Mi?rcoles, 15 de diciembre de 2010

Mensaje de monse?or Oscar Sarlinga, obispo de Z?rate-Campana, en la Vigilia por la Vida (Iglesia catedral Santa Florentina, V?speras del primer domingo de adviento, 27 de noviembre de 2010). (AICA)

VIGILIA POR LA VIDA

Queridos sacerdotes, hermanos y hermanas, muy queridos j?venes, que numerosos han acudido a nuestro llamado:?

Estamos hoy aqu?, en esta Vigilia en la iglesia catedral, para abrir el coraz?n a la Palabra de Cristo. El Verbo Eterno ha o?do todo del Padre, en la eternidad del Amor entre ambos, su Esp?ritu. Jesucristo, el Verbo de Dios hecho Hombre, quien nos dijo ?(?) todo aquello que he o?do del Padre, se lo he dado a conocer a ustedes? (Jn 15,15c). ?l nos libera;? nos llama, por ello, ?amigos?, m?s que siervos, y nos llama as?, pues lo somos, es maravilloso tenerlo como nuestro Amigo, aqu?l que nos ense?a la Ley nueva del Amor, aqu?l que es, ?l mismo, ?el Evangelio de la Vida?. Por eso queremos proclamar con entusiasmo un gran ?S? a la vida humana, a la persona como imagen de Dios, en todas las etapas y dimensiones de su existencia. Esta verdad ?cr?stica? sobre el sentido m?s profundo de nuestra vida humana nos trae liberaci?n interior y alivio frente a no pocas adversidades que nos toca vivir en nuestra sociedad contempor?nea. ?Lo creemos?. Porque el creerlo, el vivirlo interiormente ser? lo que nos har? ?libres?, con la libertad evang?lica.??

I EL INICIO DEL ADVIENTO?

El inicio del tiempo lit?rgico del Adviento provoca en nosotros sentimientos de agradecimiento por la liberaci?n que nos trajo Cristo. El agraviante e insoportable peso de la esclavitud, de cualquier esclavitud, a comenzar por la m?s originaria, la del pecado, ya no tiene derecho alguno sobre nosotros, porque el Esp?ritu Santo infunde hoy, con suavidad y firmeza, en los o?dos interiores de nuestra alma, la disposici?n a dedicarnos con entera libertad a proclamar con nuestra palabra y nuestras obras ese Evangelio. Queremos hacerlo como ?pueblo de la vida? que, en tanto miembros de la Iglesia, verdaderamente somos.??

Con esta disposici?n de esp?ritu, ?aqu? estamos?, le decimos al Se?or, con una alentadora presencia de juventud cat?lica, este s?bado 27 de noviembre, en la iglesia catedral de Santa Florentina, unidos al Papa y a toda la Iglesia en la celebraci?n de la "Vigilia por la vida naciente". Nos hemos hecho eco de la iniciativa del Santo Padre Benedicto XVI, quien preside las V?speras en la Bas?lica de San Pedro, y en cuya invitaci?n a la Vigilia nos ha dicho:??

"Todos nosotros somos conscientes de los peligros que amenazan hoy la vida humana a causa de la cultura relativista y utilitarista que ofusca la percepci?n de la dignidad propia de cada persona humana, cualquiera que sea el estadio de su desarrollo. Estamos llamados m?s que nunca a ser "el pueblo de la vida" (Juan Pablo II, Enc?clica Evangelium vitae, n. 79) con la oraci?n y el compromiso??

II LA VIDA HUMANA ES DON SAGRADO?

El valor de la vida humana es sagrado, porque as? lo quiso Dios en su sapiencia. ?En la primera p?gina del G?nesis, se narran acontecimientos de fe e ?hist?ricos? (con el g?nero de la historia sagrada) a la vez: la creaci?n del universo y del hombre, es decir, el nacimiento de la primera criatura humana, hecha a imagen y semejanza del Creador (cfr. Gen. 2, 7; 1, 26-27). En la visi?n b?blica, el ser humano goza de un alma espiritual, inmortal, irreductible a lo corp?reo. Por esta raz?n, como deduc?a el Bienaventurado Papa Juan XXIII en la ?Mater et Magistra?, toda vida humana ?ha de considerarse por todos como algo sagrado, ya que desde su mismo origen exige la acci?n creadora de Dios?.?

