S?bado, 06 de noviembre de 2010

zenit? nos? ofrece la homil?a pronunciada por el Papa Benedicto XVI durante la solemne celebraci?n de Clausura del S?nodo Especial para Oriente Medio,?el domingo?24 e octubre de 2010?en la Bas?lica de San Pedro.

?Venerados Hermanos,
ilustres se?ores y se?oras,
queridos hermanos y hermanas!

A distancia de dos semanas de la Celebraci?n de apertura, nos reunimos de nuevo en el d?a del Se?or, alrededor del Altar de la Confesi?n de la Bas?lica de San Pedro, para concluir la Asamblea Especial para Oriente Medio del S?nodo de los Obispos. En nuestros corazones hay una profunda gratitud a Dios que nos ha donado esta experiencia de verdad extraordinaria, no s?lo para nosotros, sino para el bien de la Iglesia, del Pueblo de Dios que vive en las tierras entre el Mediterr?neo y Mesopotamia. Como Obispo de Roma, deseo compartir este reconocimiento con vosotros, venerados Padres Sinodales: Cardenales, Patriarcas, Arzobispos, Obispos. Doy las gracias de manera particular al Secretario General, a los cuatro Presidentes Delegados, al Relator General, al Secretario Especial y a todos los colaboradores que, en estos d?as, han trabajado sin ahorrar esfuerzos. Esta ma?ana hemos dejado el Aula del S?nodo y hemos venido ?al templo para rezar?; por esto, nos ata?e directamente la par?bola del fariseo y del publicano relatada por Jes?s y referida por el evangelista San Lucas (cfr. Lc 18, 9-14). Tambi?n nosotros podr?amos tener la tentaci?n, como el fariseo, de recordar a Dios nuestros m?ritos, tal vez pensando en el trabajo de estas jornadas. Pero, para subir al Cielo, la oraci?n debe salir de un coraz?n humilde, pobre. Y, por tanto, tambi?n nosotros, al t?rmino de este evento eclesial, deseamos ante todo rendir gracias a Dios, no por nuestros m?ritos, sino por el don que ?l no ha hecho. Nos reconocemos peque?os y necesitados de salvaci?n, de misericordia; reconocemos que todo viene de ?l y s?lo con su Gracia se realizar? todo cuanto el Esp?ritu Santo nos ha dicho. S?lo as? podremos ?volver a casa? verdaderamente enriquecidos, m?s justos y m?s capaces de caminar por las v?as del Se?or.

La Primera Lectura y el Salmo responsorial insisten en el tema de la oraci?n, subrayando que ?sta es m?s potente en el coraz?n de Dios cuanto mayor es la condici?n de necesidad y aflicci?n de quien la reza. ?La oraci?n del humilde atraviesa las nubes? afirma el Eclesi?stico (Si 35,21); y el salmista agrega: ?Yahv? est? cerca de los desanimados, ?l salva a los esp?ritus hundidos? (Sal 34,19). Tenemos presentes a tantos hermanos y hermanas que viven en la regi?n medio-oriental y que se encuentran en situaciones dif?ciles, a veces muy duras, tanto por los problemas materiales como por el des?nimo, el estado de tensi?n y, a veces, el miedo. La Palabra de Dios hoy nos ofrece tambi?n una luz de esperanza consoladora, all? donde presenta la oraci?n, personificada, que ? no desiste hasta que el Alt?simo le atiende, juzga a los justos y les hace justicia? (Si 35, 21-22). Tambi?n este v?nculo entre oraci?n y justicia nos hace pensar en tantas situaciones en el mundo, en particular en Oriente Medio. El grito del pobre y del oprimido encuentra inmediato eco en Dios, que quiere intervenir para abrir una v?a de salida, para restituir un futuro de liberad, un horizonte de esperanza.

