Viernes, 10 de diciembre de 2010

Discurso inaugural de la XII Exposici?n del Libro Cat?lico en La Plata (22 de noviembre de 2010). (AICA)

EL LIBRO CAT?LICO, INSTRUMENTO CULTURAL DE EVANGELIZACI?N ??????????????

El mandato misionero de Jes?s, expresado en las frases finales del Evangelio seg?n San Mateo, propone un objetivo universal: hacer que todos los pueblos sean disc?pulos del Resucitado, hasta el fin del mundo. Es importante subrayar la dimensi?n comunitaria o colectiva de la f?rmula, que seg?n el texto griego suena: mathet?usate p?nta ta ?thne; todas las naciones, todas las gentes, la humanidad entera. Podr?amos tambi?n interpretar as? las palabras del Se?or: inculturen el Evangelio en todos los pueblos; evangelicen, cristianicen, todas las culturas.?

Es precisamente eso lo que siempre ha hecho la Iglesia, desde la ma?ana de Pentecost?s. La conversi?n cristiana es una gracia eminentemente personal, pero incluye una vocaci?n misionera, ya que est? destinada a difundirse y multiplicarse a trav?s del testimonio de la palabra y de las obras. As? se convierten los pueblos, se cristianizan las culturas. La gracia de la fe y la caridad, el testimonio de los predicadores y de los m?rtires, la vivencia sencilla y cotidiana del Evangelio obran eficazmente, maduran con el tiempo, transforman desde dentro las realidades humanas: las personas, las familias, las estructuras sociales. Contamos con modelos hist?ricos paradigm?ticos: el encuentro de la predicaci?n cristiana con el mundo del antiguo paganismo en el ?mbito del Imperio Romano; la evangelizaci?n de las protoculturas abor?genes de la Am?rica precolombina; los intentos de reevangelizaci?n de las culturas modernas.?

La relaci?n del Evangelio y de la fe cristiana con las culturas de la humanidad puede concebirse como un proceso dial?ctico, con una referencia teol?gica a los misterios de la Encarnaci?n, de Pascua y de Pentecost?s. El primer momento es el de la empat?a, el acercamiento que ocasiona un encuentro: la fe tiende a penetrar hondamente en la vida, a impregnar toda la realidad humana porque manifiesta el sentido de la existencia personal y de la historia al revelar prof?ticamente el origen y el fin de la aventura terrena de los hombres. El momento central est? se?alado por el discernimiento cr?tico de acuerdo a un principio de muerte y resurrecci?n: purificaci?n de los antivalores que puede ostentar una cultura para hacerla disponible a la necesaria transformaci?n que realce sus valores naturales, nativos. Por ?ltimo, la manifestaci?n de una cultura cristiana, en la que la verdad de la fe y la gracia de la caridad inspiran y animan la cultura humana, el estilo de vida de un pueblo, las relaciones que los hombres y mujeres de ese pueblo entablan entre ellos, con el cosmos y con Dios. Es el mismo Esp?ritu que habla todas las lenguas.?

En la cultura argentina actual, como en la de los dem?s pa?ses iberoamericanos, se puede reconocer un sustrato marcado por la fe cristiana, los restos de una cultura cat?lica que se constituy? como fruto de la primera evangelizaci?n. Desde el punto de vista sociol?gico suele hablarse de un mestizaje en el que se han incorporado valiosos elementos abor?genes y el aporte ulterior de las corrientes inmigratorias. Pero es evidente que aquel sustrato cultural subsiste s?lo como un resto, ya que la cultura cat?lica fundacional ?supuesto que se haya formado plenamente? fue erosionada, desde los comienzos de la vida independiente de las naciones de la antigua Am?rica espa?ola, por las ideas naturalistas, racionalistas y anticat?licas de la Ilustraci?n. En el caso argentino las dos corrientes: la tradicional, de raigambre hisp?nica y cat?lica, y la liberal sea afrancesada o angl?fila, que progresivamente agrav? su tendencia laicista y anticat?lica, trabajan nuestra historia casi desde los a?os iniciales. La decadencia de la cultura de la Ilustraci?n y el influjo posterior de las corrientes ideol?gicas que la han sucedido a lo largo del siglo XX, llevan a la confusa situaci?n actual, en la que confluyen los acentos de una incierta posmodernidad, el peri?dico surgir de nuevas utop?as y la atomizaci?n del pensamiento, incapaz de reconocer la aut?ntica humanidad del hombre relativista y aun nihilista y por tanto de se?alarle un destino trascendente.?

