Lunes, 08 de noviembre de 2010

ZENIT nos? ofrece el texto de la homil?a que el Papa Benedicto XVI pronunci?el d?a 7 de Noviembre de 2010?durante la Misa de dedicaci?n de la iglesia y altar de la Sagrada Familia de Barcelona, que desde hoy es Bas?lica menor.

En catal?n:

Estimats germans i germanes en el Senyor:

?La diada d?avui ?s santa, dedicada a D?u, nostre Senyor; no us entristiu ni ploreu? El goig del Senyor sar? la vostra for?a? (Ne 8, 9-11). Amb aquestes paraules de la primera lectura que hem proclamat vull saludar-vos a tots els qui us trobeu aqu? presents participant en aquesta celebraci?. Adre?o una salutaci? afectuosa a Ses Majestats els Reis d?Espanya, que han volgut acompanyar-nos cordialment. La meva salutaci? agra?da al Senyor Cardenal Llu?s Mart?nez Sistach, Arquebisbe de Barcelona, per les seves paraules de benvinguda i la seva invitaci? a dedicar aquesta Esgl?sia de la Sagrada Fam?lia, suma admirable de t?cnica, d?art i de fe. Saludo tamb? al Cardenal Ricard Maria Carles Gord?, Arquebisbe em?rit de Barcelona, als altres Senyors Cardenals i Germans en l?Episcopat, especialment, al Bisbe auxiliar d?aquesta Esgl?sia particular, com tamb? als nombrosos sacerdots, diaques, seminaristes, religiosos i fidels que participen en aquesta solemne cerim?nia. Tamb? adre?o la meva deferent salutaci? a totes les Autoritats Nacionals, Auton?miques i Locals, com tamb? als membres d?altres comunitats cristianes, que s?han unit al nostre goig i a la nostra lloan?a agra?da a D?u.

[Amad?simos Hermanos y Hermanas en el Se?or:

?Hoy es un d?a consagrado a nuestro Dios; no hag?is duelo ni llor?is? El gozo en el Se?or es vuestra fortaleza? (Neh 8,9-11). Con estas palabras de la primera lectura que hemos proclamado quiero saludaros a todos los que est?is aqu? presentes participando en esta celebraci?n. Dirijo un afectuoso saludo a Sus Majestades los Reyes de Espa?a, que han querido cordialmente acompa?arnos. Vaya mi saludo agradecido al Se?or Cardenal Llu?s Mart?nez Sistach, Arzobispo de Barcelona, por sus palabras de bienvenida y su invitaci?n para la dedicaci?n de esta Iglesia de la Sagrada Familia, admirable suma de t?cnica, de arte y de fe. Saludo igualmente al Cardenal Ricardo Mar?a Carles Gord?, Arzobispo em?rito de Barcelona, a los dem?s Se?ores Cardenales y Hermanos en el Episcopado, en especial, al Obispo auxiliar de esta Iglesia particular, as? como a los numerosos sacerdotes, di?conos, seminaristas, religiosos y fieles que participan en esta solemne ceremonia. Asimismo, dirijo mi deferente saludo a las Autoridades Nacionales, Auton?micas y Locales, as? como a los miembros de otras comunidades cristianas, que se unen a nuestra alegr?a y alabanza agradecida a Dios.]

Este d?a es un punto significativo en una larga historia de ilusi?n, de trabajo y de generosidad, que dura m?s de un siglo. En estos momentos, quisiera recordar a todos y a cada uno de los que han hecho posible el gozo que a todos nos embarga hoy, desde los promotores hasta los ejecutores de la obra; desde los arquitectos y alba?iles de la misma, a todos aquellos que han ofrecido, de una u otra forma, su inestimable aportaci?n para hacer posible la progresi?n de este edificio. Y recordamos, sobre todo, al que fue alma y art?fice de este proyecto: a Antoni Gaud?, arquitecto genial y cristiano consecuente, con la antorcha de su fe ardiendo hasta el t?rmino de su vida, vivida en dignidad y austeridad absoluta. Este acto es tambi?n, de alg?n modo, el punto cumbre y la desembocadura de una historia de esta tierra catalana que, sobre todo desde finales del siglo XIX, dio una pl?yade de santos y de fundadores, de m?rtires y de poetas cristianos. Historia de santidad, de creaci?n art?stica y po?tica, nacidas de la fe, que hoy recogemos y presentamos como ofrenda a Dios en esta Eucarist?a.

