Martes, 09 de noviembre de 2010

Homil?a de monse?or Marcelo Ra?l Martorell, obispo de Puerto Iguaz?, misa del Jubileo de los Docentes con la presencia de todas las instituciones educativas que dependen de la di?cesis (Iglesia catedral, 23 de octubre de 2010). (AICA)

JUBILEO DE LOS DOCENTES

Los docentes y los estudiantes cat?licos de Iguaz? estamos celebrando el Jubileo Diocesano con la alegr?a que significa celebrar 25 a?os de vida diocesana. Y queremos recordar que uno de los principales desaf?os de la Iglesia es formar en la fe y en la raz?n a los que se preparan para vivir, es decir, hacer crecer en el amor a Jesucristo a los ni?os y j?venes, hacerlos crecer en la fe en el evangelio y en el amor a las ciencias de tal modo que sean capaces de enfrentar el desaf?o del mundo que les toca vivir. Fe y raz?n encontrar?n -por el esfuerzo cotidiano- el equilibrio que los capacite para vivir.

Hoy nos toca enfrentar un mundo y una historia que se definen como el tiempo de la postmodernidad, tiempo que conlleva la desestabilizaci?n y la desestructuraci?n de la s?ntesis cultural que ha prevalecido en occidente hasta los tiempos m?s recientes.

La postmodernidad se presenta como un desaf?o y contiene elementos que debemos saber leer. Esta posmodernidad es exponente de los abusos del racionalismo moderno, del formalismo vac?o de las virtudes humanas y cristianas y del autoritarismo de todo tipo. Desgraciadamente el postmodernismo ha roto el equilibrio entre la raz?n, los sentimientos y la fe. Ya no existe lo blanco o lo negro. Existen los desequilibrios de los sentimientos del individualismo: ?ya no pienso, ya no tengo principios, siento y porque siento obro?. La postmodernidad impulsa la desaparici?n de toda "verdad objetiva", de las virtudes personales y sociales, el bien com?n y el accionar comunitario para el "bien objetivo y moral".

En este contexto se encuentra el hombre de hoy, especialmente el ni?o y el joven. Y es por eso que la Iglesia como educadora tiene ante s? un gran desaf?o: armonizar la fe y la raz?n para poder tener una percepci?n equilibrada de la realidad, del mundo que nos dej? Dios como compromiso de construcci?n.

Herbert Marcuse, padre de la revoluci?n postmodernista, se?alaba que toda realidad es una construcci?n social, que la verdad y la realidad no tienen un contenido estable y objetivo. Y a?n m?s: no existen. Para el postmodernismo la realidad es un "algo que hay que interpretar" y en ese contexto toda interpretaci?n -cualquiera sea- tiene un valor equivalente. Se trata, pues, de una hermen?utica individual y sensible, carente de objetiva racionalidad. Se podr?a decir a la luz de esa manera de pensar posmoderna que ?cuando todo es v?lido, nada es estable? y por lo tanto "todo puede ser cambiado", creando una sociedad con normas distintas que sirvan a un modelo determinado por el "momento". As? podr?an cambiarse las estructuras pol?ticas, sociales, religiosas, la estructura del var?n o de la mujer o el lugar del hombre en el mundo. El posmodernismo propone que todo puede ser "deconstruido y construido" o "reconstruido" a voluntad del sujeto y seg?n las transformaciones sociales del momento. A la luz de esta pretensi?n ideol?gica nos damos cuenta por qu? el equilibrio y la estabilidad legal o jur?dica no son permanentes, por qu? las leyes no tienen estabilidad, por qu? la identidad de las personas pueden ser cambiadas y la sexualidad de las mismas pueden proclamarse relativas.

Este es el gran desaf?o cultural frente al cual se encuentra hoy la Iglesia, la escuela y por qu? no el Estado. Y todo esto porque la postmodernidad al exaltar la desestabilizaci?n y la deconstrucci?n destruye todo derecho establecido para el bien com?n y se vuelve contra las leyes de la naturaleza (la ley natural), contra las tradiciones culturales de los pueblos e incluso contra la Revelaci?n Divina. El postmodernismo pretende fundar una nueva ?tica liberal e individualista en la que cada uno tiene derecho a tomar sus propias decisiones y a elegir en nombre de esta nueva ?tica el derecho a tomar decisiones intr?nsecamente malas: considerar como bien el aborto, la homosexualidad, el amor libre, el cambio de identidad y el rol de sexos, la eutanasia, el suicidio asistido, el rechazo de cualquier forma de autoridad leg?tima o jerarqu?a e imponer la tolerancia obligatoria a todas las opiniones. La norma para el posmodernismo es el ?derecho individual a elegir y hacer leg?timo cualquier tipo de sentimiento por m?s irracional que ?ste sea".