Esta confianza en el Dios cercano, que libera a sus amigos, es la que testimonia el Ap?stol Pablo en la ep?stola hodierna, extra?da de la Segunda Ep?stola a Timoteo. Al ver cercano el final de la vida terrenal, Pablo hace un balance. ?He competido en la noble competici?n, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe? (2 Tm 4, 7). Para cada uno de nosotros, queridos hermanos en el episcopado, este es un modelo que hay que imitar: ?que la Bondad divina nos conceda hacer nuestro un similar balance! ?Pero el Se?or, -prosigue Pablo - me asisti? y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los gentiles? (2 Tm 4, 17). ?Es una palabra que resuena con especial fuerza en este domingo en que celebramos la Jornada Misionera Mundial! Comuni?n con Jes?s crucificado y resucitado, testimonio de su amor. La experiencia del Ap?stol es paradigm?tica para cada cristiano, especialmente para nosotros Pastores. Hemos compartido un momento importante de comuni?n eclesial. Ahora nos separamos para volver cada uno a su misi?n, pero sabemos que permanecemos unidos, permanecemos en su amor.

La Asamblea sinodal que hoy se concluye ha tenido presente siempre la imagen de la primera comunidad cristiana, descrita en los Hechos de los Ap?stoles: ?La multitud de los creyentes ten?a un solo coraz?n y una sola alma? (Hch 4, 32). Es una realidad experimentada en los d?as pasados, durante los cuales hemos compartido las alegr?as y los dolores, las preocupaciones y las esperanzas de los cristianos de Oriente Medio. Hemos vivido la unidad de la Iglesia en la variedad de las Iglesias presentes en esa regi?n. Guiados por el Esp?ritu Santo, nos hemos convertido en ?un solo coraz?n y una sola alma? en la fe, en la esperanza y en la caridad, sobre todo durante las Celebraciones eucar?sticas, fuente y culmen de la comuni?n eclesial, como tambi?n en la Liturgia de las Horas, celebrada cada ma?ana en uno de los 7 ritos cat?licos de Oriente Medio. As?, hemos valorado la riqueza lit?rgica, espiritual y teol?gica de las Iglesias Orientales Cat?licas, adem?s de la de la Iglesia Latina. Se ha tratado de un intercambio de dones preciosos, de los cuales se han beneficiado todos los Padres sinodales. Deseamos que esta experiencia positiva se repita tambi?n en las respectivas comunidades de Oriente Medio, favoreciendo la participaci?n de los fieles en las celebraciones lit?rgicas de los dem?s ritos cat?licos y, por lo tanto, la apertura a la dimensi?n de la Iglesia universal.

La oraci?n com?n nos ha ayudado tambi?n a afrontar los desaf?os de la Iglesia Cat?lica en Oriente Medio. Uno de ellos es la comuni?n en el interior de cada Iglesia sui iuris, as? como en las relaciones entre las varias Iglesias Cat?licas de distintas tradiciones. Como nos ha recordado la hodierna p?gina del Evangelio (cfr. Lc 18, 9-14), necesitamos humildad para reconocer nuestros l?mites, nuestros errores y nuestras omisiones, con objeto de poder formar verdaderamente ?un solo coraz?n y una sola alma?. Una comuni?n m?s plena en el interior de la Iglesia Cat?lica favorece tambi?n el di?logo ecum?nico con las otras Iglesias y Comunidades eclesiales. En esta Asamblea Sinodal la Iglesia Cat?lica ha corroborado tambi?n su profunda convicci?n de proseguir este di?logo, con el fin de que se realice cumplidamente la oraci?n del Se?or Jes?s ?para que todos sean uno? (Jn 17,21).

