S?bado, 18 de diciembre de 2010

Homil?a de monse?or Mario Cargnello, arzobispo de Salta en la Vigilia de Oraci?n por la Vida Naciente (Catedral Bas?lica de Salta, 27 de noviembre de 2010). (AICA)

VIGILIA DE ORACI?N POR LA VIDA NACIENTE ????????????

Mis queridos hermanos:

Comenzamos un nuevo a?o lit?rgico y el coraz?n de toda la Iglesia se pone en tensi?n hacia la Navidad, viviendo estas cuatro semanas el tiempo del Adviento. Si hay una actitud que marca este tiempo, es la actitud de la esperanza: se trata de descubrir la historia y la vida personal como el camino hacia un encuentro, como la espera de alguien que viene; se trata de descubrir la vida como el camino hacia un norte, el camino con sentido. La Iglesia se pone en esa din?mica y va hacia el Encuentro con el Se?or que viene.

En este primer domingo meditamos el Evangelio seg?n San Mateo y nos ponemos frente a la imagen del Juez de la vida, el Se?or; es ?l quien alimenta nuestra esperanza.

?Puede el hombre de nuestro tiempo esperar? Si hemos tirado abajo tantos mitos, tantas creencias; si la capacidad de investigaci?n del hombre y el avance de la ciencia nos ha permitido vencer tantos obst?culos, tantas enfermedades, mejorando la calidad de vida, prolongando la vida? ?puede el hombre de nuestro tiempo esperar? Ya no vivimos en tiempos en los que muchas de las realidades que acompa?an al hombre se convert?an en amenazas, que alimentaban el temor y por eso se buscaba respuestas en el religioso. ?Tiene sentido, hoy, esperar? Y sin embargo, el hombre de hoy, como el hombre de siempre, se sigue preguntando. Incluso, m?s que nunca, sigue buscando a magos, a hor?scopos, a turismos, a palabras, a revelaciones? tratando de alimentar esperanzas. Este hombre tan seguro de s? mismo aparece en este tiempo profundamente fr?gil y en el coraz?n de la fragilidad humana nosotros los creyentes nos ponemos en la din?mica de la verdadera esperanza, que es esa tensi?n hacia un encuentro, que es un ir hacia alguien que viene. Eso es el Adviento.

Escuch?bamos nosotros los textos de la Palabra de Dios. En el Evangelio se nos ha le?do un p?rrafo del cap?tulo 24 de San Mateo. Es un gran discurso sobre el final de los tiempos;? una exhortaci?n a estar vigilantes y fieles y a no tener la actitud que tuvieron aquellos contempor?neos de No? que no advert?an la novedad de su tiempo, pereciendo con el diluvio. Hay que entender que estos textos del Evangelio de Mateo que estamos leyendo responden a una expresi?n dicha por el Se?or, algunos vers?culos antes: ?Ustedes van a tener tribulaciones, muchos sucumbir?n,? aparecer?n una multitud de falsos profetas que enga?aran a mucha gente? y dice esta expresi?n: ?al aumentar la maldad se enfriar? el amor de muchos?.

No podemos negar que aumenta en el ambiente cultural un clima de relativismo, de mentira, de querer hacer un dios a nuestra medida, de querer justificar lo que hacemos porque no queremos tomar en serio la vida. Muchas veces el ?xito es m?s importante que la nobleza de la vida. Si nosotros tuvi?ramos aqu? una persona exitosa, y al lado un cient?fico trabajador que quiz?s salv? la vida a veinticinco, estoy seguro que nuestra mirada y nuestra atenci?n ir?a al exitoso, aunque para ser exitoso hubiera cortado veinticinco cabezas. El clima general de la cultura de occidente se deja impregnar por este mentir, por este atropellar relativizando todo.

Vivimos una cultura que hace un culto del propio yo, del propio placer, en la que la vida se encierra en una actitud autista y en la que se hace dif?cil ir m?s all? del l?mite de nuestro propio cuerpo. Frente a eso, el Se?or nos invita a vigilar: ?Est?n prevenidos, porque ustedes no saben qu? dia vendr? el Se?or?. Hay muchos en nuestra sociedad que han vaciado de contenido la vida, la dignidad de las personas y de los v?nculos: se han destruido familias, se disuelven con mucha facilidad familias, no creemos en la instituci?n familia, todo depende de lo que sentimos, todo es por un cierto tiempo. No se usa la palabra ?siempre?, se le tiene miedo, se le considera como algo que ?hay que arrastrar?, que ?ya no va m?s?; y lo que nos queda es una vida vac?a, que termina evadi?ndose por lo fr?volo, muchas veces por lo mentiroso que termina destruyendo al hombre. Al querer acallar a Dios, terminamos destruyendo al hombre. La muerte de Dios termina siendo la muerte del hombre.

