Jueves, 09 de diciembre de 2010

ZENIT? publica la homil?a que el Papa Benedicto XVI pronunci?el mi?rcoles, 24 de Noviemb re?de 2010,?por la ma?ana en la Bas?lica Vaticana con ocasi?n de las exequias del cardenal espa?ol Urbano Navarrete, SI, fallecido el pasado lunes a la edad de 90 a?os.

"Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento se despertar?n" (Dn 12,2).

Las palabras del profeta Daniel, que hemos escuchado en la primera Lectura, son un claro testimonio b?blico de la fe en la resurrecci?n de los muertos. La visi?n prof?tica se proyecta hacia el tiempo final: tras un periodo de gran angustia, Dios salvar? a su pueblo. Con todo, la salvaci?n ser? s?lo para cuantos est?n inscritos en el "libro de la vida". El horizonte descrito por Daniel es el del Pueblo de la Alianza, que, en la dificultad, en la prueba, en la persecuci?n, debe tomar posici?n ante Dios: mantenerse firme en la fe de sus padres o renegar de ella. El profeta anuncia la doble suerte que se sigue de ello: unos se despertar?n a la ?vida eterna?, los otros a la ?infamia eterna". Se pone de relieve por tanto la justicia de Dios: ?sta no permite que cuantos han dado la vida por Dios la pierdan definitivamente. Es la ense?anza de Jes?s: quien acepta poner en primer lugar el Reino de Dios, quien sabe dejar casa, padre, madre por ?l, quien est? dispuesto a perder su propia existencia por este tesoro precioso, tendr? en herencia la vida eterna (cfr Mt 19,29; Lc 9,24).

Se?ores cardenales, venerados Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio, queridos fieles todos, en la luz de la fe en Cristo, nuestra vida y resurrecci?n, celebramos hoy las exequias del querido y venerado cardenal Urbano Navarrete, que el pasado lunes, a la edad de noventa a?os, termin? su larga y fecunda peregrinaci?n en la tierra. ?l pertenece, as? queremos creerlo, al grupo de aquellos que gastaron sin reservas su existencia por el Reino de Dios, y por ello confiamos en que su nombre est? ahora escrito en el "libro de la vida".

"Los que hayan ense?ado a muchos la justicia brillar?n como las estrellas, por los siglos de los siglos" (Dn 12,3).

Con ?nimo conmovido y agradecido, deseo en este momento recordar al llorado Purpurado como ?maestro de justicia?. El estudio escrupuloso y la ense?anza apasionada del derecho can?nico han representado un elemento central de su vida. Educar especialmente a las j?venes generaciones a la verdadera justicia, la de Cristo, la del Evangelio: ese es el ministerio que el cardenal Navarrete llev? a cabo durante todo el arco de su vida. A esto se dedic? generosamente, prodig?ndose con humilde disponibilidad, en las diversas situaciones en las que le puso la obediencia y la providencia de Dios: de las aulas universitarias, en particular como experto en derecho matrimonial, al cargo de Decano de la Facultad de Derecho Can?nico de la Pontificia Universidad Gregoriana, a la alta responsabilidad de Rector del mismo Ateneo. Quiero subrayar, adem?s, su atenci?n a importantes acontecimientos eclesiales, como el S?nodo diocesano de Roma, el Concilio Vaticano II; como tambi?n su competente contribuci?n cient?fica a la revisi?n del C?digo de Derecho Can?nico y la fruct?fera colaboraci?n con varios Dicasterios de la Curia Romana, en calidad de apreciado consultor.

A prop?sito de su propia vocaci?n sacerdotal y religiosa, el cardenal Navarrete, en una reciente entrevista, hab?a dicho con sencillez: ?Nunca he dudado de mi decisi?n. Nunca he tenido la duda de que este era mi camino, ni siquiera en los tiempos de la contestaci?n?, en los momentos m?s dif?ciles. Esta afirmaci?n resume la fidelidad generosa de este servidor de la Iglesia a la llamada de, Se?or, a la voluntad de Dios. Con el equilibrio que le caracterizaba, sol?a decir que eran tres los principios fundamentales que le guiaban n el estudio: mucho amor al pasado, a la tradici?n, porque en el campo cient?fico, y particularmente eclesi?stico, quien no ama el pasado es como un hijo sin padres; despu?s la sensibilidad hacia los problemas, las exigencias, los desaf?os del presente, donde Dios nos ha puesto; finalmente, la capacidad de mirar y abrirse al futuro sin temor, pero con esperanza, la que viene de la fe. Una visi?n profundamente cristiana, que gui? su compromiso por Dios, por la Iglesia, por el hombre en la ense?anza y en las obras.

