Viernes, 03 de diciembre de 2010

ZENIT?? nos ofrece la catequesis que el Papa realiz?el mi?rcoles 17 de Noviembre de 2010?durante la Audiencia General celebrada en la Plaza de San Pedro con peregrinos procedentes de todo el mundo.

Queridos hermanos y hermanas,

tambi?n esta ma?ana quisiera presentaros a una figura femenina, poco conocida, a la que la Iglesia sin embargo debe un gran reconocimiento, no s?lo por su santidad de vida, sino tambi?n porque, con su gran fervor, ha contribuido a la instituci?n de una de las solemnidades lit?rgicas m?s importantes del a?o, la del Corpus Domini. [En espa?ol m?s conocida como ?Corpus Christi?, n.d.t.]

Se trata de santa Juliana de Cornill?n, conocida tambi?n como santa Juliana de Lieja. Poseemos algunos datos sobre su vida sobre todo a trav?s de una biograf?a, escrita probablemente por un eclesi?stico contempor?neo suyo, en el que se recogen varios testimonios de personas que conocieron directamente a la Santa.

Juliana naci? entre 1191 o 1192 en las cercan?as de Lieja, en B?lgica. Es importante subrayar este lugar, porque en aquel tiempo la di?cesis de Lieja era, por as? decirlo, un verdadero ?cen?culo eucar?stico?. Antes de Juliana, insignes te?logos hab?an ilustrado all? el valor supremo del Sacramento de la Eucarist?a y, siempre en Lieja, hab?a grupos femeninos generosamente dedicados al culto eucar?stico y a la comuni?n ferviente. Guiados por sacerdotes ejemplares, estas viv?an juntas, dedic?ndose a la oraci?n y a las obras caritativas.

Hu?rfana a los 5 a?os de edad, Juliana, junto con su hermana In?s, fue confiada al cuidado de las monjas agustinas del convento-leproser?a de Mont-Cornillon. Fue educada sobre todo por una monja, de nombre Sabidur?a, que sigui? su maduraci?n espiritual, hasta cuando la propia Juliana recibi? el h?bito religioso y se convirti? tambi?n ella en monja agustina. Adquiri? una notable cultura, hasta el punto de que le?a las obras de los Padres de la Iglesia en lengua latina, en particular a san Agust?n y san Bernardo. Adem?s de una vivaz inteligencia, Juliana mostraba, desde el principio, una propensi?n particular por la contemplaci?n; ten?a un sentido profundo de la presencia de Cristo, que experimentaba viviendo de modo particularmente intenso el Sacramento de la Eucarist?a y deteni?ndose a menudo a meditar sobre las palabras de Jes?s: ?He aqu? que yo estoy con vosotros, todos los d?as, hasta el fin del mundo? (Mt 28,20).

A los diecis?is a?os tuvo una primera visi?n, que despu?s se repiti? muchas veces en sus adoraciones eucar?sticas. La visi?n presentaba la luna en su pleno esplendor, con una franja oscura que la atravesaba diametralmente. El Se?or le hizo comprender el significado de lo que se le hab?a aparecido. La luna simbolizaba la vida de la Iglesia en la tierra, la l?nea opaca representaba en cambio la ausencia de una fiesta lit?rgica, para cuya instituci?n se ped?a a Juliana que trabajase de modo eficaz: es decir, una fiesta en la que los creyentes habr?an podido adorar la Eucarist?a para aumentar su fe, avanzar en la pr?ctica de las virtudes y reparar las ofensas al Sant?simo Sacramento.

Durante unos veinte a?os Juliana, que mientras tanto se hab?a convertido en la priora del convento, conserv? en secreto esta revelaci?n, que hab?a llenado de alegr?a su coraz?n. Despu?s se confi? con otras dos fervientes adoradoras de la Eucarist?a, la beata Eva, que llevaba una vida erem?tica, e Isabel, que la hab?a seguido al monasterio de Mont-Cornillon. Las tres mujeres establecieron una especie de ?alianza espiritual?, con el prop?sito de glorificar al Sant?simo Sacramento. Quisieron implicar tambi?n a un sacerdote muy estimado, Juan de Lausana, can?nigo de la iglesia de San Mart?n de Lieja, pidi?ndole que interpelara a te?logos y eclesi?sticos sobre lo que ellas llevaban en el coraz?n. Las respuestas fueron positivas y alentadoras.

