S?bado, 18 de diciembre de 2010

Homil?a de monse?or Carlos Jos? Tissera, obispo de San Francisco, en la misa de ordenaci?n de diaconos (21 de noviembre de 2010). (AICA)

ORDENACI?N DE DI?CONOS?????????

?Demos gracias al Padre, que?
nos hizo entrar en el Reino de su Hijo muy querido?
restableciendo la paz por la sangre de su cruz??

En esta Solemnidad de nuestro Se?or Jesucristo, rey del universo, nuestra Iglesia diocesana alaba y bendice al Se?or, en el coraz?n de Mar?a y de la mano de San Francisco de As?s, por el regalo de cuatro nuevos di?conos: Gabriel, Marcio, Marcos y Pablo.?

La imagen que preside esta Catedral, el Cristo abrazado por San Francisco, es la que el Evangelio nos pinta hoy. Este es el Rey, el que reina desde la Cruz. En el despojo total del calvario, se manifiesta el Rey de reyes, explotando de amor misericordioso. ?El buen Pastor que da su vida por las ovejas? (Jn. 10, 11). ?Por sus llagas hemos sido sanados? (1 Pe. 2, 24). Su amor paciente despert? en el alma del ladr?n arrepentido el deseo de salvaci?n: ?Jes?s, acu?rdate de m? cuando llegues a tu Reino?. Ese Reino ya estaba ah?: ?Yo te aseguro que HOY estar?s conmigo en el Para?so? (Lc. 23, 43). El es el Rey, el Mes?as esperado, Mostr?ndose, no con el poder de los monarcas de la tierra, sino con el estilo que asumi? entre nosotros, como un siervo: ?se anonad? a s? mismo tomando la condici?n de servidor y haci?ndose semejante a los hombres; y present?ndose con aspecto humano, se humill? hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exalt? y le dio el Nombre que est? sobre todo nombre? (Flp. 2, 7-9).??

?El no ha hecho nada malo? (Lc. 23, 41), le dice el crucificado arrepentido al desesperado compa?ero de suplicio. El buen ladr?n, atra?do por la bondad de Jes?s, quiere estar con El. Descubri? al pastor que deja las 99 ovejas y va en busca de la que se ha perdido; ?porque el Hijo del hombre vino buscar y salvar lo perdido? (Lc. 19, 10).?

Horas antes, en la ?ltima Cena, Jes?s lavando los pies a sus disc?pulos, mostr? en una s?ntesis propia del divino Maestro, cu?l es el estilo de su misi?n redentora, cu?l ha de ser el modo de su reinado: servicio, ?diacon?a?.?

Este es el Reino que anunciamos, el Reino del amor y de la vida, de la misericordia y el perd?n, de la justicia y de la paz.?

Este Cristo Servidor los ha llamado a ustedes, queridos Pablo, Marcos, Marcio y Gabriel, y desde que le dieron su generoso y a?n inmaduro si, ?l los fue formando como sus disc?pulos y misioneros, a trav?s de todos las experiencias vividas durante el tiempo de la formaci?n inicial en el Seminario, sintetizadas en la Eucarist?a de cada dia; los fue haciendo semejantes a ?l. Los ha ido identificando con su condici?n de servidor, de di?cono del Padre y de los hombres.

Esto les ha llevado a elegir el texto de la hermosa tarjeta con la que nos hicieron participes de este momento de sus vidas: ?servidores de ustedes por amor de Jes?s? ( 2 Co. 4,5).?

Leemos en la Constituci?n dogm?tica sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano II:? ?los di?conos, confortados con la gracia sacramental, en comuni?n con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Es oficio propio del di?cono, seg?n le fuere asignado por la autoridad competente, administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucarist?a, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el vi?tico a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oraci?n de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura. Dedicados a los oficios de la caridad y de la administraci?n, recuerden los di?conos el aviso del bienaventurado Policarpo: ?Misericordiosos, diligentes, procediendo conforme a la verdad del Se?or, que se hizo servidor de todos? (LG. 29).?

