Domingo, 19 de diciembre de 2010

ZENIT??nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi?el jueves 2 de Diciembre de 2010?al nuevo embajador de Hungr?a ante la Santa Sede, G?bor Győriv?nyi, al presentarle ?ste sus Cartas Credenciales.

Se?or Embajador,

con alegr?a le doy la bienvenida en esta solemne ocasi?n de la entrega de las Cartas Credenciales que le acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la Rep?blica de Hungr?a ante la Santa Sede, y le doy las gracias por sus amables palabras. Estoy agradecido por los deferentes saludos que me ha presentado en nombre del se?or Presidente, Dr. P?l Schmitt y del Gobierno, y que devuelvo de buen grado. Al mismo tiempo quisiera pedirle que asegure a sus connacionales mi sincero afecto y mi benevolencia.

Tras la reanudaci?n de las relaciones diplom?ticas entre la Santa Sede y la Rep?blica de Hungr?a en 1990, se ha podido desarrollar nueva confianza para un di?logo activo y constructivo con la Iglesia cat?lica. Nutro al mismo tiempo la esperanza de que las profundas heridas de esa visi?n materialista del hombre, que se hab?a apoderado de los corazones y de la comunidad de los ciudadanos de su pa?s durante casi 45 a?os, puedan seguir curando en un clima de paz, de libertad y respeto de la dignidad del hombre.

La fe cat?lica forma sin duda parte de los pilares fundamentales de la historia de Hungr?a. Cuando, en el lejano a?o 1000, el joven pr?ncipe h?ngaro Esteban recibi? la corona real que le envi? el papa Silvestre II, a ella se le un?a el mandato de dar a la fe en Jesucristo espacio y patria en aquella tierra. La piedad personal, el sentido de justicia y las virtudes humanas de este gran rey son un alto punto de referencia que sirve de est?mulo e imperativo, hoy como entonces, a cuantos se ha confiado un cargo de gobierno u otra responsabilidad an?loga. Ciertamente no se espera que el Estado que imponga una determinada religi?n; ?ste deber?a m?s bien garantizar la libertad de confesar y practicar la fe. Con todo, pol?tica y fe cristiana se tocan. Por supuesto la fe tiene su naturaleza espec?fica como encuentro con el Dios vivo que nos abre nuevos horizontes m?s all? del ?mbito propio de la raz?n. Pero al mismo tiempo ?sta es una fuerza purificadora para la raz?n misma, permiti?ndole llevar a cabo de la mejor forma su tarea y de ver mejor lo que le es propio. No se trata de imponer normas o modos de comportamiento a quienes no comparten la fe. Se trata sencillamente de la purificaci?n de la raz?n, que quiere ayudar a hacer que lo que es bueno y justo pueda, aqu? y ahora, ser reconocido y despu?s tambi?n realizado (cfr. Enc?clica Deus caritas est, 28).

En los ?ltimos a?os, poco m?s de veinte, desde la ca?da de la cortina de hierro, acontecimiento en el que Hungr?a tuvo un papel relevante, su pa?s ha ocupado un lugar importante en la comunidad de los pueblos. Desde hace ya seis a?os Hungr?a es tambi?n miembro de la Uni?n Europea. Con ello aporta una contribuci?n importante al coro de m?s voces de los Estados de Europa. Al inicio del a?o pr?ximo tocar? a Hungr?a, por primera vez, asumir la Presidencia del Consejo de la Uni?n Europea. Hungr?a est? llamada de modo particular a ser mediadora entre Oriente y Occidente. Ya la Sagrada Corona, herencia del rey Esteban, en la uni?n de la corona graeca circular con la corona latina colocada en arco sobre ella ? ambas llevan el rostro de Cristo y est?n coronadas por la cruz ? muestra c?mo Oriente y Occidente deber?an apoyarse mutuamente y enriquecerse uno a otro a partir del patrimonio espiritual y cultural y de la viva profesi?n de fe. Podemos entender esto tambi?n como un leitmotiv para su pa?s.

