Martes, 14 de diciembre de 2010

Homil?a de monse?or Jos? Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la misa y Vigilia por la Vida Naciente (Catedral de Rosario, 27 de noviembre de 2010). (AICA)

MISA Y VIGILIA POR LA VIDA NACIENTE

Queridos hermanos:?

El tiempo de Adviento

El comienzo del Adviento, que anuncia la espera del nacimiento de Jesucristo, autor de la vida, nos permite celebrar tambi?n la Jornada de la vida naciente, convocada por el Santo Padre Benedicto XVI. Nuestra Arquidi?cesis de Rosario se une ?ntimamente al pedido del Papa; que simboliza en esta celebraci?n el deseo de defender y tutelar la vida; por eso ofrece esta Vigilia en la Iglesia Catedral y en las parroquias y capillas.

Este tiempo nos hace pensar desde ya en las palabras del ?ngel, que anuncia la Navidad: ? Les anuncio una gran alegr?a, que lo ser? para todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, el Mes?as y Se?or ? (Lc 2, 10 -11).

La encarnaci?n del Verbo y la esperanza del nacimiento de Jesucristo, le da un valor m?s pleno a toda la vida humana y nos llena de alegr?a, ya que por la encarnaci?n, Dios vino a nosotros; y de un modo particular tambi?n la vida humana naciente desde el seno materno, es motivo de gratitud a Dios, que nos llena del mismo gozo.

Asimismo, el Evangelio nos habla de la venida de Jes?s al final de la historia, y nos hace repetir confiadamente: ?Ven Se?or Jes?s?. Por ello, tenemos presente que el Se?or vino, viene y vendr? al fin de los tiempos; y que cada uno de nosotros debe encontrase con ?l, en esta vida y al final de los tiempos.??

La vida humana naciente

Esta celebraci?n, como expres?, tambi?n mira a un motivo querido por el Papa; se trata de la vida naciente. La misma vida que est? en el centro del mensaje de Jesucristo, que es la Buena Noticia de todos los hombres, y que hoy queremos volver a anunciar y vivir con absoluta fidelidad. Para ello, como nos dice la segunda lectura que proclamamos: ?Abandonemos las obras propias de la noche y vist?monos con la armadura de la luz? (Ro.13, 12).

Cada uno de nosotros conoce su propia vida, y sabe que est? llamado desde que nacemos a vivirla en plenitud. La vida ha sido creada por Dios, y todos fuimos creados a su imagen, y llamados a la eternidad, de tal manera que cada vida es sagrada, en cualquiera de sus etapas, desde la primera cuna, que es el seno materno.

Podemos decir entonces que la vida es sagrada, durante este camino del tiempo y de la historia; y es tambi?n sagrada por su fin sobrenatural, por lo cual merece que ?la custodiemos con sentido de responsabilidad y la llevemos a perfecci?n en el amor y en el don de nosotros mismos a Dios y a los hermanos (Juan Pablo II, Ev. Vitae, int.).

Por ello, resulta tan importante tener siempre presente, que la vida del ni?o por nacer, la vida humana naciente tambi?n es sagrada.?

Se desvaloriza la vida, y se oscurece su dignidad

Pero podemos preguntarnos: ?por qu? en nuestro tiempo se desvaloriza la vida, y se oscurece su dignidad?

Es verdad que en este nuevo milenio encontramos adelantos sociales, t?cnicos, y cient?ficos; pero sabemos que no basta con estos; y que necesitamos contar tambi?n con otros progresos morales, que se puedan seguir reflejando en la vida de nuestros pueblos y ciudades, en sus costumbres y en su legislaci?n; principalmente a favor de la familia, y en la protecci?n y ayuda al matrimonio y a sus hijos.

La humanidad de hoy, lamentablemente, nos ofrece datos dif?ciles de comprender en relaci?n a la vida humana naciente, si consideramos los atentados frecuentes contra la vida en el seno materno, as? como su proporci?n num?rica, junto con el m?ltiple apoyo que reciben de la opini?n p?blica, de un buscado reconocimiento legal y hasta de de la implicaci?n del mismo personal que lo ejerce (cfr. Ev. Vitae, n ? 17).

