Mi?rcoles, 24 de noviembre de 2010

Conferencia introductoria de monse?or Dr. Ram?n Alfredo Dus, obispo de Reconquista y Delegado para los Bienes Culturales de la Iglesia - Comisi?n de Fe y Cultura de la Conferencia Episcopal Argentina, en el II Encuentro Nacional de archiv?stica eclesi?stica (Corrientes, 21 de octubre de 2010). (AICA)

EL ARCHIVISTA: DISC?PULO, CUSTODIO E INT?RPRETE

1. Introducci?n

La memoria de la vida de la Iglesia se conf?a a los archivistas. ?ste se convierte as? en un eslab?n de la par?dosis, de esa tradici?n viva que constituyen y enriquecen todos los cristianos. Archivistas y Tradici?n de la Iglesia vienen a coincidir en sostener tres pilares, o quiz?s mejor, en animar tres funciones b?sicas: conservar, ponderar - determinar la importancia y el peso - del material de esta corriente vital que llega a sus manos, y ser transmisores de la misma.

Es entonces que por lealtad a Cristo, a la Iglesia y a la sociedad, se busca reunir la documentaci?n de los actos administrativos y de gobierno, juntamente con la de los hechos que reflejen la vida del pueblo de Dios, en toda su complejidad.

Adem?s, es importante tambi?n rescatar que el archivista tiene acceso a las motivaciones espec?ficamente religiosas de esos sucesos y por eso su tarea resulta una verdadera misi?n. Esta misi?n es recoger con esmero cualquier informaci?n que pueda ofrecer claves de interpretaci?n aut?ntica del fen?meno religioso. Para ello se hace necesario introducir, o tambi?n dejarse ayudar por personas que muestren, las razones teol?gicas que iluminan el camino espiritual y su reflejo en la sociedad. De tal manera que el tesoro custodiado sirva para orientar con sabidur?a el camino eclesial.

Es as? que por medio de los adecuados instrumentos de descripci?n (inventario, cat?logo especializado, ?ndices, gu?a, etc.) se puede ofrecer a nuestros fieles informaci?n y elementos de juicio para el cumplimiento de su misi?n propia. Se puede ayudar a los pastores a mejor conducir, a fortalecer su misi?n de ense?ar y de santificar al pueblo de Dios; y por otra parte se puede ofrecer un verdadero servicio a los investigadores en su b?squeda de la verdad acerca del misterioso intercambio que expresan las manifestaciones de fe y que terminan plasm?ndose en cultura de un pueblo o de una regi?n. Por esta raz?n, los archivistas al mismo tiempo que sirven de custodios, tienen en su horizonte la posibilidad de operar como int?rpretes de la tradici?n eclesial, que reciben, examinan y trasmiten.??

2. Como Mar?a.

En este oficio, nos hemos reflejado desde el principio de nuestros encuentros de AAEE en Mar?a, la Madre de Dios, que "guardaba todas estas cosas, medit?ndolas en su coraz?n" (Lc 2,19). Y a prop?sito quiero subrayar el t?rmino griego que se traduce en general por ?medit?ndolas? en esta frase. El participio verbal transitivo (symballousa, del verbo symballo) resume toda una actividad reflexiva, que significa ?relacionar, unir, buscar el nexo entre acontecimientos o sucesos que extra?an o suscitan admiraci?n?. Este sentido se refuerza con la acci?n opuesta del verbo diaballo, que se traduce por ?acusar, separar, dividir?.

Imitando la actitud de Mar?a, el archivista est? llamado a retener en su memoria las grandes cosas que Dios hace. Pacientemente las debe ponderar, comparar y relacionar. Los sucesos vividos, a veces ambiguos, o las palabras a veces dif?ciles de comprender, pueden obtener su recta interpretaci?n, descifr?ndolas de ese modo. Esta es la actitud sabia a aprender, a buscar y adquirir. Importantes acontecimientos aparecen a veces enigm?ticos o sorprendentes, por lo cual la tarea de comparar, relacionar, y armonizar extremos aparentemente contrarios o parad?jicos es lo que da particular profundidad a la tarea archiv?stica.

Esta misma actitud es la que permite anclar naturalmente nuestra actividad en la tradici?n b?blica. Como Mar?a transmiti? a la Iglesia naciente lo que hab?a vivido y comprendido a la luz de su fe en continuo crecimiento, el archivista transmite a las generaciones futuras la tradici?n de vida de la Iglesia que recibe y quiera Dios tambi?n enriqueci?ndola.