A los cristianos en Oriente Medio se les pueden aplicar las palabras del Se?or Jes?s: ?No temas, peque?o reba?o, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino? (Lc 12,32). En efecto, aunque poco numerosos, ellos son portadores de la Buena Nueva del amor de Dios por el hombre, amor que se revel? precisamente en Tierra Santa en la persona de Jesucristo. Esta Palabra de salvaci?n, reforzada con la gracia de los Sacramentos, resuena con particular eficacia en los lugares en los que, por la divina Providencia, fue escrita, y es la ?nica Palabra capaz de romper el c?rculo vicioso de la venganza, del odio, de la violencia. De un coraz?n purificado, en paz con Dios y con el pr?jimo, pueden nacer prop?sitos e iniciativas de paz a nivel local, nacional e internacional. A esta obra, a cuya realizaci?n est? llamada toda la comunidad internacional, los cristianos, ciudadanos de pleno derecho, pueden y deben dar su contribuci?n con el esp?ritu de las bienaventuranzas, convirti?ndose as? en constructores de paz y en ap?stoles de reconciliaci?n para el beneficio de toda la sociedad.

Desde hace demasiado tiempo en Oriente Medio perduran los conflictos, las guerras, la violencia, el terrorismo. La paz, que es don de Dios, tambi?n es el resultado de los esfuerzos de los hombres de buena voluntad, de las instituciones nacionales e internacionales, y en particular de los Estados m?s implicados en la b?squeda de la soluci?n de los conflictos. Nunca debemos resignarnos a la falta de paz. La paz es posible. La paz es urgente. La paz es la condici?n indispensable para una vida digna de la persona humana y de la sociedad. La paz es tambi?n el mejor remedio para evitar la emigraci?n de Oriente Medio. ?Invocad la paz sobre Jerusal?n? -nos dice el Salmo (122, 6). Oremos por la paz en Tierra Santa. Oremos por la paz en Oriente Medio, esforz?ndonos para que este don de Dios ofrecido a los hombres de buena voluntad se difunda por el mundo entero.

Otra contribuci?n que los cristianos pueden aportar a la sociedad es la promoci?n de una aut?ntica libertad religiosa y de conciencia, uno de los derechos fundamentales de la persona humana que cada Estado deber?a respetar siempre. En numeroso pa?ses de Oriente Medio existe la libertad de culto, pero no pocas veces el espacio de la libertad religiosa es muy limitado. Ampliar este espacio de libertad es una exigencia para garantizar a todos los que pertenecen a las distintas comunidades religiosas la verdadera libertad de vivir y profesar su fe. Este argumento podr?a ser objeto de di?logo entre los cristianos y los musulmanes, di?logo cuya urgencia y utilidad ha sido ratificada por los Padres sinodales.

Durante los trabajos de la Asamblea se ha subrayado a menudo la necesidad de volver a proponer el Evangelio a las personas que lo conocen poco o que incluso se han alejado de la Iglesia. Se ha evocado muchas veces la urgente necesidad de una nueva evangelizaci?n tambi?n para Oriente Medio. Se trata de un tema muy extendido, sobre todo en los pa?ses de antigua cristianizaci?n. Tambi?n la reciente creaci?n del Pontificio Consejo para la Promoci?n de la Nueva Evangelizaci?n responde a esta profunda exigencia. Por eso, despu?s de haber consultado al episcopado del mundo entero y despu?s de haber escuchado al Consejo Ordinario de la Secretar?a General del S?nodo de los Obispos, he decidido dedicar la pr?xima Asamblea General Ordinaria, en 2012, al siguiente tema: ?Nova evangelizatio ad christianam fidem tradendam - La nueva evangelizaci?n para la transmisi?n de la fe cristiana?.

?Queridos hermanos y hermanas de Oriente Medio! Que la experiencia de estos d?as os asegure que no est?is nunca solos, que os acompa?an siempre la Santa Sede y toda la Iglesia, la cual, nacida en Jerusal?n, se ha extendido por Oriente Medio y despu?s por el mundo entero. Encomendamos la aplicaci?n de los resultados de la Asamblea Especial para Oriente Medio, as? como la preparaci?n de la General Ordinaria, a la intercesi?n de la Beata Virgen Mar?a, Madre de la Iglesia y Reina de la Paz. Am?n.

[Traduccci?n del original italiano distribuida por la Secretar?a General del S?nodo]??


Publicado por verdenaranja @ 22:46  | Habla el Papa
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