Viernes, 19 de noviembre de 2010

ZENIT? nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunci?el mi?rcoles 3 de Noviembre de 2010?durante la audiencia general celebrada en el Aula Pablo VI del Vaticano, con miles de peregrinos de todo el mundo.

Queridos hermanos y hermanas

con Margarita d'Oingt, de la que quisiera hablaros hoy, nos introducimos en la espiritualidad cartujana, que se inspira en la s?ntesis evang?lica vivida y propuesta por san Bruno. No conocemos su fecha de nacimiento, aunque alguno la coloca en torno a 1240. Margarita proviene de una poderosa familia de nobleza antigua del Lyonnais, los Oingt. Sabemos que la madre se llamaba tambi?n Margarita, que ten?a dos hermanos ? Guiscardo y Luis ? y tres hermanas: Catalina, Isabel e In?s. Esta ?ltima la seguir? al monasterio, en la Cartuja, sucedi?ndole despu?s como priora.

No tenemos noticias sobre su infancia, pero por sus escritos podemos intuir que transcurri? tranquila, en un ambiente familiar afectuoso. De hecho, para expresar el amor sin l?mites de Dios, ella valora mucho im?genes ligadas a la familia, con particular referencia a las figuras del padre y de la madre. En una meditaci?n suya reza as?: ?Muy dulce Se?or, cuando pienso en las especiales gracias que me has hecho por tu solicitud: ante todo, c?mo me custodiaste desde mi infancia y c?mo me sustrajiste del peligro y me llamaste a dedicarme a tu santo servicio, y como prove?ste en todas las cosas que me eran necesarias para comer, beber, vestir y calzar, (y lo hiciste) de tal forma que no tuve ocasi?n de pensar en todas estas cosas sino en tu gran misericordia? (Margherita d?Oingt, Scritti spirituali, Meditazione V, 100, Cinisello Balsamo 1997, p. 74).

Siempre en sus meditaciones, intuimos que entr? en la Cartuja de Poleteins en respuesta a la llamada del Se?or, dejando todo y aceptando la severa regla cartujana, para ser totalmente del Se?or, para estar siempre con ?l. Ella escribe: ?Dulce Se?or, yo dej? a mi padre y a mi madre y a mis hermanos y todas las cosas de este mundo por tu amor; pero esto es poqu?simo, porque las riquezas de este mundo no son sino espinas que pinchan; y cuantas m?s se poseen m?s se es infortunado. Y por esto me parece no haber dejado otra cosa que miseria y pobreza; pero tu sabes, dulce Se?or, que si yo poseyera mil mundos y pudiese disponer de ellos a mi placer, lo abandonar?a todo por amor tuyo; e incluso si tu me dieses todo lo que posees en el cielo y en la tierra, no me considerar?a saciada hasta que no te tuviese a ti, porque tu eres la vida de mi alma, no tengo ni quiero tener padre y madre fuera de ti? (ibid., Meditazione II, 32, p. 59).

Tambi?n de su vida en la Cartuja tenemos pocos datos. Sabemos que en 1288 se convirti? en su cuarta priora, cargo que mantuvo hasta su muerte, que tuvo lugar el 11 de febrero de 1310. De sus escritos, con todo, no se desprenden giros particulares en su itinerario espiritual. Ella concibe toda la vida como un camino de purificaci?n hasta la configuraci?n plena a Cristo. ?l es el libro que se escribe, que incide diariamente en el propio coraz?n y en la propia vida, en particular su pasi?n salvadora. En la obra Speculum, Margarita, refiri?ndose a s? misma en tercera persona, subraya que por gracia del Se?or ?hab?a grabado en su coraz?n la santa vida que Dios Jesucristo llev? en la tierra, sus buenos ejemplos y su buena doctrina. Ella hab?a puesto tan bien al dulce Jesucristo en su coraz?n que le parec?a incluso que ?ste le estuviese presente y que tuviese un libro cerrado en su mano, para instruirla? (ibid., I, 2-3, p. 81). ?En este libro ella encontraba escrita la vida que Jesucristo llev? en la tierra, desde su nacimiento hasta su ascensi?n al cielo? (ibid., I, 12, p. 83).

