Domingo, 07 de noviembre de 2010

ZENIT nos ofrece la homil?a que pronunci?el s?bado 6 de Noviembre de 2010?el Papa durante la Misa celebrada en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela.

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En gallego:

Benqueridos irm?ns en Xesucristo:

Dou gracias a Deus polo don de poder estar aqu?, nesta espl?ndida praza chea de arte, cultura e significado espiritual. Neste Ano Santo, chego como peregrino entre os peregrinos, acompa?ando a tantos deles que ve?en ata aqu? sedentos da fe en Cristo Resucitado. Fe anunciada e transmitida fielmente polos Ap?stolos, como Santiago o Maior, ao que se venera en Compostela desde tempo inmemorial.

[Amad?simos Hermanos en Jesucristo:

Doy gracias a Dios por el don de poder estar aqu?, en esta espl?ndida plaza repleta de arte, cultura y significado espiritual. En este A?o Santo, llego como peregrino entre los peregrinos, acompa?ando a tantos como vienen hasta aqu? sedientos de la fe en Cristo resucitado. Fe anunciada y transmitida fielmente por los Ap?stoles, como Santiago el Mayor, a quien se venera en Compostela desde tiempo inmemorial.]

Agradezco las gentiles palabras de bienvenida de Monse?or Juli?n Barrio Barrio, Arzobispo de esta Iglesia particular, y la amable presencia de Sus Altezas Reales los Pr?ncipes de Asturias, de los Se?ores Cardenales, as? como de los numerosos Hermanos en el Episcopado y el Sacerdocio. Vaya tambi?n mi saludo cordial a los Parlamentarios Europeos, miembros del intergrupo "Camino de Santiago", as? como a las distinguidas Autoridades Nacionales, Auton?micas y Locales que han querido estar presentes en esta celebraci?n. Todo ello es signo de deferencia para con el Sucesor de Pedro y tambi?n del sentimiento entra?able que Santiago de Compostela despierta en Galicia y en los dem?s pueblos de Espa?a, que reconoce al Ap?stol como su Patr?n y protector. Un caluroso saludo igualmente a las personas consagradas, seminaristas y fieles que participan en esta Eucarist?a y, con una emoci?n particular, a los peregrinos, forjadores del genuino esp?ritu jacobeo, sin el cual poco o nada se entender?a de lo que aqu? tiene lugar.

Una frase de la primera lectura afirma con admirable sencillez: ?Los ap?stoles daban testimonio de la resurrecci?n del Se?or con mucho valor? (Hch?4,33). En efecto, en el punto de partida de todo lo que el cristianismo ha sido y sigue siendo no una gesta o un proyecto humano, sino Dios, que declara a Jes?s justo y santo frente a la sentencia del tribunal humano que lo conden? por blasfemo y subversivo; Dios, que ha arrancado a Jesucristo de la muerte; Dios, que har? justicia a todos los injustamente humillados de la historia.

?Testigos de esto somos nosotros y el Esp?ritu Santo, que Dios da a los que le obedecen? (Hch?5,32), dicen los ap?stoles. As? pues, ellos dieron testimonio de la vida, muerte y resurrecci?n de Cristo Jes?s, a quien conocieron mientras predicaba y hac?a milagros. A nosotros, queridos hermanos, nos toca hoy seguir el ejemplo de los ap?stoles, conociendo al Se?or cada d?a m?s y dando un testimonio claro y valiente de su Evangelio. No hay mayor tesoro que podamos ofrecer a nuestros contempor?neos. As? imitaremos tambi?n a San Pablo que, en medio de tantas tribulaciones, naufragios y soledades, proclamaba exultante: ?Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que esa fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros? (2 Co?4,7).