La Santa Sede toma nota con inter?s de los esfuerzos de las autoridades pol?ticas de elaborar un cambio en la Constituci?n. Se ha expresado la intenci?n de querer hacer referencia, en el pre?mbulo, a la herencia del Cristianismo. Es tambi?n deseable que la nueva Constituci?n est? inspirada por los valores cristianos, de modo particular en lo que concierne a la posici?n del matrimonio y de la familia en la sociedad y la protecci?n de la vida.

El matrimonio y la familia constituyen un fundamento decisivo para un sano desarrollo de la sociedad civil, de los pa?ses y de los pueblos. El matrimonio como forma de ordenamiento b?sico de la relaci?n entre hombre y mujer y, al mismo tiempo, como c?lula fundacional de la comunidad estatal, ha ido plasm?ndose tambi?n a partir de la fe b?blica. De esta forma, el matrimonio ha dado a Europa su particular aspecto y su humanismo, tambi?n y precisamente porque ha debido aprender u conseguir continuamente la caracter?stica de fidelidad y de renuncia trazada por ?l. Europa ya no ser?a Europa si esta c?lula b?sica de la construcci?n social desapareciese o fuese sustancialmente transformada. Sabemos todos cu?nto riesgo corren el matrimonio y la familia hoy ? por un lado por la erosi?n de sus valores m?s ?ntimos de estabilidad e indisolubilidad, a causa d una creciente liberalizaci?n del derecho de divorcio y de la costumbre, cada vez m?s difundida, de la convivencia de hombre y mujer sin la forma jur?dica y la protecci?n del matrimonio, por otro lado, por los diversos tipos de uni?n que no tienen ning?n fundamento en la historia de la cultura y del derecho en Europa. La Iglesia no puede aprobar iniciativas legislativas que impliquen una valoraci?n de modelos alternativos de la vida de pareja y de la familia. Estos contribuyen al debilitamiento de los principios del derecho natural y as? a la relativizaci?n de toda la legislaci?n, adem?s de la conciencia de los valores en la sociedad.

"La sociedad cada vez m?s globalizada nos hace cercanos, pero no nos hace hermanos? (Enc?clica Caritas in veritate, 19). La raz?n es capaz de garantizar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia c?vica, pero no logra, al final, fundar la fraternidad. Esto tiene origen en una vocaci?n sobrenatural de Dios, el cual cre? a los hombres por amor y nos ense?? por medio de Jesucristo lo que es la caridad fraterna. La fraternidad es, en un cierto sentido, el otro lado de la libertad y de la igualdad. Esta abre al hombre al altruismo, al sentido c?vico, a la atenci?n hacia el otro. La persona humana, de hecho, se encuentra a si misma s?lo cuando supera la mentalidad centrada en sus propias pretensiones y se proyecta en la actitud del don gratuito y de la solidaridad aut?ntica, que responde mucho mejor a su vocaci?n comunitaria.

La Iglesia cat?lica, como las dem?s comunidades religiosas, tiene un papel no insignificante en la sociedad h?ngara. Esta se compromete a gran escala con sus instituciones en el campo de la educaci?n escolar y de la cultura, adem?s de la asistencia social y de este modo contribuye a la construcci?n moral, verdaderamente ?til a su pa?s. La Iglesia conf?a en poder continuar, con el apoyo del Estado, a llevar a cabo e intensificar este servicio por el bien de los hombres y el desarrollo de su pa?s. Que la colaboraci?n entre Estado e Iglesia cat?lica en este campo crezca tambi?n en el futuro y traiga provecho para todos.

Ilustre se?or Embajador, al inicio de su noble tarea le aseguro una misi?n llena de ?xito, y le aseguro al mismo tiempo el sost?n y apoyo de mis colaboradores. Que Mar?a Sant?sima, la Magna Domina Hungarorum, extienda su propia mano protectora sobre su pa?s. De coraz?n imploro para usted, se?or Embajador, para su familia y para sus colaboradores y colaboradoras en la Embajada y para todo el pueblo h?ngaro la abundante bendici?n divina.

[Traducci?n de la versi?n italiana por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 20:07  | Habla el Papa
 | Enviar