Viernes, 17 de diciembre de 2010

ZENIT nos?ofrece, por su inter?s, la homil?a que el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, pronunci?el 30 de Noviembre de 2010?en la catedral ortodoxa de la Asunci?n de Astan? (Kazajst?n), durante una celebraci?n lit?rgica, en la que entreg? en nombre del Papa Benedicto XVI unas reliquias de san Andr?s al Metropolita Alexander.

Queridos hermanos y hermanas

Estoy contento de encontrarme en Astan?, capital de la Rep?blica de Kazajst?n, este noble y extenso pa?s situado en el coraz?n del territorio eurasi?tico. Deseo expresar mi profunda alegr?a de poder visitar esta catedral vuestra de la Asunci?n, recientemente abierta al culto. Os saludo a todos con afecto, comenzando por Su Eminencia el Metropolita Alexander y, mientras le doy las gracias por su fraternal acogida, le hago llegar a usted y a todos el cordial saludo del Santo Padre Benedicto XVI, con ruego de transmitirlo a Su Santidad Kiril, Patriarca de Mosc? y de todas las Rusias. Saludo adem?s a las dem?s Autoridades religiosas (y civiles), a los sacerdotes, los di?conos y los fieles de la Iglesia Ortodoxa de Kazajst?n. Que este encuentro fraternal nuestro pueda suscitar un renovado impulso a unir esfuerzos, para que en un futuro no lejano los disc?pulos de Cristo proclamen con una sola voz y un solo coraz?n el Evangelio, mensaje de esperanza para toda la humanidad.

La ocasi?n de esta grata visita m?a a Astan? es la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de los pa?ses de la Organizaci?n para la Seguridad y la Cooperaci?n en Europa (OSCE), que tendr? lugar en los pr?ximos d?as. Esta circunstancia sugiri? a las Autoridades de Kazajst?n dirigirme una cort?s invitaci?n para visitar vuestra tierra. Al acoger de buen grado este gesto apreciado y deferente, pens? en seguida en la alegr?a de poder dirigirme a un pa?s en el que hay amplias posibilidades para una serena y provechosa convivencia religiosa. En este contexto, para nosotros cristianos el deber del amor rec?proco es de lo m?s urgente: estamos de hecho llamados a dar testimonio a todos, con las palabras y con las obras, de que Dios es Amor. Al respecto, mi presencia quiere ser tambi?n un aliento a proseguir en el camino del gran respeto y afecto, que s? que existe entre la comunidad ortodoxa y la cat?lica de Astan?, como tambi?n de otras ciudades. Que no falten, queridos amigos, ocasiones propicias de mutuo apoyo y de profundizaci?n de la amistad.

Hoy, en este grato encuentro con vosotros, tengo la especial alegr?a de cumplir el alto encargo que me confi? el Santo Padre Benedicto XVI, de entregaros un fragmento de las insignes Reliquias del Ap?stol san Andr?s, que se veneran en Italia, en la ciudad de Amalfi. Esta entrega, que me honra efectuar en las manos de Su Eminencia el Metropolita Alexander, tiene lugar en respuesta a la devota petici?n que su predecesor, el Metropolita Mefodji, y el arzobispo Tomash Peta, Metropolita cat?lico, dirigieron conjuntamente al Papa Benedicto XVI. El Pont?fice, queriendo salir al encuentro de buen grado al ardiente deseo, decidi? destinar a las respectivas iglesias dos fragmentos de las preciosas Reliquias. Esta elecci?n reviste profundo significado, en cuanto que subraya la com?n veneraci?n de los Ap?stoles.

Quiero subrayar que el acto de entrega hoy de la reliquia de san Andr?s, que vosotros tanto vener?is, coincide precisamente con el d?a en el que, seg?n el calendario de la Iglesia latina, se celebra su fiesta lit?rgica. Andr?s naci? en Betsaida, fue antes disc?pulo de Juan Bautista y despu?s sigui? al Se?or Jes?s, a quien condujo tambi?n a su hermano Pedro. Junto a Felipe present? al propio Cristo a los gentiles, e indic? al muchacho que llevaba los peces y el pan. Seg?n la tradici?n, despu?s de Pentecost?s, predic? en diversas regiones y fue crucificado en Acaya (Grecia). El Evangelio nos narra que Jes?s, ?mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Sim?n y a su hermano Andr?s, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. Jes?s les dijo: 'Seguidme, y yo os har? pescadores de hombres'? (Mc?1,16-17). Andr?s, por tanto, fue el primero de los Ap?stoles en ser llamado a seguir a Jes?s. Precisamente sobre la base de este hecho, la liturgia bizantina lo honra con el apelativo de Prot?klitos, que significa precisamente, el primer llamado.

