Jueves, 16 de diciembre de 2010

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? el? s?bado, 29 de Noviembre de 2010, al nuevo embajador de Jap?n ante la Santa Sede, Hidekazu Yamaguchi, durante la presentaci?n de sus Cartas Credenciales.

Excelencia,

Estoy contento de acogerle y de aceptar las Cartas que le acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Jap?n ante la Santa Sede. Le estoy agradecido por los amables saludos que me ha dirigido de parte de su Majestad el Emperador. A cambio, le ruego que le transmita mis votos cordiales y la seguridad de mi oraci?n por su salud y por la de los miembros de la Familia imperial. Estoy contento tambi?n de saludar al Gobierno y a todo el pueblo de Jap?n. La Santa Sede se alegra de las excelentes relaciones que han existido siempre con su pa?s desde cuando fueron instauradas, hace casi sesenta a?os. ?stas se han caracterizado constantemente por la cordialidad y por la comprensi?n rec?proca. A trav?s de usted, Excelencia, quisiera asegurar a Su Majestad Imperial, como tambi?n al Gobierno, el compromiso de la Santa Sedeen seguir reforzando estas relaciones.

Desde su ingreso en la Organizaci?n de las Naciones Unidad, Jap?n ha sido un actor importante en la escena regional e internacional, y ha contribuido de modo significativo a la expansi?n de la paz, de la democracia y de los derechos del hombre en Extremo Oriente y tambi?n en otros lugares, en particular en los pa?ses del mundo en v?as de desarrollo. La Santa Sede, por medio de sus misiones diplom?ticas presentes en estos Estados, ha observado con satisfacci?n la financiaci?n proporcionada por su pa?s para el desarrollo y tambi?n para otras formas de asistencia. Las repercusiones sobre los beneficiarios son inmediatas, es verdad, pero es tambi?n ciertamente una piedra angular esencial para la instauraci?n de una paz s?lida y de la prosperidad en el conjunto de las naciones del mundo.

Trabajando as? para la edificaci?n de la unidad de la familia humana, a trav?s de la cooperaci?n internacional, contribuir?is a construir una econom?a mundial en la que cada uno ocupar? el lugar que le es debido y podr? beneficiarse, como nunca antes, de los recursos mundiales. Perm?tame animar a su Gobierno a continuar su pol?tica de cooperaci?n al desarrollo, en particular en los ?mbitos que afectan a los m?s pobres y los m?s d?biles.

Este a?o se cumple el sexag?simo quinto aniversario del tr?gico bombardeo at?mico sobre las poblaciones de Hiroshima y de Nagasaki. El recuerdo de este oscuro episodio de la historia de la humanidad va siendo cada vez m?s doloroso, a medida que desaparecen cuantos fueron testigos de un horror semejante. Esta tragedia nos recuerda con insistencia cu?n necesario es perseverar en los esfuerzos a favor de la no proliferaci?n de las armas nucleares y del desarme. El arma nuclear sigue siendo una fuente de gran preocupaci?n. Su posesi?n y el riesgo de un eventual uso generan tensiones y desconfianzas en numerosas regiones del mundo. Su naci?n, se?or Embajador, debe ser citada como ejemplo para el apoyo constante a la b?squeda de soluciones pol?ticas que permitan no solo impedir la proliferaci?n de las armas nucleares, sino tambi?n de evitar que la guerra sea considerada como un medio para resolver los conflictos entre las naciones y entre los pueblos.

Compartiendo con Jap?n esta preocupaci?n por crear un mundo sin armas nucleares, la Santa Sede anima a todas las naciones a instaurar pacientemente los v?nculos econ?micos y pol?ticos de la paz, para que se eleven como una plaza fuerte contra toda pretensi?n de recurso a las armas, y permitan promover el desarrollo humano integral de todos los pueblos (cfr. Audiencia general, 5 de mayo de 2010). Una parte de las sumas dedicadas a las armas podr?a ser destinada a proyectos de desarrollo econ?mico y social, a la educaci?n y a la sanidad. Esto contribuir?a sin duda alguna a la estabilidad interna de los pa?ses y a la de entre los pueblos (cfr. Caritas in veritate, n. 29). En estos tiempos de inestabilidad de los mercados y del empleo, la necesidad de encontrar financiaciones seguras para el desarrollo es de hecho una constante preocupaci?n.

Las dificultades ligadas a la recesi?n econ?mica mundial actual no han dejado a salvo a ning?n pa?s. A pesar de ello, el lugar que Jap?n ocupa en la econom?a internacional sigue siendo muy importante y, con motivo de la creciente globalizaci?n del sistema comercial y de los movimientos de capitales, que es una realidad, las decisiones que tome su Gobierno seguir?n teniendo repercusiones mucho m?s all? de sus fronteras. Que todos los pueblos de buena voluntad puedan ver en la crisis econ?mica mundial actual una ?ocasi?n de discernir y proyectar de un modo nuevo? (Caritas in veritate, n. 21), un modo de proyectar marcado por la caridad en la verdad, por la solidaridad y por un compromiso en favor de una esfera econ?mica orientada de forma ?tica (cfr. ibidem, n. 36).

Su pa?s, Excelencia, goza desde hace muchos a?os de la libertad de conciencia y de la libertad de culto, y la Iglesia cat?lica en Jap?n tiene as? la posibilidad de vivir en paz y en fraternidad con todos. Sus miembros son libres no s?lo de comprometerse en la cultura y en la sociedad japonesas, sino tambi?n de llevar a cabo un papel vivo y activo en el Jap?n contempor?neo, en particular a trav?s de sus universidades, sus escuelas, sus hospitales y sus instituciones caritativas, que ?sta pone de buen grado al servicio de toda la comunidad. ?ltimamente, estas instituciones han estado contentas de responder tambi?n a las necesidades de las poblaciones migrantes llegadas a Jap?n, cuya situaci?n requiere ciertamente una prudente atenci?n y una ayuda efectiva por parte de toda la sociedad.

Adem?s, subrayo que los miembros d la Iglesia cat?lica en Jap?n est?n comprometidos desde hace largo tiempo en un dialogo abierto y respetuoso con las dem?s religiones, especialmente las que hunden sus propias ra?ces en su naci?n. La Iglesia ha promovido siempre el respeto de la persona humana en su integridad y en su dimensi?n espiritual, como un elemento esencial com?n a todas las culturas que se expresa en la b?squeda personal de lo sagrado y en la pr?ctica religiosa. ?Dios es el garante del verdadero desarrollo del hombre?en cuanto, habi?ndolo creado a su imagen, funda tambi?n su dignidad trascendente y alimenta su anhelo constitutivo de 'ser m?s'? (ibidem, n. 29). Quisiera asegurar al pueblo japon?s la gran consideraci?n en que la Iglesia cat?lica tiene el di?logo interreligioso, comprometi?ndose firmemente en el con el fin de animar la confianza rec?proca, la comprensi?n y la amistad, en el inter?s de toda la familia humana.

Finalmente, se?or Embajador, perm?tame formular mis mejores augurios acompa?ados por mi oraci?n por el ?xito de su misi?n, y asegurarle que las diversas oficinas de la Curia Romana estar?n dispuestas a ayudarla en el ejercicio de sus funciones. Sobre usted, Excelencia, sobre su familia y sobre el noble pueblo de Jap?n, invoco de coraz?n abundantes Bendiciones de Dios.

[Traducci?n del original en franc?s por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:38  | Habla el Papa
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