Domingo, 05 de diciembre de 2010

El remedio a la violencia est? en la aplicaci?n de pol?ticas de desarrollo social ?ticamente fundadas? ha dicho Mons. Pablo Vizcaino Prado, Obispo de Suchitep?quez-Retalhuleu, y Presidente de la Conferencia Episcopal del Guatemala (CEG). Mons. Vizcaino Prado ha hablado durante la presentaci?n del comunicado del Consejo permanente de la Conferencia Episcopal, titulado ?No Matar?s? que recoge textos de la doctrina de la Iglesia cat?lica sobre la pena de muerte.?(Fides)

Comunicado del Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal de Guatemala sobre la Pena de Muerte
?No Matar?s? (Ex20, 13)?

Los obispos de Guatemala, preocupados ante la renovada controversia sobre la pena de muerte que se ha suscitado en nuestro pa?s, hacemos p?blico este comunicado que presenta un resumen de la doctrina de la Iglesia Cat?lica sobre dicha problem?tica.

1. Constatamos que la aplicaci?n de la pena de muerte ha sido parte de la legislaci?n en los pa?ses cristianos hasta el siglo pasado, en los cuales, sin embargo, nunca se olvid? el respeto debido a la vida, el papel que juega la misericordia de Dios dispuesto a perdonar incluso a quien ha cometido cr?menes horrendos, ni el riesgo que se corre en la justicia humana de aplicar tal castigo de manera injusta. Por eso el sistema penal cre? el recurso de gracia, por el que la autoridad suprema del Estado pod?a libremente detener su ejecuci?n.

2. Aunque la pena de muerte es una pr?ctica en el Antiguo Testamento (cf Ex 21,12) nosotros podemos tambi?n encontrar en sus escritos la repugnancia que Dios manifiesta a castigar con la muerte al pecador (cf Ez 18,23; Sb 1,13‐14; 2,23).

3. La ense?anza actual de la Iglesia Cat?lica en relaci?n a la pena capital tiene su fundamento en el modo de proceder de Jes?s, Hijo de Dios, el cual fue v?ctima de su aplicaci?n injusta, ama?ada y perversa por parte de autoridades corruptas de aquel tiempo. En nuestros d?as se habla tanto a favor como en contra de la pena de muerte. ?Ya se nos olvid? que nuestro Maestro fue un condenado a muerte? ?No cambiar?a nuestro juicio si cada vez que vemos una cruz recordamos esta realidad tan terrible? ?Qu? bien nos har?a recordar la cruz de Jes?s, uno de los m?s salvajes y crueles instrumentos de tortura inventados por el hombre para matar a otro ser humano! (Eminent?simo Se?or Cardenal Rodolfo Quezada Toru?o, Carta pastoral con motivo de la Cuaresma, a?o 2008). Jes?s, en el conocido caso de la mujer encontrada en flagrante adulterio (Jn 8,2‐11), merecedora de la pena de muerte seg?n la aplicaci?n literal de la ley, ante la presi?n ejercida por escribas y fariseos para que se pronunciara al respecto, mostr? la injusticia inherente a la aplicaci?n de tal pena, ya que quienes pretend?an ejecutar a la mujer eran culpables de cr?menes que permanec?an ocultos a la justicia de este mundo, pero ellos no eran ante Dios menos culpables que la mujer que pretend?an lapidar.

Adem?s, con su actitud manifest? la necesidad de abrir la puerta al arrepentimiento y la conversi?n de quien es acusado.

4. Actualmente la difusi?n del aborto, los experimentos con embriones y la bioingenier?a, las experimentaciones cient?ficas con humanos, las pr?cticas de eutanasia, las masacres en los conflictos b?licos, el recurso al terrorismo de la muerte indiscriminada de ciudadanos inocentes y otros atentados contra la vida y la dignidad de la persona humana han creado una sensibilidad ?tica y moral particularmente aguda hacia la defensa de la vida, que ha tra?do como consecuencia el cuestionamiento de la pr?ctica de la pena de muerte.

5. Asimismo, como sociedad hemos adquirido una creciente conciencia cr?tica acerca de los factores no judiciales que juegan un papel a veces decisivo en los procesos forenses. El desarrollo de los sistemas penitenciarios modernos debe permitir crear mecanismos que preserven la integridad de la sociedad frente a agresiones criminales.

6. La ense?anza de la Iglesia Cat?lica mantiene que las leg?timas autoridades del Estado tienen la obligaci?n de proteger a la sociedad de los agresores. Sin embargo hoy es pr?cticamente imposible justificar el recurso a la pena de muerte en el cumplimiento de esta responsabilidad y son muchos los pa?ses que rechazan tal recurso en su legislaci?n. No se trata de renunciar a la defensa leg?tima de la sociedad frente a las agresiones criminales, sino de recurrir a medios no cruentos para realizar esta defensa. La oposici?n a la pena de muerte no significa ni quiere ser un s? a la impunidad.

7. Ante la situaci?n actual de nuestro pa?s y de la ense?anza de la Iglesia, los Obispos de Guatemala censuramos como moralmente irresponsable la promoci?n de la pena de muerte como propaganda pol?tica, pues la desesperaci?n ciudadana por la ineficacia del sistema judicial se combate mejorando el sistema judicial y penitenciario y no aplicando la pena capital. En la aplicaci?n de la pena de muerte late a veces un deseo de venganza disfrazado de justicia. La violencia no se combate con violencia cruenta ejercida bajo el amparo de la autoridad del Estado; m?s bien con ello se le da a la violencia visos de legitimidad.

8. Expresamos nuestro desacuerdo con el argumento de que la aplicaci?n de la pena de muerte reducir? los ?ndices de criminalidad de nuestra sociedad, pues ?stos se deben a otros factores como la falta de acceso a la educaci?n, a oportunidades de trabajo, a la integraci?n de la familia. Por eso es una inmoralidad y una falsedad prometer acabar con la delincuencia y el crimen organizado promoviendo la pena de muerte. El remedio a la violencia est? m?s bien en la aplicaci?n de pol?ticas de desarrollo social ?ticamente fundadas.

9. Pedimos el fortalecimiento del sistema de justicia, para que sea pronta, eficiente e imparcial. Pedimos el fortalecimiento de un sistema penitenciario que realmente resguarde a la sociedad de las acciones criminales de quienes guardan prisi?n, que sea un sistema en que los reos exp?en adecuadamente su crimen a la vez que se respeta su dignidad humana y se favorece su regeneraci?n.

10. Pedimos finalmente al Congreso de la Rep?blica que haga uso de la facultad que le concede la Constituci?n Pol?tica de la Rep?blica de Guatemala en su art?culo 18 y decrete la abolici?n de la pena de muerte.

11. Invitamos reiteradamente a toda la poblaci?n guatemalteca a crear una verdadera cultura de la vida que se oponga decididamente a la anti cultura de la muerte por medio de nuestro compromiso diario en el camino de la conversi?n, la reconciliaci?n y la construcci?n de la verdadera paz.

Guatemala, 18 de noviembre del 2010.

+ Pablo Vizca?no Prado
Obispo de Suchitep?quez ‐ Retalhuleu
Presidente de la
Conferencia Episcopal de Guatemala


Publicado por verdenaranja @ 18:10  | Hablan los obispos
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