Junto a estas palabras del Ap?stol de los gentiles, est?n las propias palabras del Evangelio que acabamos de escuchar, y que invitan a vivir desde la humildad de Cristo que, siguiendo en todo la voluntad del Padre, ha venido para servir, ?para dar su vida en rescate por muchos? (Mt?20,28). Para los disc?pulos que quieren seguir e imitar a Cristo, el servir a los hermanos ya no es una mera opci?n, sino parte esencial de su ser. Un servicio que no se mide por los criterios mundanos de lo inmediato, lo material y vistoso, sino porque hace presente el amor de Dios a todos los hombres y en todas sus dimensiones, y da testimonio de ?l, incluso con los gestos m?s sencillos. Al proponer este nuevo modo de relacionarse en la comunidad, basado en la l?gica del amor y del servicio, Jes?s se dirige tambi?n a los ?jefes de los pueblos?, porque donde no hay entrega por los dem?s surgen formas de prepotencia y explotaci?n que no dejan espacio para una aut?ntica promoci?n humana integral. Y quisiera que este mensaje llegara sobre todo a los j?venes: precisamente a vosotros, este contenido esencial del Evangelio os indica la v?a para que, renunciando a un modo de pensar ego?sta, de cortos alcances, como tantas veces os proponen, y asumiendo el de Jes?s, pod?is realizaros plenamente y ser semilla de esperanza.

Esto es lo que nos recuerda tambi?n la celebraci?n de este A?o Santo Compostelano. Y esto es lo que en el secreto del coraz?n, sabi?ndolo expl?citamente o sinti?ndolo sin saber expresarlo con palabras, viven tantos peregrinos que caminan a Santiago de Compostela para abrazar al Ap?stol. El cansancio del andar, la variedad de paisajes, el encuentro con personas de otra nacionalidad, los abren a lo m?s profundo y com?n que nos une a los humanos: seres en b?squeda, seres necesitados de verdad y de belleza, de una experiencia de gracia, de caridad y de paz, de perd?n y de redenci?n. Y en lo m?s rec?ndito de todos esos hombres resuena la presencia de Dios y la acci?n del Esp?ritu Santo. S?, a todo hombre que hace silencio en su interior y pone distancia a las apetencias, deseos y quehaceres inmediatos, al hombre que ora, Dios le alumbra para que le encuentre y para que reconozca a Cristo. Quien peregrina a Santiago, en el fondo, lo hace para encontrarse sobre todo con Dios que, reflejado en la majestad de Cristo, lo acoge y bendice al llegar al P?rtico de la Gloria.

Desde aqu?, como mensajero del Evangelio que Pedro y Santiago rubricaron con su sangre, deseo volver la mirada a la Europa que peregrin? a Compostela. ?Cu?les son sus grandes necesidades, temores y esperanzas? ?Cu?l es la aportaci?n espec?fica y fundamental de la Iglesia a esa Europa, que ha recorrido en el ?ltimo medio siglo un camino hacia nuevas configuraciones y proyectos? Su aportaci?n se centra en una realidad tan sencilla y decisiva como ?sta: que Dios existe y que es ?l quien nos ha dado la vida. Solo ?l es absoluto, amor fiel e indeclinable, meta infinita que se trasluce detr?s de todos los bienes, verdades y bellezas admirables de este mundo; admirables pero insuficientes para el coraz?n del hombre. Bien comprendi? esto Santa Teresa de Jes?s cuando escribi?: "S?lo Dios basta".

Es una tragedia que en Europa, sobre todo en el siglo XIX, se afirmase y divulgase la convicci?n de que Dios es el antagonista del hombre y el enemigo de su libertad. Con esto se quer?a ensombrecer la verdadera fe b?blica en Dios, que envi? al mundo a su Hijo Jesucristo, a fin de que nadie perezca, sino que todos tengan vida eterna (cf.?Jn?3,16).

