Jueves, 11 de noviembre de 2010

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunci? el?lunes, 25?de Octubre de?2010, al recibir a los participantes en el Simposio Internacional sobre Erik Peterson.

Eminencias,
queridos hermanos en el sacerdocio,
gentiles Se?oras y Se?ores,
queridos amigos,

con gran alegr?a os saludo a todos vosotros que hab?is venid aqu? a Roma con ocasi?n del Simposio internacional sobre Erik Peterson. En particular le doy las gracias a usted, querido cardenal Lehmann, por las cordiales palabras con que ha introducido nuestro encuentro.

Como Usted ha afirmado, esta a?o se celebran los 120 a?os del nacimiento en Hamburgo de este ilustre te?logo; y, casi en este mismo d?a, el 26 de octubre de 1960, Erik Peterson mor?a, siempre en su ciudad natal de Hamburgo. ?l vivi? aqu? en Roma, con su familia, durante algunos periodos a partir de 1930 y despu?s se estableci? en ella desde 1933: primero en el Aventino, cerca de San Anselmo, y, sucesivamente, en las cercan?as del Vaticano, en una casa frente a la Puerta de Santa Ana. Por esto, es para m? una alegr?a particular poder saludar a la familia Peterson presente entre nosotros, los estimados hijos e hijas con sus respectivas familias. En 1990, junto con el cardenal Lehmann, pude entregar a vuestra madre, en vuestro apartamento, con ocasi?n de su 80? cumplea?os, un aut?grafo con la imagen del papa Juan Pablo II, y recuerdo de buen grado este encuentro con vosotros.

"No tenemos aqu? una ciudad estable, sino que vamos en busca de la futura" (Hb 13,14). Esta cita de la Carta a los Hebreos se podr?a poner como lema de la vida de Erik Peterson. En realidad, ?l no encontr? un verdadero lugar en toda su vida, donde poder obtener reconocimiento y morada estable. El inicio de su actividad cient?fica cay? en un periodo de revueltas en la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial. La monarqu?a hab?a ca?do. El orden civil parec?a estar en riesgo ante los disturbios pol?ticos y sociales. Esto se reflejaba tambi?n en el ?mbito religioso, y, de forma particular, en el protestantismo alem?n. La teolog?a liberal hasta ahora predominante, con el propio optimismo del progreso, hab?a entrado en crisis y dejaba espacio a nuevas l?neas teol?gicas enfrentadas entre s?. La situaci?n contempor?nea planteaba un problema existencial al joven Peterson. Con inter?s tanto hist?rico como teol?gico, ?l hab?a ya elegido la materia de sus estudios, como afirma, seg?n la perspectiva de que ?cuando nos quedamos solos con la historia humana, nos encontramos ante un enigma sin sentido" (Eintrag in das Bonner ?Album Professorum" 1926/27, Ausgew?hlte Schriften, Sonderband S. 111). Peterson, lo cito de nuevo, decidi? ?trabajar en el campo hist?rico y afrontar especialmente problemas de historia de las religiones", porque en la teolog?a evang?lica de entonces, no consegu?a ?hacerse camino, entre el c?mulo de opiniones, hasta las cosas en s? mismas" (ibid.). En este camino lleg? cada vez m?s a la certeza de que no hay ninguna historia separada de Dios y de que en esta historia la Iglesia tiene un lugar especial y encuentra su significado. Cito de nuevo: ?Que la Iglesia existe y que est? constituida de un modo del todo particular, depende estrechamente del hecho que (?) hay una determinada historia espec?ficamente teol?gica" (Vorlesung ?Geschichte der Alten Kirche" Bonn 1928, Ausgew?hlte Schriften, Sonderband S.88). La Iglesia recibe de Dios el mandato de conducir a los hombres desde su existencia limitada y aislada a una comuni?n universal, de lo natural a lo sobrenatural, de la fugacidad al final de los tiempos. En su obra sobre los ?ngeles afirma al respecto: ?El camino de la Iglesia conduce de la Jerusal?n terrestre a la celeste, (?) a la ciudad de los ?ngeles y de los santos" (Buch von den Engeln, Einleitung).

El punto de partida de este camino es el car?cter vinculante de la Sagrada Escritura. Seg?n Peterson, la Sagrada Escritura se convierte y es vinculante no en cuanto tal, ella no est? solo en s? misma, sino en la hermen?utica de la Tradici?n apost?lica, que, a su vez, se concreta en la sucesi?n apost?lica y as? la Iglesia mantiene la Escritura en una actualidad viva y al mismo tiempo la interpreta. A trav?s de los obispos, que se encuentran en la sucesi?n apost?lica, el testimonio de la Escritura permanece vivo en la Iglesia y constituye el fundamento para las convicciones de fe permanentemente v?lidas de la Iglesia, que encontramos ante todo en el credo y en el dogma. Estas convicciones se despliegan continuamente en la liturgia como espacio vivido de la Iglesia para la alabanza de Dios. El Oficio divino celebrado en la tierra se encuentra, por tanto, en una relaci?n indisoluble con la Jerusal?n celeste: all? se ofrece a Dios y al Cordero el verdadero y eterno sacrificio de alabanza, del que la celebraci?n terrena es solo la imagen. Quien participa en la Santa Misa se detiene casi en el umbral de la esfera celeste, desde la cual contempla el culto que se realiza entre los ?ngeles y los Santos. En cualquier lugar en el que la Iglesia terrestre entona su alabanza eucar?stica, esta se une a la festiva asamblea celeste, en la cual, en los santos, ya ha llegado una parte de s? misma, y da esperanza a cuantos est?n a?n en camino en esta tierra hacia el cumplimiento eterno.