Cada d?a, desde la ma?ana, Margarita se dedica al estudio de este libro. Y, cuando lo ha mirado bien, comienza a leer el libro en su propia conciencia, que muestra las falsedades y las mentiras de su propia vida (cfr ibid., I, 6-7, p. 82); escribe de s? misma para ayudar a los dem?s y para fijar m?s profundamente en su propio coraz?n la gracia de la presencia de Dios, es decir, para hacer que cada d?a su existencia est? marcada por la confrontaci?n con las palabras y las acciones de Jes?s, con el Libro de la vida de ?l. Y esto para que a vida de Cristo sea impresa en su alma de forma estable y profunda, hasta poder ver el Libro en su interior, es decir, hasta contemplar el misterio de Dios Trinidad (cfr ibid., II, 14-22; III, 23-40, p. 84-90).

A trav?s de sus escritos, Margarita nos ofrece algunos resquicios sobre su espiritualidad, permiti?ndonos captar algunos rasgos de su personalidad y de sus dotes de gobierno. Es una mujer muy culta; escribe habitualmente en lat?n, la lengua de los eruditos, pero escribe tambi?n en franco-provenzal y tambi?n esto es una rareza: sus escritos son, as?, los primeros, de los que se tiene memoria, redactados en esta lengua. Vive una existencia rica en experiencias m?sticas, descritas con sencillez, dejando intuir el inefable misterio de Dios, subrayando los l?mites de la mente para aprehenderlo y la inadecuaci?n de la lengua humana para expresarlo. Tiene una personalidad lineal, sencilla, abierta, de dulce carga afectiva, de gran equilibrio y agudo discernimiento, capaz de entrar en las profundidades del esp?ritu humano, de descubrir sus l?mites, sus ambig?edades, pero tambi?n sus aspiraciones, la tensi?n del alma hacia Dios. Muestra una destacada aptitud para el gobierno, conjugando su profunda vida espiritual m?stica con el servicio a las hermanas y a la comunidad. En este sentido, es significativo un pasaje de una carta a su padre. Escribe: ?Mi dulce padre, os comunico que me encuentro tan ocupada a causa de las necesidades de nuestra casa, que no me es posible aplicar el esp?ritu en buenos pensamientos; de hecho, tengo tanto que hacer que no s? de qu? lado volverme. No hemos recogido trigo en el s?ptimo mes del a?o y nuestras vi?as han sido destruidas por la tempestad. Adem?s, nuestra iglesia se encuentra en tan malas condiciones que nos vemos obligados a reconstruirla en parte? (ibid., Lettere, III, 14, p. 127).

Una monja cartuja dibuja as? la figura de Margarita: ?A trav?s de su obra se revela una personalidad fascinante, de inteligencia viva, orientada hacia la especulaci?n y, al mismo tiempo, favorecida por gracias m?sticas: en una palabra, una mujer santa y sabia que sabe expresar con un cierto humorismo una afectividad del todo espiritual? (Una Monaca Certosina, Certosine, en Dizionario degli Istituti di Perfezione, Roma 1975, col. 777). En el dinamismo de la vida m?stica, Margarita valora la experiencia de los afectos naturales, purificados por la gracia, como medio privilegiado para comprender m?s profundamente y secundar con m?s prontitud y ardor la acci?n divina. L motivo reside en el hecho de que la persona humana es creada a imagen de Dios, y por ello es llamada a construir con Dios una maravillosa historia de amor, dej?ndose implicar totalmente por su iniciativa.

