Jueves, 25 de noviembre de 2010

ZENIT? nos ofrece el Mensaje que el Papa Benedicto XVI ha hecho llegar al presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, cardenal Angelo Bagnasco, con ocasi?n de la Asamblea Plenaria que se celebra estos d?as de Noviembre en As?s.

Al Venerado Hermano
el cardenal Angelo Bagnasco
Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana

Con este mensaje, que le env?o con ocasi?n de la 62a Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana, quiero hacerme espiritualmente peregrino en As?s, para estar presente y llegar e personalmente donde usted y cada uno de los obispos reunidos, Pastores sol?citos de las amadas Iglesias particulares que est?n en Italia. Vuestra solicitud y vuestro compromiso se manifiestan en el gobierno responsable de las di?cesis y en la cercan?a paterna a los sacerdotes y a las comunidades parroquiales. De ello es signo elocuente la atenci?n al tema de la educaci?n, que hab?is asumido como prioridad en la d?cada que se abre. Las Orientaciones pastorales recientemente publicadas son expresi?n de una Iglesia que, en la escuela de Jesucristo, quiere tomarse en serio la vida entera de cada hombre y, con este fin, busca ?en las experiencias cotidianas el alfabeto para componer las palabras con las que representar al mundo el amor infinito de Dios" (Educare alla vita buona del Vangelo, 3).

1. En estos d?as os hab?is reunido en As?s, la ciudad en la que ?naci? al mundo un sol? (Dante, Paradiso, Canto XI), proclamado por el venerable P?o XII patrono de Italia: san Francisco, que conserva intactas su frescura y su actualidad ? ?los santos no tienen nunca ocaso! ? debidas a su haberse conformado totalmente a Cristo, del que fue icono vivo.

Como el nuestro, tambi?n el tiempo en que vivi? san Francisco estaba marcado por profundas transformaciones culturales, favorecidas por el nacimiento de las universidades, por el crecimiento de los ayuntamientos y por la difusi?n de nuevas experiencias religiosas.

Precisamente en esa ?poca, gracias a la obra del papa Inocencio III ? el mismo del que el Pobrecito de As?s obtuvo el primer reconocimiento can?nico ? la Iglesia puso en marcha una profunda reforma lit?rgica. De ello es expresi?n eminente el Concilio Lateranense IV (1215), que cuenta entre sus frutos con el ?Breviario?. Este libro de oraci?n acog?a en s? la riqueza de la reflexi?n teol?gica y de la vivencia orante del milenio anterior. Adopt?ndolo, san Francisco y sus frailes hicieron propia la oraci?n lit?rgica del Sumo Pont?fice: de este modo, el Santo escuchaba y meditaba asiduamente la Palabra de Dios, hasta hacerla suya y transmitirla despu?s en las oraciones de que fue autor, como en general en todos sus escritos.

El mismo Concilio Lateranense IV, considerando con particular atenci?n el Sacramento del altar, insert? en la profesi?n de fe el t?rmino ?transubstanciaci?n?, para afirmar la presencia real de Cristo en el sacrificio eucar?stico: ?Su cuerpo y su sangre son contenidos verdaderamente en el Sacramento del altar, bajo las especies del pan y del vino, pues el pan es transubstanciado en el cuerpo y el vino en la sangre por el poder divino" (DS, 802).

De la asistencia a la santa Misa y del recibir con devoci?n la santa Comuni?n brota la vida evang?lica de san Francisco y su vocaci?n a recorrer el camino de Cristo Crucificado: ?El Se?or ? leemos en el Testamento de 1226 ? me dio tanta fe en las iglesias, que as? sencillamente rezaba y dec?a: Te adoramos, Se?or Jes?s, en todas las iglesias que hay en el mundo entero y te bendecimos, porque con tu santa cruz redimiste al mundo? (Fuentes Franciscanas, n. 111).

