Lunes, 08 de noviembre de 2010

ZENIT? pblica el discurso que pronunci? Benedicto XVI el domingo 7 de Noviembre de 2010 en la ceremonia de despedida, en el aeropuerto internacional de El Prat (Barcelona), al concluir su segunda visita apost?lica en Espa?a, en presencia de Sus Majestades, los Reyes de Espa?a, y del primer ministro, Jos? Luis Rodriguez Zapatero.

Majestades,
Se?or Cardenal Arzobispo de Barcelona,
Se?or Cardenal Presidente de la Conferencia Episcopal Espa?ola,
Se?ores Cardenales y Hermanos en el Episcopado,
Se?or Presidente del Gobierno,
Distinguidas Autoridades Nacionales, Auton?micas y Locales,
Queridos hermanos y hermanas,
Amigos todos:?

Much?simas gracias. Desear?a que estas breves palabras pudieran condensar los sentimientos de gratitud que albergo en mi interior al concluir mi visita a Santiago de Compostela y a Barcelona. Much?simas gracias, Majestades, por haber querido estar aqu? presentes. Agradezco las amables palabras que Vuestra Majestad ha tenido la gentileza de dirigirme y que son expresi?n del afecto de este noble pueblo hacia el Sucesor de Pedro. Asimismo, quiero manifestar mi cordial agradecimiento a las Autoridades que nos acompa?an, a los Se?ores Arzobispos de Santiago de Compostela y de Barcelona, al Episcopado espa?ol y a tantas personas que, sin ahorrar sacrificios, han colaborado para que este viaje culmine felizmente. Agradezco vivamente a todos las continuas y delicadas atenciones que han tenido en estos d?as con el Papa, y que ponen de relieve el car?cter hospitalario y acogedor de las gentes de estas tierras, tan cercanas a mi coraz?n.

En Compostela he querido unirme como un peregrino m?s a tantas personas de Espa?a, de Europa y de otros lugares del mundo, que llegan a la tumba del Ap?stol para fortalecer su fe y recibir el perd?n y la paz. Como Sucesor de Pedro, he venido adem?s para confirmar a mis hermanos en la fe. Esa fe que en los albores del cristianismo lleg? a estas tierras y se enraiz? tan profundamente que ha ido forjando el esp?ritu, las costumbres, el arte y la idiosincrasia de sus gentes. Preservar y fomentar ese rico patrimonio espiritual, no s?lo manifiesta el amor de un Pa?s hacia su historia y su cultura, sino que es tambi?n una v?a privilegiada para transmitir a las j?venes generaciones aquellos valores fundamentales tan necesarios para edificar un futuro de convivencia arm?nica y solidaria.

Los caminos que atravesaban Europa para llegar a Santiago eran muy diversos entre s?, cada uno con su lengua y sus particularidades, pero la fe era la misma. Hab?a un lenguaje com?n, el Evangelio de Cristo. En cualquier lugar, el peregrino pod?a sentirse como en casa. M?s all? de las diferencias nacionales, se sab?a miembro de una gran familia, a la que pertenec?an los dem?s peregrinos y habitantes que encontraba a su paso. Que esa fe alcance nuevo vigor en este Continente, y se convierta en fuente de inspiraci?n, que haga crecer la solidaridad y el servicio a todos, especialmente a los grupos humanos y a las naciones m?s necesitadas.

[En catal?n:]

A Barcelona, he tingut el gran goig de dedicar la Bas?lica de la Sagrada Fam?lia, que Gaud? va concebre com una lloan?a en pedra a D?u, i he visitat tamb? una significativa instituci? eclesial de car?cter ben?fico-social. S?n com dos s?mbols en la Barcelona d'avui de la fecunditat d'aquesta mateixa fe, que va marcar tamb? les entranyes d'aquest poble i que, a trav?s de la caritat i de la bellesa del misteri de D?u, contribueix a crear una societat m?s digna de l'home. En efecte, la bellesa, la santedat i l'amor de D?u porten l'home a viure en el m?n amb esperan?a.

[En Barcelona, he tenido la inmensa alegr?a de dedicar la Bas?lica de la Sagrada Familia, que Gaud? concibi? como una alabanza en piedra a Dios, y he visitado tambi?n una significativa instituci?n eclesial de car?cter ben?fico-social. Son como dos s?mbolos en la Barcelona de hoy de la fecundidad de esa misma fe, que marc? tambi?n las entra?as de este pueblo y que, a trav?s de la caridad y de la belleza del misterio de Dios, contribuye a crear una sociedad m?s digna del hombre. En efecto, la belleza, la santidad y el amor de Dios llevan al hombre a vivir en el mundo con esperanza.]

Regreso a Roma habiendo estado s?lo en dos lugares de vuestra hermosa geograf?a. Sin embargo, con la oraci?n y el pensamiento, he deseado abrazar a todos los espa?oles, sin excepci?n alguna, y a tantos otros que viven entre vosotros, sin haber nacido aqu?. Llevo a todos en mi coraz?n y por todos rezo, en particular por los que sufren, y los pongo bajo el amparo materno de Mar?a Sant?sima, tan venerada e invocada en Galicia, en Catalu?a y en los dem?s pueblos de Espa?a. A Ella le pido tambi?n que os alcance del Alt?simo copiosos dones celestiales, que os ayuden a vivir como una sola familia, guiados por la luz de la fe. Os bendigo en el nombre del Se?or. Con su ayuda, nos veremos en Madrid, el a?o pr?ximo, para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud. Adi?s.

[?Libreria Editrice Vaticana]