que hemos o?do, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos. Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y os anunciamos la Vida eterna, que exist?a junto al Padre y que se nos ha manifestado. Lo que hemos visto y o?do, os lo anunciamos para que tambi?n vosotros est?is en comuni?n con nosotros. Y nosotros estamos en comuni?n con el Padre y con su Hijo Jesucristo" (1Jn 1, 1-3).

Esta Vida divina que se manifest? a los ap?stoles hace dos mil a?os en la persona de Nuestro Se?or y Salvador Jesucristo, de la cual la Iglesia ha vivido y ha dado testimonio a lo largo de su historia, seguir? siendo por siempre, la vida de nuestras Iglesias en Oriente Medio y el objeto de nuestro testimonio.

Sostenidos por la promesa del Se?or: "Y he aqu? que yo estoy con vosotros todos los d?as hasta el fin del mundo" (Mt 28,20), seguimos juntos nuestro camino en la esperanza " y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp?ritu Santo que nos ha sido dado" (Rm 5, 5).

Confesamos que hasta ahora no hemos hecho todo lo que est? al alcance de nuestras manos por vivir mejor la comuni?n entre nuestras comunidades. No hemos hecho lo suficiente para confirmaros en la fe y daros el alimento espiritual que necesit?is en vuestras dificultades. El Se?or nos invita a una conversi?n personal y colectiva.

Hoy volvemos a vosotros colmados de esperanza, fuerza y determinaci?n, trayendo con nosotros el mensaje del S?nodo y sus recomendaciones, con el fin de estudiarlos juntos y ponerlos en pr?ctica en nuestras Iglesias, cada una de acuerdo a su estado. Esperamos tambi?n que este nuevo esfuerzo sea ecum?nico.

Dirigimos este humilde y sincero llamado para que juntos comencemos un camino de conversi?n, dej?ndonos renovar por la gracia del Esp?ritu Santo y volver a Dios.
A la Sant?sima Virgen Mar?a, Madre de la Iglesia y Reina de la paz, a cuya protecci?n encomendamos nuestros trabajos sinodales, confiamos nuestra marcha hacia nuevos horizontes cristianos y humanos en la fe de Cristo y por la fuerza de su palabra: "Yo hago nuevas todas la cosas" (Hch 21, 5).

[Traducci?n del original en ?rabe distribuida por la Secretar?a del S?nodo de los Obispos]


Publicado por verdenaranja @ 22:38  | Hablan los obispos
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