S?bado, 04 de diciembre de 2010

ZENIT? nos ofrece el Mensaje que el Papa Benedicto XVI ha dirigido a los participantes en la XXV Conferencia Internacional sobre el tema: "Caritas in Veritate ? Por un cuidado de la salud equitativo y humano", promovida por el Consejo Pontificio para los Operadores Sanitarios, y que coincide con el 25? aniversario de la fundaci?n de este dicasterio.

Al Venerado Hermano
Zygmunt Zimowski
Presidente del Consejo Pontificio para los Operadores Sanitarios

Con alegr?a deseo hacer llegar mi cordial saludo a los participantes en la XXV Conferencia Internacional, que se inserta bien en el a?o celebrativo de los 25 a?os de la instituci?n del Dicasterio, y ofrece un motivo ulterior para dar gracias a Dios por este precioso instrumento para el apostolado de la misericordia. Un pensamiento de reconocimiento va hacia todos aquellos que trabajan, en los diversos sectores de la pastoral de la salud, para vivir esa diacon?a de la caridad, que es central en la misi?n de la Iglesia. En este sentido, me es grato recordar a los cardenales Fiorenzo Angelini y Javier Lozano Barrag?n, que guiaron en estos 25 a?os el Consejo Pontificio para los Operadores Sanitarios y dirigir un saludo particular al actual presidente del Dicasterio, el arzobispo Zygmunt Zimowski, como tambi?n al secretario, al sub-secretario, a los oficiales, a los colaboradores, a los ponentes del Congreso y a todos los presentes.

El tema elegido por vosotros este a?o, "Caritas in veritate". Por una atenci?n de la salud equitativa y humana", reviste un inter?s particular para la comunidad cristiana, en el que es central el cuidado por ser hombre, por su dignidad trascendente y por sus derechos inalienables. La salud es un bien precioso para la persona y la colectividad que hay que promover, conservar y tutelar, dedicando medios, recursos y energ?as necesarias para que m?s personas puedan acceder a ella. Por desgracia, a?n hoy permanece el problema de muchas poblaciones del mundo que no tienen acceso a los recursos necesarios para satisfacer las necesidades fundamentales, de forma particular en lo que respecta a la salud. Es necesario trabajar con mayor empe?o a todos los niveles para que el derecho a la salud se haga efectivo, favoreciendo el acceso a los cuidados sanitarios primarios. En nuestra ?poca se asiste por una parte a una atenci?n a la salud que corre el riesgo de transformarse en consumismo farmacol?gico, m?dico y quir?rgico, convirti?ndose casi en un culto del cuerpo, y por otra parte, a la dificultad de millones de personas de acceder a condiciones de subsistencia m?nimas y a f?rmacos indispensables para curarse.

Tambi?n en el campo de la salud, parte integrante de la existencia de cada uno y del bien com?n, es importante instaurar una verdadera justicia distributiva que garantice a todos, sobre la base de las necesidades objetivas, cuidados adecuados. En consecuencia, el mundo de la salud no puede sustraerse a las reglas morales que deben gobernarlo para que no se convierta en inhumano. Como subray? en la Enc?clica Caritas in veritate, la Doctrina Social de la Iglesia ha puesto siempre de manifiesto la importancia de la justicia distributiva y de la justicia social en los diversos sectores de las relaciones humanas (n. 35). Se promueve la justicia cuando se acoge la vida del otro y se asume la responsabilidad hacia ?l, respondiendo a sus expectativas, porque en ?l se capta el rostro mismo del Hijo de Dios, que por nosotros se hizo hombre. La imagen divina impresa en nuestro hermano funda la alt?sima dignidad de toda persona y suscita en cada uno la exigencia del respeto, del cuidado y del servicio. El v?nculo entre justicia y caridad, en perspectiva cristiana, es muy estrecho: ?La caridad supera a la justicia, porque amar es donar, ofrecer de lo ?mio? al otro; pero nunca sin la justicia, que induce a dar al otro lo que es ?suyo?, lo que le corresponde en raz?n de su ser y de su obrar [...] Quien ama con caridad a los dem?s es ante todo justo hacia ellos. No solo la justicia no es extra?a a la caridad, no s?lo no es una v?a alternativa o paralela a la caridad: la justicia es 'inseparable de la caridad', intr?nseca a ella. La justicia es la primera v?a de la caridad? (ibid., 6). En este sentido, con expresi?n sint?tica e incisiva, san Agust?n ense?aba que "la justicia consiste en ayudar a los pobres" (De Trinitate, XIV, 9: PL 42, 1045).

Inclinarse como el Buen Samaritano hacia el hombre herido abandonado al lado del camino es realizar esa ?justicia m?s grande? que Jes?s pide a sus disc?pulos y lleva a cabo en su vida, porque el cumplimiento de la ley es el amor. La comunidad cristiana, siguiendo las huellas de su Se?or, ha cumplido con el mandato de ir al mundo a ?ense?ar y curar a los enfermos? y durante los siglos ?ha advertido fuertemente el servicio a los enfermos y a los que sufren como parte integrante de su misi?n" (Juan Pablo II, Motu Proprio Dolentium Hominum, 1), de dar testimonio de la salvaci?n integral, que es salud del alma y del cuerpo.

El Pueblo de Dios peregrino por los senderos tortuosos de la historia une sus esfuerzos a los de tantos otros hombres y mujeres de buena voluntad para dar un rostro verdaderamente humano a los sistemas sanitarios. La justicia sanitaria debe estar entre las prioridades en la agenda de los Gobiernos y de las instituciones internacionales. Por desgracia, junto a resultados positivos y alentadores, hay opiniones y l?neas de pensamiento que la hieren: me refiero a cuestiones como las relacionadas con la llamada ?salud reproductiva?, con el recurso a t?cnicas artificiales de procreaci?n que comportan la destrucci?n de embriones, o con la eutanasia legalizada. El amor a la justicia, la tutela de la vida desde su concepci?n hasta su t?rmino natural, el respeto de la dignidad de todo ser humano, deben ser sostenidos y testimoniados, incluso contra corriente: los valores ?ticos fundamentales son patrimonio com?n de la moralidad universal y base de la convivencia democr?tica.

Es necesario el esfuerzo conjunto de todos, pero es necesaria ante y sobre todo una profunda conversi?n de la mirada interior. S?lo si se mira al mundo con la mirada del Creador, que es mirada de amor, la humanidad aprender? a estar en la tierra en la paz y en la justicia, destinando con equidad la tierra y sus recursos al bien de cada hombre y de cada mujer. Por esto, ?desear?a que se adoptara un modelo de desarrollo basado en el papel central del ser humano, en la promoci?n y participaci?n en el bien com?n, en la responsabilidad, en la toma de conciencia de la necesidad de cambiar el estilo de vida y en la prudencia, virtud que indica lo que se ha de hacer hoy, en previsi?n de lo que puede ocurrir ma?ana? (Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2010, 9)

A los hermanos y hermanas que sufren expreso mi cercan?a y el llamamiento a vivir tambi?n la enfermedad como ocasi?n de gracia para crecer espiritualmente y participar en los sufrimientos de Cristo por el bien del mundo, y a todos vosotros comprometidos en el vasto campo de la salud, mi aliento por vuestro precioso servicio. Al pedir la protecci?n maternal de la Virgen Mar?a, Salus infirmorum, imparto de coraz?n la Bendici?n Apost?lica que extiendo tambi?n a vuestras familias.?

En el Vaticano, 15 de noviembre de 2010

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:45  | Habla el Papa
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