El don del Esp?ritu Santo los fortalecer? para que ayuden al Obispo y a su Presbiterio, anunciando la Palabra de Dios. Les competir? evangelizar a los que no creen y catequizarlos ense??ndoles la sagrada doctrina. Es por ello que luego del rito de imposici?n de manos y la plegaria de ordenaci?n, revestidos con la estola cruzada, recibir?n en sus manos el Evangeliario, con las preciosas palabras: ?Recibe el Evangelio de Cristo del cual eres mensajero. Cree lo que lees, ense?a lo que crees, y practica lo que ense?as?.?

Es por ello que nuestra Conferencia Episcopal, en el Plan para los Seminarios de la Rep?blica Argentina, dice: ?Los seminaristas han de prepararse mediante la catequ?tica y la homil?tica para ejercer el ministerio de predicar la Palabra de Dios a los fieles, de tal modo que puedan ser profundos, claros y breves, recurriendo a un lenguaje comprensible y sencillo? (C.E.A. (1994), ?La formaci?n para el Sacerdocio Ministerial, n? 169).?

C?mo no mencionar a este prop?sito, al ?Cura de Ars? de la Argentina, como dijo Juan Pablo II, nuestro querido Cura Brochero, que ?invent? un g?nero de oratoria sagrada de lo m?s original que pudiera imaginarse en su ?poca, perfectamente discreta y eficaz en un sacerdote del campo que, para hacerse comprender, se amold? al car?cter, a la ?ndole y a la capacidad de la gente que lo escuchaba, explicando las cosas de la religi?n a lo criollo, como por ejemplo: ?la gracia de Dios es como la lluvia, que a todos moja?. Dice un diario de la ?poca: ?El convento de Santo Domingo, las Congregaciones de monjas, las sociedades de obreros, las colectividades rurales han escuchado la sencilla palabra apost?lica del infatigable religioso? que desciende hasta el coraz?n de su auditorio para consolarlo ? con sus sanos consejos y su palabra sincera y honrada?? Las personas que lo conocieron dicen: ?consta que se adapt? en todo, incluso en el lenguaje, para que todos lo entendieran. Afirmaba en expresi?n de San Agust?n, que prefer?a ser entendido, antes que pasar por erudito y que no lo entendieran. (Sor Mar?a Nora Di?z Cornejo, ?Jos? Gabriel del Rosario Brochero. Buenos Aires. San Pablo (2007), pgs. 62-63).?

La Liturgia de las Horas y la Lectio Divina, adem?s de interceder por todo el Pueblo de Dios, les ayudar?n a iluminar la vida de ustedes y de los dem?s, acogiendo la Palabra divina con coraz?n de disc?pulos, y as?, descubrir a y aceptar, vitalmente, en todas las cosas, la voluntad de Dios.?

Consagrados por la imposici?n de las manos, practicada desde el tiempo de los Ap?stoles, y estrechamente unidos al altar, cumplir?n el ministerio de la caridad en nombre del Obispo o del p?rroco. Con la ayuda de Dios, deber?n obrar de tal manera que los reconozcan como disc?pulos de aquel ?que no vino a ser servido sino a servir? (Lc.10, 45).?

Aqu? tambi?n viene el ejemplo del Siervo de Dios de ?traslasierra?: ?Durante la epidemia del c?lera, cuando todos hu?an del horroroso flagelo, Brochero permaneci? siempre en la ciudad de C?rdoba, llevando a los enfermos los consuelos religiosos, socorriendo a todo el que llamaba su auxilio y extendiendo su piadosa acci?n hasta donde le permit?a su actividad extraordinaria en la pr?ctica del bien. Fue uno de los sacerdotes que m?s se distinguieron entonces, eternizando, en la memoria de un pueblo entero, el completo desprendimiento de s? mismo y la absoluta consagraci?n en beneficio de los dem?s? Se lo ve?a correr de enfermo a enfermo, recogiendo la ?ltima palabra del moribundo, cubriendo la miseria del hu?rfano?? (Positio, vol. I, pg. 56)?

Por entonces el Cura Brochero ten?a apenas 27 a?os. Ya se perfilaba con evidencia el buen disc?pulo del Pastor que dio la vida por sus ovejas.?

