Viernes, 26 de noviembre de 2010

ZENIT? nos ofrece la intervenci?n del Papa Benedicto XVI?en la?ma?ana del mi?rcoles 10 de Noviembre de 2010 durante la Audiencia General, que tuvo dos momentos: un primer saludo, en la Bas?lica de San Pedro, a los peregrinos procedentes de Carpineto Romano y de la Rep?blica Checa, y una segunda parte, en el Aula Pablo VI.

[Dentro de la bas?lica vaticana]

Estoy contento de acogeros y de dirigir a cada uno de vosotros mi cordial bienvenida. En particular os saludo a vosotros, los fieles de Carpineto Romano, llegados aqu? con vuestro pastor monse?or Lorenzo Loppa, para devolverme la visita, breve pero intensa, que tuve la alegr?a de realizar en vuestra tierra, el pasado mes de septiembre, con ocasi?n del bicentenario del nacimiento del papa Le?n XIII. Queridos amigos, deseo renovaros a todos mi vivo agradecimiento por la calurosa acogida que me reservasteis en aquella circunstancia. Pienso en la disponibilidad de las Autoridades civiles, especialmente del alcalde y del Concejo, como tambi?n en el diligente empe?o de vuestro obispo, del p?rroco y de sus colaboradores, especialmente en la preparaci?n de la Celebraci?n eucar?stica, tan bien cuidada y participada. El recuerdo de aquel evento, lleno de significado eclesial y espiritual, reavive en cada uno el deseo de profundizar cada vez m?s la vida de fe, en el surco de las ense?anzas de vuestro ilustre conciudadano el papa Le?n XIII, cuya valiente acci?n pastoral suscit? una renovaci?n providencial del compromiso de los cat?licos en la sociedad.

Queridos amigos, no os cans?is de confiaros a Cristo y de anunciarlo con vuestra vida, en la familia y en cada ambiente. Esto es lo que los hombres, tambi?n hoy, esperan de la Iglesia. Con estos sentimientos os imparto de coraz?n a todos mi bendici?n, que de buen grado extiendo a vuestras familias y a todos vuestros seres queridos.

[En checo dijo]

Os saludo cordialmente a vosotros los peregrinos procedentes de la Rep?blica Checa, llegados aqu? en gran n?mero para devolverme la visita que tuve la alegr?a de realizar en vuestro pa?s el a?o pasado. Queridos amigos, ?sed bienvenidos! Conservo un querido y grato recuerdo de aquel agradable viaje m?o a vuestra hermosa tierra. Pienso en particular en la deferente cortes?a de las distinguidas autoridades; en la calurosa acogida que recib? de los venerados Hermanos en el Episcopado, de los sacerdotes, de las personas consagradas y de todos los fieles, que quisieron expresarme con entusiasmo su fe, en torno al sucesor de Pedro. Me impresion? tambi?n la atenta consideraci?n que me reservaron tambi?n cuantos, aun estando alejados de la Iglesia, est?n con todo en b?squeda de valores humanos espirituales aut?nticos, de los que la misma comunidad cat?lica quiere ser testigo gozoso. Rezo para que el Se?or haga fructificar las gracias de aquel viaje, y auguro que el pueblo cristiano de la Rep?blica Checa prosiga, con renovado empuje, dando por todas partes un valiente testimonio evang?lico. A todos os imparto de coraz?n una especial Bendici?n Apost?lica, extensible a vuestras familias y a toda vuestra patria.

[Posteriormente, en el Aula Pablo VI]

?Queridos hermanos y hermanas!

Hoy quisiera recordar con vosotros el Viaje Apost?lico a Santiago de Compostela y Barcelona, que tuve la alegr?a de realizar el s?bado y el domingo pasados. Me dirig? all? para confirmar en la fe a mis hermanos (cfr Lc 22,32); lo hice como testigo de Cristo resucitado, como sembrador de la esperanza que no desilusiona y no enga?a, porque tiene su origen en el amor infinito de Dios por todos los hombres.