Lo que le sucedi? a Juliana de Cornill?n se repite frecuentemente en la vida de los Santos: para tener la confirmaci?n de que una inspiraci?n viene de Dios, es necesario siempre sumirse en la oraci?n, saber esperar con paciencia, buscar la amistad y el acercamiento con otras almas buenas, y someter todo al juicio de los Pastores de la Iglesia. Fue precisamente el Obispo de Lieja, Roberto de Thourotte, quien, despu?s de las dudas iniciales, acogi? la propuesta de Juliana y de sus compa?eras, e instituy?, por primera vez, la solemnidad del Corpus Domini en su di?cesis. M?s tarde, otros obispos le imitaron, estableciendo la misma fiesta en los territorios confiados a sus cuidados pastorales.

A los Santos, con todo, el Se?or les pide a menudo superar pruebas, para que su fe se incremente. Sucedi? tambi?n a Juliana, que tuvo que sufrir la dura oposici?n de algunos miembros del clero y del mismo superior del que depend?a su monasterio. Entonces, por voluntad propia, Juliana dej? el convento de Mont-Cornillon con algunas compa?eras, y durante diez a?o, entre 1248 y 1258, fue hu?sped de varios monasterios de monjas cistercienses. Edificaba a todos con su humildad, no ten?a nunca palabras de cr?tica o de reproche para sus adversarios, sino que segu?a difundiendo con celo el culto eucar?stico. Falleci? en 1258 en Fosses-La-Ville, en B?lgica. En la celda donde yac?a se expuso el Sant?simo Sacramento y, seg?n las palabras de su bi?grafo, Juliana muri? contemplando con un ?ltimo arrebato de amor a Jes?s Eucarist?a, a quien hab?a siempre amado, honrado y adorado.

A la buena causa de la fiesta del Corpus Domini fue conquistado tambi?n Giacomo Pantal?on de Troyes, que hab?a conocido a la Santa durante su ministerio de archidi?cono en Lieja. Fue precisamente ?l quien, llegado a ser Papa con el nombre de Urbano IV, en 1264, quiso instituir la solemnidad del Corpus Domini como fiesta de precepto para la Iglesia universal, el jueves sucesivo a Pentecost?s. En la Bula de instituci?n, titulada Transiturus de hoc mundo (11 de agosto de 1264) el Papa Urbano reevoca con discreci?n tambi?n las experiencias m?sticas de Juliana, avalando su autenticidad, y escribe: ?Aunque la Eucarist?a cada d?a sea solemnemente celebrada, consideramos justo que, al menos una vez al a?o, se haga de ella m?s honrada y solemne memoria. Las dem?s cosas, de hecho, de las que hacemos memoria, las aferramos con el esp?ritu y con la mente, pero no obtenemos por ello su presencia real. En cambio, en esta conmemoraci?n sacramental de Cristo, aunque bajo otra forma, Jesucristo est? presente con nosotros en su propia sustancia. Mientras estaba de hecho a punto de ascender al cielo, dijo: 'He aqu? que yo estoy con vosotros todos los d?as hasta el fin del mundo' (Mt 28,20)?.

En Pont?fice mismo quiso dar ejemplo, celebrando la solemnidad del Corpus Domini en Orvieto, ciudad en la que entonces viv?a. Precisamente por orden suya en la catedral de la ciudad se conservaba ? y se conserva a?n ahora ? el c?lebre corporal con las huellas del milagro eucar?stico sucedido el a?o anterior, en 1263, en Bolsena. Un sacerdote, mientras consagraba el pan y el vino, hab?a sido preso de fuertes dudas sobre la presencia real del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en el Sacramento de la Eucarist?a. Milagrosamente, algunas gotas de sangre comenzaron a brotar de la Hostia consagrada, confirmando de esa forma lo que nuestra fe profesa. Urbano IV pidi? a uno de los m?s grandes te?logos de la historia, santo Tom?s de Aquino ? que en aquel tiempo acompa?aba al Papa y se encontraba en Orvieto ?, que compusiera los textos del oficio lit?rgico de esta gran fiesta. Estos, a?n hoy en uso en la Iglesia, son obras maestras, en las que se funden teolog?a y poes?a. Son textos que hacen vibrar las cuerdas del coraz?n para expresar alabanza y gratitud al Sant?simo Sacramento, mientras la inteligencia, adentr?ndose con estupor en el misterio, reconoce en la Eucarist?a la presencia viva y verdadera de Jes?s, de su Sacrificio de amor que nos reconcilia con el Padre, y nos da la salvaci?n.

