Mi?rcoles, 24 de noviembre de 2010

Homil?a de monse?or Andr?s Stanovnik, arzobispo de Corrientes, en la misa del II Encuentro Nacional de Archiv?stica Eclesi?stica (Iglesia Catedral de Corrientes, 22 de octubre de 2010). (AICA)

II ENCUETRO NACIONAL DE ARCHIV?SITICA ECLESI?STICA ???????????

Celebramos esta Eucarist?a en la Iglesia catedral de la arquidi?cesis de Corrientes, donde nos acompa?an los participantes del II Encuentro Nacional de Archiv?stica Eclesi?stica. Son hermanos y hermanas que han venido de numerosas di?cesis del pa?s, con el objetivo de compartir el trabajo que realizan en sus respectivos archivos; para aprovechar mejor los recursos tecnol?gicos aplicados a esa materia; y para profundizar en el significado de este servicio de amor y gratitud a Dios, que en la historia concreta de nuestras Iglesias nos manifiesta su entra?able misericordia de tantas y tan diversas maneras.?

Una se?al extraordinaria de esa misericordia es, para nuestra Iglesia, el Jubileo arquidiocesano. El jubileo cristiano es siempre un tiempo de gozo en el Se?or. En realidad, ?l es nuestro jubileo. El motivo que nos lleva a esa alegre exultaci?n es saber que Dios nos am? primero. Nuestra memoria no ser?a la misma sin esa experiencia. La primera lectura nos da las palabras justas para expresar el gozo jubilar al recordar que Dios nos quiere: ?Vengan a m?, los que me desean, y s?ciense de mis productos! Porque mi recuerdo es m?s dulce que la miel y mi herencia, m?s dulce que un panal? (Edo 24.19). El ?Producto? con may?scula, que sacia de veras y que colma de sentido la existencia humana, es la cruz de Jes?s: en ella est? la sabidur?a de Dios que ilumina el camino de hombre; la memoria de que Dios lo ama, antes de que ?l lo amara (cf. 1Jn 4,10). Si hay algo que no puede faltar en un archivo eclesi?stico, es el signo de la Cruz: ella conserva las huellas vivas del paso del Se?or, su amor entregado hasta el extremo para salvarnos.?

El signo, al que los creyentes recurrimos con mayor frecuencia, es la cruz: ella es se?al de la dulce memoria de ese Dios que nos am? primero y lo hizo entreg?ndose a s? mismo hasta el fin. La condici?n para encontrarse con ?l es aceptar su invitaci?n: ?Vengan a m? todos los que est?n afligidos y agobiados, y yo los aliviar? (...) porque mi yugo es suave y mi carga liviana? (Mt 28,11). En esa invitaci?n est? la verdadera sabidur?a, esa que Mar?a experiment? en toda su profundidad y amplitud desde que escuch? y acept? el anuncio del ?ngel, hasta la muerte y resurrecci?n de Jes?s: ?Ella conservaba estas cosas y las meditaba en su coraz?n? (Lc 2,19). ?Cu?ntas veces tuvo que hacer memoria sobre esos acontecimientos cruciales, para responder siempre de nuevo: ?Yo soy la servidora del Se?or, que se cumpla en mi lo que has dicho?! (Lc 1,38).?

El pueblo de Corrientes y de todo el Noreste, la recuerda y la ama como la ?Tiern?sima Madre de Dios y de los hombres?: ante a ella se descubre hijo y hermano; y con ella se siente pueblo peregrino hacia el Padre. La ternura de Mar?a -ternura fortalecida y madurada junto a la cruz- nos recuerda siempre que abrazada con Jes?s, la cruz se hace ?yugo suave y carga liviana?. As?, esa cruz -dijo hace poco el Santo Padre- ?habla a todos los que sufren -los oprimidos, los enfermos, los pobres, los marginados, las v?ctimas de la violencia- y les ofrece la esperanza de que Dios puede transformar su dolor en alegr?a, su aislamiento en comuni?n, su muerte en vida. Ofrece una esperanza ilimitada a nuestro mundo deca?do?. Pero advirti? tambi?n que ?un mundo sin cruz ser?a un mundo sin esperanza, un mundo donde la tortura y la brutalidad seguir?an siendo salvajes, los d?biles ser?an explotados y la codicia tendr?a la ?ltima palabra. La inhumanidad del hombre contra el hombre se manifestar?a de manera a?n m?s tremenda, y no existir?a la palabra fin al c?rculo mal?fico de la violencia. S?lo la cruz pone fin a ello?.?

En este templo se guarda el le?o hist?rico que representa la Sant?sima Cruz de los Milagros, recordada tambi?n como la Cruz fundacional de Corrientes. En efecto, en el lateral izquierdo del crucero podemos contemplar la santa reliquia que tiene ya m?s de cuatro siglos. La memoria de nuestro pueblo recuerda que en los d?as pr?ximos a la fundaci?n de esta ciudad, un grupo de espa?oles construye una empalizada en las inmediaciones donde est? el actual puente que une las ciudades de Corrientes y Resistencia, y arman una cruz con palos de urunday y la plantan en las cercan?as del fuerte. Los naturales, en n?mero muy superior a los espa?oles, inician un feroz ataque al fuerte y deciden quemar la cruz. Luego de varios intentos, la cruz no entra en combusti?n. Maravillados por el prodigio, deponen las armas y llegan a un acuerdo con los espa?oles. M?s all? de los pormenores que acompa?an los diversos relatos de este acontecimiento, la verdad es que el signo de la cruz est? en el origen del pueblo correntino y, como reza la oraci?n ?Ante la Cruz...?, ella es signo del inmenso amor de Jes?s por nosotros, quien ?cre? con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona, restableciendo la paz, y los reconcili? con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz? (cf. Ef 1,15-16). Si pudi?ramos colocar esta cruz como un pendrive en una computadora, se desplegar?a ante nosotros el maravilloso itinerario de humanidad que estamos llamados a transitar juntos. La Cruz es la clave para abrir el ?archivo? vivo donde se guarda la memoria salv?fica y liberadora de nuestro pueblo, all? est?n ?esas cosas? que Mar?a nos invita a conservar y meditar en nuestro coraz?n.?

La m?stica de servicio, que distingue a los que trabajan en los archivos eclesi?sticos, debe tener una clara dimensi?n eucar?stica. Esa espiritualidad brota de la Eucarist?a como memorial: memorial del sacrificio y del banquete, de donaci?n y de encuentro. Si se menoscabara esa dimensi?n de memorial, se perder?a tambi?n el sentido de servicio y de donaci?n. En ese orden, la contribuci?n que hacemos a la Iglesia dot?ndola de un archivo accesible y ordenado, adquiere una significaci?n y belleza singulares, por cierto muy lejos de ser una actividad de mera conservaci?n. Un archivo accesible y ordenado es como una memoria reconciliada: uno se halla con Dios, consigo mismo y con los dem?s. Que la valiosa tarea que realiza el ENAE de ense?arnos a ordenar la memoria de nuestros archivos eclesi?sticos y de aprender a recorrerlos, se convierta en una nueva oportunidad para fortalecer la amistad con el Se?or Jes?s, celebrarla gozosamente con nuestros hermanos en la Iglesia, y convertirnos en apasionados misioneros y constructores del Reino de los cielos.?

Mons. Andr?s Stanovnik, arzobispo de Corrientes?


Publicado por verdenaranja @ 22:21  | Homil?as
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