Si bien la Virgen Mar?a, Madre de Dios se nos presenta a los archivistas como el mejor modelo, tambi?n en las palabras del mismo Jesucristo trasmitidas en los evangelios podemos encontrar la actitud y el esp?ritu para vivir esta vocaci?n y misi?n en la Iglesia.?

3. Como disc?pulo del Reino de Dios.

En el cap?tulo trece de su evangelio, san Mateo ofrece un largo discurso de Jes?s. Es el tercer gran discurso del Maestro en esta obra y se compone de siete par?bolas distribuidas en tres partes: 1) la par?bola del sembrador y su explicaci?n, entre las que se introduce el ?porqu? de par?bolas (13,1-23); 2) la par?bola del trigo y la ciza?a y su explicaci?n, del grano de mostaza y la de la levadura, luego de la cual se explica de nuevo la raz?n de ser de las par?bolas (13,24-43); 3) las ?ltimas son las del tesoro, de la perla y de la red;? (13,44-50). Todas ellas buscan revelar el significado del Reino ya presente en la persona del Hijo de Dios y c?mo participar de ?l.

Los destinatarios de las par?bolas son tanto los disc?pulos como la multitud, pero es fundamental la intencionalidad que los primeros las puedan ?comprender?, la logren entender. La conclusi?n (vv.51-52) es el texto que nos interesa, y en ?l Jes?s mismo pregunta: 51 ??Comprendieron todo esto? ? Le respondieron: ?S??. 52 Entonces, Jes?s les dijo: ?Por eso, todo maestro de la Ley que se ha convertido en disc?pulo del Reino de los cielos se parece al due?o de casa que saca de su tesoro cosas nuevas y antiguas?.

En el contexto del cap?tulo, este pasaje m?s que un simple ap?ndice al discurso representa la culminaci?n del mismo. En primer lugar, por la misma afirmaci?n general: ?todo maestro de la Ley - convertido en disc?pulo del Reino de los cielos?. Esta doble denominaci?n ?maestro de la Ley y disc?pulo del Reino? une dos aspectos b?sicos del que acepta y comprende las ense?anzas de Jes?s. La designaci?n ?maestro de la Ley o tambi?n escriba? pertenece al ?mbito del juda?smo y est? ligado a la ley antigua; y la denominaci?n que se agrega, ?disc?pulo?, es el t?rmino caracter?stico para identificar a los miembros de la comunidad de Jes?s, de su ?iglesia? (cf. Mt 16,18; 18,17). Disc?pulo de Jes?s ser? entonces el que escucha con fe, el que es capaz de aplicarse a ?comprender? con la mente y el coraz?n estas par?bolas. ?Comprenderlas? posibilita entrar en los misterios de Reino (cf. Mt 13,11) y tiene como clave integrar lo recibido con lo nuevo para descubrir ulteriores riquezas a trav?s de ellas (cf. v.52).??

a) Jes?s, maestro de sabidur?a

Antes de analizar este pasaje, subrayamos que las ense?anzas de Jes?s tienen una marcada forma sapiencial. Ya los mismos habitantes de Nazareth desde el inicio se percataron que muchos de sus discursos eran semejantes a los de los sabios, pero lo evaluaron superior a los escribas, porque ense?aba con autoridad y no como ellos (cf. Mt 7,28-29). En par?bolas (cf. Mt 13,34), Jes?s toma pie de las situaciones de la vida popular y del campo, de la vida social concreta y de las mismas manifestaciones religiosas, y las refiere al reino de Dios, a su persona, a su misi?n o a la actitud del que escucha su Palabra. Este perfil sapiencial tambi?n est? presente ya en el serm?n de la monta?a (cf. Mt 5-7), y su sabidur?a suscita admiraci?n:??De d?nde le viene a este esa sabidur?a?? (Mt 13,54). No es como la de los escribas que con habilidad utilizaban el m?todo de la par?bola para explicar textos de la Escritura (AT), y si bien se reconoce que Jes?s tambi?n hace esto, su autoridad se pone manifiesto no s?lo en actualizar y corregir la Escritura, sino tambi?n en ofrecer la novedad que trae su presencia y que anuncia con sus ense?anzas.

