Domingo, 19 de diciembre de 2010

ZENIT nos ofrece el texto de la intervenci?n del cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado vaticano, en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Organizaci?n para la Seguridad y Cooperaci?n en Europa (OSCE), que se est? celebrando en Astan? (Kazajst?n).

Se?or Presidente,
Excelencias,

1. Desiderar?a ante todo expresar mi gratitud al Presidente de Kazajst?n por la amable y cordial acogida reservada a todas las Autoridades, con ocasi?n de este Encuentro Cumbre de de Jefes de Estado y de Gobierno de la Organizaci?n para la Seguridad y Cooperaci?n en Europa ? el primero del siglo XXI. ?Gracias tambi?n por la exquisita hospitalidad, mostrada de muchas maneras! Mi gratitud va tambi?n a las Autoridades administrativas de Kazajst?n, como tambi?n a cuantos han preparado la reuni?n y han cuidado sus detalles de organizaci?n: a todos y a cada uno va la expresi?n del m?s vivo reconocimiento por parte de la Santa Sede.

Un particular agradecimiento quiero tributar a la Presidencia kazaja en ejercicio, que con perseverancia y gran empe?o ha conseguido convencer a los Estados participantes de la utilidad de este paso y que con su trabajo incansable ha creado los presupuestos para que ?ste pueda favorecer decisiones pol?ticas importantes para la Organizaci?n.

2. ?Kazajst?n es un pa?s lleno de siglos de historia, que sabe cu?n importante y urgente es la paz! Por conformaci?n geogr?fica, es tierra de frontera y de encuentro. Aqu?, en estas estepas infinitas, se han encontrado y siguen encontr?ndose pac?ficamente hombres y mujeres pertenecientes a etnias, culturas y religiones distintas. No puedo dejar de recordar las palabras del gran pensador y poeta kazajo Abai Kunanbai: ?La humanidad tiene como principio el amor y la justicia, estas son el coronamiento de la obra del Alt?simo? (Los dichos, cap. 45).

En un cierto sentido, estos principios del amor y de la justicia est?n en la base del Acta Final de Helsinki, de la que se celebra este a?o el trig?simo quinto aniversario. Su Documento Final es uno de los instrumentos m?s significativos del di?logo internacional. Los treinta y cinco pa?ses firmantes llegaron a un acuerdo fundamental: la paz no est? asegurada solo cuando las armas callan; es m?s bien el resultado de la cooperaci?n de los individuos por una parte y de las propias sociedades por la otra, y es tambi?n el resultado del respecto de algunos imperativos ?ticos.

Los famosos ?diez principios? que abren el Documento Final constituyen la base sobre la cual los pueblos de Europa, que fueron durante a?os v?ctimas de guerras y divisiones, quisieron consolidar y preservar la paz, de modo tal que permitiese a las generaciones futuras vivir en armon?a y en la seguridad. Los autores del documento final comprendieron claramente que la paz ser?a muy precaria sin una cooperaci?n entre las naciones y entre los individuos, sin una mejor calidad de vida y sin la promoci?n de los valores que tienen en com?n.

?Se?or Presidente!

3. ?Qu? actuales son esos ?diez principios?! No hay duda de que, junto a los innegables progresos conseguidos, existen sectores en los que el debilitamiento de la confianza rec?proca entre los Estados participantes ha impedido alcanzar objetivos m?s ambiciosos. Es en estos sectores donde deben concentrarse los esfuerzos de la Cumbre para ofrecer indicaciones precisas sobre las que desarrollar las actividades de la OSCE en 2011 y en los a?os siguientes.

Por lo que respecta a la primera dimensi?n, la pol?tico-militar, no podemos sino felicitarnos del hecho de que, en los m?s de diez a?os transcurridos desde la Cumbre de Estambul, las amenazas tradicionales a la seguridad que hab?an caracterizado los a?os anteriores se hayan debilitado, en cuanto se ha respondido eficazmente a ellas con la realizaci?n de importantes instrumentos sobre el Control de los Armamentos y sobre las Medidas de Confianza y Seguridad.