La primera etapa fue Santiago. Desde la ceremonia de bienvenida, pude experimentar el afecto que las gentes de Espa?a nutren hacia el Sucesor de Pedro. Fui acogido verdaderamente con gran entusiasmo y calor. En este A?o Santo Compostelano, he querido hacerme peregrino junto con cuantos, numeros?simos, se han dirigido a ese c?lebre Santuario. Pude visitar la "Casa del Ap?stol Santiago el Mayor", el cual sigue repitiendo, a quien llega all? necesitado de gracia, que en Cristo, Dios vino al mundo para reconciliarlo consigo, no imputando a los hombres sus culpas.

En la imponente catedral de Compostela, dando, con emoci?n, el tradicional abrazo al Santo, pensaba en c?mo este gesto de acogida y amistad es tambi?n un modo de expresar la adhesi?n a su palabra y la participaci?n en su misi?n. Un signo fuerte de la voluntad de conformarse al mensaje apost?lico, el cual por un lado, nos compromete a ser fieles custodios de la Buena Noticia que los Ap?stoles transmitieron, sin ceder a la tentaci?n de alterarla, disminuirla o plegarla a otros intereses, y por otro, nos transforma a cada uno de nosotros en anunciadores incansables de la fe en Cristo, con la palabra y el testimonio de la vida en todos los campos de la sociedad.

Viendo el n?mero de peregrinos presentes en la Santa Misa solemne que tuve la gran alegr?a de presidir en Santiago, meditaba que lo que empuja a tanta gente a dejar las ocupaciones cotidianas y emprender el camino penitencial hacia Compostela, un camino a veces largo y fatigoso: es el deseo de llegar a la luz de Cristo, a quien anhelan en lo profundo de su coraz?n, aunque a menudo no sepan expresarlo bien con las palabras. En los momentos de extrav?o, de b?squeda, de dificultad, como tambi?n en la aspiraci?n a reforzar la fe y a vivir de una forma m?s coherente, los peregrinos en Compostela emprenden un profundo itinerario de conversi?n a Cristo, que asumi? en s? la debilidad, el pecado de la humanidad, las miserias del mundo, llev?ndolas donde el mal ya no tiene poder, donde la luz del bien lo ilumina todo. Se trata de un pueblo de caminantes silenciosos, procedentes de cada parte del mundo, que redescubren la antigua tradici?n medieval y cristiana de la peregrinaci?n, atravesando pueblos y ciudades permeados de catolicismo.

En esa solemne Eucarist?a, vivida por tant?simos fieles presentes con intensa participaci?n y devoci?n, ped? con fervor que cuantos se dirigen en peregrinaci?n a Santiago puedan recibir el don de llegar a ser verdaderos testigos de Cristo, a quien han redescubierto en las encrucijadas de los sugerentes caminos hacia Compostela. Rec? tambi?n para que los peregrinos, siguiendo las huellas de numerosos santos que en el transcurso de los siglos han hecho el "Camino de Santiago", sigan manteniendo vivo su genuino significado religioso, espiritual y penitencial, sin ceder a la banalidad, a la distracci?n, a la modas. Ese camino, entretejido de v?as que surcan vastas tierras formando una red a trav?s de la Pen?nsula Ib?rica y Europa, fue y sigue siendo lugar de encuentro de hombres y mujeres de las m?s diversas procedencias, unidos por la b?squeda de la fe y de la verdad sobre s? mismos, y suscita experiencias profundas de compartir, de fraternidad y de solidaridad.

Es precisamente la fe en Cristo la que da sentido a Compostela, un lugar espiritualmente extraordinario, que sigue siendo punto de referencia para la Europa de hoy en sus nuevas configuraciones y perspectivas. Conservar y reforzar la apertura a lo trascendente, as? como un di?logo fecundo entre fe y raz?n, entre pol?tica y religi?n, entre econom?a y ?tica, permitir? construir una Europa que, fiel a sus imprescindibles ra?ces cristianas, pueda responder plenamente a su propia vocaci?n y misi?n en el mundo. Por ello, seguro de las inmensas posibilidades del continente europeo y confiado en un futuro de esperanza para ?l, invit? a Europa a abrirse cada vez m?s a Dios, favoreciendo as? las perspectivas de un aut?ntico encuentro, respetuoso y solidario, con las poblaciones y las civilizaciones de los dem?s Continentes.

