S?bado, 20 de noviembre de 2010

Homil?a de monse?or Luis T. St?ckler, obispo de Quilmes, para el 31? domingo durante el a?o (31 de octubre de 2010. (AICA)

DIOS AMA LA VIDA???????????????

La visita de Jes?s a la casa de Zaqueo es una hermosa ense?anza de cu?nto Dios nos ama. Alojarse en la casa de un hombre considerado inmoral por los conciudadanos, implicaba exponerse a los mismos prejuicios y ser considerado c?mplice de un explotador que colaboraba con los imperialistas romanos. Pero el que ama es libre y no se deja amedrentar por lo que la gente pueda pensar.? Jes?s responde al deseo ?ntimo de Zaqueo que quer?a ver y conocerlo. Porque las riquezas que hab?a adquirido, probablemente de manera indebida, no pod?an satisfacer su verdadera necesidad como persona. La entrada de Jes?s en su casa y su reconocimiento como un hijo de Abraham le provocaron un cambio profundo. Al recibir al Se?or descubre su propia identidad. Espont?neamente promete compartir sus bienes con los pobres y ?llega as? a ser lo que su nombre ?Zaqueo? significa: ?puro?. ?

Esta escena es un consuelo para todos los que nos hemos equivocado y no estamos conformes con nosotros mismos; y es una interpretaci?n ejemplar de la primera Lectura, que viene del libro de la Sabidur?a. ?Dios ama todo lo que existe y no aborrece nada de lo que ha hecho?. Saber que, a pesar de nuestros yerros, Dios nunca se desentiende de sus criaturas y que podemos decir confiadamente: ?T? eres indulgente con todos, ya que todo es tuyo, Se?or que amas la vida?, nos preserva de caer en la desesperaci?n. Si no nos damos cuenta de nuestra real situaci?n, el Se?or nos reprende poco a poco y nos amonesta record?ndonos los pecados, para que nos apartemos del mal y creamos en ?l. ?Si reconocemos nuestra fragilidad y acudimos al lugar por donde pasa del Se?or, como lo hizo Zaqueo, ?l entrar? tambi?n en nuestra casa y nos reconoce? como hijos de Abraham. Y al encontrarnos con ?l, descubrimos el sentido de nuestra vida.

La misma Palabra nos ense?a a liberarnos de nuestros prejuicios, por los cuales solemos catalogar y descalificar a los dem?s. Alguien que ha tomado conciencia de que Dios lo ama, no necesita compararse con los otros para afirmar su propio valor. El verdadero amor propio se funda en el valor que nos da Dios. Es esto lo que nos ha ense?ado Jes?s. Y el que se valora a s? mismo por sentirse amado por Dios, descubre tambi?n lo que Dios est? obrando en los dem?s, y no resulta entonces dif?cil amar al pr?jimo como a s? mismo. Por el contrario, uno se siente enriquecido por la presencia de los dem?s que son un regalo de Dios para nosotros. El que ama no cierra los ojos sino conoce las limitaciones del otro; pero al saber que es criatura amada por Dios, su mirada se hace m?s profunda y cree en el cambio, si se encuentra con Jes?s.

Esta convicci?n expresamos cada vez que nos acercamos a la mesa eucar?stica. Por eso decimos: ?Se?or, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastar? para sanarme?.?

Mons. Luis T. St?ckler, obispo de Quilmes??


Publicado por verdenaranja @ 22:47  | Homil?as
 | Enviar