Con todo, la situaci?n de los armamentos (fuerzas en liza, doctrinas de empleo, organizaci?n y nuevas tecnolog?as armament?sticas) ha evolucionado y es por ello apropiado que esta Cumbre tome nota de ello, comprometiendo a los Estados participantes a negociar mejoras y actualizaciones de los instrumentos existentes y a idearlos de nuevo, si es el caso. Nos referimos naturalmente a la revitalizaci?n del Tratado sobre las Fuerzas Convencionales en Europa (CFE), a una completa revisi?n del Documento de Viena 1999 y, por qu? no, a eventuales desarrollos del C?digo de Conducta sobre los aspectos pol?tico-militares de la Seguridad.

El Foro para la Cooperaci?n en materia de Seguridad (FSC) ha llevado a cabo un importante trabajo proped?utico en esta direcci?n, bajo la competente gu?a de las diversas Presidencias que se han sucedido, la ?ltima la de Irlanda, a las que va todo nuestro aplauso. Esto nos hace optimistas sobre ulteriores progresos.

Otro tanto, si no a?n mayor impulso, deben recibir los esfuerzos dirigidos a resolver los conflictos prolongados, que, a?n en su dimensi?n localizada, representan una grave amenaza a la seguridad y a la estabilidad de toda el ?rea OSCE.

Deben tambi?n afinarse las potencialidades de la Organizaci?n, de forma limitada a los sectores en los que puede proporcionar una contribuci?n original, en la lucha contra las amenazas representadas por el terrorismo. Hay constar al Secretariado de los esfuerzos que est? realizando al respecto a trav?s de sus Unidades especializadas, y concuerdo con la oportunidad de una coordinaci?n m?s estrecha.

Auguro finalmente que reciban m?s apoyo esas actividades que, de manera m?s inmediata, inciden en la seguridad de los ciudadanos, como la eliminaci?n de la amenaza representada por las Armas Ligeras y de Peque?o Calibre (SALW) y por los Dep?sitos de Municiones Convencionales (SCA), la lucha contra las Armas de Destrucci?n Masiva (WMD) y la tutela del ambiente cibern?tico.

?Se?or Presidente!

4. El Acta Final de Helsinki reconoci? tambi?n la importancia de los factores econ?micos y medioambientales para la paz, la seguridad y la cooperaci?n.

Al respecto, la Santa Sede no cesa de reafirmar que un objetivo com?n de los Estados deber?a ser la tutela y el respeto de la dignidad humana que une a toda la familia humana, una unidad enraizada en los cuatro principios fundamentales de la centralidad de la persona humana, de la solidaridad, de la subsidiariedad y del bien com?n. Estos principios son m?s que consonantes con el concepto comprensivo de la seguridad que est? en la base de nuestra Organizaci?n y que constituyen una llamada continua de la que debe hacerse cargo la comunidad pol?tica.

El Papa Benedicto XVI, en su ?ltima Enc?clica Caritas in veritate afirma: ?El gran desaf?o que tenemos, planteado por las dificultades del desarrollo en este tiempo de globalizaci?n y agravado por la crisis econ?mico-financiera actual, es mostrar, tanto en el orden de las ideas como de los comportamientos, que no s?lo no se pueden olvidar o debilitar los principios tradicionales de la ?tica social, como la transparencia, la honestidad y la responsabilidad, sino que en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la l?gica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad econ?mica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre en el momento actual, pero tambi?n de la raz?n econ?mica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo? (N. 36).

