Domingo, 14 de noviembre de 2010

ZENIT? publica el art?culo que ha escrito monse?or Francisco Gil Hell?n, arzobispo de Burgos, ante la inminencia de la celebraci?n de los fieles difuntos.

La muerte, ?tragicomedia o realidad esperanzada?

Nosotros celebramos el cumplea?os el d?a de nuestro nacimiento. Y, cuando se pregunta a los feudos por la fecha de nacimiento del familiar difunto, remiten tambi?n a ese d?a. La Iglesia, en cambio, procede de otro modo. Para ella, "el d?a del nacimiento" de sus hijos -el?dies natalis- es el d?a de la muerte. Eso explica que cuando declara que alguno de ellos es?santo,?fija su celebraci?n el d?a de su muerte, no el de su nacimiento.

Este modo de proceder no es una rareza ni un af?n de singularizarse, sino que responde a la idea que ella tiene de la muerte. La Iglesia es consciente de que el hombre, como todos los seres vivos de la tierra, cambia con el paso de los a?os, envejece y, al final, siente en su carne la muerte corporal. Pero ella, a diferencia de quienes tienen una concepci?n materialista del mundo y del hombre, profesa que la muerte no es el final del hombre sino el final de su etapa terrena y de su peregrinaci?n por este mundo. Es el final del caminar terreno pero no el final de nosotros mismos, de nuestro ser: nuestra alma es inmortal y nuestro cuerpo est? llamado a la resurrecci?n al final de los tiempos.

La concepci?n que la Iglesia tiene de la muerte es, pues, profundamente esperanzada. Me atrever?a a decir que es incluso gozosa. Ella no ve en la muerte una tragedia que nos destruye y sepulta en el reino de la nada, sino la puerta que nos abre a una nueva vida; vida que no tendr? fin. Por eso, el m?ximo enigma de la vida humana, que es la muerte, queda iluminado con la certeza de una eternidad con Dios. Apoyada en esta certeza cre? muchos usos y pr?cticas funerarias. Por ejemplo, sustituy? el t?rmino "necr?polis" -"ciudad de los muertos"- que encontr? en el ?mbito del imperio grecorromano, por el de "cementerio" o "dormitorio". En esa perspectiva lleg? a sustituir el mismo t?rmino "muerte" por el de "sue?o". Las personas no se mor?an sino que se dorm?an.

Por esa misma raz?n trat? con gran respeto a los cad?veres. Algunas de esas muestras perduran hasta el d?a de hoy, como la de rociarlos con agua bendita y perfumarlos con incienso. La misma costumbre de inhumar y no quemar los cad?veres arranca de esta misma concepci?n antropol?gica. De hecho, aunque hoy permite la cremaci?n de los cad?veres, sin embargo exige que esa elecci?n no se haga por razones contrarias a la fe cristiana, a la cabeza de las cuales se encuentra la resurrecci?n de los muertos.

Esta idea de la vida y de la muerte del hombre es una fuente inagotable de consuelo. Una esposa o una madre, por ejemplo, dicen a su c?nyuge o a su hijo mas que "adi?s", "hasta luego" o "hasta pronto", sabedores de que un d?a volver?n a encontrarse. El ramo de flores que depositamos en la tumba de nuestros antepasados, expresa nuestro convencimiento de que ellos perviven y de que nosotros nos sentimos unidos a ellos con v?nculos real?simos. Lo mismo ocurre con el di?logo que tantas veces mantenemos con ellos: no es un sentimentalismo vano, sino que responde a una realidad muy profunda.

La comuni?n de vida, afectos y creencias que hemos mantenido en la vida, no se destruyen sino que se subliman; por eso, rezamos por nuestros difuntos y por eso rezamos a nuestros difuntos. Esta comuni?n es particularmente intensa en la celebraci?n de la Eucarist?a, pues en ella nos unimos con v?nculos especiales todos los que somos miembros de Cristo, con independencia de que peregrinemos todav?a en este mundo o hayan llegado ya al final?y se purifiquen o gocen de la visi?n de Dios.

La muerte no es nunca una comedia. Menos todav?a, una tragicomedia. Para quienes creemos en Jesucristo una puerta de fe y esperanza que nos introduce en el encuentro definitivo con ?l y con todos los que hemos estado unidos aqu? abajo. S?lo por esto vale la pena ser cristiano.


Publicado por verdenaranja @ 20:23  | Hablan los obispos
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