El domingo, despu?s, tuve la alegr?a verdaderamente grande de presidir, en Barcelona, la Dedicaci?n de la iglesia de la Sagrada Familia, que declar? Bas?lica Menor. Al contemplar la grandiosidad y la belleza de ese edificio, que invita a elevar la mirada y el alma hacia lo Alto, hacia Dios, recordaba las grandes construcciones religiosas, como las catedrales del Medioevo, que marcaron profundamente la historia y la fisionom?a de las principales ciudades de Europa. Esa obra espl?ndida opera ? riqu?sima en simbolog?a religiosa, preciosa en el entretejido de las formas, fascinante en el juego de luces y colores ? casi una inmensa escultura en piedra, fruto de la profunda fe, de la sensibilidad espiritual y del talento art?stico de Antoni Gaud?, remite al verdadero santuario, el lugar del culto real, el Cielo, donde Cristo entr? para aparecer ante Dios en nuestro favor (cfr Hb 9,24). El genial arquitecto, en ese magn?fico templo, supo representar admirablemente el misterio de la Iglesia, a la que los fieles son incorporados con el Bautismo como piedras vivas para la construcci?n de un edificio espiritual (cfr 1Pe 2,5).

La iglesia de la Sagrada Familia fe concebida y proyectada por Gaud? como una gran catequesis sobre Jesucristo, como un c?ntico de alabanza al Creador. En ese edificio tan imponente, ?l puso su propia genialidad al servicio de lo bello. De hecho, la extraordinaria capacidad expresiva y simb?lica de las formas y de los motivos art?sticos, como tambi?n las innovadoras t?cnicas arquitect?nicas y esculturales, evocan la Fuente suprema de toda belleza. El famoso arquitecto consider? este trabajo como una misi?n en la que estaba implicada toda su persona. Desde el momento en que acept? el encargo de construcci?n de esa iglesia, su vida fue marcada por un cambio profundo. Emprendi? as? una intensa pr?ctica de oraci?n, ayuno y pobreza, advirtiendo la necesidad de prepararse espiritualmente para lograr expresar en la realidad material el misterio insondable de Dios. Se puede decir que, mientras Gaud? trabajaba en la construcci?n del templo, Dios constru?a en ?l el edificio espiritual (cfr Ef 2,22), reforz?ndolo en la fe y acerc?ndolo cada vez m?s a la intimidad de Cristo. Inspir?ndose continuamente en la naturaleza, obra del Creador, y dedic?ndose con pasi?n a conocer la Sagrada Escritura y la liturgia, supo realizar en el coraz?n de la Ciudad un edificio digno de Dios y, por ello mismo, digno del hombre.

En Barcelona, visit? tambi?n la Obra del "Nen D?u", una iniciativa ultracentenaria, muy ligada a esa archidi?cesis, donde se cuida, con profesionalidad y amor, a ni?os y j?venes discapacitados. Sus vidas son preciosas a los ojos de Dios y nos invitan constantemente a salir de nuestro ego?smo. En esa casa, fui part?cipe de la alegr?a y de la caridad profunda e incondicionada de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones, del generoso trabajo de m?dicos, educadores y de tantos otros profesionales y voluntarios, que trabajan con dedicaci?n encomiable en esa Instituci?n. Tambi?n bendije la primera piedra de una nueva Residencia que formar? parte de esta Obra, donde todo habla de caridad, de respeto de la persona y de su dignidad, de alegr?a profunda, porque el ser humano vale por lo que es, y no solo por lo que hace.