Si la cultura cristiana ?como hemos afirmado? tiene su ra?z y origen en la fe recibida, vivida y transmitida en un pueblo, su recreaci?n depende que esa fe cobre nuevo vigor e inspire una nueva evangelizaci?n, que ha de ser inteligente y fervorosa evangelizaci?n de la cultura. En este contexto, cobra una pertinencia luminosa el magisterio del Santo Padre Benedicto XVI y su acci?n pastoral que orientan a los pueblos hacia el retorno a Dios y se?alan la centralidad de la adoraci?n y la primac?a de la gracia, como as? tambi?n a un di?logo renovado entre la fe y la raz?n. En su reciente discurso en el Parlamento brit?nico, el Papa ha manifestado su preocupaci?n por el intento, registrado en muchas naciones, de marginar y silenciar a la religi?n para relegarla a la esfera privada. A la vez ha indicado que el mundo de la raz?n y el mundo de la fe ?el mundo de la racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas? necesitan uno de otro y no deber?an tener miedo de entablar un di?logo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilizaci?n. Podemos recoger estas palabras como un llamado espec?fico dirigido a la inteligencia cat?lica, que debe empe?arse en pensar la fe para iluminar luego las instancias cruciales del pensamiento contempor?neo, como lo hizo en los momentos hist?ricos del apogeo de la cultura cristiana.?

En los ?ltimos a?os hemos asumido como principio de todo esfuerzo misional la definici?n del cat?lico como disc?pulo-misionero de Jesucristo. Si esta definici?n, lejos de convertirse en un eslogan que se repite por necesidad ret?rica o como mera expresi?n de deseo, se hace realidad en la vida de cada uno de los fieles cat?licos, podemos aspirar a la apertura de un nuevo ciclo cultural, a edificar una alternativa cultural de inspiraci?n cristiana en la cual ?y s?lo en ella? puede rescatarse la aut?ntica humanidad del hombre. Una nueva verificaci?n del mandato: Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis disc?pulos, bautiz?ndolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp?ritu Santo, y ense??ndoles a cumplir todo lo que yo les he mandado (Mt. 28, 19 s.). De la conversi?n y el bautismo, del cumplimiento de lo que el Se?or nos ense??, brota la cultura cristiana. La conversi?n de los pecadores transforma la vida de la sociedad.?

?C?mo entran los libros, el libro cat?lico, en este discurso? Como un modesto pero eficaz instrumento de evangelizaci?n de la cultura. En primer lugar, aportando doctrina teol?gica y experiencia espiritual al conocimiento de Cristo y de la verdad que ?l nos ha revelado y que es transmitida por la Iglesia. No hace falta ponderar el valor providencial de un buen libro en la vida de una persona ?creyente o incr?dulo? y en su posible orientaci?n hacia Dios, en su encuentro con Jesucristo vivo. Adem?s, los libros pueden transmitirnos el patrimonio de la tradici?n y de la cultura cristiana. Ofrecen apoyo al discernimiento de los lectores cuando afrontan a la luz del magisterio eclesial los problemas de actualidad y las objeciones y cr?ticas de la cultura vigente. Buenos autores ensayan en sus libros nuevas s?ntesis de inculturaci?n de la verdad cristiana, de acuerdo al dinamismo que es propio de toda cultura y recogiendo las nuevas experiencias de los fieles. En los libros se recogen los resultados del di?logo entre la fe y la raz?n, sobre todo entre la fe y las ciencias positivas, con la necesaria mediaci?n de una filosof?a cristiana. El libro nos acerca tambi?n las obras de autores que son personas de fe, cuya fe no queda al margen de sus creaciones literarias y de sus ensayos sobre las m?s variadas materias.?

Una biblioteca de libros cat?licos, o una exposici?n como ?sta que hoy inauguramos es un repositorio de cultura, una muestra objetiva, de mayor o menor envergadura, de lo que puede inspirar la fe. Pero el libro s?lo puede ser instrumento de evangelizaci?n de la cultura si es le?do, si se convierte as? en un protagonista vivo del di?logo entre la cultura y la fe. En la exposici?n se lo mira, se lo toca, se lo hojea; quiz? se lo compre; la cuesti?n es leerlo.?

Mons. H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata?


Publicado por verdenaranja @ 22:38  | Hablan los obispos
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