Esta sabidur?a del Maestro es la que el evangelista Mateo quiere anunciar y proponer para el disc?pulo de Jes?s. ?ste ser? alguien que est? anclado en la tradici?n (AT) pero que se abre a la novedad haci?ndose disc?pulo del ?que hace nueva todas las cosas? (cf. Apc 21,5), para hacerlo part?cipe y mediador de esa novedad.??

b) An?lisis de Mt 13,52

El ?maestro de la Ley? en el evangelio de Mateo es literalmente un escriba: grammateus. Este oficio implicaba ser erudito, un int?rprete profesional y profesor de las leyes y de la ?tica b?blicas. Un escriba interpretaba las leyes b?blicas o redactaba nuevos textos, bas?ndose en las tradiciones de las leyes orales de sus mayores; deb?a dar cuenta de todos los conocimientos revelados por medio del estudio de las Escrituras y, adem?s ten?a frecuentemente que actuar como consejero de jueces y de quienes administraban las leyes (sacerdotes, gobernantes, o personajes investidos de poder).

En los evangelios se registra mayoritariamente una actitud adversa muy fuerte y pol?mica hacia a ellos, como tambi?n para los fariseos con los que van frecuentemente asociados (cf. Mt 5,20; 12,38; Mc 2,16; 9,14; Lc 5,21.30;11, 53). Sin embargo llama mucho la atenci?n pasajes que expresan una actitud abierta y tambi?n ben?vola: en Mt 8,19 un escriba le dice a Jes?s que lo seguir? donde quiera que vaya; en Mc 12,28.32 un escriba reconoce de Jes?s que es verdad lo que dijo sobre el mandamiento principal. Pablo lo pone en paralelo con el sabio y el erudito al preguntarse: ??D?nde est? el sabio? ?D?nde el escriba? ?D?nde est? el que discute los asuntos de este mundo?? (1Co 1,20).

En Mt 13,52 el escriba se ha convertido en disc?pulo (matheteutheis) del reino de y su figura adquiera un significado ideal: Es ?el doctor jud?o, hecho disc?pulo de Cristo, que posee y administra toda la riqueza de la antigua alianza, aumentada por el perfeccionamiento de la nueva (cf. 13,12). Este elogio del ?escriba cristiano? resume todo el ideal del evangelista Mateo, y bien puede ser su discreta r?brica?. El proverbio ?A quien tiene se le dar? y le sobrar?, pero al quien no tiene, a?n lo que tiene se le quistar? (Mt 13,12) parece indicar en este contexto y en esta l?nea que a las almas bien dispuestas se les dar? adem?s de la Antigua Alianza, el perfeccionamiento de la nueva (cf. Mt 5,17.20), pero a las mal dispuestas se les quitar? a?n lo que tienen.

La comparaci?n a un due?o de casa (oikodespotes) es una figura que en otras par?bolas remite al mismo Dios. Mt 20,1: ?Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario (oikodespotes) que sali? muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su vi?a?. Mt 21,33: ?Escuchen otra par?bola: Un hombre pose?a una tierra (oikodespotes) y all? plant? una vi?a, la cerc?, cav? un lagar y construy? una torre de vigilancia. Despu?s la arrend? a unos vi?adores y se fue al extranjero?.

En el texto que comentamos, la obra particular de este due?o de casa es extraer de sus reservas, el tesoro (thesauros) de su riqueza interior, como lo expresa el mismo evangelista: ?el hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro de bondad; y el hombre malo saca cosas malas de su tesoro de maldad? (Mt 12,35). La coherencia del disc?pulo que custodia la tradici?n en la que fue formado fructifica en una aptitud personal que lo hace fuente de bondad, abierto a la novedad de las palabras de Jes?s. Por otro lado lo capacita para enriquecer esa tradici?n con su sabidur?a propia, extrayendo lo nuevo (kain?) y lo viejo (palai?, Mt 12,52). En resumen ?el vers?culo invita a los disc?pulos a ser tambi?n creadores de nuevas par?bolas?, como el Maestro.

El sentido de novedad tiene todo el peso del que habla san Pablo:?El que vive en Cristo es una nueva criatura; lo antiguo ha desaparecido; lo nuevo (kain?) se ha hecho presente? (2Co 5,17). Ese ?ser nuevo? que ha hecho presente en el escriba disc?pulo lo hace capaz de ser creador a partir de lo recibido, de lo viejo (palai?), produciendo tambi?n ?l algo in?dito, sea en par?bolas, en proverbios o en visiones de la realidad.