El relato evang?lico prosigue precisando que "inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron" (Mc?1,18). Esta adhesi?n inmediata es la que permiti? a los Ap?stoles difundir la Palabra, la ?buena noticia? de la salvaci?n. La fe viene de la escucha y lo que se escucha es la Palabra de Cristo, que tambi?n hoy la Iglesia difunde hasta los confines de la tierra. Esta Palabra es el alimento indispensable para el alma. Se dice en el libro del profeta Am?s que Dios pondr? en el mundo un hambre, no hambre de pan, sino de escuchar su palabra (cfr Am 8,11). Esta es un hambre saludable, porque nos hace buscar y acoger continuamente la Palabra de Dios, sabiendo que ella nos debe nutrir para toda la vida. Nada en la vida puede tener consistencia, nada puede verdaderamente satisfacernos, si no es nutrido, penetrado, iluminado, guiado por la Palabra del Se?or. Adem?s, un empe?o cada vez m?s profundo de adhesi?n radical a esta Palabra, junto con el apoyo del Esp?ritu Santo, constituyen la fuerza para realizar las aspiraciones de cada Comunidad cristiana y de cada uno de los fieles a la unidad (cfr Benedicto XVI, Exhort. ap. Verbum Domini, 46).

Del Evangelio de san Juan recogemos otro detalle importante respecto al ap?stol Andr?s: "Al primero que encontr? fue a su propio hermano Sim?n, y le dijo 'Hemos encontrado al Mes?as', que traducido significa Cristo. Entonces lo llev? a donde estaba Jes?s? (Jn 1,41-43), demostrando en seguida un destacado esp?ritu apost?lico. A prop?sito de esto, san Juan Cris?stomo comenta: la de Andr?s es la palabra de uno que esperaba con ansia la venida del Mes?as, que esperaba su descenso del cielo, que salt? de alegr?a cuando le vio llegar, y que se apresur? a comunicar a los dem?s la gran noticia. ?Ve de que manera notifica lo que hab?a sabido en poco tiempo? Andr?s, tras haber permanecido con Jes?s y haber aprendido todo lo que Jes?s le hab?a ense?ado, no se qued? encerrado para s? el tesoro, sino que se apresur? a correr donde su hermano para comunicarle la riqueza que hab?a recibido... Mira tambi?n el alma de Pedro, desde el inicio d?cil y dispuesto a la fe: inmediatamente corre sin preocuparse de nada m?s?. (Hom.19, 1; PG 59, 120).

En el precioso icono entregado por el Patriarca Aten?goras I al Papa Pablo VI el 5 de enero de 1964, los dos santos Ap?stoles, Pedro el Corifeo y Andr?s el Prot?clito, se abrazan, en un elocuente lenguaje de amor, debajo de Cristo glorioso. Andr?s fue el primero en ponerse en el seguimiento del Se?or, Pedro fue llamado a confirmar a sus hermanos en la fe. Su abrazo bajo la mirada de Cristo es una invitaci?n a proseguir en el camino emprendido, hacia ese objetivo de unidad que juntos pretendemos alcanzar. Que nada nos desanime, sino que sigamos adelante con esperanza, sostenidos por la intercesi?n de los ap?stoles Pedro y Andr?s, como tambi?n por la protecci?n maternal de Mar?a Sant?sima, Madre de Cristo y Madre nuestra. Con particular intensidad pidamos a Dios el don precioso de la unidad entre todos los cristianos, haciendo nuestra la invocaci?n que Jes?s elev? al Padre por sus disc?pulos: ?Que todos sean uno: como t?, Padre, est?s en m? y yo en ti, que tambi?n ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t? me enviaste" (Jn 17,21).

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]?


Publicado por verdenaranja @ 22:47  | Hablan los obispos
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