Quiz?s este es el punto, en el que debo insertar una reflexi?n personal. Descubr? por primera vez la figura de Erik Peterson en 1951. Entonces yo era capell?n en Bogenhausen y el director de la casa editorial local K?sel, el se?or Wild, me dio el volumen, apenas publicado, Theologische Traktate (Tratados teol?gicos). Lo le? con curiosidad creciente y me dej? verdaderamente apasionar por este libro, porque all? estaba la teolog?a que buscaba: una teolog?a, que emplea toda la seriedad hist?rica para comprender y estudiar los textos, analiz?ndolos con toda la seriedad de la investigaci?n hist?rica, y que no les deja quedarse en el pasado, sino que, en su investigaci?n, participa en la autosuperaci?n de la letra, entra en esta autosuperaci?n y se deja conducir por ella y as? entra en contacto con Aquel del que proviene la propia teolog?a: con el Dios vivo. Y as? el hiato entre el pasado, que la filolog?a analiza, y el hoy, es superado es superado por s? mismo, porque la palabra conduce al encuentro con la realidad, y la actualidad entera de lo que est? escrito, que se trasciende a s? misma hacia la realidad, se convierte en viva y operante. As?, de ?l aprend?, de la forma m?s esencial y profunda, qu? es realmente la teolog?a y llegu? a sentir incluso admiraci?n, porque aqu? no dice s?lo lo que piensa, sino que este libro es expresi?n de un camino que era la pasi?n de su vida.

Parad?jicamente, precisamente el intercambio de cartas con Harnack expresa al m?ximo la imprevista atenci?n que Peterson estaba recibiendo. Harnack confirm?, es m?s, hab?a escrito ya con precedencia e independencia, que el principio formal cat?lico seg?n el cual ?la Escritura vive en la Tradici?n y la Tradici?n viven en la forma viviente de la Sucesi?n?, es el principio originario y objetivo, y que el sola Scriptura no funciona. Peterson asumi? esta afirmaci?n del te?logo liberal en toda su seriedad y se dej? sacudir, turbar, doblar, transformar por ella, y as? encontr? el camino a la conversi?n. Y con ello realiz? verdaderamente un paso como Abraham, seg?n cuanto hemos escuchado al inicio de la Carta a los Hebreos: ?No tenemos aqu? una ciudad permanente". ?l pas? de la seguridad de una c?tedra a la incertidumbre, sin morada, y se qued? durante toda su vida privado de una base segura y sin una patria cierta, verdaderamente en camino con la fe y por la fe, en la confianza de que en este estar en camino sin morada, estaba en casa de otra manera y se acercaba cada vez m?s a la liturgia celeste, que le hab?a impresionado.

Por todo esto se comprende que muchos pensamientos y escritos de Peterson quedaron fragmentarios a causa de la situaci?n precaria de su vida, tras la p?rdida de la ense?anza, a ra?z de su conversi?n. Pero a?n debiendo vivir sin la seguridad de un sueldo fijo, se cas? aqu? en Roma y constituy? una familia. Con ello expres? de modo concreto su convicci?n interior de que nosotros, aunque extranjeros ? y ?l lo era de modo particular ? encontramos un apoyo en la comuni?n del amor, y que en el amor mismo hay algo que dura por la eternidad. ?l vivi? este ser extranjero del cristiano. Se hab?a convertido en extranjero en la teolog?a evang?lica y permaneci? extranjero tambi?n en la teolog?a cat?lica, como era entonces. Hoy sabemos que pertenece a ambas, que ambas deben aprender de ?l todo el drama, el realismo y la exigencia existencial y humana de la teolog?a. Erik Peterson, como ha afirmado el cardenal Lehmann, fue ciertamente apreciado y amado por muchos, un autor recomendado en un c?rculo restringido, pero no recibi? el reconocimiento cient?fico que habr?a merecido; habr?a sido, de alguna forma, demasiado pronto. Como he dicho, ?l era aqu? y all? [en la teolog?a cat?lica y en la evang?lica] un extranjero. Por tanto, no se podr? alabar bastante al cardenal Lehmann por haber tomado la iniciativa de publicar las obras de Peterson en una magn?fica edici?n completa, y a la se?ora Nichtwei?, a la que ha confiado esta tarea, que ella lleva a cabo con competencia admirable. As? la atenci?n que se le dirige a trav?s de esta edici?n es m?s que justa, considerando que ahora varias obras han sido traducidas en italiano, franc?s, espa?ol, ingl?s, h?ngaro e incluso en chino. Auguro que con esto se difunda ulteriormente el pensamiento de Peterson, que no se queda en los detalles, sino que tiene siempre una visi?n del conjunto de la teolog?a.

Doy las gracias de coraz?n a todos los presentes por haber venido. Mi agradecimiento particular a los organizadores de este Simposio, sobre todo al cardenal Farina, el patrono de este acontecimiento, y al doctor Giancarlo Caronello. De coraz?n dirijo mis mejores augurios para una discusi?n interesante y estimulante en el esp?ritu de Erik Peterson. Espero abundantes frutos de este Congreso, e imparto a todos vosotros y a cuantos llev?is en el coraz?n la Bendici?n Apost?lica.

[Traducci?n de la versi?n italiana por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:13  | Habla el Papa
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