"Dios, que es rico en misericordia ... nos hizo revivir con Cristo" (Ef 2,4).

Iluminados por las palabras de san Pablo, que hemos escuchado en la segunda Lectura, volvemos la mirada al misterio de la encarnaci?n, pasi?n, muerte y resurrecci?n de Cristo, donde reposa nuestra aut?ntica justicia, don de la misericordia de Dios. La gracia divina derramada con abundancia sobre nosotros a trav?s de la sangre redentora de Cristo crucificado, nos lava de las culpas, nos libra de la muerte y nos abre la puerta de la vida eterna. El Ap?stol repite con fuerza: ?por gracia hab?is sido salvados" (v. 5), por un don del amor sobreabundante del Padre que sacrific? a su Hijo. En Cristo, el hombre vuelve a encontrar el camino de la salvaci?n, y tambi?n la historia humana recibe su punto de referencia y su significado profundo. En este horizonte de esperanza, nosotros pensamos hoy en el cardenal Urbano Navarrete: ?l se durmi? en el Se?or al t?rmino de una laboriosa existencia, en la que profes? incesantemente la fe en este misterio de amor, proclamando a todos con la palabra y con la vida: ?por gracia hab?is sido salvados? (Ef 2,5).

"Padre, quiero que los que t? me diste est?n conmigo donde yo est?" (Jn 17,24).

Esta ardiente voluntad salv?fica de Cristo ilumina la vida despu?s de la muerte: Jes?s quiere que los que el Padre le ha dado est?n con ?l y contemplen su gloria. Por tanto hay un destino de felicidad, de uni?n plena con Dios, que sigue a la fidelidad con la cual hemos quedado unidos a Jesucristo en nuestro camino terreno. Ser? entrar en esa comuni?n de los santos donde reinan la paz y la alegr?a de tomar parte juntos en la gloria de Cristo.

La luminosa verdad de fe de la vida eterna nos conforta cada vez que damos el ?ltimo saludo a un hermano difunto. El cardenal Urbano Navarrete, hijo espiritual de san Ignacio de Loyola, es uno de los disc?pulos fieles que el Padre ha dado a Cristo "para que est?n con ?l", y habiendo estado "con Jes?s" en el transcurso de su larga existencia, conoci? su nombre (cfr v. 26), le am? viviendo en ?ntima uni?n con ?l, especialmente en los prolongados intervalos de oraci?n, donde tomaba de la fuente de la salvaci?n la fuerza para ser fiel a la voluntad de Dios, en toda circunstancia, incluso la m?s adversa. Esto lo hab?a aprendido desde ni?o en la familia, gracias al luminoso ejemplo de sus padres, especialmente del padre, los cuales supieron crear en la familia un clima de profunda fe cristiana, favoreciendo en seis hijos, de los cuales tres jesuitas y dos religiosas, el valor de dar testimonio de la propia fe, no anteponiendo nada al amor de Cristo y haciendo todo para mayor gloria de Dios.

Queridos amigos, esta mirada de fe es la que sostuvo la larga vida de nuestro venerado Hermano, y es esta fe la que ?l predic?. Queremos dirigirnos a Dios rico en misericordia, para que ahora la fe del cardenal Urbano Navarrete se convierta en visi?n, encuentro cara a cara con ?l, en cuyo amor supo reconocer y buscar el cumplimiento de toda ley. A la intercesi?n de la Madre de Jes?s y Madre nuestra, confiamos su alma. Estamos seguros de que Ella, Speculum iustitiae, querr? acogerlo para introducirlo en el Cielo de Dios, donde podr? gozar eternamente de la plenitud de la paz. Amen.

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
? Copyright 2010 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:03  | Habla el Papa
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