De hecho, precisamente la crisis econ?mico-financiera ha mostrado la importancia de la dimensi?n ?tica para el sector econ?mico-ambiental y la necesidad de no descuidar los principios de solidaridad, de gratuidad y de la l?gica del don tambi?n en las relaciones interestatales, para poder lograr paz y seguridad equitativas, justas y duraderas. La Santa Sede considera que es urgente introducir una l?gica que ponga a la persona humana y, en particular, a la familia y a las personas necesitadas, como centro y fin de la econom?a.

La Cumbre nos ofrece una oportunidad ?nica para afrontar los desaf?os actuales a la paz y a la seguridad, causados tambi?n por los problemas econ?micos y medioambientales, y para reafirmar una aproximaci?n integrada a la realizaci?n de todos los derechos del hombre, incluidos los econ?micos y sociales, Quisiera aqu? recordar el principio de solidaridad entre los pueblos, esencial para el progreso econ?mico y social. La solidaridad implica tambi?n el compromiso de los Estados de desarrollar la cooperaci?n, con el fin de mejorar el bienestar de los pueblos y de contribuir a la satisfacci?n de sus aspiraciones. Las ventajas de los logros en el campo econ?mico, cient?fico, t?cnico, social, cultural y humanitario contribuir?n a la creaci?n de condiciones favorables para hacer estas ventajas accesibles a todos a trav?s de la reducci?n de las diferencias de los niveles de desarrollo econ?mico.

Un campo particular en el que la OSCE podr?a intensificar sus actividades es el de la cooperaci?n t?cnica y cient?fica con la facilitaci?n de la transferencia de las tecnolog?as y del know-how en el campo de los transportes, de la gesti?n de las fronteras, de la seguridad energ?tica y de la cibern?tica.

En en campo medioambiental no puede faltar una atenci?n al agua ? una necesidad fundamental para la vida. A todo ser humano deber?a asegur?rsele la disponibilidad de una cantidad suficiente de agua de calidad adecuada. Una mayor disponibilidad de agua significa m?s alimento, menos hambre, salud mejor y un est?mulo general a un desarrollo sostenible.

La Santa Sede apoya tambi?n otros temas de los que tradicionalmente se ocupa la OSCE, inter alia, la promoci?n del buen gobierno, la lucha contra la corrupci?n, la seguridad y la eficacia de los transportes, la prevenci?n de las cat?strofes naturales, causadas por el hombre y por la propia naturaleza, como tambi?n la gesti?n de los flujos migratorios, con una atenci?n particular a los derechos de los migrantes y de sus familias.

Especialmente en este tiempo de crisis econ?mica existe la tendencia a olvidar los derechos de los migrantes. Debemos recordar, en todo caso, que todos los seres humanos, sin excepci?n alguna, incluidos los migrantes, est?n dotados de derechos inalienables que no pueden, ni ser violados, ni mucho menos ignorados. El estatus de migrante no borra su dignidad humana. Adem?s, los Estados deben actuar de modo tal que aseguren a los trabajadores migrantes legalmente residentes un empleo justo y la seguridad social. En referencia a los derechos del migrante no podemos olvidar a la familia. Esta tiene un valor fundamental en la construcci?n de cualquier sociedad. La Santa Sede subraya, de modo particular, el derecho a reunificar las familias, que los Estados participantes se comprometieron a facilitar en el Acta Final de Helsinki, en el Documento de Madrid de 1983 y en el Documento Final de Viena de 1989.

?Se?or Presidente!

5. Las discusiones en la base del Proceso de Corf? pusieron el acento en el hecho de que, en el acquis que la OSCE se ha construido en a?os, se incluyen compromiso de gran alcance en favor de la defensa de las libertades fundamentales y de los derechos humanos, del derecho al desarrollo humano integral y del apoyo a la ley internacional y de las instituciones globales. La CSCE y la OSCE han tenido siempre en sus respectivas agendas la promoci?n y la protecci?n de los derechos humanos. La dignidad de la persona humana es la que motiva el deseo de nuestra Organizaci?n de trabajar por la realizaci?n efectiva de todos los derechos humanos.