De esta manera, no podemos quedarnos tranquilos y aceptar pasivamente las formas de negaci?n de la vida humana, y queremos apoyar todo cuanto promueva el orden natural en el ?mbito de la instituci?n familiar (cfr. Benedicto XVI, 7.XI.2010). Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, como nos dec?a Juan Pablo II, a?n entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la raz?n y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su coraz?n (cf. Rm 2, 14 -15), como es el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su t?rmino; y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado este bien primario suyo.

Justamente, en el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad pol?tica (Ev. Vitae, n?2).

Y sin duda, el amor generoso e indisoluble de un hombre y una mujer, es el marco y el fundamento de la vida humana que la favorece y protege, tanto en su gestaci?n, como en su nacimiento y crecimiento, as? como en su t?rmino natural.

Que el hombre y la mujer que contraen el matrimonio y forman una familia sean valorados y apoyados en su misi?n en torno a la vida.

Por eso, deseamos que el hombre y la mujer que contraen el matrimonio y forman una familia sean valorados y apoyados en su misi?n en torno a la vida, y ?sta pueda ser siempre protegida eficazmente. Pedimos que se defienda la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepci?n; y que la natalidad sea dignificada, valorada y apoyada jur?dica, social y legislativamente (cfr. Benedicto XVI, ib).

Pedimos tambi?n que se respete la objeci?n de conciencia, de quienes quieren defender la vida del ni?o que va a nacer. Y que se trabaje al mismo tiempo por la vida del ni?o y del joven ya nacido, cuya vida tienen una dignidad incomparable: con salud, educaci?n, y una familia, y a la vez sin padecer miseria, droga, inseguridad, y sin explotaci?n ni abusos.

Siempre nos duelen las profanaciones a la vida en todas sus etapas, y sobre todo en el santuario de la vida naciente, que procuran quitar la vida al ni?o en gestaci?n, hu?sped del seno materno; tambi?n nos duelen la actitudes de quienes buscando la adhesi?n social a esta opci?n, como si hubiera que eliminar a un injusto agresor, hayan transformado esta lamentable opci?n en una ideolog?a, que crece al margen de la verdad, y se expresa frecuentemente con cantos y burlas, con gritos e insultos contra la vida del ni?o por nacer, y contra todos los que la defienden.

No queremos el mal de nadie, sino el bien de un ni?o que va a nacer. Queremos ser pac?ficamente defensores de la vida; con la actitud que nos ense?a la Palabra de Dios, que manifiesta su amor a cada ser humano, a?n antes de su formaci?n en el seno de la madre. Por eso le dice Dios al profeta Jerem?as: "Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conoc?a, y antes que nacieses, te ten?a consagrado" (Jr 1, 5).?

?La vida se nos manifest?: y nosotros la hemos visto? (1 Juan 1,12)

Este amor ilimitado y casi incomprensible de Dios al hombre revela hasta qu? punto la persona humana es digna de ser amada por s? misma, desde la concepci?n, independientemente de cualquier otra consideraci?n: salud, capacidad, inteligencia, belleza, juventud, etc. En definitiva, la vida humana siempre es un bien, puesto que "es manifestaci?n de Dios en el mundo, signo de su presencia, resplandor de su gloria" ("Ev. vitae", 34).

Se lo pedimos a Mar?a, la Madre de la vida naciente; en cuya maternidad viene exaltada al m?ximo la vocaci?n a la maternidad de toda mujer. As? Mar?a se pone como modelo para la Iglesia, llamada a ser la ?nueva Eva , madre de los creyentes, madre de los ? vivientes ? (cf. Gn 3, 20) y madre nuestra.?

Mons. Jos? Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario?


Publicado por verdenaranja @ 21:58  | Homil?as
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