En esta experiencia encuentra su origen tambi?n la gran deferencia que ten?a hacia los sacerdotes y la consigna a los frailes de respetarles siempre y en todo caso, ?porque del alt?simo Hijo de Dios yo no veo otra cosa corporalmente en este mundo, sino el Sant?simo Cuerpo y Sangre suya que ellos solos consagran y que ellos solos administran a los dem?s? (Fuentes Franciscanas, n. 113).

Ante este don, queridos Hermanos, ?qu? responsabilidad de vida se desprende para cada uno de nosotros! "?Cuidad vuestra dignidad, hermanos sacerdotes ? recomendaba Francisco ? y sed santos porque ?l es santo" (Carta al Cap?tulo General y a todos los frailes, en Fuentes Franciscanas, n. 220)! S?, la santidad de la Eucarist?a exige que se celebre y se adore este Misterio conscientes de su grandeza, importancia y eficacia para la vida cristiana, pero exige tambi?n pureza, coherencia y santidad de vida a cada uno de nosotros, para ser testigos vivientes del ?nico Sacrificio de amor de Cristo.

El Santo de As?s no dejaba de contemplar c?mo "el Se?or del universo, Dios e Hijo de Dios, se humill? hasta esconderse, para nuestra salvaci?n, en la poca apariencia del pan" (ibid., n. 221), y con vehemencia ped?a a sus frailes: ?os ruego, m?s que si lo hiciese por m? mismo, que cuando convenga y lo ve?is necesario, supliqu?is humildemente a los sacerdotes para que veneren por encima de todo al Sant?simo Cuerpo y Sangre del Se?or nuestro Jesucristo y los santos nombres y las palabras escritas de ?l que consagran el cuerpo? (Carta a todos los custodios, en Fuentes Franciscanas, n. 241).

2. El aut?ntico creyente, en toda ?poca, experimenta en la liturgia la presencia, la primac?a y la obra de Dios. Esta es veritatis splendor (Sacramentum caritatis, 35), acontecimiento nupcial, pregustaci?n de la ciudad nueva y definitiva y participaci?n en ella; es v?nculo de creaci?n y de redenci?n, cielo abierto sobre la tierra de los hombres, pasaje del mundo a Dios; es Pascua, en la Cruz y en la Resurrecci?n de Jesucristo; es el alma de la vida cristiana, llamada al seguimiento, reconciliaci?n que mueve a la caridad fraterna.

Queridos hermanos en el Episcopado, vuestra reuni?n pone en el centro de los trabajos de la Asamblea el examen de la traducci?n italiana de la tercera edici?n t?pica del Misal Romano. La correspondencia de la oraci?n de la Iglesia (lex orandi) con la regla de la fe (lex credendi) plasma el pensamiento y los sentimientos de la comunidad cristiana, dando forma a la Iglesia, cuerpo de Cristo y templo del Esp?ritu. Ninguna palabra humana puede prescindir del tiempo, incluso cuando, como en el caso de la liturgia, constituye una ventana que se abre m?s all? del tiempo. Dar voz a una realidad perennemente v?lida exige por tanto el sabio equilibrio de continuidad y novedad, de tradici?n y actualizaci?n.

El Misal mismo se coloca dentro de este proceso. Todo verdadero reformador, de hecho, es obediente a la fe: no se mueve de forma arbitraria, ni se arroga discrecionalidad alguna sobre el rito; no es el amo, sino el guardi?n del tesoro instituido por el Se?or y confiado a nosotros. La Iglesia entera est? presente en cada liturgia: adherirse a su forma es condici?n de autenticidad de lo que se celebra.