Entre estas libertades fundamentales est? el derecho a la libertad religiosa. Esta se ha convertido en un tema recurrente en el contexto de los asuntos internacionales. El problema se ha convertido en parte de la cultura de nuestro tiempo, porque nuestros contempor?neos han aprendido mucho de los excesos del pasado, y han comprendido que creer en Dios, practicando la religi?n y uni?ndose a los dem?s en expresar la propia fe, no es una concesi?n otorgada por el Estado, sino un verdadero derecho fundado en la dignidad misma de la persona humana. La libertad religiosa protege la dimensi?n trascendental del ser humano y expresa su derecho de buscar a Dios y de relacionarse con ?l, sea como individuo, sea como comunidad de creyentes.

Los avances de estos ?ltimos a?os y los progresos realizados en la redacci?n de los diversos textos emanados de la OSCE demuestran cada vez m?s claramente que la libertad religiosa puede existir en diferentes sistemas sociales. Por desgracia, se observa una "creciente marginalizaci?n de la religi?n, en particular del Cristianismo, que est? tomando pie en algunos ?mbitos, incluso en naciones que atribuyen a la tolerancia un gran valor" (Discurso del Santo Padre a la sociedad brit?nica, Westminster Hall, 17 de septiembre de 2010). La idea de la religi?n como forma de alienaci?n est? desmentida por la constataci?n de que los creyentes representan un eje fundamental a favor del bien com?n.

La vida religiosa, como factor importante para la vida social y cultural de los pa?ses, no est? amenazada s?lo por restricciones vejatorias, sino tambi?n por el relativismo y por un falso secularismo, que excluye la religi?n de la vida p?blica. Por eso es de vital importancia para los creyentes participar libremente en el debate p?blico para presentar as? una visi?n del mundo inspirada por su fe. De esta forma contribuyen al crecimiento moral de la sociedad en la que viven. Los Estados participantes en la OSCE han adquirido cada vez m?s la conciencia de que una confrontaci?n franca de ideas y de convicciones es condici?n indispensable para su desarrollo global. Por esta raz?n la zona de ?Vancouver a Vladivostok? puede con derecho esperar de las religiones una contribuci?n eficaz a la cohesi?n social, a la seguridad y a la paz.

Estrechamente unida a la libertad religiosa, all? donde esta es negada, se encuentran la intolerancia y la discriminaci?n por motivos religiosos, especialmente contra los cristianos. Est? ampliamente documentado que los cristianos son el grupo religioso mayormente perseguido y discriminado. M?s de 200 millones de ellos, pertenecientes a confesiones distintas, se encuentran en situaci?n de dificultad a causa de estructuras legales y culturales.

La comunidad internacional debe combatir la intolerancia y la discriminaci?n contra los cristianos con la misma determinaci?n con la que lucha contra el odio hacia los miembros de otras comunidades religiosas. Y los Estados participantes en la OSCE se han comprometido a hacerlo. En las discusiones durante la Mesa Redonda de marzo de 2009 surgi? claramente que la intolerancia y la discriminaci?n contra los cristianos se manifiestan bajo formas diversas dentro de toda el ?rea de la OSCE. En algunos pa?ses existen a?n leyes intolerantes y discriminatorias, decisiones y comportamientos, acciones y omisiones que niegan esta libertad. Se registran episodios recurrentes de violencia e incluso asesinatos de cristianos. Sigue habiendo restricciones excesivas hacia el registro de Iglesias y comunidades religiosas, como tambi?n contra la importaci?n y la distribuci?n de su material religioso. Hay tambi?n interferencias ileg?timas en el campo de su autonom?a a nivel organizativo, que impiden actuar de forma coherente con las convicciones morales. A veces se ejerce una presi?n excesiva sobre personas empleadas en la administraci?n p?blica que lesionan su derecho de seguir los dictados de su propia conciencia, con claros signos de resistencia contra el reconocimiento del papel p?blico de la religi?n. La educaci?n c?vica es carente en respetar la identidad y los principios de los cristianos y de los miembros de otras religiones. Tampoco los medios de comunicaci?n y los discursos p?blicos est?n libres siempre de actitudes de intolerancia y, a veces, de verdaderas denigraciones hacia los cristianos y los miembros de otras religiones. La OSCE deber?a, por tanto, desarrollar propuestas efectivas para combatir dichas injusticias.

