Lunes, 06 de diciembre de 2010

Homil?a de monse?or Jos? Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario en la consagraci?n del templo y del altar de la parroquia Cristo Rey (Fisherton, 21 de noviembre de 2010, solemnidad de Cristo Rey). (AICA)

CONSAGRACI?N DEL TEMPLO PARROQUIAL Y DEL ALTAR DE CRISTO REY??? ?????

Culminamos el a?o lit?rgico, que comenz? en el adviento pasado. Hoy celebramos la fiesta de Cristo, Rey del universo, a quien vemos en la imagen del Pantocr?tor, como resplandece en los ?bsides de las antiguas bas?licas cristianas. Tambi?n conmemoramos las Fiestas patronales de esta Parroquia dedicada a Cristo Rey, cuya iglesia voy a consagrar conjuntamente con su nuevo altar.

Celebrar a Cristo Rey, es celebrar tambi?n el Reino de Dios, que Jes?s anunci? al comenzar su vida p?blica, y que todav?a debe llegar a su plenitud. M?s a?n, la presencia de Jes?s hace cercano su Reino diciendo: ?Se ha cumplido el tiempo, y est? cerca el Reino de Dios. Arrepi?ntanse y crean en la Buena Nueva" (Mc 1,14).

Para hablarnos de Cristo Rey, la liturgia nos invita este a?o a leer una p?gina de la pasi?n del Se?or. En este Evangelio precisamente se llama Rey a Jes?s, cuando se encuentra clavado en la cruz:

Jes?s para salvarnos, fiel a la voluntad del Padre, el ungido por Dios, nos ofreci? una nueva alianza con la humanidad. Para poder llegar a ese acuerdo, Dios tom? la iniciativa: envi? a su Hijo, ?el primog?nito de toda la creaci?n, en quien fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra?, para encarnarse y morir en la cruz. Y as?, El, que es el Se?or, se anonad?, se abaj? y se entreg? por nosotros, sin hacer alarde de su condici?n de Dios.

Despoj?ndose de su condici?n, el Rey vino a nosotros. Su Reino, que no es de este mundo, se instaur? con su venida, inici?ndose entre nosotros un reino de paz, de justicia, de amor y de paz.

Jesucristo?eligi? servir y no ser servido. Y acept? la muerte, y una muerte de cruz: de tal manera que su reino lo inici? en medio nuestro, como v?ctima inmaculada y pac?fica, que se ofreci? en el altar de la cruz, realizando el misterio de la redenci?n humana (cfr. Prefacio Cristo Rey).

En la cruz Jesucristo nos redime y?nos salva, su misi?n es?saldar la deuda que hab?amos contra?do con Dios. Por esto nos dice la segunda lectura que escuchamos reci?n: "Dios nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redenci?n, el perd?n de los pecados".

As? reina el Se?or. Jesucristo no trajo la violencia, ni quiso otro triunfo en este mundo que la victoria de la cruz y de su Resurrecci?n. Tampoco nos prometi? el cielo en la tierra; sino que nos invit? a seguir un camino diferente al que nos propone el mundo: el de la fe, la esperanza y el amor.

De este modo el reinado de Cristo ya se comienza a construir en la tierra, luchando contra todo mal, y las miserias y ego?smos humanos, hasta vencer definitivamente a la muerte. Por ello la fe en Cristo resucitado hace m?s posible el amor al pr?jimo, confiando en su presencia en cada hermano, y acrecienta la entrega de tantos hombres y mujeres a la transformaci?n del mundo, para devolverlo al Padre: ?As? Dios ser? todo para todos?.

Los que no conocen el Reino de Dios pretenden pruebas extraordinarias, comprobar su grandeza, y que Jes?s les muestre su poder. Solo el?ladr?n arrepentido del Evangelio, vecino a su cruz, le pide lo m?s importante: poder estar con Jes?s cuando llegue a su Reino: Desde la cruz, ?l solo quiere estar en su Reino, y lo consigue: ?Yo te aseguro que hoy estar?s conmigo en el para?so? Lucas 23,43).

La Virgen Mar?a reina con Cristo. Ella fue la primera que conoci? y sigui? fielmente al Se?or. Mar?a es grande precisamente porque quiso enaltecer a Dios en lugar de a s? misma. Ella es humilde: y solo quiso ser la sierva del Se?or. Supo estar siempre a disposici?n no de sus deseos, sino de la iniciativa de Dios, para contribuir a la salvaci?n del mundo. Por ello es una mujer de esperanza: s?lo porque cree en las promesas de Dios, y espera la salvaci?n (cfr. Dios es caridad, n? 41).

Esto mismo que meditamos, queridos hermanos, lo encontramos significado en la Iglesia y en el altar que vamos a consagrar, signos y s?mbolos muy profundos, que nos hablan de Cristo Rey.

En el centro del retablo se destaca una corona, que simboliza que Cristo es rey; pero a la vez en este mismo retablo, junto a la corona encontramos varias frases del Evangelio que explican su?hondo sentido: ?Cuando hayan levantado en alto al Hijo del hombre, comprender?n que soy yo" (Juan 8,28). Y m?s abajo, sobresaliendo al resto nos dice: ? Dios, es amor (1 Juan 4,16).

La cruz, que preside el altar, tambi?n nos habla de Cristo Rey; y nos ense?a a cada uno que morir por Cristo es reinar. En un mundo donde se quiere prescindir de la cruz, ?sta nos ense?a que es el signo visible del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro.

Pero sobre todo, el altar, que hoy ser? ungido, simboliza al mismo Cristo: "?Por eso te ha ungido Dios, tu Dios, con perfume de fiesta" (Heb.1,9). ?l quiso, al instituir el memorial del sacrificio que ofreci? al Padre en el ara de la cruz, que fuera la sagrada?mesa, alrededor de la cual sus disc?pulos se iban a reunir para celebrar su Pascua y recibir la Eucarist?a, verdadero Cuerpo y Sangre del Se?or.

Y as? en cada celebraci?n de la Eucarist?a, sacrificio y banquete celestial, celebramos la grandeza de Cristo Rey, muerto en la cruz, y proclamamos su resurrecci?n, para?entregar "a su majestad infinita un reino eterno y universal; el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y de la gracia, el reino de la justicia, del amor y de la paz" (ib. Pref. Eucarist?a).

Hoy tenemos la oportunidad de volver a renovar el pacto con nuestro rey. A trabajar por el Reino, al que pertenecemos; a ser parte viva de su Iglesia, que anuncia su reino hasta que ?l vuelva. Lo hacemos siempre unidos a Mar?a, la Virgen Reina, que nos se?ala el camino del Reino, y as? como permaneci? intr?pida a los pies de la cruz; hoy filialmente la honramos gozosa en la gloria de su Hijo.?

Mons. Jos? Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario?


Publicado por verdenaranja @ 21:47  | Homil?as
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