El gran reto que se presenta a la escuela, al Estado y a la Iglesia, consiste en fundar una nueva ?tica que se sustente en el amor cristiano, restablecer la cultura del amor que la Iglesia llama "crear una nueva civilizaci?n del amor". Siguiendo las palabras de Jes?s, estamos llamados a evangelizar a trav?s de todos los instrumentos que nos brinda el tiempo en que vivimos, haciendo el esfuerzo en esta cultura de implantar el Evangelio de Jes?s y la ?tica cristiana que de ?l se desprende, para poder frenar esta otra ?tica disociadora de la postmodernidad.

El feroz individualismo de esta nueva ?tica postmoderna genera realidades a las que nos vamos adhiriendo sin darnos cuenta en nuestro af?n de ser "modernos y actuales". As? es que vamos aceptando, ?casi con naturalidad, el desinter?s por el estudio y la formaci?n, la exclusi?n de la educaci?n y del progreso espiritual y cultural, la cultura de la comodidad y del placer hed?nico y desmedido, la aparente relaci?n al amor vac?o de contenido que lleva a un pansexualismo, a la precoz maternidad y finalmente al "aborto" justificado con leyes llenas de incoherencia moral, lleg?ndose a afirmar que con el aborto estamos defendiendo la vida.

Esto debe llevarnos a realizar un vez m?s la profunda confesi?n y convicci?n de que "Jes?s es el Se?or del tiempo y de la historia", profesi?n de fe de la Iglesia y de todas las comunidades eclesiales hermanas. Profesi?n de fe que la escuela cristiana ha defendido y realizado en pos de una sociedad mejor formada y de una cultura coherente con el fin del hombre que es el Bien Supremo.

Podemos afirmar que educar -tarea propia de un maestro- no es simplemente y nunca lo ser? tan s?lo el ?comunicar informaci?n o proporcionar capacitaci?n en diferentes habilidades. La educaci?n no es y nunca lo ser?, algo meramente utilitario. La educaci?n consiste en formar personas que sean ?capaces de vivir en plenitud la vida humana. Se trata de impartir aquella sabidur?a que es capaz de hacer tomar conciencia de la presencia del Creador en la vida.

Jes?s, el Se?or de la historia, quiso vivir como uno de nosotros. Su grandeza infinita de Dios comparti? la peque?ez de nuestras vidas sin tener verg?enza de llamarse hermano nuestro. La eternidad visit? nuestra humanidad haci?ndose hermano, trabajador, miembro de una familia, no s?lo como un hecho hist?rico m?s sino para cambiar la historia toda. El naci? en tiempos de un gran paganismo, de una gran disoluci?n de la sociedad, pero por medio de su mensaje y su vida, entremezclado con los hombres de su tiempo y sus conflictos, vivi? expuesto al rechazo y al dolor hasta sufrir por nuestra transformaci?n y la del mundo entero la violencia, la tortura y la muerte en la Cruz.

Pero el que muri? en la cruz, resucit? haciendo que su se?or?o sobre la historia sea plenitud de vida y de esp?ritu, haciendo eterna su presencia y su mensaje, mensaje que -si queremos salvar a la humanidad- debemos profundizar conoci?ndolo cada vez m?s y llev?ndolo a todos los que amamos, a todos los seres de esta tierra, en especial a los ni?os y a los j?venes.

Este mensaje de fe debemos predicarlo con paciencia en esta historia concreta, pues Jes?s no ha venido a salvarnos "de la historia", sino "en la historia". Nos ense?a la Iglesia que el encuentro con Jes?s y la salvaci?n que ?l nos ofrece se dar?n en el "coraz?n de la vida", en medio de sus circunstancias concretas, conflictos y dolores, controversias y errores, personas concretas y comunidades, grupos violentos y autoritarios y sectas urbanas. Esta es nuestra historia, la cual debe ser visitada por Dios a trav?s nuestro para ser transformada, convirti?ndonos en evangelizadores de una nueva civilizaci?n, la civilizaci?n del amor.

La escuela debe convertirse en un templo en donde la Verdad -que es Dios mismo- sea predicada, vivida y llevada a la familia y a la sociedad. No dejemos de invocar al Esp?ritu Santo para que ?l derrame su dinamismo de amor sobre nosotros, sobre nuestras escuelas y sobre esta historia concreta que debemos transformar, porque sin este dinamismo del Esp?ritu perderemos fuerzas y efectividad en nuestra tarea de maestros y evangelizadores.

Demos gracias a Dios por estos 25 a?os en donde la Iglesia de Iguaz? no dej? nunca de lado este compromiso de fe con el pueblo y su cultura. Am?n.?

Mons. Marcelo Ra?l Martorell, obispo de Puerto Iguaz??


Publicado por verdenaranja @ 22:42  | Homil?as
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