Lunes, 06 de diciembre de 2010

Homil?a de monse?or Luis Teodorico St?ckler, obispo de Quilmes de la XV Misa de la Esperanza (Cruce Varela, 20 de noviembre de 2010). (AICA)

?GENTE PEQUE?A HACIENDO COSAS PEQUE?AS EN ESPACIOS PEQUE?OS, PRODUCE GRANDES CAMBIOS? ???????

Siempre cuando nos encontramos en este lugar c?ntrico de nuestra di?cesis, donde se entrecruzan las avenidas de Quilmes, Berazategui y Florencio Varela, nos motiva la preocupaci?n de lo que est? pasando en nuestro pueblo y la responsabilidad que nos incumbe como cristianos. Lo que tematizamos hoy, el fen?meno de la droga, no es novedoso pero s? alarmante, porque ha tomado ?ltimamente dimensiones, que ponen la Argentina entre los pa?ses de mayor consumo de drogas. Hemos igualado en el consumo de coca?na a los Estados Unidos y en marihuana somos los primeros en el mundo. Hace diez a?os Argentina era un pa?s de tr?nsito, hoy consumen m?s de tres millones de personas. En los ?ltimos a?os del secundario, el 15% consume marihuana, en el conurbano hasta el 30%; y el 90% de los chicos consumen alcohol. El uso de estupefacientes comienza hoy ya en ni?os de apenas ocho a?os de edad. El ?paco? causa estragos, sobre todo entre los pobres. Lo que llama la atenci?n es que, a pesar de esta realidad alarmante, la mayor?a de la poblaci?n todav?a cree poder desentenderse del problema, aunque nuestra sociedad y nuestras comunidades est?n profundamente afectadas por la droga y sus consecuencias.

?Qu? hacemos frente a esta realidad? Entendemos que la criminalizaci?n de las personas que consumen drogas es una idea inadecuada para pensar cualquier tipo de pol?tica de prevenci?n y asistencia de las adicciones. Sin embargo, el modo en que se ha planteado el debate p?blico sobre la despenalizaci?n de la tenencia de sustancias para consumo personal exige una profundizaci?n. La Ley del Estado dice que los planes de vida de las personas s?lo pueden ser limitados mediante coerci?n cuando perjudican a terceros. Nosotros preguntamos: ?No son terceros potencialmente perjudicados los padres? ?No lo son los ciudadanos que padecemos el flagelo de la inseguridad? Algunas corrientes de opini?n proponen legalizar la producci?n y la comercializaci?n de determinadas drogas. Se minimizan los peligros, distinguiendo entre drogas blandas y drogas duras, lo que lleva a liberalizar el uso de determinadas sustancias. ?La droga no se vence con la droga. Las drogas sustitutivas no son una terapia suficiente, sino m?s bien un modo velado de rendirse ante el fen?meno? (Juan Pablo II, 27-05-1984). La producci?n de drogas en nuestro pa?s, su oferta y consumo crecientes reclama un Estado que ha de tener una actitud firme frente a los mercaderes de este enorme negocio criminal. Estamos concientes de que este compromiso puede significar perder la vida en el enfrentamiento con los poderosos de este mundo siniestro. Nuestros gobernantes, especialmente los responsables de nuestra seguridad necesitan, por eso, de nuestro apoyo espiritual para que tomen los recaudos imprescindibles y se?alen y denuncien a los culpables que est?n hasta en sus propias filas.

Como Iglesia nos corresponde descubrir las causas profundas del flagelo de las adicciones e ir a la ra?z del problema. Lo que importa no es tanto la droga cuanto los interrogantes humanos, psicol?gicos y espirituales, implicados en las conductas. La ra?z de la drogadicci?n no estriba en el producto sino en la persona que llega a sentir su necesidad. Recurrir a la droga es s?ntoma de un malestar profundo. ?La causa mayor de la fuerza con que la droga hace presa en el esp?ritu juvenil est? en la indiferencia ante la vida, en la ca?da de los ideales, el miedo al futuro? (Juan Pablo II, id.). ?Es preciso reconocer que se da un nexo entre la patolog?a mortal causada por el abuso de drogas y una patolog?a del esp?ritu que lleva a la persona a huir de s? misma y buscar placeres ilusorios, escapando de la realidad, hasta tal punto que pierde totalmente el sentido de la existencia personal? (id. 07-02-1997). Es preciso refutar totalmente el uso de la droga desde el punto de vista moral. Nadie tiene derecho a da?arse a s? mismo.

Al fen?meno de la drogadicci?n la Iglesia responde con un mensaje de esperanza y un servicio que, m?s all? de los s?ntomas y la conducta de las personas, se dirige al coraz?n mismo del hombre. No es posible implementar a trav?s del poder un cambio de conducta frente a las adicciones. Nuestra misi?n es evang?lica: anunciar la Buena Nueva. Al toxic?mano, que fundamentalmente sufre de falta de amor, la Iglesia quiere ayudarle a descubrir el amor de Jesucristo. En una situaci?n de malestar, en el vac?o profundo de la existencia, el camino hacia la luz pasa por el renacimiento de un ideal aut?ntico de vida, que se encuentra plenamente manifestado en el misterio de la revelaci?n de nuestro Se?or. No venimos a sustituir a ninguna instituci?n y personas que se dedican a los toxic?manos; al contrario, es nuestro deseo de sostenerlos en su desempe?o. Nuestro servicio espec?fico consiste en proponer la ?escuela evang?lica? como forma de vida fundamentada en la relaci?n con Cristo, el ?nico que puede satisfacer todos los deseos del hombre, porque nuestra alma tiene sed del Dios vivo (cf. Salmo 62). Las palabras de Cristo: ?Vengan a m? todos los que est?n fatigados y afligidos, que yo los aliviar? (Mt 11, 28) cobran un sentido maravilloso cuando se dirigen a los que sufren el flagelo de la droga.

Hace tiempo que en nuestra di?cesis hermanos y hermanas que han sido afectos por la droga, sea por la experiencia personal o de un familiar, gracias a la fe est?n saliendo del infierno de la adicci?n. Y ?ltimamente la providencia de Dios ha abierto el horizonte para iniciar entre nosotros una ?Fazenda da Esperanza?, esta obra asombrosa de evangelizaci?n, donde nuestros hermanos recuperan su dignidad y el sentido de la vida. Es una obra donde ?gente peque?a, haciendo cosas peque?as en espacios peque?os producen grandes cambios?. Gracias a la generosidad de una persona ha sido donada en Florencio Varela una propiedad de catorce hect?reas, donde en comunidades peque?as, durante un a?o, convivir?n los que quieren liberarse de la esclavitud de la droga, gan?ndose su sustento por su propio trabajo, acompa?ados por personas que se dedican totalmente a ellos; laicos y laicas, c?libes y casados, sacerdotes y religiosas que se consagran para siempre a esta obra de amor, llamada ?Familia de la Esperanza?. Dios nos sorprende por el modo c?mo est? abriendo las puertas para esta obra entre nosotros y nos invita a darle todo nuestro apoyo espiritual y colaboraci?n. Esta ?eucarist?a-acci?n de gracias? realmente se merece su nombre tradicional: ?Misa de la Esperanza?. Los testimonios que escuchamos ahora de hermanos que vinieron de Dean Funes, donde comenz?, hace cinco a?os, la primera Fazenda da Esperan?a en la Argentina, nos animar?n para confiar tambi?n aqu? en la Providencia de Dios.?

Luis Teodorico St?ckler, obispo de Quilmes?


Publicado por verdenaranja @ 21:43  | Homil?as
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