Lunes, 22 de noviembre de 2010

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? el viernes 5 de Noviembre de 2010 a los obispos de la Regi?n Este II de la Conferencia Episcopal de Brasil, a quienes recibi? con ocasi?n de su visita ad Limina Apostolorum.

Venerados Hermanos en el Episcopado,

?Que el Dios de la esperanza os llene de alegr?a y de paz en la fe, para que la esperanza sobreabunde en vosotros? (Rm 15, 13) con el fin de guiar a vuestro pueblo a la plenitud de la salvaci?n en Cristo. De coraz?n saludo a todos y cada uno de vosotros, amados Pastores de la Regi?n Sur 2 en visita ad Limina Apostolorum, y agradezco las palabras que me ha dirigido vuestro presidente, monse?or Moacyr, haci?ndose int?rprete de los sentimientos de comuni?n que os unen al Sucesor de Pedro. Por eso os estoy agradecido. Esta casa es tambi?n la vuestra: ?sed bienvenidos! En ella pod?is experimentar la universalidad de la Iglesia de Cristo que se extiende hasta los extremos confines de la tierra.

A su vez, cada una de vuestras Iglesias particulares, queridos obispos, es el generoso punto de llegada de una misi?n universal, el florecimiento ?aqu? y ahora? de la Iglesia universal. En este caso, la justa relaci?n entre ?universal? y ?particular? se verifica no cuando lo universal retrocede ante lo particular, sino cuando lo particular se abre a lo universal y se deja atraer y valorar por ?l. En la idea divina, la Iglesia es una sola: el Cuerpo de Cristo, la Esposa del Cordero, la Jerusal?n de lo Alto, esta Ciudad definitiva que ser?a el objetivo m?s profundo de la creaci?n querida como el lugar donde se realiza la voluntad de Dios y la tierra se vuelve cielo. Os recuerdo estos principios, no porque los ignor?is, sino porque nos ayudan a situar bien a las personas consagradas en la Iglesia. En consecuencia, en ella, la unidad y la pluralidad no solo no se oponen sino que se enriquecen rec?procamente en la medida en que procuran la edificaci?n del ?nico Cuerpo de Cristo, la Iglesia, por medio del ?amor que une a todos en la perfecci?n? (Cl?3, 14).

Porci?n elegida del Pueblo de Dios, los consagrados y consagradas recuerdan hoy ?una planta con muchas ramas, que asienta sus ra?ces en el Evangelio y produce abundantes frutos en cada estaci?n de la Iglesia? (Exhort. ap. Vita consecrata, 5). Siendo la caridad el primer fruto del Esp?ritu (cf. Jl 5, 22) y el mayor de todos los carismas (cf. 1 Cor 12, 31), la comunidad religiosa enriquece a la Iglesia de la que es parte viva, antes de todo con su amor: ama a su Iglesia particular, la enriquece con sus carismas y la abre a una dimensi?n m?s universal. Las delicadas relaciones entre las exigencias pastorales de la Iglesia particular y la especificidad carism?tica de la comunidad religiosa fueron tratadas por el documento Mutuae relationes, del cual est? alejado tanto la idea de aislamiento y de independencia de la comunidad religiosa en relaci?n a la Iglesia particular, como la de su pr?ctica absorci?n en el ?mbito de la Iglesia particular. ?Como la comunidad religiosa no puede actuar independientemente o como alternativa o, menos a?n, contra las directrices y la pastoral de la Iglesia particular, as? la Iglesia particular no puede disponer a su placer, seg?n sus necesidades, de la comunidad religiosa o de algunos de sus miembros? (Doc.?Vida fraterna em comunidade, 60).

Ante la disminuci?n de los miembros en muchos Institutos y su envejecimiento, evidente en algunas partes del mundo, muchos se preguntan si la vida consagrada sea hoy tambi?n una propuesta capaz de atraer a los j?venes y a las j?venes. Bien sabemos, queridos obispos, que las diversas Familias religiosas desde la vida mon?stica hasta las congregaciones religiosas y sociedades de vida apost?lica, desde los institutos seculares hasta las nuevas formas de consagraci?n tuvieron su origen y su historia, pero la vida consagrada como tal tiene su origen en el propio Se?or que escogi? para Si esta forma de vida virgen, pobre y obediente. Por eso la vida consagrada nunca podr? faltar ni morir en la Iglesia: fue querida por el propio Jes?s como parcela irremov?ble de su Iglesia. De aqu? la llamada al compromiso general en la pastoral vocacional: si la vida consagrada es un bien de toda la Iglesia, algo que interesa a todos, tambi?n la pastoral que busca promover las vocaciones a la vida consagrada debe ser un compromiso sentido por todos: obispos, sacerdotes, consagrados y laicos.

Mientras tanto, como afirma el decreto conciliar Perfectae caritatis, ?la conveniente renovaci?n de los Institutos depende sobre todo de la formaci?n de los miembros? (n. 18). Se trata de una afirmaci?n fundamental para toda la forma de vida consagrada. La capacidad formativa de u Instituto, tanto en su fase inicial como en las fases sucesivas, est? en el centro de todo el proceso de renovaci?n. ??Si, en efecto, la vida consagrada es en s? misma una progresiva asimilaci?n de los sentimientos de Cristo, parece evidente que tal camino no podr? sino durar toda la vida, para comprometer toda la persona (...), y hacerla semejante al Hijo que se dona al Padre por la humanidad. Concebida as? la formaci?n, no es s?lo tiempo pedag?gico de preparaci?n a los votos, sino que representa un modo teol?gico de pensar la misma vida consagrada, que es en s? formaci?n nunca terminada, participaci?n en la acci?n del Padre que, mediante el Esp?ritu, infunde en el coraz?n ... los sentimientos del Hijo? (Instr. Caminar desde Cristo, 15).

Por el modo que consider?is m?s oportuno, venerados Hermanos, haced llegar a vuestras comunidades de consagrados y consagradas, independientemente del servicio claustral o apost?lico que est?n desempe?ando, la viva gratitud del Papa, que de todas y todos se acuerda en sus oraciones, recordando en especial a los ancianos y enfermos, a cuantos atraviesan momentos de crisis y de soledad, de quien sufre y se siente confuso y tambi?n de los j?venes y las j?venes que hoy llaman a la puerta de sus Casas y piden entregarse a Jesucristo en la radicalidad del Evangelio. Ahora, invocando el celeste patrocinio de Mar?a, modelo perfecto de consagraci?n a Cristo, os confirmo una vez m?s mi estima fraterna y os concedo, extensiva a todos los fieles confiados a vuestros cuidados pastorales, una propiciadora Bendici?n Apost?lica.

[Traducci?n del portugu?s por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:36  | Habla el Papa
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