3. Que esta raz?n os empuje, en las cambiantes condiciones del tiempo, a hacer cada vez m?s transparente y practicable esa misma fe que se remonta a la ?poca de la Iglesia naciente. Es una tarea muy urgente en una cultura que ? como vosotros mismos dec?s ? conoce el ?eclipse del sentido de Dios y la ofuscaci?n de la dimensi?n de la interioridad, la formaci?n incierta de la identidad personal en un contexto plural y fragmentado, las dificultades del di?logo entre generaciones, la separaci?n entre inteligencia y afectividad? (Educare alla vita buona del Vangelo, 9). Estos elementos son el signo de una crisis de confianza en la vida, e influyen de forma relevante en el proceso educativo, en el cual las referencias seguras se hacen fugaces.

El hombre contempor?neo ha invertido muchas energ?as en el desarrollo de la ciencia y de la t?cnica, consiguiendo en estos campos objetivos indudablemente significativos y apreciables. Este progreso, con todo, ha tenido lugar a menudo a costa de los fundamentos del cristianismo, en los cuales se arraiga la historia fecunda del Continente europeo: la esfera moral ha sido confinada al ?mbito subjetivo y Dios, cuando no es negado, es con todo excluido de la conciencia p?blica. Y sin embargo, la persona crece en la medida en que hace experiencia del bien y aprende a distinguirlo del mal, m?s all? del c?lculo que considera ?nicamente las consecuencias de una acci?n individual o que usa como criterio de valoraci?n la posibilidad de realizarla.

Para cambiar la direcci?n no es suficiente con un llamamiento gen?rico a los valores, ni una propuesta educativa que se contente con intervenciones puramente funcionales y fragmentarias. Es necesaria, en cambio, una relaci?n personal de fidelidad entre sujetos activos, protagonistas de la relaci?n, capaces de tomar partido y de poner en juego su propia libertad (cfr?ibid., 26).

Por esta raz?n es de lo m?s oportuna vuestra decisi?n de llamar a la movilizaci?n sobre la responsabilidad educativa a todos aquellos que da importancia a la ciudad de los hombres y al bien de las nuevas generaciones. Esta alianza indispensable no puede sino partir de una nueva proximidad a la familia, que reconozca y apoye su primac?a educativa: es dentro de ella donde se plasma el rostro de un pueblo.

Como Iglesia que vive en Italia, atenta a interpretar lo que sucede en profundidad en el mundo de hoy y, por tanto, a captar las preguntas y los deseos del hombre, renov?is el compromiso a trabajar con disponibilidad a la escucha y al di?logo, poniendo a disposici?n de todos la buena noticia del amor paterno de Dios. Os anima la certeza de que ?Jesucristo es el camino, que conduce a cada uno a la plena realizaci?n de s? mismo seg?n el designio de Dios. Es la verdad, que revela al hombre a s? mismo y le gu?a en el camino de crecimiento en la libertad. Es la vida, porque en ?l todo hombre encuentra el sentido ?ltimo de su existencia y de su acci?n: la plena comuni?n de amor con Dios por la eternidad" (ibid., n. 19).

4. En este camino, os exhorto a valorar la liturgia como fuente perenne de educaci?n a la vida buena del Evangelio. Esta introduce en el encuentro con Jesucristo, que con palabras y obras constantemente edifica a la Iglesia, form?ndola en las profundidades de la escucha, de la fraternidad y de la misi?n. Los ritos hablan por medio de su racionabilidad intr?nseca y educan a una participaci?n consciente, activa y fruct?fera (cfr Sacrosanctum Concilium, n. 11).

Queridos hermanos, alcemos la cabeza y dej?monos mirar en los ojos por Cristo, ?nico Maestro, Redentor del que procede toda responsabilidad nuestra hacia las comunidades que se nos han confiado y de todo hombre. Que Mar?a Sant?sima, con coraz?n de Madre, vele sobre nuestro camino y nos acompa?e con su intercesi?n.

Al renovar mi cercan?a afectuosa y mi aliento fraterno, le imparto de coraz?n a Usted, Venerado Hermano, a los Obispos, a los colaboradores y a todos los presentes mi Bendici?n Apost?lica.

En el Vaticano, 4 de noviembre de 2010?

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:06  | Habla el Papa
 | Enviar