Aunque tras la muerte de Urbano IV la celebraci?n de la fiesta del Corpus Domini se limit? a algunas regiones de Francia, de Alemania, de Hungr?a y de Italia septentrional, fue despu?s un Pont?fice, Juan XXII, quien en 1317 la restaur? para toda la Iglesia. Desde entonces en adelante, la fiesta conoci? un desarrollo maravilloso, y a?n es muy sentida por el pueblo cristiano.

Quisiera afirmar con alegr?a que hoy en la Iglesia hay una ?primavera eucar?stica?: ?cu?ntas personas se detienen silenciosas ante el Tabern?culo, para entretenerse en coloquio de amor con Jes?s! Es consolador saber que no pocos grupos de j?venes han redescubierto la belleza de rezar en adoraci?n ante la Sant?sima Eucarist?a.
Rezo para que esta ?primavera? eucar?stica se difunda cada vez m?s en todas las parroquias, en particular en B?lgica, la patria de santa Juliana. El Venerable Juan Pablo II, en la Enc?clica Ecclesia de Eucharistia, constataba que ?En muchos lugares [...] la adoraci?n del Sant?simo Sacramento tiene cotidianamente una importancia destacada y se convierte en fuente inagotable de santidad. La participaci?n devota de los fieles en la procesi?n eucar?stica en la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo es una gracia de Dios, que cada a?o llena de gozo a quienes toman parte en ella. Y se podr?an mencionar otros signos positivos de fe y amor eucar?stico?, dice el Papa (n. 10).

Recordando a santa Juliana de Cornillon renovemos tambi?n nosotros la fe en la presencia real de Cristo en la Eucarist?a. Como nos ense?a el Compendio del Catecismo de la Iglesia Cat?lica, ?Jesucristo est? presente en la Eucarist?a de modo ?nico e incomparable. Est? presente, en efecto, de modo verdadero, real y sustancial: con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y su Divinidad. Cristo, todo entero, Dios y hombre? (Compendio del Catecismo de la Iglesia Cat?lica, 282).

Querid?simos amigos, la fidelidad al encuentro con el Cristo Eucar?stico en la Santa Misa dominical es esencial para el camino de fe, pero intentemos tambi?n ir frecuentemente a visitar al Se?or presente en el Tabern?culo! Mirando en adoraci?n la Hostia consagrada, encontramos el don del amor de Dios, encontramos la Pasi?n y la Cruz de Jes?s, como tambi?n su Resurrecci?n. Precisamente a trav?s de nuestra mirada en adoraci?n, el Se?or nos atrae hacia s?, dentro de su misterio, para transformarnos como transforma el pan y el vino (cfr BENEDICTO XVI, Homil?a en la Solemnidad del Corpus Domini, 15 de junio de 2006). Los Santos siempre han encontrado fuerza, consuelo u alegr?a en el encuentro eucar?stico. Con las palabras del Himno eucar?stico Adoro te devote repitamos ante el Se?or, presente en el Sant?simo Sacramento: ??Hazme crecer cada vez m?s en Ti, que en Ti yo tenga esperanza, que yo Te ame!?. Gracias.

[En espa?ol dijo]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola, en particular a los miembros de la Federaci?n Mundial de las Obras Eucar?sticas de la Iglesia, a los misioneros del Verbo Divino, as? como a los dem?s grupos provenientes de Espa?a, El Salvador, Venezuela y otros pa?ses latinoamericanos. Siguiendo el ejemplo y ense?anza de Santa Juliana de Cornill?n, os invito a ser fieles al encuentro con Cristo en la Misa dominical y a la adoraci?n del Sant?simo Sacramento, para experimentar el don de su amor. Muchas gracias.

[Al final hizo este llamamiento]

En estos d?as la comunidad internacional sigue con gran preocupaci?n la dif?cil situaci?n de los cristianos en Paquist?n, que a menudo son v?ctimas d violencias o de discriminaci?n. De modo particular hoy expreso mi cercan?a espiritual a la se?ora Asia Bibi y a sus familiares, pidiendo que, lo antes posible, le sea restituida la plena libertad. Adem?s rezo por cuantos se encuentran en situaciones an?logas, para que su dignidad humana y sus derechos fundamentales sean plenamente respetados.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:23  | Habla el Papa
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