El Dios Trinidad, el Dios amor que se revela en Cristo le fascina, y Margarita vive una relaci?n de amor profundo hacia el Se?or y, por contraste, ve la ingratitud humana hasta la vileza, hasta la paradoja de la cruz. Ella afirma que la cruz de Cristo es parecida a la mesa del parto. El dolor de Jes?s es comparado con el de una madre. Escribe: ?La madre que me llev? en el seno sufri? fuertemente, al darme a luz, durante un d?a o una noche, pero tu, dulc?simo Se?or, por mi fuiste atormentado no una noche o un d?a, sino durante m?s de treinta a?os [?]; ?cu?n amargamente sufriste por causa m?a durante toda la vida! Y cuando lleg? el momento del parto, tu trabajo fue tan doloroso que tu santo sudor se convirti? como en gotas de sangre que se derramaban por todo tu cuerpo hasta el suelo? (ibid., Meditazione I, 33, p. 59). Margarita, evocando los relatos de la pasi?n, contempla estos dolores con profunda compasi?n. Dice: ?Tu fuiste depositado en el duro lecho de la cruz, de forma que no pod?as moverte o girarte o agitar tus miembros como suele hacer un hombre que sufre un gran dolor, porque fuiste completamente extendido y te fueron clavados los clavos [?] y [?] fueron lacerados todos tus m?sculos y tus venas. [?] Pero todos estos dolores [?] a?n no te bastaban, tanto que quisiste que tu costado fuese abierto por la lanza tan cruelmente que tu d?cil cuerpo fuese totalmente arado y desgarrado; y tu sangra brotaba con tanta violencia que formaba un largo camino, casi como si fuese una gran corriente?. Refiri?ndose a Mar?a afirma: ?No era de maravillarse que la espada que te deshizo el cuerpo penetrara tambi?n en el coraz?n de tu gloriosa madre que tanto quer?a sostenerte [?] porque tu amor fue superior a todos los dem?s amores? (ibid., Meditazione II, 36-39.42, p 60s).

Queridos amigos, Margarita d?Oingt nos invita a meditar diariamente la vida de dolor y de amor de Jes?s y de su Madre, Mar?a. Aqu? est? nuestra esperanza, el sentido de nuestro existir. De la contemplaci?n del amor de Cristo por nosotros nacen la fuerza y la alegr?a de responder con el mismo amor, poniendo nuestra vida al servicio de Dios y d los dem?s. Con Margarita decimos tambi?n nosotros: ?Dulce Se?or, todo lo que realizaste, por amor m?o y de todo el g?nero humano, me lleva a amarte, pero el recuerdo de tu sant?sima pasi?n da un vigor sin igual a mi potencia de afecto para amarte. Por eso me parece [?] haber encontrado lo que tanto he deseado: no amar otra cosa que a ti o en ti o por amor a ti? (ibid., Meditazione II, 46, p. 62).

A primera vista esta figura de cartuja medieval, como toda su vida, su pensamiento, parecen muy lejanos de nosotros, de nuestra vida, de nuestra forma de pensar y actuar. Pero se miramos a lo esencial de esta vida, vemos que nos afecta tambi?n a nosotros y que deber?a ser esencial tambi?n en nuestra propia existencia.

Hemos escuchado que Margarita consider? al Se?or como un libro, fij? la mirada en el Se?or, lo consider? como un espejo en el que aparece tambi?n su propia conciencia. Y de este espejo entr? luz en su alma: dej? entrar a la palabra, la vida de Cristo en su propio ser y as? fue transformada; su conciencia fue iluminada, encontr? criterios, luz y fue limpiada. Precisamente de esto necesitamos tambi?n nosotros: dejar entrar las palabras, la vida, la luz de Cristo en nuestra conciencia para que sea iluminada, comprenda lo que es verdadero y bueno y lo que est? mal; que sea iluminada y limpiada nuestra conciencia. La basura no est? s?lo en distintas calles del mundo. Hay basura tambi?n en nuestras conciencias y en nuestras almas. S?lo la luz del Se?or, su fuerza y su amor es el que nos limpia, nos purifica y nos da el camino recto. Por tanto sigamos a santa Margarita en esta mirada hacia Jes?s. Leamos en el libro de su vida, dej?monos iluminar y limpiar, para aprender la vida verdadera. Gracias.

[En espa?ol dijo]

Saludo a los grupos de lengua espa?ola, en particular a los peregrinos de Alcobendas, as? como a los dem?s fieles provenientes de Espa?a, M?xico y otros pa?ses latinoamericanos. Os invito a que me acompa??is con vuestra ferviente oraci?n durante el pr?ximo fin de semana, en el que realizar? una visita pastoral a Santiago de Compostela, uni?ndome as? a los peregrinos que llegan hasta los pies del Ap?stol en este A?o Santo. Ir? tambi?n a Barcelona, donde tendr? la alegr?a de dedicar el maravilloso templo de la Sagrada Familia, obra del genial arquitecto Antoni Gaud?. Voy como testigo de Cristo Resucitado, con el deseo de llevar a todos su Palabra, en la que pueden encontrar luz para vivir con dignidad y esperanza para construir un mundo mejor.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:30  | Habla el Papa
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