El alma que vivifica al ser humano es creada inmediatamente de la nada por Dios en el instante de la concepci?n de ese nuevo ser, de modo tal que el var?n y la mujer, el pap? y la mam?, son cooperadores libres de la Providencia divina, y de esta manera intervienen como en un ?milagro portentoso?, m?s notable todav?a que resucitar a un muerto o devolver la vista a un ciego. Esto ?ltimo lo dice Santo Tom?s de Aquino: ?es m?s milagro el crear almas, aunque esto maraville menos, que iluminar a un ciego; sin embargo, como ?ste es m?s raro, se tiene por m?s admirable? . Y el gran Doctor de la Iglesia San Agust?n queda incluso m?s maravillado ante el hecho de la creaci?n de un nuevo ser humano ?que ante la resurrecci?n de un muerto?, pues, afirma, cuando Dios resucita un muerto, recompone o recrea ?huesos y cenizas?; sin embargo ?prosigue el Santo Obispo y Doctor- ?(?) t? antes de llegar a ser hombre no eras ni cenizas ni huesos; y sin embargo has sido hecho, no siendo antes absolutamente nada? .??

De aqu? el alcance vital, existencial, del drama tremendo del aborto procurado. No se trata de condenar a las personas que han vivido o viven ese drama, se trata de la dignidad de la persona humana concebida, y de la dignidad de la persona humana durante toda su vida, lo cual, es cierto, s?lo se comprende cabalmente desde una visi?n integral del ser humano, como lo afirmaba el Papa Pablo VI cuando recordaba que este problema, como cualquier otro referente a la vida humana, hay que considerarlo, por encima de las perspectivas parciales de orden biol?gico o sociol?gico, ?(?) a la luz de una visi?n integral del hombre y de su vocaci?n, no s?lo natural y terrena sino tambi?n sobrenatural y eterna?. Se trata tambi?n del valor pedag?gico de la ley (incluso de la ley civil) y de su incidencia en una sociedad civilizada.??

III JUSTICIA, DERECHOS Y CARIDAD, PUES NO HAY VIDA SIN LA LEY NUEVA DEL AMOR?

Nuestro gran ?S? a la vida incluye todos los derechos. ?C?mo olvidarlo?. Este ?S? est? animado por la Ley Suprema del Amor, la cual posee tambi?n una dimensi?n social. As?, queremos reafirmar hoy el derecho de educar a los hijos conforme a las convicciones profundas, el derecho fundamental de la libertad religiosa, todos los derechos humanos, y el anhelo a la paz y la justicia social, en tiempos caracterizados por transformaciones sociales y culturales.? Como tuvo ocasi?n de subrayarlo el Papa Benedicto XVI en su Enc?clica ?Caritas in veritate?, la Doctrina Social de la Iglesia ha puesto siempre de manifiesto la importancia de la justicia distributiva y de la justicia social en los diversos sectores de las relaciones humanas. Es preciso decir que sin justicia tampoco hay un ?S? a la vida. Se promueve la justicia cuando se acoge la vida del otro y se asume la responsabilidad hacia ?l, respondiendo a sus expectativas, porque en ?l se capta el rostro mismo del Hijo de Dios, que por nosotros se hizo hombre. La imagen divina impresa en nuestro hermano funda la alt?sima dignidad de toda persona y suscita en cada uno la exigencia del respeto, del cuidado y del servicio. Por ello, que ninguno disocie, en este tema: el v?nculo entre justicia y caridad, en perspectiva cristiana, es cercan?simo, ?inter-incluido?, dir?amos: "(?) la caridad supera a la justicia, porque amar es donar, ofrecer de lo "m?o" al otro; pero nunca sin la justicia, que induce a dar al otro lo que es "suyo", lo que le corresponde en raz?n de su ser y de su obrar [...] Quien ama con caridad a los dem?s es ante todo justo hacia ellos. No solo la justicia no es extra?a a la caridad, no s?lo no es una v?a alternativa o paralela a la caridad: la justicia es 'inseparable de la caridad', intr?nseca a ella. La justicia es la primera v?a de la caridad" . Y de todo esto, de todo, la Eucarist?a es "fuente y culmen".??

