Viernes, 03 de diciembre de 2010

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el jueves 18 de Noviembre?de 2010?a los participantes en la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para la Promoci?n de la Unidad de los Cristianos sobre el tema: ?Hacia una nueva etapa del dialogo ecum?nico", con ocasi?n del 50? aniversario de la instituci?n de este dicasterio.

Se?ores cardenales,
Venerados Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas,

es para mi una gran alegr?a encontraron con ocasi?n de la Plenaria del Consejo Pontificio para la Promoci?n de la Unidad de los Cristianos, durante la cual reflexionar?is sobre el tema: "Hacia una nueva etapa del dialogo ecum?nico". Al dirigir a cada uno de vosotros mi cordial saludo, deseo agradecer de modo particular al presidente, monse?or Kurt Koch, tambi?n por las calurosas expresiones con las que ha interpretado vuestros sentimientos.

Ayer, como record? monse?or Koch, celebrasteis, con un solemne Acto conmemorativo, el 50? aniversario de la instituci?n de vuestro Dicasterio. El 5 de junio de 1960, en la vigilia del Concilio Vaticano II, que indic? como central para la Iglesia el compromiso ecum?nico, el beato Juan XXIII creaba el Secretariado para la Promoci?n de la Unidad de los Cristianos, denominado despu?s, en 1988, Consejo Pontificio. Fue un acto que constituy? un hito para el camino ecum?nico de la Iglesia cat?lica. En el transcurso de cincuenta a?os se ha hecho mucho camino. Deseo expresar viva gratitud a todos aquellos que han prestado su servicio en el Consejo Pontificio, recordando ante todo a los presidentes que se han sucedido en ?l: los cardenales Augustin Bea, Johannes Willebrands, Edward Idris Cassidy; y mi particularmente grato agradecimiento al cardenal Walter Kasper, que gui? el dicasterio, con competencia y pasi?n, en los ?ltimos once a?os. Doy las gracias a los miembros y consultores, oficiales y colaboradores, aquellos que han contribuido a llevar a cabo los di?logos teol?gicos y los encuentros ecum?nicos y a cuantos han rezado al Se?or por el don de la unidad visible entre los cristianos. Son cincuenta a?os en los que se ha adquirido un conocimiento m?s verdadero y una estima m?s grande con las Iglesias y las comunidades eclesiales, superando prejuicios sedimentados por la historia; se ha crecido en el di?logo teol?gico, pero tambi?n en el de la caridad; se han desarrollado varias formas de colaboraci?n, entre las cuales, adem?s de las de por la defensa de la vida, por la salvaguardia de la creaci?n y para combatir contra la injusticia, ha sido importante y fruct?fera la del campo de las traducciones ecum?nicas de la Sagrada Escritura.

En estos ?ltimos a?os, adem?s, el Consejo Pontificio se ha comprometido, por otro lado, en un amplio proyecto, el llamado Harvest Project, para trazar un primer balance de los objetivos conseguidos en los di?logos teol?gicos con las principales comunidades eclesiales desde el Vaticano II. Se trata de un trabajo precioso que ha puesto en evidencia tanto las ?reas de convergencia, como aquellas en las que es necesario continuar profundizando la reflexi?n. Dando gracias a Dios por los frutos ya recogidos, os animo a proseguir con vuestro empe?o en promover una correcta recepci?n de los resultados alcanzados y en dar a conocer con exactitud el estado actual de la investigaci?n teol?gica al servicio del camino hacia la unidad. Hoy algunos piensan que este camino, especialmente en Occidente, haya perdido su empuje; se advierte, entonces, la urgencia de reavivar el inter?s ecum?nico y de dar una nueva incisividad a los di?logos. Se presentan, adem?s, desaf?os in?ditos: las nuevas interpretaciones antropol?gicas y ?ticas, la formaci?n ecum?nica de las nuevas generaciones, la ulterior fragmentaci?n del escenario ecum?nico. Es esencial tomar conciencia de estos cambios y se?alar las v?as para proceder de manera eficaz a la luz de la voluntad del Se?or: "que sean todos una sola cosa" (Jn 17,21).

Tambi?n con las Iglesias ortodoxas y las antiguas Iglesias orientales, con las que existen ?estrech?simos v?nculos? (Unitatis Redintegratio, 15), la Iglesia cat?lica prosigue con pasi?n el di?logo, intentando profundizar de modo serio y riguroso en el patrimonio teol?gico, lit?rgico y espiritual com?n, y de afrontar con serenidad y empe?o los elementos que a?n nos dividen. Con los Ortodoxos se ha llegado a tocar un punto crucial de acercamiento y de reflexi?n: el papel del Obispo de Roma en la comuni?n de la Iglesia. Y la cuesti?n eclesiol?gica est? tambi?n en el centro del di?logo con las antiguas Iglesias orientales: a pesar de muchos siglos de incomprensi?n y de alejamiento, se ha constatado, con alegr?a, haber conservado un precioso patrimonio com?n.

Queridos amigos, aun en presencia de nuevas situaciones problem?ticas o de puntos dif?ciles para el di?logo, la meta del camino ecum?nico sigue inmutable, como tambi?n el firme empe?o en perseguirla. No se trata, sin embargo, de un empe?o seg?n categor?as, por as? decirlo, pol?ticas, en las que entran en juego la capacidad de negociar o la mayor capacidad de encontrar compromisos, por lo que se podr?a esperar, como buenos mediadores, que tras un cierto tiempo se llegue a acuerdos aceptables para todos. La acci?n ecum?nica tiene un doble movimiento. Por una parte la b?squeda convencida, apasionada y tenaz para encontrar toda la unidad en la verdad, para idear modelos de unidad, para iluminar oposiciones y puntos oscuros en orden a la consecuci?n de la unidad. Y esto en el necesario dialogo teol?gico, pero sobre todo en la oraci?n y en la penitencia, en ese ecumenismo espiritual que constituye el coraz?n latente de todo el camino: la unidad de los cristianos es y sigue siendo oraci?n, habita en la oraci?n. Por otra parte, otro movimiento operativo, que surge de la firme conciencia de que nosotros no sabemos la hora de la realizaci?n de la unidad entre todos los disc?pulos de Cristo y no la podemos conocer, porque la unidad no la ?hacemos nosotros?, la ?hace? Dios: viene de lo alto, de la unidad del Padre con el Hijo en el di?logo de amor que es el Esp?ritu Santo; es un tomar parte en la unidad divina. Y esto no debe hacer disminuir nuestro compromiso, al contrario, debe hacernos cada vez m?s atentos a captar los signos de los tiempos del Se?or, sabiendo reconocer con gratitud lo que ya nos une y trabajando para que se consolide y crezca. Al final, tambi?n en el camino ecum?nico, se trata de dejar a Dios lo que es ?nicamente suyo y de explorar, con seriedad, constancia y dedicaci?n, lo que es tarea nuestra, teniendo en cuenta que a nuestro compromiso pertenecen los binomios de actuar y sufrir, de actividad y paciencia, de cansancio y alegr?a.

Invoquemos confiados al Esp?ritu Santo, para que gu?e nuestro camino y cada uno sienta con renovado vigor el llamamiento a trabajar por la causa ecum?nica. Os animo a todos vosotros a proseguir en vuestra tarea; es una ayuda que hac?is al Obispo de Roma a cumplir su misi?n al servicio de la unidad. Como signo de afecto y gratitud, os imparto de coraz?n mi Bendici?n Apost?lica.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:34  | Habla el Papa
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