Libremente ustedes acceden al Orden del diaconado; deben dar testimonio del bien, llenos del Esp?ritu Santo y del gusto por las cosas de Dios.?

Ejercer?n su ministerio, observando el celibato. Ser? para ustedes s?mbolo y, al mismo tiempo, est?mulo del amor pastoral y fuente peculiar de fecundidad apost?lica en el mundo. Movidos por un amor sincero a Jesucristo, el Se?or, y viviendo este estado con una total entrega, la consagraci?n de ustedes a Cristo se renueva de modo m?s excelente. Por el celibato, en efecto, les resultar? m?s f?cil consagrarse, sin dividir el coraz?n, al servicio de Dios y de los hombres.??

?El celibato del ap?stol no se deriva de la separaci?n, sino de la profundidad de su v?nculo con los humanos. Ellos constituyen la comunidad alimentada por su carisma y destinada a concentrar toda la capacidad de amar que una persona lleva dentro de s? (S. Dianich, ?Nuevo diccionario de Espiritualidad?. Art. ?Ministerio pastoral?. Ed. Paulinas 1983, pg. 913, col. 2?).??

Tendr?n por ra?z y cimiento la fe. Mu?strense sin mancha e irreprochables ante Dios y ante los hombres. No se dejen arrancar la esperanza del Evangelio, al que no s?lo deben escuchar, sino servir.?

Gabriel:

Me has dicho ayer, que en todo este tiempo la palabra ?servicio?, como una campana, ha repiqueteado fuerte en tu coraz?n. Ya desde ni?o lo sent?as junto al altar, como monaguillo; en ese ?siempre listo? en tu grupo scouts, en los servicios encomendados en el Seminario? ?Hoy el Se?or se muestra lav?ndote los pies, como a los ap?stoles en la ?ltima cena. D?jate lavar, como Pedro, para que puedas seguirle hasta el fin.?

Marcio:

Tambi?n ayer me abr?as tu coraz?n al decirme que ?conocer a Jes?s es lo mejor que te ha pasado en la vida, y que darlo a conocer es tu gozo y alegr?a?. As? como en peque?as cosas, a trav?s de otras personas, Jes?s fue conquistando tu coraz?n, lo seguir? haciendo a lo largo de tu vida, para ense?arte que el Reino es como una semilla de mostaza.?

Marcos:

Me has hablado del regalo del Orden Sagrado. Que en este tiempo resonaron fuertemente en tu alma dos mociones del Esp?ritu: Caridad y Unidad. Nada m?s hermoso para expresar lo que es el sacramento del Orden Sagrado. La Caridad de Cristo a la que te unes por este ministerio de diacon?a, y la unidad, que como parte de Cristo Cabeza de la Iglesia, deber?s cultivar, animar y armonizar desde la riqueza de los carismas que el Espiritu suscita en el Pueblo de Dios.

?Pablo:

Tambi?n ayer me confiabas que te acompa?aron como dos luces interiores: desear que el Coraz?n de Jes?s forme en t? un coraz?n como el de El, y el querer ser s?lo un servidor de Cristo y administrador de sus misterios, pidi?ndole ser un admnistrador fiel. Aun suenan en nosotros, terminado el A?o Sacerdotal, las palabras del Santo Cura de Ars: ?El Sacerdocio es el amor del Coraz?n de Jes?s?.

Me viene a la memoria tambi?n las palabras de un santo Padre de la Iglesia: ?Comprende el sentido de las palabras de Jes?s, solamente quien repos? sobre el pecho de Jes?s? (Or?genes, In Joannem 1,6). Cultiva siempre esa amistad.?