Frente a eso, la Iglesia nos invita a reconocer el valor magnifico de la vida desde la esperanza. Se trata de volver a mirar a Cristo, volver a encontrarnos con ?l y con su Palabra, de volver a descubrir la fuerza magnifica de la existencia que brota del Dios que est? desde el comienzo de la vida, del Dios de Jes?s que nos espera al final y nos acompa?a siempre. La vida est? llena de la presencia de Dios.

En ese vaciar el contenido de la vida, se vac?a tambi?n el sentido y significado de la vida. Nuestro tiempo ?y est? muy bien- descubre el derecho de las personas, los pone a consideraci?n de los pueblos, los defiende, los cuida con las leyes; pero, al mismo tiempo, margina al no nacido, presenta la relaci?n entre la madre y el hijo como una relaci?n de rivalidad en el propio vientre de la madre. Marginamos la vida de los ni?os, porque no sabemos orientarlos, porque no propiciamos una cultura de la familia y los dejamos librados a la incertidumbre de las peleas de los padres, de las separaciones r?pidas, de las decisiones irresponsables. Con el prurito de destacar el ?xito a cualquier precio,? justificamos las inequidades. Tenemos a nuestros j?venes sin futuro, porque no pensamos en dejarles una sociedad que fomente el trabajo sino principalmente el lucro. Y vemos chicos y chicas que a los veinte a?os ya est?n cansados de vivir. Se van gestando econom?as de familias que viven de la venta de la droga, y mientras vemos zapatillas y celulares colgados,? decimos que nos sabemos d?nde se vende. Pretendemos justificar la decisi?n de un suicidio usando eufemismos. Y marginamos.

Frente a esto, s?lo una accion poderosa del Esp?ritu puede recrearnos en el encuentro con la Palabra de Dios, puede devolver a la propia vida y a la vida que nos rodea el peso magnifico de la dignidad del Hijo de Dios, de la familia de Dios.

Pablo dec?a ?ustedes saben en qu? tiempo vivimos? basta de excesos en la comida y en la bebida, basta de lujuria y libertinaje?. En el fondo el conflicto est? en c?mo pienso la vida: si centrada en m? o abierta los dem?s. ?Qui?n es el eje de mi existencia: mi propio yo en un ego?smo que me destruye o Jesucristo que me ense?a a entregarme a los dem?s?

Somos invitados a celebrar la Navidad venciendo cualquier miedo y abri?ndonos de coraz?n al Dios de la Vida para que ?l pueda pedirnos a nosotros, los cristianos, que abri?ndonos con generosidad a la Palabra de Dios nos dispongamos a que ?l cambie el coraz?n nuestro y nos haga capaces de sembrar generosidad en donde nos toca vivir y donde nos toca actuar.

El Papa ha pedido que en esta tarde, durante la Vigilia del primer domingo de Adviento, juntos todos rez?ramos por la vida. Nosotros comenzamos rezando los salmos. ?V?speras? es la hora cuando cae el sol, renov?ndose la esperanza de que ma?ana volver? a salir. El cristiano es uno que vive ma?ana y tarde en la din?mica de la Pascua: mueres, resucitas; mueres, vives; vences tu ego?smo y creces en solidaridad y en altruismo. Te descubres Hijo de Dios, te descubres hermano de los dem?s.? Morir y vivir, morir y servir, he aqu? el camino de este Adviento y de este nuevo a?o lit?rgico que comienza hoy. Ese es el estilo del cristiano.

Vigilemos. La vida no es la que hoy aparece en la televisi?n; la vida tiene el peso y el valor magnifico de la vida de Jes?s entregada por cada uno de nosotros. La vida humana vale la Sangre de Jes?s. El cristiano no puede minimizar esto.?

Mons. Mario Cargnello, arzobispo de Salta??


Publicado por verdenaranja @ 23:24  | Homil?as
 | Enviar