La alegr?a que siento de poder presidir esta ceremonia se ha visto incrementada cuando he sabido que este templo, desde sus or?genes, ha estado muy vinculado a la figura de san Jos?. Me ha conmovido especialmente la seguridad con la que Gaud?, ante las innumerables dificultades que tuvo que afrontar, exclamaba lleno de confianza en la divina Providencia: ?San Jos? acabar? el templo?. Por eso ahora, no deja de ser significativo que sea dedicado por un Papa cuyo nombre de pila es Jos?.

?Qu? hacemos al dedicar este templo? En el coraz?n del mundo, ante la mirada de Dios y de los hombres, en un humilde y gozoso acto de fe, levantamos una inmensa mole de materia, fruto de la naturaleza y de un inconmensurable esfuerzo de la inteligencia humana, constructora de esta obra de arte. Ella es un signo visible del Dios invisible, a cuya gloria se alzan estas torres, saetas que apuntan al absoluto de la luz y de Aquel que es la Luz, la Altura y la Belleza misma.

En este recinto, Gaud? quiso unir la inspiraci?n que le llegaba de los tres grandes libros en los que se alimentaba como hombre, como creyente y como arquitecto: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la Liturgia. As? uni? la realidad del mundo y la historia de la salvaci?n, tal como nos es narrada en la Biblia y actualizada en la Liturgia. Introdujo piedras, ?rboles y vida humana dentro del templo, para que toda la creaci?n convergiera en la alabanza divina, pero al mismo tiempo sac? los retablos afuera, para poner ante los hombres el misterio de Dios revelado en el nacimiento, pasi?n, muerte y resurrecci?n de Jesucristo. De este modo, colabor? genialmente a la edificaci?n de la conciencia humana anclada en el mundo, abierta a Dios, iluminada y santificada por Cristo. E hizo algo que es una de las tareas m?s importantes hoy: superar la escisi?n entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza. Esto lo realiz? Antoni Gaud? no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la ra?z de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza. La belleza es tambi?n reveladora de Dios porque, como ?l, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del ego?smo.

Hemos dedicado este espacio sagrado a Dios, que se nos ha revelado y entregado en Cristo para ser definitivamente Dios con los hombres. La Palabra revelada, la humanidad de Cristo y su Iglesia son las tres expresiones m?ximas de su manifestaci?n y entrega a los hombres. ?Mire cada cual c?mo construye. Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, que es Jesucristo? (1 Co?3,10-11), dice San Pablo en la segunda lectura. El Se?or Jes?s es la piedra que soporta el peso del mundo, que mantiene la cohesi?n de la Iglesia y que recoge en unidad final todas las conquistas de la humanidad. En ?l tenemos la Palabra y la presencia de Dios, y de ?l recibe la Iglesia su vida, su doctrina y su misi?n. La Iglesia no tiene consistencia por s? misma; est? llamada a ser signo e instrumento de Cristo, en pura docilidad a su autoridad y en total servicio a su mandato. El ?nico Cristo funda la ?nica Iglesia; ?l es la roca sobre la que se cimienta nuestra fe. Apoyados en esa fe, busquemos juntos mostrar al mundo el rostro de Dios, que es amor y el ?nico que puede responder al anhelo de plenitud del hombre. ?sa es la gran tarea, mostrar a todos que Dios es Dios de paz y no de violencia, de libertad y no de coacci?n, de concordia y no de discordia. En este sentido, pienso que la dedicaci?n de este templo de la Sagrada Familia, en una ?poca en la que el hombre pretende edificar su vida de espaldas a Dios, como si ya no tuviera nada que decirle, resulta un hecho de gran significado. Gaud?, con su obra, nos muestra que Dios es la verdadera medida del hombre. Que el secreto de la aut?ntica originalidad est?, como dec?a ?l, en volver al origen que es Dios. ?l mismo, abriendo as? su esp?ritu a Dios ha sido capaz de crear en esta ciudad un espacio de belleza, de fe y de esperanza, que lleva al hombre al encuentro con quien es la Verdad y la Belleza misma. As? expresaba el arquitecto sus sentimientos: ?Un templo [es] la ?nica cosa digna de representar el sentir de un pueblo, ya que la religi?n es la cosa m?s elevada en el hombre?.