Finalmente, este ideal de disc?pulo que presenta el evangelista Mateo se puede comparar con la expresi?n de san Lucas cuando al finalizar la consideraci?n sobre los odres nuevos y el vino nuevo, concluye diciendo: ?el vino a?ejo es mejor...?. Los evangelistas Mateo y Lucas parecen indicarnos que el escriba cristiano, disc?pulo de Jes?s, retiene en s? una capacitaci?n especial: resultan particularmente aptos para lograr una plenitud integral, conectando la tradici?n del AT con la luz y la novedad que trae la presencia de Cristo Mes?as.

Esta presentaci?n a partir de las Sagradas Escrituras sugiere de un modo ideal y motivador la excelencia del oficio del archivista en la Iglesia, sea por la tradici?n en la que se inserta, por la tarea de ser su custodio y tambi?n por el desaf?o de ser su int?rprete.??

4. Un ?mbito a custodiar, ponderar e interpretar

Con este esp?ritu y visi?n del servicio propio, quisiera brevemente remitirme a un campo muy cercano a nuestra vivencia eclesial, digna de hacer constar en nuestros archivos, sean parroquiales o diocesanos.

Este campo se refiere a la devoci?n popular a Mar?a, en nuestra regi?n para rescatar sus valores, sus expresiones y su sentido eclesial propio. Es algo insoslayable el gran polo de atracci?n que ofrece el santuario de Itat? en el NEA, de nuestra Se?ora del Valle en NOA, de la Virgen de Luj?n en la zona bonaerense (para mencionar algunas de las advocaciones que han impregnado el sentir popular y sencillo de nuestras regiones).

Este fen?meno resulta de enorme el inter?s, pues la religiosidad popular debido a los innumerables valores humanos y religiosos que encierra, constituye, en la feliz expresi?n de Puebla, un humanismo cristiano. "La religiosidad del pueblo, en su n?cleo, es un acervo de valores que responde con sabidur?a cristiana a los grandes interrogantes de la existencia. La sapiencia popular cat?lica tiene una capacidad de s?ntesis vital; as? conlleva creadoramente lo divino y lo humano; Cristo y Mar?a; esp?ritu y cuerpo; comuni?n e instituci?n; persona y comunidad; fe y patria; inteligencia y afecto. Esa sabidur?a es un humanismo cristiano que afirma radicalmente la dignidad de toda persona como hijo de Dios, establece una fraternidad fundamental, ense?a a encontrar la naturaleza y a comprender el trabajo y proporciona las razones para la alegr?a y el humor, aun en medio de una vida muy dura. Esa sabidur?a es tambi?n para el pueblo un principio de discernimiento, un instinto evang?lico por el que capta espont?neamente cu?ndo se sirve en la Iglesia al Evangelio y cu?ndo se la vac?a y asfixia con otros intereses".

M?s cercano en el tiempo a nosotros, el valor de la piedad popular mariana ha sido destacada en el Documento de Aparecida (DA), el cual nos permite rescatar sus expresiones, sea la difusi?n de sus im?genes, las peregrinaciones en su honor, las ermitas y lugares de culto, etc., desde la perspectiva del discipulado y la misi?n. Es toda una tarea a concretar a?n en las proyecciones que se pueden evidenciar para una pastoral eclesial actual, y para ofrecer una interpretaci?n genuina y evangelizadora de esta expresi?n de fe. Los textos del Documento de Aparecida invitan a la reflexi?n y suscitan ya categor?as de interpretaci?n que posibilitan actualizar la misi?n del archivista en nuestras comunidades.

En una de sus conclusiones finales exhorta: ?Para convertirnos en una Iglesia llena de ?mpetu y audacia evangelizadora, tenemos que ser de nuevo evangelizados y fieles disc?pulos. Conscientes de nuestra responsabilidad por los bautizados que han dejado esa gracia de participaci?n en el misterio pascual y de incorporaci?n en el Cuerpo de Cristo bajo una capa de indiferencia y olvido, se necesita cuidar el tesoro de la religiosidad popular de nuestros pueblos (...). Todos (...) estamos llamados a recomenzar desde Cristo (...) Solo gracias a ese encuentro y seguimiento (...), por desborde de gratitud y alegr?a, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y salimos a comunicar la vida verdadera, la felicidad y esperanza que nos ha sido dado experimentar? (DA 549).

Tambi?n ?El Santo Padre destac? la rica y profunda religiosidad popular (...) y la present? como el precioso tesoro de la Iglesia cat?lica en Am?rica latina. La religi?n del pueblo latinoamericano es expresi?n de la fe cat?lica. Es un catolicismo popular, profundamente inculturado que contiene la dimensi?n m?s valiosa de la cultura latinoamericana? (DA 258).

