Jueves, 18 de noviembre de 2010

Mensaje de monse?or Ram?n A. Dus, obispo de Reconquista, con motivo de la Solemnidad de todos los santos y Conmemoraci?n de los fieles difuntos (1-2 de noviembre de 2010). (AICA)

LA MUERTE, LA GLORIA Y LA MEMORIA

Todav?a estamos sorprendidos e impresionados por el fallecimiento del ex presidente Nestor Kirschner. Seguimos orando por su eterno descanso, y por su familia, en especial por la Presidenta de los argentinos Cristina Fern?ndez.

Sea por este motivo, pero tambi?n hechos luctuosos que en la regi?n y en el pa?s nos conmueven y en particular la Conmemoraci?n de los fieles difuntos, el 2 de noviembre, viene a la memoria un pensamiento sobre la verdad de nuestro destino de seres humanos. La Conmemoraci?n de nuestros seres queridos que han partido nos trae la nostalgia de su presencia, y tambi?n la conciencia que un d?a hemos de partir.

La muerte sella la verdad de nuestros l?mites.

Agradecidos a la Vida, por el don inmerecido que gozamos, todos igualmente sentimos el impulso de aprovecharla en el modo m?s digno y fecundo.

Seguramente por esto la tradici?n cristiana coloc? antes del recuerdo de nuestros muertos y de nuestro destino final, la fiesta, o mejor la solemnidad de todos los santos (el 1 de novmiembre).

Los santos, aunque a veces desconocidos para su tiempo, son y han sido cristianos que supieron vivir, muriendo a s? mismos. Supieron vivir su existencia impregn?ndola de amor, de bondad y de un entrega transformadora. Una entrega transformadora de s? mismos y de su medio social por las obras que emprendieron y que les sobrevivien.

O tal vez, y quiz?s mejor y simplemente sea por la obra de su misma vida hecha ofrenda que hace v?lido todo gesto que emprendieron.

Santo es el que ama.

Santo puede ser quienquiera que escuche esa voz interior que lo estimula a la bondad, y se deja guiar por ella.

Santidad es hacer luminosa la vida. Es encontrar una raz?n alegre para emprender cada ma?ana la tarea propia, esa que depende especialmente de m?: esa vocaci?n ?ntima.

Santidad es mantenernos ?ntegros y coherentes en los valores a pesar de todo.

Es no dejarnos corromper por favores, intereses o ventajas.

Es perseverar en la honestidad para romper el c?rculo vicioso de los peque?as o grandes actos de corrupci?n.

Entonces, as?, aunque a veces luchando y sufriendo, la vida entusiasma, para gastarla y hacerla ofrenda, agradecidos al Dios de la Vida.

Por todo esto, la muerte, entonces, a?n con su cuota de temor que infunde, se puede transformar, se transforma en la puerta de la gloria. (Puerta de la gloria en Dios, para entrar en el gozo del Se?or; y tambi?n la muerte es? y puede ser puerta de la gloria en la memoria de hombres y mujeres que necesitan de testimonios, para vivir el hero?smo cotidiano).

Que el Se?or no conceda a todos transitar el camino de la historia que construimos cada d?a, con el evang?lico sentido de la entrega; porque de ese modo all?, en el lugar propio donde hoy estamos, nos dignificamos, nos ennoblecemos y porque tambi?n nos necesitamos rec?procamente, en esta ardua tarea, que es justamente vivir.?

Mons. Ram?n A. Dus, obispo de Reconquista?


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