Viernes, 12 de noviembre de 2010

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el jueves 28 de Octubre de 2010?a los obispos de la regi?n Nordeste 5 de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, a quienes recibi? con ocasi?n de la visita "ad Limina Apostolorum".

Amados Hermanos en el Episcopado,

?Llegue a vosotros la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Se?or Jesucristo? (2 Cor 1, 2). Deseo antes todo agradecer a Dios por vuestro celo y dedicaci?n a Cristo y a su Iglesia que crece en la Regi?n Nordeste 5. Leyendo vuestros informes, puedo darme cuenta de los problemas de car?cter religioso y pastoral, adem?s de humano y social, que ten?is que afrontar diariamente. El cuadro general tiene sus sombres, pero tiene tambi?n se?ales de esperanza, como monse?or Xavier Gilles acaba de referir en el saludo que me ha dirigido, dando rienda suelta a los sentimientos de todos vosotros y de vuestro pueblo.

Como sab?is, en los sucesivos encuentros con las diversas Regiones de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, he hecho hincapi? en los diferentes ?mbitos y respectivos agentes del multiforme servicio evangelizador y pastoral de la Iglesia en vuestra gran Naci?n; hoy, quisiera hablaros de c?mo la Iglesia, en su misi?n de fecundar y fermentar la sociedad humana con el Evangelio, ense?a al hombre su dignidad de hijo de Dios y su vocaci?n a la uni?n con todos los hombres, de los que se desprenden las exigencias de justicia y de paz social, conforme a la sabidur?a divina.

Entretanto, el deber inmediato de trabajar por un orden social justo es propio de los fieles laicos, que como ciudadanos libres y responsables, se empe?an en contribuir a la recta configuraci?n de la vida social, en el respeto de su leg?tima autonom?a y del orden moral natural (cf. Deus caritas est, 29). Vuestro deber como obispos, junto con vuestro clero, es mediar, en cuanto que os compete contribuir a la purificaci?n de la raz?n y al despertar de las fuerzas morales necesarias para la construcci?n de una sociedad justa y fraterna. Cuando, sin embargo, los derechos fundamentales de la persona o la salvaci?n de las almas lo exigieran, los pastores tienen el grave deber de emitir un juicio moral, tambi?n en cuestiones pol?ticas (cf. GS, 76).

Al formular estos juicios, los pastores deben tener en cuenta el valor absoluto de aquellos preceptos morales negativos que declaran moralmente inaceptable la elecci?n de una determinada acci?n intr?nsecamente mala e incompatible con la dignidad humana; tal elecci?n no puede ser redimida por la bondad de cualquier fin, consecuencia o circunstancia. Por tanto, ser?a totalmente falsa e ilusoria cualquier defensa de los derechos humanos pol?ticos, econ?micos y sociales que no incluyeran la en?rgica defensa del derecho a la vida desde la concepci?n hasta la muerte natural (cf. Christifideles laici, 38). Tambi?n como parte de los esfuerzos hacia los m?s d?biles y m?s indefensos, ?hay algo m?s indefenso que un ni?o no nacido o un paciente en estado vegetativo o terminal? Cuando los proyectos pol?ticos contemplan, abierta o veladamente, la descriminalizaci?n del aborto o de la eutanasia, el ideal democr?tico ? que s?lo es verdaderamente tal cuando reconoce y tutela la dignidad de toda la persona humana ? es traicionado en sus bases (cf. Evangelium vit?, 74). Por tanto, queridos hermanos en el Episcopado, al defender la vida ?no debemos temer la oposici?n e impopularidad, rechazando cualquier compromiso y ambig?edad que nos conformen con la mentalidad de este mundo? (ibidem, 82).

Adem?s de eso, para ayudar mejor a los laicos a vivir su compromiso cristiano y socio-pol?tico de un modo unitario y coherente, es ?necesaria ? como os dije en Aparecida ? una catequesis social y una adecuada formaci?n en la doctrina social de la Iglesia, siendo muy ?til para eso el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia? (Discurso inaugural de la V Conferencia General del Episcopado Latino-Americano y del Caribe, 3). Esto significa tambi?n que en determinadas ocasiones, los pastores deben tambi?n recordar a todos los ciudadanos el derecho, que es tambi?n un deber, de usar libremente el proprio voto para la promoci?n del bien com?n (cf. GS, 75).

En este punto, la pol?tica y la fe se tocan. A fe tiene, sin duda, su naturaleza espec?fica de encuentro con el Dios vivo que abre nuevos horizontes mucho m?s all? del ?mbito propio de la raz?n. ?En efecto, sin la correcci?n ofrecida por la religi?n tambi?n la raz?n puede volverse v?ctima de ambig?edades, como sucede cuando es manipulada por la ideolog?a, o pretende ser aplicada de una manera parcial, sin tener en consideraci?n la dignidad de la persona humana? (Viaje Apost?lico al Reino Unido, Encuentro con las autoridades civiles, 17-IX-2010).

S?lo respetando, promoviendo y ense?ando incansablemente la naturaleza trascendente de la persona humana podr? una sociedad ser construida. As?, Dios debe ?encontrar lugar tambi?n en la esfera p?blica, particularmente en las dimensiones cultural, social, econ?mica y particularmente pol?tica? (Caritas in veritate, 56). Por eso, amados Hermanos, uno mi voz a la vuestra en un vivo llamamiento a favor de la educaci?n religiosa, y m?s concretamente de la ense?anza confesional y plural de la religi?n, en la escuela p?blica del Estado.

Quer?a tambi?n recordar que la presencia de s?mbolos religiosos en la vida p?blica es al mismo tiempo recuerdo de la trascendencia del hombre y garant?a de su respeto. Estos tienen un valor particular, en el caso de Brasil, en que la religi?n cat?lica es parte integral de su historia. ?Como no pensar en este momento en la imagen de Jesucristo con los brazos extendidos sobre la bah?a de Guanabara que representa la hospitalidad y el amor con que Brasil siempre supo abrir sus brazos a hombres y mujeres perseguidos y necesitados procedentes de todo el mundo? Fue en esa presencia de Jes?s en la vida brasile?a, como ellos se integraron arm?nicamente en la sociedad, contribuyendo al enriquecimiento de la cultura, al crecimiento econ?mico y al esp?ritu de solidaridad y libertad.

Amados Hermanos, conf?o a la Madre de Dios y nuestra, invocada en Brasil bajo el t?tulo de Nuestra Se?ora Aparecida, estos anhelos de la Iglesia cat?lica en la Tierra de Santa Cruz y de todos los hombres de buena voluntad en defensa de los valores de la vida humana y de su transcendencia, junto con las alegr?as y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres y mujeres de la provincia eclesi?stica de Maranh?o. A todos coloco bajo Su materna protecci?n, y a vosotros y a vuestro pueblo concedo mi Bendici?n Apost?lica.

[Traducci?n del portugu?s por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:54  | Habla el Papa
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