El autor sagrado afirma tajante ante un paganismo para el cual Dios es envidioso o despectivo del hombre: ?C?mo hubiera creado Dios todas las cosas si no las hubiera amado, ?l que en su plenitud infinita no necesita nada? (cf.?Sab?11,24-26). ?C?mo se hubiera revelado a los hombres si no quisiera velar por ellos? Dios es el origen de nuestro ser y cimiento y c?spide de nuestra libertad; no su oponente. ?C?mo el hombre mortal se va a fundar a s? mismo y c?mo el hombre pecador se va a reconciliar a s? mismo? ?C?mo es posible que se haya hecho silencio p?blico sobre la realidad primera y esencial de la vida humana? ?C?mo lo m?s determinante de ella puede ser recluido en la mera intimidad o remitido a la penumbra? Los hombres no podemos vivir a oscuras, sin ver la luz del sol. Y, entonces, ?c?mo es posible que se le niegue a Dios, sol de las inteligencias, fuerza de las voluntades e im?n de nuestros corazones, el derecho de proponer esa luz que disipa toda tiniebla? Por eso, es necesario que Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa; que esa palabra santa no se pronuncie jam?s en vano; que no se pervierta haci?ndola servir a fines que le son impropios. Es menester que se profiera santamente. Es necesario que la percibamos as? en la vida de cada d?a, en el silencio del trabajo, en el amor fraterno y en las dificultades que los a?os traen consigo.

Europa ha de abrirse a Dios, salir a su encuentro sin miedo, trabajar con su gracia por aquella dignidad del hombre que hab?an descubierto las mejores tradiciones: adem?s de la b?blica, fundamental en este orden, tambi?n las de ?poca cl?sica, medieval y moderna, de las que nacieron las grandes creaciones filos?ficas y literarias, culturales y sociales de Europa.

Ese Dios y ese hombre son los que se han manifestado concreta e hist?ricamente en Cristo. A ese Cristo que podemos hallar en los caminos hasta llegar a Compostela, pues en ellos hay una cruz que acoge y orienta en las encrucijadas. Esa cruz, supremo signo del amor llevado hasta el extremo, y por eso don y perd?n al mismo tiempo, debe ser nuestra estrella orientadora en la noche del tiempo. Cruz y amor, cruz y luz han sido sin?nimos en nuestra historia, porque Cristo se dej? clavar en ella para darnos el supremo testimonio de su amor, para invitarnos al perd?n y la reconciliaci?n, para ense?arnos a vencer el mal con el bien. No dej?is de aprender las lecciones de ese Cristo de las encrucijadas de los caminos y de la vida, en el que nos sale al encuentro Dios como amigo, padre y gu?a. ?Oh Cruz bendita, brilla siempre en tierras de Europa!

Dejadme que proclame desde aqu? la gloria del hombre, que advierta de las amenazas a su dignidad por el expolio de sus valores y riquezas originarios, por la marginaci?n o la muerte infligidas a los m?s d?biles y pobres. No se puede dar culto a Dios sin velar por el hombre su hijo y no se sirve al hombre sin preguntarse por qui?n es su Padre y responderle a la pregunta por ?l. La Europa de la ciencia y de las tecnolog?as, la Europa de la civilizaci?n y de la cultura, tiene que ser a la vez la Europa abierta a la trascendencia y a la fraternidad con otros continentes, al Dios vivo y verdadero desde el hombre vivo y verdadero. Esto es lo que la Iglesia desea aportar a Europa: velar por Dios y velar por el hombre, desde la comprensi?n que de ambos se nos ofrece en Jesucristo.

Queridos amigos, levantemos una mirada esperanzadora hacia todo lo que Dios nos ha prometido y nos ofrece. Que ?l nos d? su fortaleza, que aliente a esta Archidi?cesis compostelana, que vivifique la fe de sus hijos y los ayude a seguir fieles a su vocaci?n de sembrar y dar vigor al Evangelio, tambi?n en otras tierras.

En gallego:

Que Santiago, o Amigo do Se?or, acade abundantes bendici?ns para Galicia, para os demais pobos de Espa?a, de Europa e de tantos outros lugares al?n mar onde o Ap?stolo e sinal de identidade cristi? e promotor do anuncio de Cristo.

[Que Santiago, el amigo del Se?or, alcance abundantes bendiciones para Galicia, para los dem?s pueblos de Espa?a, de Europa y de tantos otros lugares allende los mares, donde el Ap?stol es signo de identidad cristiana y promotor del anuncio de Cristo.]

[?Libreria Editrice Vaticana]?


Publicado por verdenaranja @ 18:00  | Habla el Papa
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