CONCLUSI?N

EL EVANGELIO DE LA VIDA NOS MUEVE A CUMPLIR EN ESP?RITU Y EN VERDAD EL QUINTO MANDAMIENTO?

?No matar?s? nos dice la Ley de Dios. ?Por qu? acostumbrarnos a recibir todos los d?as noticias de c?mo se matan unas gentes a otras?. Es como si la conciencia moral se hubiera cauterizado en ese aspecto. Por otra parte, podemos entender el ?matarse? en una pluriformidad de significado. Me explico: existe una tendencia creciente a pensar que podemos arbitrariamente disponer de nuestra propia vida y de la vida de los dem?s, por los motivos que fuere, ya sea por causa de un relativismo muy enraizado, por ejemplo, o por la infravaloraci?n de la vida propia (parece incre?ble, pero esto se da cada vez m?s) y de la vida de los otros. Puede que ello se d? respecto de la persona humana reci?n concebida, o de los ni?os, o del ser humano en cualquiera de sus etapas o dimensiones. Tambi?n se puede ?matar? en un sentido m?s amplio que podemos atribuir a la palabra, cuando se da?a conscientemente al otro por odio, codicia, envidia, intereses ego?stas u otras causales, las cuales, en el fondo, tienen su ra?z en las ?obras de la carne? que menciona San Pablo (Cf Gal 5,11-21). A este prop?sito, resulta de gran iluminaci?n para nuestro coraz?n el que ?San Pablo, al hablar de las mencionadas ?obras de la carne?, mencione no s?lo ?fornicaci?n, impureza, lascivia (...) embriagueces, org?as?, sino que nombra tambi?n otros pecados, en lo que lo ?carnal? y ?sensual? pareciera no estar tan patente, pero que s? lo est?, porque aqu?llos constituyen, en lo m?s hondo, ?pecados del esp?ritu? humano, y por ende, ?de la carne afectada por el pecado?: ?idolatr?a, hechicer?a, odios, discordias, celos, iras, rencillas, disensiones, divisiones, envidias...? (Cf Ibid). Si ponemos nuestra mente a ver la realidad, junto con numerosos signos de amor, de entrega, de generoso sacrificio y de alegr?a que se dan en nuestro mundo, encontraremos tambi?n todo esto que nos menciona San Pablo; son realidades de rigurosa actualidad, y constituyen algunas de las causas m?s profundas del irrespeto de la dignidad de las personas. Por el contrario, el ?respetar la dignidad de la persona es la esencia del quinto mandamiento, el cual tambi?n nos ense?a que hemos de respetar el alma, la salud, el cuerpo y la fama de nosotros mismos y de los dem?s. De tal modo, el esc?ndalo voluntariamente procurado (o surgido del nunca suficientemente calibrado pecado de la imprudencia), y asimismo las faltas a la salud propia o de los dem?s, la c?lera y el odio, y mir?adas de formas de irrespeto de la vida, nos hablan, casi como por sentido contrario, de la importancia de llenar nuestra alma, nuestra mente, nuestro esp?ritu, nuestras obras, de la Luz de Dios y de la mencionada nueva ?Ley?, la ?Ley nueva del Amor, del Esp?ritu Santo?. Veamos esperanza, queridos hermanos. Veamos la capacidad que el Se?or puso en nosotros para ?transformar el mundo? con la ayuda de su Gracia, con su Amor, para que, cada uno seg?n su misi?n y elecci?n, contribuyamos a la generaci?n de un humanismo nuevo, trascendente, verdaderamente digno de Dios y del hombre, como nos lo ense?a la doctrina social de la Iglesia. Con la ayuda de la Virgen Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Estrella de la Evangelizaci?n.??

Mons. Oscar Sarlinga, obispo de Z?rate-Campana?

??? Juan XXIII, Enc. Mater et Magistra, 15-V-1961
??? S. TOMAS DE AQUINO, Los cuatro opuestos, 7.
??? S. AGUSTIN, Sermo 127, 11, 15; ML 38, 713.
??? Pablo VI, Enc. Humanae vitae, n. 7.
??? Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, n. 35.
??? Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, n. 6.
??? Cf PONT. CONSEJO ?JUSTICIA Y PAZ?, COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA, Introducci?n, n. 19.

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Publicado por verdenaranja @ 22:21  | Hablan los obispos
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