Se?or Presidente,

La Santa Sede ha sido siempre consciente de la gravedad del crimen del tr?fico de seres humanos, una forma moderna de esclavitud. Precisamente hoy se celebra la Jornada Mundial para la Abolici?n de la Esclavitud.

Todos los esfuerzos dirigidos a hacer frente a las actividades criminales y a proteger a las v?ctimas del tr?fico deber?an incluir a hombres y mujeres y poner los derechos humanos en el centro de todas las estrategias. Esta misma visi?n deber?a ser aplicada a otras formas de tr?fico, como las formas il?citas de subcontrataci?n que sacan provecho de condiciones de trabajo basadas en la explotaci?n.

El tr?fico de seres humanos es un problema pluridimensional, a menudo ligado a la migraci?n, pero va mucho m?s all? de la industria del sexo, pues comprende tambi?n el trabajo forzado de hombres, mujeres y ni?os en varios sectores industriales y comerciales. Si por una parte el trabajo coaccionado est? relacionado con la discriminaci?n, con la pobreza, con las costumbres locales, al analfabetismo de la v?ctima, por otra tiene un nexo con el trabajo flexible y barato. Las diversas formas de tr?fico requieren medidas y visiones distintas, dirigidas a devolver dignidad a las v?ctimas.

Para prevenir el tr?fico de seres humano hoy se recurre a menudo a pol?ticas de inmigraci?n m?s severas, a mayores controles en las fronteras y a la lucha contra el crimen organizado, Con todo, mientras las v?ctimas que son repatriadas se encuentren en las mismas condiciones de las que intentaron huir, el tr?fico no se interrumpir? f?cilmente. Por tanto las iniciativas anti-tr?fico deben buscar tambi?n desarrollar y ofrecer posibilidades concretas para huir del ciclo pobreza-abuso-explotaci?n. Como afirma el Papa Benedicto XVI, en su Enc?clica Spe salvi: ?La grandeza de la humanidad est? determinada esencialmente por su relaci?n con el sufrimiento y con el que sufre. Esto es v?lido tanto para el individuo como para la sociedad? (N. 38).

Se?or Presidente,

6. La Declaraci?n Final de la Cumbre, como tambi?n el Plan de Acci?n, atestiguan la actualidad de los ?diez principios? de Helsinki. Estos documentos revelan al mundo que los compromisos concordados por la OSCE son fuertes y nobles, son apoyados por un mandato s?lido y por el principio del consenso. La Santa Sede reafirma estos compromisos y anima a la Organizaci?n a permanecer firme en ellos.

Permitaseme, Se?or Presidente, concluir mi intervenci?n citando las palabras del Papa Juan Pablo II con ocasi?n de su Visita Pastoral a Finlandia en 1989. Dirigi?ndose a los componentes de la Asociaci?n Paasikivi, dijo: ?En la noble tarea de llevar a t?rmino el proceso de Helsinki la Iglesia cat?lica no dejar? de estar junto a vosotros, a vuestro lado, de ese modo discreto que caracteriza su dimensi?n religiosa. Ella est? convencida de la validez del ideal encarnado aqu? hace catorce a?os en un documento que para millones de europeos es m?s que un documento final: ?es un 'acto de esperanza'!".

?Que el Encuentro Cumbre de Astan? sea tambi?n un ?acto de esperanza? para nuestra generaci?n!

?Gracias, Se?or Presidente!

[Traducci?n del original italiano por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 19:42  | Hablan los obispos
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