El desaf?o interpretativo deber?a encausarse: ?Para el crecimiento de la fe es conveniente aprovechar pedag?gicamente el potencial educativo que encierra la piedad popular mariana? (DA 300).

Pero sobre todo habr?a que darse cuenta que ?Lo que hoy est? en juego no es esa diversidad, que los medios de comunicaci?n tienen la capacidad de individuar y registrar. Lo que se echa de menos es m?s bien la posibilidad de que esta diversidad pueda converger en una s?ntesis, que envolviendo la variedad de sentidos sea capaz de proyectarla en un destino hist?rico com?n. En esto reside el valor incomparable del talante mariano de nuestra religiosidad popular, que bajo distintas advocaciones, ha sido capaz de fundir las historias latinoamericanas diversas en una historia compartida: aquella que conduce a Cristo, Se?or de la vida, en quien se realiza la m?s alta dignidad de nuestra vocaci?n humana? (DA 43).?

5. Conclusi?n

La devoci?n popular a Mar?a es un hecho de la vida de la Iglesia cuya memoria se nos conf?a a los archiveros, como eslab?n de esa par?dosis, de esa tradici?n viva de la Iglesia. Ser de nuevo evangelizados y fieles disc?pulos nos hace conscientes de nuestra responsabilidad y de la necesidad de cuidar el tesoro de la religiosidad popular de nuestro pueblo.

En cuanto a la raz?n teol?gica de la devoci?n mariana el DA objetiva la posibilidad de converger en una s?ntesis nueva que nos proyecte hacia un destino hist?rico com?n, que conduce a Cristo y que dignifica toda vocaci?n humana.

La Virgen Mar?a, Madre de Dios, que se nos presenta a los archiveros como el mejor modelo de nuestra vocaci?n y de nuestra misi?n en la Iglesia, resulta ser tambi?n objeto de nuestra atenci?n archiv?stica. Ella hace que el archivista eclesi?stico pueda ser un verdadero disc?pulo, un custodio celoso y un int?rprete inteligente y sabio de la novedad de Dios que act?a en la vida de cada persona y de los pueblos.?

Mons. Dr. Ram?n Alfredo Dus, obispo de Reconquista

Octubre de 2010

1. Estas consideraciones que inspiran esta exposici?n est?n tomadas de Carrasco Terriza M. J., ?Devoci?n mariana y archivos eclesi?sticos?, Actas del XVI Congreso de la 2. Asociaci?n de Archiveros de la Iglesia en Espa?a, Zaragoza, 11-15 septiembre 2000; Memoria Ecclesiae XXI (Oviedo 2002) pp. 295-352.
3. Cf. M. Gilbert, ?Sabidur?a?, Nuevo Diccionario de Teolog?a Biblica ([dirs. P. Rossano / G. Ravasi / A. Ghirlanda] Madrid 1990) 1717-1718.
4. Ibidem.
5. Al proclamar ?No he venido a abolir sino a dar cumplimiento? (Mt 5,17), Jes?s sentencia con firmeza la validez de la Ley, que ha jugado un rol insustituible en la historia de la salvaci?n, no puede ser desechada sin m?s, sino asumida como parte de la Escritura normativa tambi?n para la Iglesia. Se puede hablar no s?lo de una reivindicaci?n de la Ley, sino de una nueva comprensi?n y revaloraci?n. El disc?pulo de Jes?s no se entiende al margen de lo prescrito por Dios en el Antiguo Testamento, sino que lo recibe con gratitud, como su herencia, para observarla seg?n la clave de lectura del mismo Jes?s (cf. Mt 5,17-19). Las ?ant?tesis? han o?do ustedes que se dijo - pero yo les digo expresan la novedad que rebasa y supera las actitudes exigidas a los israelitas. En su conjunto ilustran la continuidad de las dos etapas de la ?nica historia de salvaci?n (el camino y el cumplimiento), pero, al mismo tiempo, se?alan una superaci?n de la segunda con relaci?n a la primera. Superando tambi?n la interpretaci?n casu?stica de algunos jud?os de su tiempo, Jes?s interioriza y universaliza la Ley a la luz de c?mo su Padre expresa su amor por el ser humano (cf. Mt ,20-48).
6. Lc 5,39: ?Nadie despu?s de haber gustado el vino viejo, quiere el vino nuevo, porque dice: el a?ejo es mejor??.
7. Documento de Puebla 448. Cfr. Evangeli Nuntiandi 48; Catecismo de la Iglesia Cat?lica 1676.

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