Esa afirmaci?n de Dios lleva consigo la suprema afirmaci?n y tutela de la dignidad de cada hombre y de todos los hombres: ??No sab?is que sois templo de Dios?... El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros? (1 Co?3,16-17). He aqu? unidas la verdad y dignidad de Dios con la verdad y la dignidad del hombre. Al consagrar el altar de este templo, considerando a Cristo como su fundamento, estamos presentando ante el mundo a Dios que es amigo de los hombres e invitando a los hombres a ser amigos de Dios. Como ense?a el caso de Zaqueo, del que se habla en el Evangelio de hoy (cf.?Lc?19,1-10), si el hombre deja entrar a Dios en su vida y en su mundo, si deja que Cristo viva en su coraz?n, no se arrepentir?, sino que experimentar? la alegr?a de compartir su misma vida siendo objeto de su amor infinito.

La iniciativa de este templo se debe a la Asociaci?n de amigos de San Jos?, quienes quisieron dedicarlo a la Sagrada Familia de Nazaret. Desde siempre, el hogar formado por Jes?s, Mar?a y Jos? ha sido considerado como escuela de amor, oraci?n y trabajo. Los patrocinadores de este templo quer?an mostrar al mundo el amor, el trabajo y el servicio vividos ante Dios, tal como los vivi? la Sagrada Familia de Nazaret. Las condiciones de la vida han cambiado mucho y con ellas se ha avanzado enormemente en ?mbitos t?cnicos, sociales y culturales. No podemos contentarnos con estos progresos. Junto a ellos deben estar siempre los progresos morales, como la atenci?n, protecci?n y ayuda a la familia, ya que el amor generoso e indisoluble de un hombre y una mujer es el marco eficaz y el fundamento de la vida humana en su gestaci?n, en su alumbramiento, en su crecimiento y en su t?rmino natural. S?lo donde existen el amor y la fidelidad, nace y perdura la verdadera libertad. Por eso, la Iglesia aboga por adecuadas medidas econ?micas y sociales para que la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo su plena realizaci?n; para que el hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman una familia sean decididamente apoyados por el Estado; para que se defienda la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepci?n; para que la natalidad sea dignificada, valorada y apoyada jur?dica, social y legislativamente. Por eso, la Iglesia se opone a todas las formas de negaci?n de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el ?mbito de la instituci?n familiar.

Al contemplar admirado este recinto santo de asombrosa belleza, con tanta historia de fe, pido a Dios que en esta tierra catalana se multipliquen y consoliden nuevos testimonios de santidad, que presten al mundo el gran servicio que la Iglesia puede y debe prestar a la humanidad: ser icono de la belleza divina, llama ardiente de caridad, cauce para que el mundo crea en Aquel que Dios ha enviado (cf.?Jn?6,29).

Queridos hermanos, al dedicar este espl?ndido templo, suplico igualmente al Se?or de nuestras vidas que de este altar, que ahora va a ser ungido con ?leo santo y sobre el que se consumar? el sacrificio de amor de Cristo, brote un r?o constante de gracia y caridad sobre esta ciudad de Barcelona y sus gentes, y sobre el mundo entero. Que estas aguas fecundas llenen de fe y vitalidad apost?lica a esta Iglesia archidiocesana, a sus pastores y fieles.

En catal?n:

Desitjo, finalment, confiar a l?amorosa protecci? de la Mare de D?u, Maria Santissima, Rosa d?abril, Mare de la Merc?, tots els aqu? presents, i tots aquells que amb paraules i obres, silenci o preg?ria, han fet possible aquest miracle arquitect?nic. Que Ella presenti al seu div? Fill les joies i les penes de tots els qui vinguin en aquest lloc sagrat en el futur, perqu?, com prega l?Esgl?sia en la dedicaci? dels temples, els pobres trobin miseric?rdia, els oprimits assoleixin la llibertat veritable i tots els homes es revesteixin de la dignitat dels fills de D?u. Am?n.

[Deseo, finalmente, confiar a la amorosa protecci?n de la Madre de Dios, Mar?a Sant?sima, Rosa de abril, Madre de la Merced, a todos los que est?is aqu?, y a todos los que con palabras y obras, silencio u oraci?n, han hecho posible este milagro arquitect?nico. Que Ella presente tambi?n a su divino Hijo las alegr?as y las penas de todos los que lleguen a este lugar sagrado en el futuro, para que, como reza la Iglesia al dedicar los templos, los pobres puedan encontrar misericordia, los oprimidos alcanzar la libertad verdadera y todos los hombres se revistan de la dignidad de hijos de Dios. Am?n.]

[?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:30  | Habla el Papa
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