Mientras estaba en Barcelona, rec? intensamente por las familias, c?lulas vitales y esperanza de la sociedad y de la Iglesia. Record? tambi?n a aquellos que sufren, en particular en estos momentos de serias dificultades econ?micas. Tuve presente, al mismo tiempo, a los j?venes ? que me acompa?aron en toda la visita a Santiago y Barcelona con su entusiasmo y su alegr?a ? para que descubran la belleza, el valor y el compromiso del Matrimonio, en el que un hombre y una mujer forman una familia, que con generosidad acoge la vida y la acompa?a desde su concepci?n hasta su t?rmino natural. Todo lo que se haga para apoyar el matrimonio y la familia, para ayudar a las personas m?s necesitadas, todo lo que acrecienta la grandeza del hombre y su dignidad inviolable, contribuye al perfeccionamiento de la sociedad. Ning?n esfuerzo es vano en este sentido.

Queridos amigos, doy gracias a Dios por las jornadas intensas que he transcurrido en Santiago de Compostela y en Barcelona. Renuevo mi agradecimiento al Rey y a la Reina de Espa?a, a los Pr?ncipes de Asturias y a todas las Autoridades. Dirijo una vez m?s mi pensamiento con reconocimiento y afecto a los queridos hermanos arzobispos de esas dos Iglesias particulares y a sus colaboradores, como tambi?n a cuantos se han prodigado generosamente para que mi visita a esas dos maravillosas ciudades fuese fruct?fera. ?Han sido d?as inolvidables, que quedar?n impresos en mi coraz?n! En particular, las dos Celebraciones eucar?sticas, cuidadosamente preparadas e intensamente vividas por todos los fieles, tambi?n a trav?s de los cantos, tomados tanto de la gran tradici?n de la Iglesia, como de la genialidad de autores modernos, fueron momentos de verdadera alegr?a interior. Que Dios recompense a todos, como s?lo ?l sabe hacer; que la Sant?sima Madre de Dios y el Ap?stol Santiago sigan acompa?ando con su protecci?n su camino. El a?o que viene, si Dios quiere, me dirigir? de nuevo a Espa?a, a Madrid, para la Jornada Mundial de la Juventud. Conf?o desde ahora a vuestra oraci?n esta iniciativa providencial para que sea ocasi?n de crecimiento en la fe para tantos j?venes.

[En espa?ol dijo]

Saludo a los peregrinos de lengua espa?ola, invit?ndolos a dar gracias a Dios por el Viaje Apost?lico a Santiago de Compostela y Barcelona. Conservo un inolvidable recuerdo de la amabilidad con la que me acogieron en Compostela Sus Altezas Reales los Pr?ncipes de Asturias y con la que Sus Majestades los Reyes de Espa?a me despidieron en Barcelona. Deseo tambi?n agradecer vivamente a las Autoridades y a las Fuerzas de Seguridad todo el trabajo llevado a cabo con eficacia para que mi estancia en esos lugares se desarrollara felizmente. Reitero mi afectuoso agradecimiento a los Arzobispos de esas dos Iglesias particulares, as? como a quienes numerosos me han acompa?ado con suma cordialidad en los actos celebrados en esas dos emblem?ticas ciudades. Pido al Se?or que bendiga copiosamente a los Pastores y fieles de esas nobles tierras, para que aviven su fe y la transmitan con valent?a, siendo cristianos como ciudadanos y ciudadanos como cristianos. Volver? a Espa?a para la celebraci?n de la Jornada Mundial de la Juventud. De nuevo, muchas gracias a todos los espa?oles.

[En italiano dijo]

Mi pensamiento se dirige ahora a los j?venes, a los enfermos y a los reci?n casados. En la liturgia de ayer celebramos la fiesta de la Dedicaci?n de la Bas?lica de San Juan de Letr?n, caput et mater omnium ecclesiarum. Junto con ella recordamos tambi?n las iglesias en las que se re?nen vuestras comunidades y tambi?n aquellas que esperan a?n ser construidas en Roma y en el mundo. Queridos j?venes, enfermos y esposos cristianos, os exhorto a colaborar con todo el pueblo d Dios y con todos los hombres de buena voluntad a realizar la Casa del Se?or. Sed siempre ?piedras vivas? del edificio espiritual que es la Iglesia, caminando juntos en el servicio al Evangelio, en el ofrecimiento de la oraci?n y en la participaci?n en la caridad.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:00  | Habla el Papa
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