S?bado, 13 de noviembre de 2010

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el jueves 28 de Octubre de 2010?a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias, a quienes recibi? en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apost?lico.

Eminencia,
Excelencias,
Distinguidos Se?ores y Se?oras.

Estoy contento de saludarles a todos vosotros aqu? presentes con motivo de la Sesi?n Plenaria de la Pontificia Academia de las Ciencias, para reflexionar sobre ?La herencia cient?fica del siglo XX?. Saludo particularmente al obispo Marcelo S?nchez Sorondo, Canciller de la Academia. Aprovecho esta oportunidad tambi?n para recordar con afecto y gratitud al profesor Nicola Cabibbo, vuestro llorado presidente. Con todos vosotros, encomiendo su noble alma a Dios, Padre de las misericordias.

La historia de la ciencia en el siglo XX est? marcada por indudables logros y avances importantes. Por desgracia, la imagen popular de la ciencia del siglo XX se caracteriza a veces de forma diversa, por dos elementos extremos. Por un lado, la ciencia es considerada por algunos como una panacea, demostrado por los notables logros del siglo pasado. De hecho, sus innumerables avances han sido tan amplios y tan r?pidos que parecen confirmar el punto de vista de que la ciencia puede responder a todas las preguntas sobre la existencia del hombre, e incluso sus m?s altas aspiraciones. Por otro lado, est?n aquellos que temen a la ciencia y que se distancian de ella, debido a desarrollos preocupantes como la construcci?n y el terrible uso de las armas nucleares.

La ciencia, por supuesto, no se define por cualquiera de estos extremos. Su tarea fue y sigue siendo un paciente y con todo apasionada b?squeda de la verdad sobre el cosmos, la naturaleza y sobre la constituci?n del ser humano. En esta b?squeda, ha habido muchos ?xitos y fracasos, triunfos y reveses. La evoluci?n de la ciencia ha sido a la vez edificante, como cuando fueron descubiertos la complejidad de la naturaleza y sus fen?menos, superando nuestras expectativas; y humilde, como cuando algunas de las teor?as que pens?bamos que pod?an haber explicado los fen?menos de una vez por todas se demostraban solo parciales. Sin embargo, incluso los resultados a?n provisionales constituyen una contribuci?n real para revelar la correspondencia entre el intelecto y la realidad natural, en el que las generaciones posteriores pueden basarse para seguir construyendo.

Los progresos realizados en el conocimiento cient?fico durante el siglo XX, en todas sus diversas disciplinas, ha dado lugar a una mayor concienciaci?n sobre el lugar que el hombre y el planeta ocupan en el universo. En todas las ciencias, el denominador com?n sigue siendo la idea de la experimentaci?n como un m?todo organizado para la observaci?n de la naturaleza. En el ?ltimo siglo, el hombre ciertamente avanzado m?s ? aunque no siempre en el conocimiento de s? mismo y de Dios, pero s? ciertamente en su conocimiento del macro y microcosmos ? que en toda la historia de la humanidad. Nuestro encuentro aqu? hoy, queridos amigos, es una prueba de la estima de la Iglesia hacia la investigaci?n cient?fica en curso y de su gratitud por la labor cient?fica, que ella alienta y de la que se beneficia. En nuestros d?as, los cient?ficos se dan cuenta cada vez m?s de la necesidad de estar abierto a la filosof?a si se quiere descubrir el fundamento l?gico y epistemol?gico de su metodolog?a y sus conclusiones. Por su parte, la Iglesia est? convencida de que la actividad cient?fica en ?ltima instancia, se beneficia del reconocimiento de la dimensi?n espiritual del hombre y de su b?squeda de respuestas definitivas que permitan el reconocimiento de un mundo que existe independientemente de nosotros, que no entienden completamente y que s?lo podemos comprender en la medida en que aprehendamos su l?gica inherente. Los cient?ficos no crean el mundo, sino que aprenden de ?l y tratar de imitarlo, a trav?s de las leyes y la inteligibilidad que la naturaleza nos manifiesta. La experiencia del cient?fico como ser humano es, pues, la de percibir una constante, una ley, un logos que no ha creado pero que en cambio, ha observado: de hecho, nos lleva a admitir la existencia de una raz?n todopoderosa, que es distinta de la del hombre, y que sostiene el mundo. Este es el punto de encuentro entre las ciencias naturales y la religi?n. Como resultado, la ciencia se convierte en un lugar de di?logo, un encuentro entre el hombre y la naturaleza y, potencialmente, incluso entre el hombre y su Creador.

Al mirar hacia el siglo XXI, me gustar?a proponer dos ideas para una reflexi?n m?s profunda. En primer lugar, a medida que el aumento de los logros de las ciencias acrecientan nuestra maravilla frente a la complejidad de la naturaleza, se percibe cada vez m?s la necesidad de un enfoque interdisciplinario ligado con la reflexi?n filos?fica. En segundo lugar, los logros cient?ficos en este nuevo siglo deber?an ser siempre guiados por el sentido de la fraternidad y la paz, ayudando a resolver los grandes problemas de la humanidad, y dirigir los esfuerzos de todos hacia el verdadero bien del hombre y el desarrollo integral de los pueblos del mundo. El resultado positivo de la ciencia del siglo XXI seguramente depender? en gran medida de la capacidad del cient?fico de buscar la verdad y de aplicar los descubrimientos de una manera que va de la mano con la b?squeda de lo que es justo y bueno. Con estos sentimientos, os invito a dirigir vuestra mirada hacia Cristo, la Sabidur?a increada, y reconocer en su rostro, el Logos del Creador de todas las cosas. Renovandoos mis mejores deseos para vuestro trabajo, os imparto mi Bendici?n Apost?lica.

[Traducci?n del ingl?s por Inma ?lvarez
? Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:39  | Habla el Papa
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