Queridos padres y familiares de Gabriel, Marcio, Marcos y Pablo. Gracias por? el amor y la generosidad de ustedes. La Iglesia se enriquece con estos nuevos servidores. Toda elecci?n supone una renuncia. Porque se sigue, se deja. Les invito a ponerse en el coraz?n de Mar?a Madre y de San Jos?, aquella Pascua en que Jes?s hab?a tomado la decisi?n de quedarse en Jerusal?n sin que sus padres lo supieran. Despu?s de tres d?as, cuando lo encuentran en el templo sentado entre los doctores de la Ley, escuch?ndolos y haci?ndoles preguntas, al verlo quedaron desconcertados, y su madre le dijo: ?Hijo, ?por qu? nos has hecho esto?. Mira que tu padre y yo te busc?bamos angustiados?. El replic?: ?Por qu? me buscaban?? ?No sab?an que yo debo ocuparme? de los asuntos de mi Padre?. Ellos no entendieron lo que les dec?a? Su madre conservaba estas cosas en su coraz?n. (Cfr. Lc. 2, 41-52)?

En breves momentos escuchar?n, en el di?logo que tendr? con cada uno de sus hijos: ??prometes respeto y obediencia a m? y a mis sucesores?? Y la respuesta: ?S? prometo?, de su parte. tocar? las fibras de sus corazones. Es la obediencia al Esp?ritu Santo en la Iglesia. As? expresan que, al modo de Jes?s, quieren entregar sus vidas al Pueblo de Dios que peregrina guiado por ?ste Pastor. Somos los que obedecemos, no s?lo al Padre Dios en lo que se refiere a las grandes disposiciones de la vida,? sino que obedecemos a Jes?s y su Evangelio, a la vida pobre y humilde, con la oraci?n, con el desprendimiento, el amor a los ?ltimos y la actitud de gratuidad.?

Vivir la obediencia es vivir abandonados al designio del Padre, en el amor a Jes?s, por la gracia del Esp?ritu Santo. El mismo Esp?ritu nos ayudar? a gustar estas cosas y a vivirlas, desde el silencio de la oraci?n??

La ordenaci?n de estos cuatro j?venes nos est? diciendo que? ?para los disc?pulos que quieren seguir e imitar a Cristo, el servir a los hermanos ya no es una mera opci?n, sino parte esencial de su ser. Un servicio que no se mide por los criterios mundanos de lo inmediato, lo material o lo vistoso, sino porque hace presente el amor de Dios? a todos los hombres y en todas sus dimensiones, y da testimonio de ?l, incluso con los gestos m?s sencillos? Que este mensaje llegue sobre todo a los j?venes: precisamente a ustedes, este contenido esencial del Evangelio, el del servicio, les indica el camino para que, renunciando a un modo de pensar ego?sta, de cortos alcances, como tantas veces les proponen, y asumiendo el de Jes?s, puedan realizarse plenamente y ser semillas de esperanza? (Benedicto XVI, en Santiago de Compostela, 6 de noviembre de 2010).?

Marcos, Marcio, Pablo y Gabriel: Nunca pierdan la esperanza que proviene del Evangelio. Conserven el misterio de la fe con pureza de alma, y practiquen la Palabra de Dios que anunciar?n, a fin de escuchar un d?a de labios del Se?or: ?Bien, servidor bueno y fiel, entra a participar del gozo de tu Se?or?.?

Hermanos: vivimos esta Ordenaci?n de Di?conos, como preludio del Jubileo por los 50 a?os de nuestra Di?cesis de San Francisco, que lo hacemos bajo el lema: ?JUNTOS FESTEJEMOS LA VIDA?.?

Celebremos, entonces, la alegr?a de este don, de este gran regalo: cuatro nuevos SERVIDORES DEL EVANGELIO DE JES?S. Este acontecimiento nos invita a vivir en la alegr?a. Alegr?a que brota del coraz?n de Jes?s y de su Palabra. ?Se pueden organizar fiestas, pero no la alegr?a. Seg?n la Escritura, la alegr?a es fruto del Esp?ritu Santo (cf. Ga 5,22), que nos permite entrar en la Palabra y hacer que la Palabra divina entre en nosotros trayendo frutos de vida eterna? (Benedicto XVI, ?Verbum Domini?, 123).?

Nos lo ense?ar? a vivir Mar?a, la Virgen fiel y Causa de nuestra alegr?a. En Ella seremos fieles. Desde ella ense?aremos a los hombres a ser felices.?

Mons. Carlos Jos? Tissera, obispo de San Francisco?


Publicado por verdenaranja @ 23:34  | Homil?as
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